Capítulo 4
La abrazaba, con mucha fuerza, como si ella fuese a desvanecerse de entre sus brazos, así lo sentía, cada vez que ella se sacudía entre lágrimas. No entendía la raíz de su tristeza, le parecía demasiada repentina, era cierto que, en oportunidades, sucedía que la tristeza oscurecía el corazón de su amada, pero episodios así no tenía desde que ambos habían empezado a estar juntos, lo cual era reconfortante para Oliver. Su única razón para abrir los ojos cada mañana era el saber que había ayudado a una estrella a brillar más, pero ahora... aquella misma estrella perdía el brillo entre sus brazos, y él era ajeno por completo a la razón.
—Debes de decirme que tienes, Cassie, no aceptaré ninguna distracción de tu parte, ninguna más —le pidió, algo severo. Pues sabía que la muchacha lo había seducido para no tener que hablar de aquello por lo que había ido a su casa, pero no lo permitiría de nuevo. No quería hablarle así a ella, pero era lo único que le había quedado por hacer, se había sentido maravilloso besar sus labios, más que increíble, sentir su piel contra la suya... era indescriptible una sensación tan maravillosa como aquella, pero... sabía que ella tenía algo muy importante, y tal vez muy triste para decirle, las lágrimas que dejaba salir la delataban, necesitaba decirle algo, y ya no le permitiría postergarlo más.
Ella alzó sus ojos y miró lo precioso que él era. Había llegado a su vida, y entre todas las tinieblas, él había logrado brindarle luz. Por él había dejado de atentar contra sí misma, gracias a él había reducido su consumo de calmantes, gracias a él había dejado mucha oscuridad atrás... y ahora... ¿cómo iba a contarle aquello? ¿Cómo iba a poder vivir de aquella manera... sin volver a la oscuridad?
—Y-Yo... —sollozó—, es d-dificil para mí decirte esto, estuve llorando... todo el día, estuve discutiendo con mis padres porque no quería eso, si fueras a mi habitación... si fueras a mi habitación vieras el resultado de mi dolor, todo ahí está roto, amor, como yo lo estoy por dentro, cariño, lo que te quiero decir me hirió, me hirió tanto que el atentar contra mi vida se vio como una posibilidad... pues, no hay posibilidad de que yo pueda crear una realidad distinta, no hay posibilidad de que yo convenza a mis padres, están negados a escucharme, pero muy decididos a actuar, amor.
—Pero, por el cielo, Cassie, ¿qué es lo que sucede? —le preguntó, angustiado, mirándola de manera fija. A Cassie la hería ver la preocupación en su rostro, sabía que lo iba a herir.
Ella tomó aire antes de hablar, como si supiera que cada palabra que diría le robaría el aliento hasta sofocarla, como si sabía que cada palabra le quemaría la garganta al salir, pero si lo retenía un segundo más, aquello acabaría matándola.
—Lo que te quiero decir es que... —hizo una pausa, su mirada cayó sobre una pared del cuarto de Oliver, no quería mirarlo a los ojos al darle aquella noticia—, me voy del país... me mudaré... lejos de ti... a Canadá...
Los ojos verdes de él se ensancharon, su rostro tomó una expresión seria, ella bajó su cabeza, sabía que él no lo tomaría de buena manera, pero ¿cómo tomar de buena manera algo así? ¿Amar tanto a alguien y luego recibir la noticia de que esa persona se iría del país, lejos? No había forma adecuada de reaccionar y ella lo sabía. Ella sabía que era algo horrible. Se formó un silencio pesado entre ambos, tan pesado como el impacto de un martillo, ella no decía nada, pues sabía que lloraría al intentar hacerlo, y él... él se había quedado sin palabras, por un instante perplejo por la noticia que no pudo tragar. Solo tras un rato fue que de sus labios se escaparon unas cuentas palabras.
—Yo... pero, amor... yo... no puedo irme a otro país. —Aquello terminó de romper los trozos del corazón de la muchacha. Lo sabía, justo a eso se debía la razón de su dolor.
—Lo sé, amor... lo sé. —Se sumergió entre los brazos fuertes de él, con la esperanza de que estos le brindaran algo de paz, algo de calma entre el huracán de emociones que no la dejaban conciliar paz ni un segundo, un abrazo de él era terapéutico, un beso de él podía sanar cualquier mal en ella, no podía decir que lo necesitase para vivir, pero sin duda su vida estaría incompleta si jamás lo hubiese conocido.
—Mi amor, ¿cuánto tiempo durarás allí? —preguntó Oliver, y Cassie soltó un sollozo bastante pesado—. D-Digo... ¿Cuándo volverás de... de ese viaje?
