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Capítulo 5 Cantándole a la luna

En el país “Lowenzahn”, abundan los recursos minerales por lo que su mayor pilar en el que se basa su economía es la extracción de piedras preciosas tales como los rubís, zafiros, esmeraldas, aguamarina, cuarzo, diamante por mencionar algunos. Que servirían aparte de sus usos convencionales, estos serían trabajados para la creación de las armas magias que venden por todo el continente de “Himval” gracias a la gran cantidad de montañas presentes en ese territorio. En ese orden de ideas, la familia “Sunblade” sería la encargada de supervisar la gestión de la actividad minera, a la que irían tanto Lancelot como su hermana menor de nombre “Diane”; visita que terminaría siendo un momento oscuro en la vida de ese par de nuevos nobles. Debido a que sucedería un temblor que alertaría a todos los presentes en esos túneles,

-¡¿Eso es?!-…-¡¿Un temblor?!- Preguntas que se repetirá al unísono por excavadores; quienes no dudarían dos veces al salir aterrorizados para huir de la mina. Rompiendo también toda clase de protocolo de seguridad, pese a que empujarían a quien sea para ir más deprisa.

-Hermano, ¿vez lo mismo que yo?- Expresaba la pelinegra, quien miraba aterrorizada ante la posibilidad de que el temblor se repitiera con tanta rapidez.

-Espera...algo extraño está sucediendo.- -Mira, solamente las rocas pequeñas se mueven, es casi como si se tratara de una…¡estampida!- Establecía Lancelot; cuyo primer instinto fue el de proteger a su hermana, tratando de abrazarla para que el fuera quien recibiera el impacto de la multitud desesperada por salir.

A pesar de que pueda parecer inconcebible, muchos de los accidentes también pueden llegar a empeorar considerablemente si un gran grupo de personas comienza a presentar actitudes violentas que más que servir para que ellos puedan huir a una velocidad mayor. Pueden terminan aplastando o lastimando a más personas, sin mencionar la obstaculización en el paso por el cual movilizarse, creando mucho más caos en esa situación. Resultando en múltiples empujones que perjudicaran en cierta manera a Diane, pero sobre todo a su hermano mayor, quien puedo estar a un par de choques a ser aplastado por aquella avalancha de humanos; solo que afortunadamente ese no sería el caso, sin embargo, eso no garantizaba que estuvieran fuera de peligro puesto que deberían de retirarse de los túneles cuanto antes.

-¿En serio te encuentras bien?, ¿seguro que puedes correr luego de recibir tantos golpes?- Dijo la pelinegra, quien ayudaba a su hermano a caminar, apoyando su cuerpo con el de ella.

-Descuida puedo con esto, además no podemos descuidarnos.-…-Cuando suele haber esta clase de temblores, existe una gran posibilidad que las estructuras queden inestables por lo que no es seguro quedarnos a esperar a que me sienta menos adolorido.- Decretaba el pelinegro haciendo su mayor esfuerzo de no ser una carga para nadie.

Fue entonces cuando a mitad de su camino, que otro temblor ocurriría. En el que Lancelot esta vez gritaría…”-¡Diane cuidado!-”; corroborando sus sospechas acerca de la estructura interna de las minas, que estarían tan debilitadas que no soportarían otro cismo de esa magnitud. Dejándole pocos minutos para reaccionar, tomando entonces la decisión de empujarla con toda su fuerza, que estaría impulsada por la magia de viento que contralaba para llevar a su hermana a una distancia en la que estaría fuera de peligro. Solo que la piedra que la hubiera aplastado a ella termino cayendo sobre su brazo izquierdo en su lugar.

-¡Argh!- Grito de dolor que al expandirse por el eco de los túneles, toda la mina podría de escuchar.

-¡Hermano!, ¡Hermano!- Expresaba desgarrantemente al pensar que el habría quedado aplastado. Por lo que las lágrimas saldrían de sus ojos palpitantes.

-V…ve…vete…- Indicaba Lancelot casi como susurros en el oído.

-¿Lancelot eres tu?- Dijo Diane con su voz iluminada, gracias a ese rayo de esperanza que esos murmullos le otorgaron.

-¡Vete antes de que sea demasiado tarde!-…- Vete o sino ambos moriremos…por favor, no hagas que mi sacrificio sea en vano…al menos sálvate tu…- Suplicas que por más desgarradoras que sonaran; ella entendía perfectamente que debía de ir a buscar ayuda. Teniendo que dejarlo solo en ese escenario, quiera o no.

