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capitulo 2

Perdida con mi amo.

Haidar entre abre sus ojos con dificultad.

La cantidad de arenilla que yacía metido en sus parpados era molesta e irritante. Limpia su rostro y es cuando logra abrir los ojos.

El avión estaba en completo desastre, magullado por todas partes, la cabina de los pilotos estaba cerrada aún.

El príncipe mira a un costado y observa que sus sirvientes no estaban. Parpadea por el asombro, baja la mirada para tratar de zafarse del cinturón, existían tanta arena sobre él que parecía un manto.

Cuando al final logra abrir los broches metálicos que lo mantienen atado al asiento se pone en pie, pero siente un dolor en su costado que lo obliga a quejarse.

—¡Mierda! —oprime su costilla con el brazo al mismo tiempo que joroba su cuerpo.

Sin embargo, ese dolor no puede detener sus intenciones de salir del interior del avión.

Camina hasta la cabina para abrir la puerta, pero era inútil, no cedía.

—Demonios.

Estaba solo, nadie había quedado con vida.

Gira y se detiene en seco al mirar al final del avión.

¡Era una mujer!

Aturdido, camina hacia su asiento.

Se inclina hacia ella para tomarle el pulso y termina por ensanchar la mirada.

—¡Sigue con vida! —susurra.

Libera el cuerpo de la mujer del arnés para tomarla en sus brazos y sacarla de la duna de arena donde estaba enterrada.

En cuanto el príncipe logra abandonar lo que queda del avión se percata de que ambos se encontraban en pleno desierto.

—Esto no es bueno…

Baja la mirada para ver el rostro de la joven sirvienta que tenía en sus brazos, su cara estaba cubierta por una fina capa de arena convirtiendo su piel en color canela.

[…]

Samira comienza a despertar de su letargo.

La joven lleva la mano hacia su frente notando que el hiyab que cubre su cabeza no estaba, aquello la alerto llevándola a sentarse abruptamente, pero al hacerlo siente dolor en uno de sus muslos.

—¡Haaa! ¡que daño! —suaviza la parte herida de su cuerpo manteniendo el ceño fruncido.

—¡Has despertado! —Samira se tensa al elevar la mirada para ver a su amo ante ella.

—¡Mi amo! —rápido inclina la cabeza para no mirarlo a la cara.

—¿Cómo te sientes?

Samira encandila sus ojos.

El núcleo de su cuerpo estaba consumado por los nervios.

—Me siento bien, amo —Haidar sabía que ella mentía, ya que había revisado su cuerpo notando sus heridas.

—El avión se ha estrellado, y nos hemos quedado varados en el desierto, todavía no estoy seguro donde nos encontramos, pero sospecho que estamos en Lahbad.

—En las dunas rojas—Samira eleva una vez la mirada para ver a su amo quien se encontraba mirando hacia el horizonte.

Ella nota lo muy distinguido que es su amo.

Su alma no paraba de vibrar ante aquella visión tan esplendorosa.

—No puedo asegurar que nos encuentren tan rápido, la tormenta que ha pasado fue bastante fuerte. Afecto la radio de lo que queda del avión.

En ese instante Samira se percata dónde estaba.

De lo que quedaba de la avioneta solo eran pedazos, sin embargo, sobre ella yacía una especie de carpa improvisada que los protegía a ambos del inclemente sol.

¿Su amo hizo todo aquello?

—Tendremos que quedarnos en este lugar hasta que nos encuentren.

—¡¿En el desierto?!

—¿Y dónde más?

Haidar voltea a mirar a la joven percibiendo que rostro era muy hermoso, al quitar toda esa arena de su piel noto que toda ella era como el terciopelo. Y aquellos increíbles ojos azules zafiros, realmente cautivaban.

Percibe como ella inclina la mirada para no verlo a la cara.

Mantenía las costumbres de respeto intactas, a pesar de que estaban en medio de la nada.

—¿Cómo te llamas?

—Samira, amo.

—¿A quién le sirves en el palacio?

Samira se dio cuenta de que era invisible ante los ojos de su amo.

—¡A usted!

Haidar se impacta al escuchar aquella respuesta.

Nunca la había visto en su herén.

Esos ojos azules jamás los hubiera olvidado…

—Jamás te vi en mi herén—el corazón de Samira retumba su pecho.

—No formo parte de su herén, amo.

¡Eso sí que le resulto curioso al príncipe!

Tan hermosa como un tulipán y no formaba parte de su herén.

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