De nuevo, ella volvió ella a sollozar, se puso de pie, con sabanas finas envueltas en su precioso cuerpo, del cual tenía tantas inseguridades. Cassie se paró frente a un espejo. Ahí vio a una muchacha que no era ella, a una sombra de lo que hace días era, hace días estaba tan feliz, se había olvidado por completo de todo lo que por dentro le dolía, habían sido los mejores días de sus diecinueve años... y ahora..., ahora sus padres le habían dado la noticia más cruda que alguna vez le habían dado. El simple hecho de recordarlo la llenaba de la más profunda impotencia y rabia. Solo era necesario que ella cerrara sus ojos y se encontraba con la imagen de sus padres entrando a su cuarto y dándole aquella noticia, era gracioso, pues su primera reacción había sido la de Oliver, preguntarle a sus padres que cuando volverían, solo para recibir como respuesta de que nunca lo harían, había sido como una chiste amargo para ella, incluso les había dicho que dejaran de bromear, pero los rostros serios de su padres, le indicó a la muchacha que no se trató de una broma, luego, ahí, cuando se dio cuenta de que era una realidad, fue que vino la histeria. No sabía qué hacer, no sabía que sucedería con la relación con su amado Oliver. No podía dejarlo así sin más, con lo mucho que lo amaba, jamás se perdonaría abandonarlo.
—Amor... respóndeme —exigió tristemente Oliver, viendo desde el reflejo de su espejo como su amada se rompía en lágrimas de nuevo—. ¿Amor? ¿Por qué no me...?
—¡No volvemos jamás! —chilló desplomándose en el suelo, aquellas palabras le habían costado la mitad de su respiración, sentía que pronto se sumergiría en un profundo estado de histeria, de nuevo. El habla se escapó del cuerpo del muchacho cuando escuchó a su Cassie decir aquello, se sumergió en un fugaz trance, que solo se vio roto cuando reaccionó a Cassie rompiéndose en llanto en el suelo, fue a su socorro y en sus brazos la acurrucó como si se tratase de un bebé. No, no, no, no, aquello no podía suceder, ella... ella se iría... se iría y no volvería jamás... ella... se iría y jamás volvería... jamás, jamás, jamás, aquellas palabras hacían un horrible eco en los oídos del muchacho de tan solo veinte años.
—Pero... ¿cómo que nunca vuelves, mi amor? Yo... yo... y lo nuestro, yo... yo no puedo ir a Canadá, amor, sabes que yo... yo te prometí seguirte a donde sea que estuvieses dispuesta a ir, pero yo... no puedo ir a Canadá, y no es porque no quiera... es porque no puedo, amor... amor... q-que... q-que sucederá... q-que s-suced-deré entre... entre... —él tartamudeaba, sus ojos quemaban, no quería llorar, pues sabía que eso solo haría la situación se transformara en algo todavía peor. Si Cassie lo veía llorar, se rompería todavía más en llanto.
—Lo sé. Sé que no puedes ir, amor, lo sé... lo sé..., lo sé —sollozó, rota, como un florero arrojado con violencia al suelo, así se encontraba por dentro, no sabía cómo sobreviviría sin él, no sabía cómo pasaría el resto de sus días sin el consuelo de aquel hombre al que tanto amaba.
—¿Y qué haremos, amor? —La alzó, ella no lo miraba—. Amor, ¿qué es lo que haremos?
—¿Qué podemos hacer? —preguntó ella, con un tono pesimista. Un horrible tono pesimista que sacudió en dolor en corazón de Oliver. No lo quería aceptar, pero esas palabras de ella sonaban como una horrenda despedida, y dolía, vaya que dolía aquello—. Esta es nuestra despedida, amor...
Al escuchar esas palabras, todo en Oliver se volvió nublado, experimentó la genuina sensación de alguien que estaba a punto de desmayarse. Incluso soltó a la muchacha y se recostó de su cama, sintió que aquella habitación no era lo suficiente grande para él, sintió que se sofocaba, que de repente en su cuello había una gruesa soga envuelta, una soga que la obstaculizaba la respiración, sintió que la imagen de ella se volvía borrosa, llevó las manos a su cabeza al sentir una punzada en esta, no, aquello no... aquello no podía ser una despedida, su amor no se podía ir a otro país. Oliver fue invadido por un profundo miedo, la abrazó muy fuerte y se sumergió en el pecho de la muchacha, quien entre lágrimas correspondió el acto, luego lo que escuchó rompió el alma de la preciosa Cassie: él lloraba. Saladas lagrimas se deslizaban fueran de los verdes ojos de Oliver, que abrazaba con fuerza a su amada, temeroso de que ella se fuera, temeroso de lo que se avecinaba. Llego un punto en el que ambos estaban sumergidos en un profundo llanto, él de ella era más ruidoso, pero el de él tenía raíces mucho más profundas, aquello dolía, en lo más profundo de él, aquellas palabras crearon una herida recóndita. Capaz de hacer a un muchacho como él llorar.
—Pero... puedes decirles que no te irás... que no quieres ir —le sugirió, secándose la cara, ella lo miró, exhausta, su mirada le respondió a Oliver—. Supongo que te obligarán... pero... p-pero no pueden obligarte, Cassie... no... no eres una niña, amor, amor, mírame, puedes decirles que no... que no quieres irte, que no te irás...
