4- Nochebuena sin inocencia
Volvió a besarme y yo la tomé de la cintura. Comenzaron a sonar villancicos en alguna parte y ella tomó mi verga por encima del pantalón. Le costó bastante extraerla y en ningún momento dejó de darle a mi lengua con la suya.
— No diga nada tío, por favor.
Acto seguido se sumergió allí abajo. No podía creer que me haya regalado eso, una de las mejores mamadas que había recibido en la vida.
De pronto me miró a los ojos. Pasaba la lengua por el glande miéntras lo tomaba con su mano derecha, deslizándola rítmicamente desde abajo hacia arriba.
— ¿Le gusta esto, tío? ¿No lo estoy haciendo mal?
Luego deslizó su lengua, desde la base hasta la cabeza.
— ¿En serio nunca habías hecho esto antes? —Pregunté, intentando ser agradecido con el regalo que me estaban dando.
— Lo hice solo para practicar con los chicos —Me dijo, sin abandonar en ningún momento mi grotesca erección—. Lamento que me haya visto. La verdad es que hace bastantes días que tenía ganas de mamársela a usted. Ningún hombre me la ha metido ¿Usted lo sabía?
— No tenía idea —Mentí.
Ella lo hacía cada vez mejor y comencé a estremecerme, cada vez más y más. Ella iba cada vez más rápido y con más fluidez, con su boquita virginal que maniobraba realmente como una experta y cuando yo estaba a punto de acabar la retiró de su boca para sentarse en mis piernas.
La tomé rápidamente de la cintura y comencé a frotarme en su entrepierna por encima de sus bragas negras. Aquello me la endurecía aún más.
— ¿Le gustó mi regalo, tío? —Me preguntaba, también frotándose.
— No sé si está bien.
— ¿Entonces no le gustó mi regalo?
— Por supuesto que me gustó —Dije—. El problema es que no sé está bien.
Dejé de hacer lo que hacía y al cabo de pocos segundos fue ella quien comenzó a moverse. Acto seguido se quitó su blusa y su brassier.
— Le doy mi virginidad, tío —Dijo— ¡Por favor hágame suya!
Oír aquello me dió una especie de miedo.
— ¿Estás segura? —Solo me atreví a preguntar.
— Estoy segurísima, tío. Por algo dejé de chupársela. Quiero que me la meta, quiero que usted sea el primer hombre enterrarmela.
Pensé en que a esas alturas tal vez mi hija iba a estar haciendo lo propio con su amiga alemana y me decidí a hacerlo, levantandola desde la cintura y depositandola a lo largo sobre el sofá.
Me sorprendió bastante comprobar con mis dedos que sus bragas estaban bastante mojadas.
Las arranqué suavemente y las colgué en en árbol de Navidad. Luego busqué su clítoris inmediatamente, con el fin de estimularla rápidamente. Era mi primera vez con una chica virgen y tenía demasiado miedo de no proporcionarle placer.
— Que rico lo hace, tío —Me dijo, con una voz más que aguda—. Lo hace mucho mejor que las mujeres con las que he estado ¡Por favor no se detenga!
Seguí dándole lengua mientras al mismo tiempo procedía con el dedo a acariciar su pequeño interruptor. Sin dudas era mi experiencia lo que la estimulaba y su sabor más dulce que salado, o tal vez era sugestión mía por culpa de mis culpas. Por si fuera poco era extraordinariamente estrecha.
— Ya tío —Me dijo, así como incorporándose—. Es hora de que tome mi regalo.
No pude evitar tomar su mano y ponerla en mi verga. En pocos segundos estaba nuevamente chupándomela con aquél inocente virtuosismo que ella poseía y tuve que retirarla de su boca para no correrme antes de tiempo.
— Ya tío —Dijo, con mi cosa aún entre sus manos—. ¿En qué posición quiere que me ponga?
— En la que te acomode a tí —Le dije, sacando un preservativo de no sé dónde—. Tú eres la de la primera vez.
— Yo solo quiero que me la meta, tío, como a usted le guste.
Opté por ser lo más delicado posible. Me puse encima de ella y abrí sus piernas, dándole algunos segundos más de sexo oral. Luego la besé en la boca y mientras ella me respondía de una forma asquerosamente exquisita comencé a deslizar la cabeza de mi enorme extensión venosa sobre su línea vertical, desde arriba hacia abajo y de una forma bastante resbaladiza, puesto que el preservativo tenía una buena cantidad de lubricante. Ella seguía perdida en mi boca.
En eso ella la arrebató de mis manos y la puso en posición de disparo.
