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3

Yo también...

PUNTO DE VISTA DE Rauqel

-¿Cómo estoy?- preguntó Jay, quizás por enésima vez, ya que llevaba al menos un par de días en constante pensamiento, desde la última reunión con Harry de la que no había vuelto a saber nada. -¿Dime que te pasa?- Se sentó a mi lado y sin hacerlo a propósito agarré su mano y comencé a jugar con ella. -Si estás enfermo, no iremos. ¡No es problema para mí!-

-No, está bien.- Le di una mirada general y descubrí que estaba impecable como siempre. -¿Te cambiaste de perfume?- Sonreí, entrecerrando la mirada hasta que lo vi sonreír divertido.

-No te pierdes nada, ¿verdad?-

Negué con la cabeza con orgullo. -No.-

-Te ves muy bien con el cabello ondulado.- Me miró fijamente por unos momentos, hasta que la sonrisa desapareció de sus labios dejando paso a una expresión más oscura. -Tengo que decirte algo, Peps.-

-Está bien...- murmuré un poco curiosa y un poco intimidada -...sabes que puedes contarme todo.-

Lo vi asentir. -Si pero no ahora. Primero pensemos en disfrutar esta velada con tus amigos y luego hablaremos de eso.-

No dije una palabra pero empezó a oler mal ya que Jayden había estado tratando de decirme algo durante unos días. Inicialmente pensé que era una tontería, como revelar algún sentimiento extraño que probablemente había surgido hacia mí, pero nunca en mi vida había creído que era algo relacionado con la CIA británica, y en consecuencia, con Hawk... aunque sea indirectamente. Nunca.

Me acarició la espalda de arriba abajo. -Trata de relajarte, ¿entendido? Disfruta la velada pero no bebas.- Me aconsejó con picardía mordiéndose la punta de la lengua hasta que sonrió al verme hundirme en la vergüenza y me abrazó. -Nunca te lo he dicho, Peps, pero estoy sumamente orgulloso de ti. Te respeto porque sé lo duro que puede ser tener que enfrentar toda esta situación, o tener que ser testigo de cómo...- hizo una pausa-...a quien amas, comienza una nueva vida y una familia en la que estás. no incluido por un destino cruel.- Apretó su agarre, tal vez percibiendo que lo necesitaba aún más. -Pero lo estás manejando todo muy bien, cariño, ¡eres maravillosa! Eres una chica con un gran corazón, capaz de dejarte a un lado y siempre dispuesta a sacrificarte por la felicidad de los demás y estoy segura que algún día la vida te lo recompensará con tanto amor que ni te imaginas. - susurró en mi oído. -Cuando todo esto termine, no pasarás un solo momento en el que no sonrías, ¡te lo prometo! Confía en mí... no pasará mucho tiempo.-

Sonreí feliz, aunque con lágrimas a punto de caer como cascadas, por lo tanto, pensé que lo mejor sería advertirle. -Estoy a punto de llorar...- resoplé -...Te lo advierto.- Me hice a un lado y acaricié suavemente su rostro, quedándome quieto y mirándolo en silencio. Habría sido más fácil enamorarse de Jay, enamorarse de un hombre como él; maduro, con los pies en la tierra, divertido, amable y que él no era mi hermano... y en cambio, un idiota como Harry Styles realmente debe reinar en mi corazón.

-¡No ensucies mi camisa!-

Me reí hasta que tomó mi mano y la encerró en la calidez de la suya, escondiéndola de mí. - Nunca soltaré tu mano. ¡Usted puede contar conmigo!-

-Lo sé, y puedes contar conmigo.- susurré sinceramente al verlo imprimir un pequeño beso en mi espalda.

-Vámonos o llegaremos tarde.- Se levantó arrastrándome con él. -¡Ah, espera!- Puso sus dedos índices a cada lado de mi boca y presionó suavemente, curvándola hacia arriba. -Eres más hermosa cuando sonríes. Nunca dejes de hacerlo.-

Lo satisfice. Jayden fue especial; con él había establecido una armonía y una complicidad tan particulares que habíamos aprendido a interpretar todo el uno del otro. De silencios a miradas o miedos que se escondían tras nuestra mirada. Estaba enamorada de la forma tan espontánea en la que me daba seguridad, o de la facilidad con la que muchas veces entraba en mis pensamientos sin juzgarme nunca y siempre le agradecería que me aceptara tal como era, sin permitirse nunca cambiar nada de mí.

-¿Me equivoco o es tu cumpleaños pronto? ¿Cuántos haces? ¿Trece catorce?-

Le di un codazo con el hombro en broma, ya que no había dejado de molestarme en todo el camino, incluso si lo había hecho a propósito con el único propósito de animarme.

-¿De qué añada es ese vino?-

-Tal vez sea mayor que tú...- me robó una sonrisa mientras revisaba los dulces dentro de la caja por enésima vez -...No entiendo mucho, pero lo tomé porque pensé que ese borracho podría tu hermano por favor ya que el lo sabe.-

-¿Crees que se dan cuenta si me como uno?-

-¿Cuál quieres?- Nos detuvimos debajo de un poste de luz y me quitó la caja de golosinas de las manos, dándome la oportunidad de elegir adecuadamente. -¿Este de aquí?- Preguntó agarrando el dulce que le indiqué con la boca agua y luego entregándomelo mientras acomodaba los demás para que no se notara el espacio vacío. -Si quieres podemos comerlos y traerles solo el vino.-

-La idea es tentadora pero nos iremos al infierno si le negamos estos placeres a una mujer embarazada- Aunque hubiera ido de todos modos por otras razones relacionadas con Harry. ¡Dios mío, hasta en el infierno lo hubiera atrapado!-¡Aquí estamos!- señalé el balcón del primer piso del edificio, feliz de que María y Antonio no nos hubieran honrado con su presencia y de que la cena hubiera pasado. rápido y sin contratiempos, aunque nunca podrías estar tranquilo con Harry, y de hecho tenía razón.