—¡Ya lo he intentado! —exclamó, llevando las manos a su cabeza, la frustraba demasiado aquella situación—. Les dije que buscaría un empleo y que me quedaría aquí a vivir... les... les dije que no quería ir, ellos dijeron que no era mi decisión... que no conseguiría empleo aquí, que me moriría de hambre si me quedaba aquí, que me obligarían a irme... no quiero... yo no... yo no quiero irme...
Y tras aquellas palabras la habitación se sumergió en silencio, él parecía meditar algo, su rostro, todavía enrojecido por las lágrimas, en aquel instante se encontraba serio, y en su cabeza solo vivían las últimas palabras que los labios de ella habían pronunciado.
—No te irás, no —dijo él, con la suficiente firmeza—. No te irás, cariño. No te irás, Cassie.
Ella tragó saliva, dejó salir un silencioso suspiro.
—Oliver... mientras menos lo aceptes más difícil será, amor. Yo lloré por horas encerrada en el baño de mi habitación, amor, yo me tragué un montón de pastillas que más tarde vomité, amor, yo corté mis muslos. —Su voz se escuchaba sofocada, como si estuviese a punto de romper en llanto, de nuevo—. Y golpeé mi propio cuerpo contra una pared y grité tu nombre por horas, mientras de rodillas me deshacía, mis padres aquello escucharon, todo aquello escucharon, ninguno de ellos entró, sino horas más tardes a decirme lo que a ti te digo: mientras más me niegue a aceptarlo, más fuerte será el proceso. —Una fina lágrima se dejó caer por su rostro. No había nada en el mundo que ella amase tanto como a Oliver, no había medicina tan poderosa como la de sus abrazos, tranquilizante alguno que se compare a sus palabras—. Oliver... sabes que te amo... p-pero... no hay nada que yo pueda hacer para cambiar lo que ya está decidido, amor, esto me duele, no podría con certeza decir que me duele más a mí que a ti, pero duele, me duele, me dueles, y más me dolió el empezar a afrontar que no hay nada que yo pueda hacer para cambiar esto.
Él la envolvió entre sus brazos, dejando escapar un suspiro pesado, tan pesado como la situación. Se deshizo el abrazo, Cassie apenas contaba con energías para aquello.
—Sí, cariño, si lo hay, si hay algo que podemos hacer —replicó él, y ella le miró, curiosa por saber que era aquello que tenía en mente—. Escucha, amor; en el sur, tengo una pequeña vivienda a donde podemos huir, amor, sé que no es mucho, sé que tal vez no es nada con la vida que tendrías en Canadá, pero es lo único que puedo ofrecerte, amor, lo único que tengo para darte. Sabes que trabajo, pero apenas recibo ingresos, es un trabajo muy simple, desde que cualquier lugar conoce mi apellido, sabe de quien soy hijo y me rechaza, así que... sabes que solo tengo este pequeño trabajo, pero no importa, de ahí podría costear nuestros gastos, mientras nos estabilizamos, amor, Cass, todo saldrá bien, te prometo que todo saldrá bien, solo debes... solo debes de confiar en mí y en cuento te amo. —Ella no lo pensó demasiado, palabra alguna no dijo, lo único que hizo fue arrojarse a los brazos de él, esta vez con una sonrisa iluminando su precioso rostro—. Pero, amor, necesito saber cuándo te vas, necesito saberlo...
—Me voy dentro de quince días —respondió, adolorida por el tiempo tan corto que le quedaba en aquel país, que le quedaba rodeada de todo aquello que conocía—. Le dije a mis padres que me dieran al menos un mes, pero ellos se han negado. Mamá me dijo que el trabajo que papá había allí conseguido nos libraría por completo de las deudas que nos atormentaban. Le dije un montón de cosas, le dije que podía conseguir trabajo y quedarme aquí, le dije que aquí estaban mis amigos, les dije que aquí estabas tú, pero nada de eso fue suficiente para ellos —dijo lo último queriendo de nuevo llorar, la situación era lamentable, pero lo que el destino tenía preparado para ellos era aún peor. Era mucho más lamentable.
—Pues... —Se detuvo un momento a pensar—, escucha, amor; nos mantendremos en contacto, ¿lo entiendes? Todos los días te mandaré una carta, amor. Debes de estar pendiente, debes de responderlas lo más rápido posible, tus padres por obvias razones no se pueden enterar, amor. ¿Me prometes hacerlo? —Ella asintió con lágrimas entre los ojos. Estaba dispuesta a huir con él, a donde fuese con él. Ambos eran jóvenes, enamorados con una pasión extraordinaria, de esa que puede destruir vidas, no pensaban en el futuro, no pensaban en las consecuencias que una decisión como la que querían tomar traerían, inmaduras almas que solo buscaban la suficiente libertad para amarse como querían, eso eran ellos, y creían que lo lograrían, pero no sabían que el destino para ellos tenía algo muy distinto preparado.
