Librería
Español
Capítulos
Ajuste

capitulo 3

Sola con el amo.

Samira por fin logro ponerse en pie después de pasar una noche entera descansando.

Hizo lo mejor que pudo para mejorar la carpa donde pasaría algunos días al lado de su amo, las noches en el desierto eran muy frías.

Después de admirar el gran trabajo realizado se paraliza un segundo.

¡Sola con su amo!

Estaría muchos días a solas con él, jamás le había servido tan de cerca al príncipe.

Su cuerpo se estremece y su piel se torna rígida ante el efecto de estar a solas con él.

—Ha quedado mejor a como yo la hice —tensa un poco más su cuerpo al escucharlo musitar a sus espaldas—. Probablemente esta noche sea mejor que la de anoche.

—Lamento mucho la incomodidad que paso la noche anterior, mi amo.

—No te preocupes por es.

Haidar rodea la avioneta hasta llegar a la parte delantera, rompe en cristal como puede provocando que Samira diera un respingo y saliera corriendo hacia donde estaba él para ver si no estaba lastimado.

—Amo.

—Estoy bien.

El príncipe percibe que los pilotos estaban sin vida y tan tapados por la arena que lo mejor era que el mismo desierto se encargara de ellos.

—¿Están con vida?

—Sera mejor que no mires.

Lo que suponía, la radio no servía.

Estaban perdidos en el desierto.

—¿Nos encontraran?

—No lo sé.

Responde, carente de emoción.

La angustia reflejada en el rostro de Samira inquieta a Haidar.

—Pero nos buscaran.

—Si.

Solo a él estarán buscando.

Era el pensamiento de Samira.

Haidar observa de reojo a esa joven quien consiguió la manera de usar el tul sobre su cabeza, consideraba que con el calor que estaban presentando era demasiado para ella.

Sus mejillas ya estaban coloradas.

—Quiero que dejes de usar ese hiyad —Samira se atreve a elevar la mirada para ver a su amo a la cara.

—¿Cómo?

—hace mucho calor, no pretende que te cocines usando todas esas telas encima. Por favor, quiero que te despojes de él.

Samira sabía que debía obedecer, sin embargo, era complicado para ella en su situación. Ante la poderosa mirada de su príncipe ella se quita el velo que cubre su cabello y la mitad de su rostro.

—Así estas mejor.

Era como estar desnuda.

Pero si era la petición de su amo, ¿Quién era ella para no obedecer?

—El avión debe estar cargado de comida, agua y muchas otras cosas más, utilizaremos todo lo necesario para sobrevivir.

—Si, amo. Me encargare de todo.

Pero no fue así, Haidar ayudo a Samira en todo lo posible.

La carpa resulto volverse más cómoda para ambos y por comida no se preocuparían al menos por algunos días.

Sin embargo, Haidar estaba seguro de que con tanto calor no resistirían tanto.

—Puede darme menos ración de agua, el único importante aquí es usted, amo —el príncipe observa las pocas garrafas con agua mientras que escucha a Samira.

—No pretendo hacer tal cosa. Eres tan importante como yo, Samira.

Un latigazo castiga a su corazón ante aquellas palabras.

—La ración de agua será por partes iguales.

—Pero, amo…

—Tendré que buscar otra fuente de agua, algún oasis —responde mirando hacia el basto desierto arenoso.

—Puede estar muy lejos de aquí, también puede perderse de regreso.

—No me perderé, todo esto es parte de mí.

Gira el rostro para ver la cara de angustia de Samira.

Da la vuelta completamente para acercarse a ella posicionando su mano bajo su pequeño mentón.

Con aquel gesto logra que las mejillas de ella se tornen color rosa.

—¿Estas preocupada por mí? —Samira le sostiene la mirada al príncipe al mismo tiempo que su alma pende de un hilo.

—Por supuesto que sí, amo. Es el príncipe, heredero al imperio de su padre, futuro rey. Me preocupa su vida.

Entonces, ¿era eso?

No existía otra razón más que por su ascenso al trono.

La política era lo único importante.

—¡Claro!

La respuesta del príncipe no fue nada de lo que espero Samira, realmente ella no imagino ver tanta decepción en una respuesta.

Sin embargo, a ella le preocupaba más la vida de su amo por otras razones y no porque fuese el heredero del rey.

[…]

Esa noche el frio era inclemente con Haidar y Samira.

La carpa era suficientemente espaciosa para ambos, sin embargo, eso no les servía de nada si estaban congelándose.

Haidar observa a Samira temblar en su lado de la carpa, por surte la arena estaba serena, pero la brisa helada era terriblemente mortífera.

El príncipe se incorpora para acercarse al rincón donde ella dormía y termina por acomodarse a su lado consiguiendo que la joven diera un respingo.

Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.