— Feliz Navidad, tío —Me dijo, antes de sonreír con los ojos cerrados.
Intenté explorar su agujero con mis dedos una vez más antes de apuntar. Se notaba que ella tenía menos miedo que yo.
— Metamela, tío ¡No pensé que me iba a calentar tanto con usted!
Estaba a punto de proceder cuando...
— Quiero que se saque el preservativo tío, por favor.
— ¿Por qué quieres eso?
— Usted no se preocupe por nada, tío ¡Saqueselo! ¡Por favor se lo ruego!
Se me puso asquerosamente más dura aún.
— Parece que entró, tío —Dijo, apretando los dientes—. Quiero pedirle que se corra dentro ¿Ya?
— ¿Para qué?
— Pues porque siempre he querido ser madre, y bajo esa lógica no pienso desperdiciar la oportunidad de que un tipo tan genial como usted sea el padre.
Esta chica está loca, pensé.
— Es broma tío —Me dijo, con una risa poco convincente mientras me daba la impresión de que no sentía dolor—. Yo después me las arreglo.
Logré enterrarsela más de tres tercios y me eché hacia tras, con el fin de retirar lentamente mi cosa de su interior. Ella cerraba los ojos y apretaba los dientes.
— ¿Te duele? —Le pregunté.
— La tiene demasiado grande, un poco por eso —Me dijo, tras quedar con la boca abierta—. Por favor siga porque aún así me gusta.
Acto seguido comencé a meterla y a sacarla, lenta y coordinadamente, dándole más cantidad que velocidad. Paralelo a ello paseaba mi dedo sobre su clítoris con el fin de disminuir el dolor y al mismo tiempo estimularla.
— Deme más duro, tío. Ya no me duele tanto.
Comencé a proceder, tras comprobar que mis dedos habían quedado con algo de sangre. Trataba de no hacerlo muy rápido y de vez en cuando le daba hasta el fondo. Comprobé que aquello le gustaba y seguí dándole más y más mientras ella paralelamente se estimulaba por su cuenta...
— ¡Me corro, tío! ¡Me corro!
Comencé a sentir como chorreaba cierto líquido caliente en dirección hacia mis bolas. Se me hacía increíble creer que aquella hermosa chica estuviese siendo desvirginada por mí y que al mismo tiempo lo estuviese disfrutando.
— ¡Siga tío! ¡Por favor no pare!
Le puse un pie completo en el hombro y al ver que ella seguía estimulandose con ayuda de sus dedos procedí lenta y profundamente. Al parecer ello le gustaba más que nada y volvió a eyacular aquel líquido sobre mi abdomen.
— Quiero tener yo el control ahora, tío —Me dijo la novia de mi hija, tras besarme en la boca.
Fue ella misma quien se lo ensartó, lenta y placenteramente. Comenzó a menearse dulcemente de esa forma por primera vez, haciéndolo a la perfección y aquello era increíble. Para colmo ella era extremadamente estrecha e intenté que se detuviera...
— ¿Estás segura de que es tu primera vez? —Le pregunté, con el fin de distraer mi erección.
— Segura, tío —Me dijo— ¿Acaso no se nota?
No quería dar la impresión de que estaba dudando de su palabra cuando nuevamente comenzó a moverse de aquella manera infernal, que combinado con su espectacular estrechez era casi imposible aguantarse.
— ¡Me corro! —Exclamé.
Intenté sacarla pero ella lo impidió, moviéndose rápidamente de una manera tan torpe que definitivamente me convenció de que sí, de que ella efectivamente era virgen.
Aún así no pude aguantarme, puesto que su estrechez lo daba todo; litros y litros de esperma caliente derramándose espesamente en su interior. Ella nuevamente logró correrse velozmente con ayuda de sus dedos, ignorando por completo mi eyaculación hasta que logró ponerse medido blanda.
De pronto ella descansó con su cabeza en mi hombro y yo con mi espalda en el respaldo del sofá.
— Gracias tío —Me dijo, tras besarme en la boca—. Necesito ir urgentemente al baño ¿Le molesta mucho si esta noche duermo con usted?
— Para nada —Respondí, contemplando la posibilidad de que mi hija nos descubriera a la mañana siguiente—. Pero primero vamos a ir a cenar afuera ¿Te parece?
— Iré a cambiarme entonces —Me dijo, extrayendola lentamente de su interior trás besarme en la boca por última vez.
Luego ella se incorporó y despareció con su desnudez mientras yo miraba sus bragas colgadas en el árbol de Navidad.