De esa forma nuestro autómata se despertaría, de aquella pesadilla que contaría una verdad que se ha convertido para el en algo mucho más pesado que la roca de aquella ocasión. Eso sin mencionar que ese recuerdo lo acompañaría gran parte de su vida al punto de dejarle secuelas mentales; y en medio de aquel ataque de ansiedad que no solo lo despertaría punzantemente, sino que le aceleraría el corazón lo suficiente para sentir fiebre por todo su cuerpo. Lancelot comenzaría a escuchar el cantico de una melodiosa voz, que aparte de ayudarlo a que sus ritmos cardiacos se estabilizaran, le sembrarían la duda de ver de quien se trataba.

Dándole la sorpresa de que sería un pequeño grupo de dríadas que estarían cantando a la luna, mientras la diosa de la transformación danzaría en campos de la música con su gran y voluminoso cabellera lacia al vuelo, convirtiéndolo en un momento tan celestial que el pelinegro no se atrevería a molestar. Solo para una vez terminaría la melodía, Andrómeda se percatará de que uno de sus estudiantes estaría escondido en los arbustos todo ese tiempo.

-Chicas, debemos de preguntarle a nuestra audiencia oculta, ¿qué os ha parecido el espectáculo?- Pregunta que haría al caballero negro, a salir de su escondite.

-Disculpadme su eminencia, no ha sido mi intención espiarla o mucho menos.- -Es solo que el encantador cantar de las dríadas ha calmado mis sofocantes penas. Por lo que quería ver de dónde provenía esa melodía, espero pueda perdonarme.- Decretaba con su más sincera disculpa, para no tener problemas con Andrómeda, quien le respondería.

-Levanta tu mirada, después de todo; soy incapaz de molestarme con quienes aprecian el buen gusto de la música.-…-Si os sirve el dato, siempre es bueno mirar a la luz de la luna para despejar nuestras penas, ¿os apetece?- Establecía su divinidad con una sonrisa genuina, para ayudarlo en ese momento de necesidad.

-Sería un honor para mi- Comunicaba para luego de tomar un fuerte respiro, que rompería el silencio de forma inmediata para decirle a Andrómeda…-Apropósito, ahora que gozamos de mayor privacidad. He estado pesando acerca de la pregunta que nos hizo en la taberna y creo que estoy listo para confesarle porque he venido a ser su aprendiz.- Palabras que harían que los ojos diosa de la transformación brillaran con intensidad.

-Jeeeh…en ese caso soy toda oídos.- Exclamo con determinación.

-Hay una razón por la que mantengo oculto mi brazo izquierdo, que me resulta tan pesada decirla más que cualquier armadura jamás forjada.- -Pero que me ha encaminado en la búsqueda de conocimientos que, a lo mejor, usted podría darme para ver si es viable esta idea.- Dijo el caballero negro, sosteniendo su brazo izquierdo en todo momento con su otra mano.

-Ilumíneme su eminencia ante duda; ¿alguna vez ha visto que sea posible el direccionar la magia de vientos, para enfocarla en que la resistencia atmosférica?- Palabras que empezarían con una voz quebrada, al sentir que se burlaría de su idea como muchos han hecho en repetidas ocasiones.

-¿Resistencia atmosférica?-…-¿Estáis insinuando en utilizar magia de vientos para hacer una barrera…como magia de protección?- Expresaba Andrómeda con una creciente intriga ante tal innovadora propuesta.

-Es correcto su divinidad.- Decreto levando su mirada con autoridad.

-Nunca antes he oído hablar de tal tipo de magia, sin embargo, eso no quiere decir que debamos cerrarnos ante una inviabilidad antes de tiempo. Solo he de preguntarte, ¿por qué has pensando en reescribir una nueva variante de esa magia?- Pregunta cuyo único fin era el de terminar de probar su disposición.

-Para que no se vuelva a repetir esta tragedia.- Retirando el velo aterciopelado que caía sobre su brazo dorado. Teniendo en ese momento una respuesta motivadora de la diosa de transformación, quien se inclinaría con delicadeza para decirle a Lancelot; “-Habéis venido al lugar indicado joven caballero, después de todo no existe nada en este mundo que no se haya logrado con la virtud de quienes escogen trazar sus propios caminos.-“

Siendo este el pequeño empujón lo único que necesitaría el pelinegro, para conquistar su tan clara meta en los próximos 3 años, puesto que solamente hace falta que alguien crea en los magos para que su imaginación una vez se concrete, empiece a despegar. A la mañana siguiente todo el equipo aventurero se prepararía para su próximo destino el cual yace en la costa de “Geisterschiff”; solo que el primero problema con el que los aprendices se encontrarían es que Andrómeda no estaría ni cerca de estar lista para partir en su viaje. Por lo que ante la extensa espera, decidieron mandar a Callos y Hunter para buscarla pese a que no conseguirían rastro alguno de ella desde noche.

