Capítulo 4 Los vencedores
-Altaír…Altaír…¡Altaír!- Llamado que se hacía cada vez más cercano, como hablando al oído se tratara.
-¡Uhg!, ¿quién me está llamando por mi nombre?-…-¿Una mujer?- Introspección que hacia aquel joven, exasperado por no entender que era lo que estaba pasando.
-¿Quién es?, siento que me parece familiar, pero no logro identificar de donde viene su voz.- Pensaba mientras buscaba desesperadamente, la ubicación de quien lo llamaba por su nombre.
En ese momento, todo desde la perspectiva del peli marrón, comenzó a girar como si se encontrara bajo el efecto de algún sedante, sin poder enfocar su fiesta o sus sentidos en ningún momento. Solo para en un abrir y cerrar de ojos, percatarse de que una figura demoniaca yacía ante él, llena de sangre; figura femenina que le confirmaría que se trataba de ella quien llamaba a su nombre insistentemente, puesto que le diría…”-Altaír…encuéntrame…¡encuéntrame!-“. Obligando a que bajara su mirada ligeramente, percatándose de que era su sangre de la cual aquella mujer de piel rosa pastel estaría salpicada. Ese tipo de pesadillas, las suele tener constantemente aquel joven que portaría el nombre de un antiguo héroe del cual no muchos recuerdan, salvo por aquellos que como Andrómeda llegaron a vivir en carne propia las maravillas que hizo en vida, las cuales le otorgaron el título del “El salvador peregrino”, quien a diferencia de muchos héroes que buscan la gloria de sus muy puntuales hazañas; constantemente viaje por todo el continente de “Himval” en la disposición de la ayudar a quien necesite de él, solo para al finalizar su labor, irse antes de recibir las gracias de los demás. Cabe destacar, que uno de los vencedores de la prueba de la diosa de la transformación tendría por nombre el de aquel gran peregrino del que la gente en las aldeas más recónditas cuenta acerca de el…
-Oh, vaya…- -Disculpadme os ruego, no esperaba que tan importante establecimiento como lo es el acenso de los nuevos aprendices de las diosa de la transformación, terminara siendo manchado por la arrogancia de la nobleza.- Se dirigió Andrómeda a sus vencedores, al percatarse del horror latente que estaba marcado en los rostros los demás.
A pesar de que les costó un par de minutos, comprender que era lo que había sucedido. Fue en parte gracias a un sacerdote cuya cabellera recaía sobre sus hombros cual cascada ligera, con un vibrante color marrón cual madera de árbol, con ojos verdes hipnotizantes como escama de serpiente; justo debajo de aquella inconfundible mirada se podría presenciar como a lo largo del área del bigote, hasta su tan esculpido cuello, crece una barba perfectamente cuidada que lo ayudaría, a perfilar tanto su barbilla como sus mejillas aún más. Con una marcada manzana de Adam. De piel morena, de la cual resalta una ruborizacion encantadora por todo su cuerpo cuando la luz del sol lo ilumina. E de resaltar que su voz era autoritaria mas no agresiva, que transmitía un aura de protección.
-Entiendo que todos nos sintamos agobiados, no obstante, a manera de consejo intentemos tomar las palabras que nos ha dado nuestra divinidad y empecemos desde cero...me parece que ninguno de nosotros se ha presentado formalmente, por lo que empezare yo.- -Me llamo Altaír, miembro del gremio de los sacerdotes encantado de conocerlos.- Decretaba el peli marrón con una encantadora actitud, que inspiro al resto de sus compañeros a hacer lo mismo.
-El placer es todo mío, soy Callos Lifewood; futuro evocador de elite. Espero que los próximos 3 años que pasaremos juntos, nos marquen significativamente para alcanzar el existo que aspiramos.-
-Casandra Belladonna, aspirante a hechicería de elite.- Establecía la pelinegra quien siempre ha sido una mujer de pocas palabras, a lo que Andrómeda respondió con un notorio asombro.
-¿Altair?, ¿Casandra?-…-Jeeeh…disculpen mi atrevimiento, pero que os parece si continuamos esta conversación con mayor comodidad. Además, considero que esta primera impresión que tienen de mí, podría mejorar significativamente si tenemos un banquete para conmemorar este día. Aparte así aprovecharemos de hacer más consultaciones con tranquilidad...¿estáis todos de acuerdo?- Pregunta a la que indiscutiblemente aceptarían, no solo porque deseaban comer después de 2 días de duras pruebas.
