Librería
Español
Capítulos
Ajuste

Capítulo 3

Ambos estaban en la habitación, entre ellos había nacido un silencio incomodo, ninguno de los dos hablaba, ella solo lloraba apoyada del hombro de él, sin ser capaz de empezar a decírselo.

—Necesito... necesito que me cuentes que sucede, Cass, no sé por qué lloras y eso en verdad me pone mal, no sé qué sucede, no sé qué te sucede, por favor. —Alzó la cabeza de ella y le dejó un beso sobre la frente, para luego decir—: Por favor, necesito que me digas que sucede, necesito que me cuentes por qué lloras, necesito que me digas por qué tus rodillas están heridas, mi amor, cuéntame, sabes que puedes confiar más en mí que en cualquier otra persona. —Ella intentó hablar, pero su voz se quebró a medio camino, sentía a su corazón retorciéndose del dolor—. ¿Discutiste con tus padres? ¿Tu padre y tu madre discutieron? —susurró este ultimo, siendo conocedor, vía su novia Cassie, que su padre había encontrado a su madre siéndole infiel con otro hombre, en su propia cama, pero de ese tema no sabía mucho, pues la misma Cassie, quien le contaba todo, era bastante cerrada con respecto a eso, no decía mucho de eso, apenas tocaba el tema, lo más que él sabía del tema era que a raíz de eso, por claros motivos, la relación marital entre ambos se había debilitado, la confianza había muerto, y estaban unidos más por costumbre que por amor.

—Bésame, solo bésame —murmuró Cassie tras un rato de silencio, había visto que cosas así ocurrían en películas, pero jamás se imaginó que tendría que enfrentarse a eso en carne propia, usualmente cuando veía que eso sucedía en las películas, solía tener el pensamiento de que exageraban, de que no era para lamentarse tanto, que la vida continuaba, y no sabía si se trataba de una lección de la vida, pero al sentir aquello ella misma, se dio cuenta de que las cosas no eran tan simples, de que si era para tanto y de que en realidad, sí dolía mucho.

Él acarició sus labios con los de ella, sumergió los labios en los de ella, degustando el sabor tan delicioso que ella tenía, la besó el cuello con suavidad, las manos de él viajaron a los senos de ella, los apretó sin lastimarla, un gesto casi imperceptible, ella lo sujetó del cuello y se subió a horcadas sobre él, ocasionando que este se cayera de espaldas sobre la cama, una vez él allí, ella se inclinó y lo besó, el cabello oscuro de la muchacha cubrió el rostro precioso de Oliver, la besó con fuerza, le mordió los labios y la sujetó de la cintura mientras la pegaba hacia él, los labios de Cassie lo podían transportar al cielo con tan solo un roce, pero incluso mientras la besaba, a su mente empezaron a llegar los recuerdos de hacía un par de segundos, de ella llorando recostada en su hombro, y pese a la situación en la que se encontraba, no pudo alejarse de esos pensamientos, así que, la frenó en seco.

Sabía que ella buscaba distraerlo para evitar decirle aquello que debía.

—¿Qué... sucede? ¿No te resulto atractiva ya? —Las emociones de Cassie la abrumaban, se encontraba a la defensiva. No quería decirle a Oliver lo que sus padres le habían dicho, se arrepentía incluso de haber llegado llorando, en aquel instante solo quería sentir el calor de él, que por unos instantes, aunque fuesen muy efímeros, él la hiciera sentirse absorta de la realidad, ajena a la verdad, que solo fuera él y ella... siempre él y ella.

—No, Cassie, claro que no, es decir... sí, para mí siempre serás la más hermosa mujer, solo es que... hace un rato viniste llorando... y... en verdad me preocupa, porque hacía meses que no tenías esos episodios y yo... —Ella lo calló de un beso entre los labios.

—Todo está bien —mintió, pues nada estaba ni estaría bien—. Solo me... me desperté muy triste, por eso vine hacia aquí... solo ha sido eso —le aseguró, pero sus ojos apuntaban al suelo, no eran capaces de hacer ningún tipo de contacto con los de Oliver, sabía que él se daría cuenta de que eran simples mentiras sus palabras, y que la razón por la que había ido a su casa no se trataba de un simple episodio depresivo.

—¿Lo dices en serio? —le preguntó, mientras le acariciaba el cuello, trataba de buscarle la mirada, pero ella se empeñaba en esquivarla, lloraría de mirar aquellos ojos y saber que no solo les mentía, si no que tarde o temprano debería de decirle una realidad que no quería, una realidad a la que ella misma se negaba—. Sabes que puedes confiar en mí, Cassie...

—Ya te lo he dicho, no ha sido nada —replicó, pensando en la manera de salir de aquella conversación, pues mientras más preguntas él le realizara, más vulnerable ella se volvería y se rompería, y la verdad de sus labios brotaría. Un suspiro por completo imperceptible se le escapó de entre los labios, los mordió para ocultarlos. Sabía la manera perfecta e infalible de liberarlos a ambos de la tensión y de, por un par de minutos, desvanecer aquella duda de la cabeza de Oliver.

Empezó a acariciar el cabello del muchacho, largo hasta su cuello, y esta vez, a pesar de que las dudas no se le deshacían de la cabeza, él sí se dejó vencer por el placer, por la seducción de la única persona que lo ponía vulnerable. Alzó la blusa de la muchacha, deteniéndose un segundo a contemplar lo hermoso que era su cuerpo, tan pequeño y frágil, delicado y fino. Subió de nuevo hacia los labios de ella, los cuales besó y los succionó de nuevo. Ella era tan preciosa como exponerse a una ráfaga de aire fresco tras haberse sofocado en un caliente infierno. El sudor que segregaba su piel a causa del roce de ambos, era el autor de que su cabello estuviese aglutinado a su precioso rostro, dándole un aspecto preciosamente descuidado, los besos de él eran tan suaves que podrían salvarla de cualquier amarga realidad, sentía una maravillosa euforia, un éxtasis indescriptible, pero estaba, en lo profundo de ella, demasiado inquieta, pues era agobiada por la sensación de que muy pronto, todas aquellas emociones dulces se esfumarían, pues aquella situación en la que se hallaba había surgido de repente, y no significaba que no debía de contarle a su amado la dura realidad.

Una realidad que no sabía ella, le robaría muchos años valiosos de su vida.

De nuevo empezó a llorar, los pensamientos fueron más fuertes que ella, ni siquiera sentir el roce de a quien tanto amaba fue suficiente para detener sus gruesas lágrimas. Su estómago se encogió a causa de la ansiedad que la apretujaba, no era capaz de retener aquello por mucho más tiempo. Debía de contarle a Oliver aquella noticia que tanto le dolía. Que a ambos le dolería. 

Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.