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Capítulo 6

Damián dejó de sonreír en cuanto vio mi cara.

—Eso es nuevo.

—¿Qué?

—Pareces feliz de verme.

Me senté al otro lado del cristal de visitas y coloqué la carpeta frente a mí.

—Escúchame con mucha atención. Mañana, cuando entremos en el tribunal, no improvisas. No provocas al fiscal. No miras a Hale como si quisieras arrancarle la cabeza.

—¿Puedo mirarte a ti?

—Damián.

—Vale. Serio. Estoy serio.

No lo estaba.

Abrí la carpeta.

—La AFI ejecutó la orden cuarenta y cuatro minutos antes de que el juez la autorizara.

Su sonrisa desapareció.

—¿Qué?

—Y la dirección de la orden no coincide con la dirección del informe de incautación.

Se inclinó hacia el cristal.

—¿Eso es suficiente?

—Puede serlo.

—¿Para sacarme?

—Para pedir que se supriman las pruebas del registro. Sin laboratorio, el resto del caso se debilita muchísimo.

Por primera vez desde que lo conocía, Damián no hizo una broma.

Solo me miró.

—Dijiste que no ibas a mentirme.

—No te estoy prometiendo la libertad. Te estoy diciendo que tenemos una oportunidad real.

Exhaló lentamente.

—¿Qué necesitas de mí?

—Silencio.

—Eso sí que es cruel.

Ahí volvió.

Pero esta vez la broma no ocultó el alivio en sus ojos.

—Valeria.

—¿Sí?

—Si salgo…

Se quedó callado.

—¿Qué?

—Nada.

—Dilo.

Miró hacia un lado.

—Lía cumple años dentro de dos meses. Le prometí que le enseñaría a conducir un coche de verdad.

—¿Qué edad tiene?

—No la suficiente.

—Por supuesto.

—Mi hermano no lo sabe.

—Ahora entiendo por qué quiere matarte.

Damián sonrió de verdad.

—Sácame y te invito a la lección.

—Sácate tú manteniendo la boca cerrada.

***

No llegué a salir del edificio sin encontrarme con Caleb.

Parecía no haber dormido tampoco.

—Presentaste una moción de supresión.

—Veo que sabes leer.

—Es un error administrativo.

—Entrasteis cuarenta y cuatro minutos antes de la autorización.

—El juez ya había dado luz verde verbal.

—Entonces espero que exista un registro de esa llamada.

Su silencio me dio la respuesta.

—La dirección es un error tipográfico —añadió.

—Un error tipográfico que apunta a otra propiedad.

—No vas a tirar tres años de investigación por una palabra.

—Yo no los voy a tirar. Si alguien lo hizo, fue quien decidió entrar antes de tiempo.

Caleb dio un paso hacia mí.

—No sabes lo que estás haciendo.

—Sí lo sé.

—Estás convirtiendo esto en algo personal.

Me reí.

—Eso sería más convincente si no fueras tú quien me pidió que traicionara a mi cliente.

Sus ojos se endurecieron.

—Damián Ferrara no merece que destruyas tu reputación por él.

—Mi reputación depende de hacer mi trabajo, no de que tú estés cómodo con él.

Pasé a su lado.

—Mañana vas a testificar —dije.

Caleb se detuvo.

—¿Qué?

Me giré.

—La fiscalía tendrá que explicar la orden. Y tú estabas al mando del operativo.

Por primera vez, vi algo parecido a preocupación en su rostro.

—No hagas esto, Valeria.

—Nos vemos bajo juramento.

***

Esa noche, mi padre llamó desde Lyon.

Tosió dos veces antes de hablar.

—Me dijeron que encontraste un defecto en la orden.

—Dos.

—Bien.

—No pareces sorprendido.

—Te entrené para encontrar errores que otros pasan por alto.

—¿Vas a venir?

Una pausa.

—No puedo volar con fiebre. Tendrás que hacerlo sola.

Miré la ciudad desde mi ventana.

—Puedo hacerlo.

—Lo sé.

Era lo más parecido a un voto de confianza que solía darme.

Colgué.

A los diez segundos, llegó una notificación del tribunal.

AUDIENCIA DE SUPRESIÓN: 09:00.

Testigo solicitado por la defensa: AGENTE CALEB HALE.

Leí el nombre una vez.

Después cerré el portátil.

Mañana no iba a pedirle a Caleb que admitiera un error.

Iba a obligarlo a hacerlo delante de un juez.
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