Poniéndose en marcha a la taberna más cercana que para el delirio de la diosa de la transformación sería una llamada Takumi’s. Convirtiéndose en todo un espectáculo para los aprendices de Andrómeda, pese a su reacción tan irracional ante ese nombre negándose a comer o siquiera entrar a ese establecimiento.
-Mejor porque no buscamos otro lugar para comer, ¿os parece?- Intento desesperado de parte de la diosa, quien rechazaba rotundamente el poner un pie esa taberna.
-¿Huh?, pero no hay más lugares cercanos en donde podamos ir, terminaremos teniendo que hacer un viaje mucho más extenso sin sentido alguno.- Dijo el peli marrón, quedando perplejo ante el rechazo que tenía su inminencia.
-No hay problema con ello, de todas manera ni hambre tengo…- Frase interrumpida ante un fuerte rugido que provendría de su estómago.
-Su divinidad, parece que ha quedado expuesta ante su apetitito, ¿entramos para resolver esta contienda de una vez por todas?- Comunicaba Casandra de manera burlona.
-Pero que insolencia…guah, qué más da entremos de una buena vez.- Finalizo con una profunda actitud cortante que pondría un aura pesado en todo el lugar. Lo que apenas seria el comienzo de todo un espectáculo que presenciaran los vencedores; al ver como su diosa entro en rotundo cólera tras escuchar una vez más aquel nombre.
-Sean todos bienvenidos, soy Takumi el encargado de esta taberna, ¿qué les puedo ofrecer a tan prestigioso grupo de aventureros?- Decretaba aquel pelinegro, con una sonrisa predeterminada para sus clientes.
-Vallaos al demonio entonces- Estableció sin ninguna especie de filtro, a lo que todos sus estudiantes decidieron apartar la mirada; casi rogando que alguna bestia los devorara para que no tener que lidiar con aquella vergüenza ocasionada por la diosa de la transformación.
-Ofrecemos nuestras más sinceras disculpas, ella no quiso faltarle al respeto. Solamente está presentando mal carácter por el apetito…en verdad lo sentimos.- Dijo Altair bajando su mirada al finalizar su oración.
Me di cuenta automáticamente, como Andrómeda no tiene ninguna clase de medición a la hora de decir lo que piensa o siente. Lo que en casos como este podría habernos causados enormes problemas con el dueño de la taberna, más ahora que lo veo con mente fría; me atrevería a decir que en ocasiones admiro su autenticidad que en varios escenarios llegue a envidiar de mi maestra, al nunca callarse cuando algo le disgusta. Unos momentos después de aquella incomodidad que sucedió con el dueño del establecimiento, todo gracias a que su divinidad recordó a un personaje de su manga favorito que lleva el mismo nombre que ese pobre joven. Nuevamente aquel sacerdote quien ya nos había ayudado a reconectarnos en grupo, logro hacer que los otros 3 vencedores se presentaran.
-Muchos me conocen como Hunter Morningstar, “El paladín”- Establecía con una voz modesta que apenas se alcazaba a escuchar.
-¿Jeeeh?, parece que este equipo de aventura, abundan las celebridades.- Dijo el peli marrón con una sonrisa marcada que termino en ligeras carcajadas, que hicieron sentir un poco menos tenso al peli plateado.
-Excelente, ahora solamente nos falta conocer al caballero negro.- Decretaba Casandra, haciendo que el brillo de los ojos del pelinegro aumentara significativamente.
-¿Huh?, ¿has escuchado de mi?...¿en serio sabes quién soy?- Preguntaba aquel caballero con suma ilusión, transformando aquellos gestos serios en admiración.
-En mi aldea, crecí con las leyendas que susurraban en mi venta. Acerca de cómo siempre que las condiciones lo ameriten, existirá quien tome la figura del caballero negro…¡Jajaja! lo siento, no sé quién eres pero me parecía una forma de romper el silencio, prosigue.- Finalizo a lo que todos comenzaron a reírse fuertemente, como si el alma de una fiesta se tratara.