-¿Listo?- murmuró mi amigo colocándose frente a la entrada de la casa mientras me tomaba un poco más de tiempo subir las escaleras, casi obligando a mis débiles rodillas a moverse. Asentí dejando que tocara el timbre y tan pronto como me uní a él, Lena abrió la puerta de su casa con una gran sonrisa impresa en su rostro.

-Hola... ¡Te estaba esperando!-

¿Esperé? ¿Qué quieres decir? ¿Por qué usar el singular si Harry también estaba allí... o tal vez ese idiota no estaba allí? Oculté una sonrisa cuando Jay sintió instantáneamente la atmósfera fría que nos rodeaba y pronto me acarició la espalda para apoyarme.

-Hola, Lena.- la saludé entrando mientras estrechaba la mano de mi amiga, invitándonos a llegar a la sala.

-Sígueme....- exclamó caminando por el largo pasillo que conducía a la cocina y luego a la sala, desabrochándose el delantal mientras nuestro olfato se impregnaba de un delicioso aroma -....Harry estará aquí en unos momentos.- Nos informó. Bueno, también lee la mente. -Se fue a revisar la mano.-

-¿Estás sereno?- preguntó Jay en voz baja detrás de mí mientras yo asentía tranquilizándolo.

-Supongo que te pasaste toda la tarde cocinando estas delicias.- Eché un vistazo a los innumerables platos esparcidos sobre la mesa, algo que ni siquiera se le escapó a mi amigo. -¡Pero no deberías cansarte, sobre todo en tu estado!- Esbocé una sonrisa amable e intenté en lo posible establecer algún tipo de relación con ella, aunque los sentimientos de culpa por haber besado y casi follado a su hombre fueran devoradores. a mí.

-¡No se preocupen, no es nada!- se pavoneó agradeciéndonos también por el vino y los dulces que trajo consigo a la cocina.

-Estás tenso, relájate.- susurró el moreno colocando su mano en mi muslo para que dejara de golpear el suelo con el talón. - Estoy aqui contigo. Recuerda lo que te dije.-

Suspiré profundamente teniendo que asentir. Por mucho que él fuera un ángel siempre listo para animarme, apaciguarme o traerme de vuelta al camino, no podía entender completamente cómo me sentía, incluso si no lo culpaba.

-Enciende la televisión si quieres. ¡Peps, aquí estás en casa!- La chica comenzó a alcanzarnos con un plato y luego agarró el control remoto. En casa yo... ¡claro que sí! -Jayden, ayúdate a ti mismo. Espero que te gusten.-

-Voy al baño un momento.- Les advertí saltando con un fuerte agarre en la boca del estómago y las manos sudorosas, aunque hubiera sido mejor ir al balcón y tirarme, pero Me habría escapado con un brazo roto y no me convenía.

Siguió charlando y riéndose de algo con el moro. Ella era perfecta, no le faltaba nada y honestamente no entendía por qué Harry era tan terco en romper con ella. Con la madre de su bebé, también. Me rasqué la cabeza adolorida y llena de pensamientos, llegando lentamente a la puerta del baño, por el pasillo, pero en cuanto agarré la manija dispuesta a bajarla, la puerta de entrada se abrió y lo encontré frente a mí. También había traído al perro con él, lo que me complació.

Hubo un momento de vergüenza silenciosa, al menos de mi parte, en el que nos quedamos mirándonos, pero luego, decidí ignorarlo y entré al baño sin darme cuenta de que me seguiría.

-Oye, pero... ¿qué... haces?- gemí molesta al ver que me barría con su cuerpo para empujarme hacia adentro y cerrar la puerta detrás de él. -¡Fuera!- le ordené, compadeciéndome también de Pepper que me hacía feliz pero a quien no podía abrazar como es debido ya que ese idiota me tiró como una avalancha, hasta que me bloqueé contra las baldosas.

-No hagas eso. ¡No me hagas esas caritas sonrientes!- Agarró mi rostro con sus manos y noté que se había quitado el aparato ortopédico y los anillos habían vuelto a su lugar habitual. -Estoy aquí solo por ti, también porque no quería venir.- susurró mientras yo me retorcía, molesto por sus maneras a veces demasiado bruscas, para que pudiera liberarme de su agarre.

-Podrías haberte quedado en casa.-

-Podrías haber dejado a Jacob en casa.- Bromeó señalando mi boca mientras yo trataba de liberarme, intuyendo lo que quería hacer.

-No podemos...- susurré -...tú no puedes hacerle esto a Lena y yo tampoco. ¡Además, en su casa, en su baño!-

-¡Me importa un carajo!-

-¡No lo entiendes!- Gruñí suavemente con lágrimas en los ojos mientras apretaba la mandíbula. -Allá hay una mujer que te ama y está embarazada de tu hijo-...-

-¡Pero aquí frente a mí está la mujer que amo!-

Negué con la cabeza negándome a escuchar las tonterías. -¡Déjame terminar!-

-¡Que... yo....amo!- Reafirmó con firmeza, sacudiéndome. - Que amo con locura. ¿O eso no cuenta? ¿No cuenta lo que siento? ¿No cuenta lo que sientes? ¿Solo importa lo que sienta Lena? ¡dime! Aquí está la mujer que amo como nunca imaginé que podrías llegar a amar a alguien...- secó una lágrima que humedecía mi rostro, mientras yo cerraba los labios con fuerza para que mi barbilla dejara de temblar.

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