El paladín es un hombre de formidables ojos rojos cual atardecer, de una actitud bastante apaciguada, pero con una imponente presencia que hacía más densa la respiración de los mejores aventureros a cualquier lugar que fuera; poseedor de una cabellera ondulada de color plateada, larga pero no exagerada. De mirada penetrante cual leopardo, portador de una espada alargada y fina como si de una gran aguja se tratara, no obstante, era tan afilada que tardarías unos minutos en descubrir que has sido cortado por ella. Por otro su compañero tenía un aspecto vikingo, llevaba una trenza acicalada con los lados de su cabeza perfectamente afeados en donde se podrían apreciar runas hechas con magia de tinta. Con una mirada osada y con un aura que inspira confianza. Portador de un cuerpo digno de admiración por sus muy marcados años de entrenamiento, del cual destacada sus musculosos brazos robustos que se le marcaban incluso aun cubiertos por la ropa. Presencia que vendría acompañada por la voz de un guerrero.

-¡Guah!- -¿En dónde se habrá metido Andrómeda?, Tenemos 30 minutos buscando y aun nada.- Exclamaba el rubio con frustración.

-No puedo haber desaparecido, Lancelot alega que había hablado con ella anoche…- Pequeña pausa que alteraría a su compañero.

-¿No será que estamos en otra prueba?- -Quiero decir, conociendo las historias que abundan sobre ella, es posible que nos ponga cualquier clase de desafía en todo momento sin darnos cuenta.- Insinuación que cobraría sentido para ambos, quienes se posicionarían para estar preparados ante cualquier inconveniente.

Solo que eventualmente terminarían encontrándose con un conejo de color rosado, que estaría costado enfrente de un árbol cuyas raíces estaban expuestas, cerca de donde estaban los dos. Determinando por la apariencia de su pelaje se trataba de su divinidad, a la que despertarían con extremada sutileza para no desatar ninguna especie de ira, desembocando en que únicamente verían a la diosa de la transformación despeinada como recién levantada.

-¿Huh?, ¿Quién me ha despertado?- Dijo Andrómeda, frotándose sus ojos que apenas podía mantener abiertos.

-Discúlpensenos su divinidad, es solo que debes de partir cuanto antes para llegar hacia nuestro próximo destino…- Interrumpido por su eminencia.

-Pero ¿por qué debemos de viajar tan temprano en la mañana?, ¿acaso vosotros no dormís en lo absoluto?-…-Adicionalmente, dejadme de mirar con tal extrañada mirada, ¿jurabais que yo iba a lucir extraordinaria al despertar?- Establecía la diosa de la transformación; de manera gruñona mas no agresiva.

-Oh, parece que la encontraron.- -Su inminencia, debemos de partir cuanto antes para que podamos llegar a una buena hora hacia nuestro próximo destino…- Altaír es interrumpido por Andrómeda.

-Esperad un segundo, ¿quién os dijo a vosotros que teníamos que viajar de manera lineal con presión de tiempo?- -¿Tanta prisa cargáis de llegar al país de las montañas?- Refunfuñaba al no querer viajar temprano en la mañana.

-Para nada su divinidad, es solo que como recordara, usted puede gozar de una longeva vida, lo que al contrario nosotros no. De modo que cuando un viaje que toma años en completarse, debemos de empezarlo cuanto antes.- Argumento empleado por Casandra, al que la diosa de la transformación no sabría cómo refutar, de modo que se limitaría a decirles a donde deberían de ir, con la petición de que alguno de ellos la cargaran en su forma de conejo, poniendo su rostro tiernamente cerca del cuello de aquel alumno que acepto llevarla; en forma parecida a como lo hicieron en su primera prueba. Solo hasta que recuperara sus horas de sueño, volviéndose ella provisionalmente la guía en esta contienda.

¿Sabes Andrómeda?, no importa cuán fría quisieras parecer ante los problemas de los demás; en el fondo todos los que te llegamos a conocer sabemos que tu misericordia es una de tus mejores cualidades. No por nada gran parte de los habitantes del continente “Himval” te admiran como su diosa, sin importar cual cultura o religión sea…

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