De esa forma la atención recayó en el claro caballero negro, portador de una armadura oscura cual medianoche forjada con sigilos y runas en oro puro. Acompañado de una capa aterciopelada que le cubría la mitad izquierda de su cuerpo, dándole una apariencia misteriosa; agregando una piel pálida contrastante con su cabellera lisa de color negro azulado, peinado hacia adelante para crear un fleco que casi tapaba por completo su frente y que dirigía las miradas hacia sus ojos amarillos cual mirada de gato negro. Aparte de poseer una voz susurrada con un aura de enigmática…
-Lancelot Sunblade, “el caballero negro” a sus servicios.- Indicaba el pelinegro con una profunda voz vengativa que se acoplaba perfectamente a su estética.
-¿Mmm?- Expresaba enérgicamente Andrómeda, quien aún no parecía estar del todo satisfecha por sus presentaciones previas.
-¿Huh?, ¿sucede algo su inminencia?- -¿La hemos ofendido de alguna manera?- Preguntaba el pelinegro con una gran preocupación, de hacer dicho algo malo al saber las consecuencias que pueden pagar por ello.
-Os parecéis una tontería lo que estaré por decir…es solo que…poniéndolo en otras palabras, siento que sigo sin conoceros bien.- -No me mal interpreten, puesto que es obvio el hecho de que estas cosas tomen tiempo, no obstante me gustaría más que conocer vuestros títulos, que ambiciones guardan sus corazones…después de todo, así es como realmente se conocen a las personas, ¿o me equivoco?- Pregunta que al finalizar, comenzaría a llegar aquel banquete digno de caballeros de una mesa redonda.
Lo que despertaría desde lo más profundo de sus seres, una alegría indescriptible al ver todo lo que estaría a su disposición para comer y beber. Siendo este apenas un abre bocas de todo lo que conseguirían al convertirse en el grupo de aventureros aprendices de la diosa de la transformación; a pesar que primero todos se enfocarían en saciar su gran hambre luego de 2 días en el bosque al igual que su sed de licor. Poco a poco la pregunta que les hizo su maestra comenzaría a llenar cada espacio en su mente, a lo que le tratarían de dar una respuesta para no parecer groseros.
-Retornando a la interrogante de hace unos minutos, disculpadme es solo que aún me cuesta un poco entenderla en su totalidad…- Interrumpido por Andrómeda.
-Entonces no cabe duda que he escogido bien a mis estudiantes, puesto que existen preguntas en este mundo que por más fáciles que suenen; si no tomamos un buen cuestionamiento que nos haga entenderlas, eso puede terminar en que no nos importa en lo absoluto. Ya que solo a aquello que queremos escapar u omitir, le esquivamos esas dudas con frases predeterminadas.- -Descuida no sucede nada si necesitan más tiempo, es solo que más que títulos o de que casa provienen, me resulta más interesante el contexto que hay detrás de sus decisiones. Como, por ejemplo, ¿qué esperan conseguir una vez terminen estos 3 años?- Reflexión característica de la diosa de la transformación, al siempre querer retar la respectiva o el cuestionamiento de sus estudiantes.
En ese instante, cuando Casandra en contra de cualquier tipo de reacción previa que haya tenido en su vida, ante esa pregunta decidido con una gran inspiración que le hizo sentirse extraña de la manera en la que reacciono. Diciendo con determinación “-Quiero…no…deseo entender porque me salvaste en ese entonces-“. Llevándola a que en señal de vergüenza se tapara su rostro con sus manos, agachando la mirada a la par.
-¿Qué me sucede?-…-¿Por qué sentí esa necesidad de sacar esto de mi pecho?-…-¿qué me hizo sentir un nudo en la garganta tras esas palabras?- Introspección que terminaría cuando Andrómeda, levanto su barbilla para decirle de frente.
-No desesperéis, a veces existen preguntas, cuya respuesta se pueden convertir en una gran carga…lo que me indica que esta es la verdadera intención de tu viaje.-…-Me alegro que nos veamos de vuelta…Casandra.- Haciendo a la pelinegra escuchar su nombre, pronunciado por su divinidad; llevándola a que comenzara a llorar cual rio que está a punto de desbordarse por lo profundo que significaba para ella que su diosa, reconociera esa innegable conexión que tenían las dos.
¿Sabes Andrómeda?; algo que siempre recuerdo con alegría, es lo fácil que una podía llegar a ser una misma con la otra. Sin necesidad de tener mascaras o charlatanería, ambas entendemos lo que es esconder nuestras emociones de los demás para evitar salir heridas. Es por eso que podíamos vernos tan íntimamente, que parecía aterrador, haciendo que las lágrimas salieran solas en metáfora de que era un respiro para nuestro verdadero ser…
