Librería
Español
Capítulos
Ajuste

2

-Tampoco lo son ustedes.-

Puse los ojos en blanco con exasperación, tratando con un niño de tres años y medio mientras se reía divertido. -¿No tienes miedo de dejarte aquí, solo?- Agarró la taza tan pronto como lo alcancé y se la entregué, atrapándome una mirada halagadora que comenzó desde mis pies y llegó a mi cabeza.

-Sí, pero está haciendo su trabajo...- respondí -...y además siempre sabe dónde están, por lo tanto...- me encogí de hombros.

Frunció el ceño en la incomprensión. -¿Hay cámaras de vigilancia desde las que te vigila? ¡Qué pervertido!- Se rió mirando a su alrededor con desconfianza mientras yo negaba con la cabeza.

-No, espero, pero tengo una especie de -..- hasta me pareció irónico decirle ya que nunca lo hubiera creído, pero lo intenté de todos modos -....bueno, parece absurdo, pero tengo una localizador epidérmico en alguna parte de mi cuerpo.- suspiré ruidosamente dirigiéndome hacia la chimenea donde el fuego se apagaba lentamente por la falta de leña mientras sentía su mirada pesar sobre mis hombros y esperaba que no empezara con las preguntas incómodas.

-¿Para que siempre sepa dónde estás?-

-Exacto, y él también sabría si me pasaba algo malo, además porque el aparato dejaría de funcionar.- Me giré para informarle mientras veía su nuez subir y bajar un par de veces; incluso el terror oscureció el verde de sus hermosos ojos a un tono negro.

-Si por alguna razón te llegara a pasar algo nunca me lo perdonaría y lo sabría-..-

-No pensemos en eso ahora.- Inmediatamente lo interrumpí, tranquilizándolo. -¿Ven afuera conmigo, para que pueda conseguir un poco de leña?-

Él asintió de buena gana, siguiéndome afuera mientras corría hacia el garaje en el frío a pesar de que todavía llevaba puesta su chaqueta.

Se unió a mí tan pronto como encendí la luz y caminó rápidamente hacia el bosque. -Déjalo, lo haré.- Murmuró anticipándose a mí, así que me hice a un lado dejándolo después de recomendarle que tuviera cuidado por la mano, mientras miraba los guantes de boxeo de Jay colocados en la mesa detrás de mí. Las agarré y llegué a una especie de jergón donde las guardé aprovechando para ordenar un poco. -¡Tienes que venir a mí!-

-¿Para que también te ponga en peligro a ti, a Lena y al bebé? ¡Olvídalo!- Alcancé una caja en la parte superior de la paleta que me llamó la atención, sobre todo porque resultó ser exactamente lo que pensaba.

-¿Qué tiene que ver ella con eso? ¡Lena se quedará en su casa!- Dijo detrás de mí donde sentí que sus ojos se posaron. -¿Qué estás haciendo?- Lo escuché sonreír más tarde sintiendo el calor de su cuerpo, especialmente cuando me hizo sombra y presionó su pecho contra mis omóplatos mientras una miríada de pequeños escalofríos recorrían mi columna vertebral. -Yo lo llevo por ti...aquí...pero ¿qué diablos es?-

-¡Ay!!- gruñí cuando la parte inferior de la caja aterrizó directamente sobre mi calabaza mientras él se echaba a reír tanto que tuve que equilibrarla así, hasta que el joven caballero dejó de reírse con lágrimas en los ojos.

-Lo siento, lo siento....- contuvo el aliento con dificultad, tomándola en su mano -...vamos, ¿te quejaste por tan poco? Pesa si y no un par de kilos.-

Masajeé la parte adolorida y me giré para mirarlo con furia que no lo intimidó en absoluto. -¡Dame aquí!- Le quité la caja de las manos y toda emocionada corrí rápidamente hacia la casa para montar el eje del artilugio mientras él me acompañaba poco después con la leña. -Toma....tengo que conectar esto...- murmure para mis adentros tirandome en el suelo y gateando debajo del gabinete para insertar los diferentes cables -...esto debe ser insertado en la TV....mhh ¿O no? ¡Sí, sí!- Me arrastré sin darme cuenta en absoluto de que le estaba mostrando mi espalda baja y que él estaba feliz viendo el espectáculo.

-¿Para qué necesitas un pie de micrófono?- Preguntó tirado en el sofá, detrás de mí mientras orgullosa de mi trabajo me levanté de un salto y saqué el micrófono de la caja también, para luego enseñárselo.

-¡Para meter esto!-

-Espero que no funcione.-

-Eso espero.- Tomé el control remoto para conectarlo a la herramienta mientras me observaba con curiosidad.

-Si vas a cantar, dímelo inmediatamente para ir al auto a buscar un par de tapones para los oídos.- Presionó mientras golpeaba el objeto que emitía un sonido muy fuerte, casi perforando nuestros tímpanos. -Baja el volumen... ¡Ah, mierda, Peps!- Se tapó los oídos, así que me apresuré a hacer lo que decía, apenas conteniendo la risa.

-Te queda bien.- Salté feliz de que funcionara, segura de que nos divertiríamos. -¿Estás listo?- Puse la canción con el corazón desbocado y no podía esperar a ver su reacción.

-Olvídalo. ¡Yo no canto!- Murmuró. -Estoy viendo el espectáculo de circo.- Frunció el ceño y luego lo relajó al reconocerlo mientras yo comenzaba a tararearlo, avergonzada.

-Oh Dios...- me reí torpemente -...¡Me equivoqué!-

-¡No, vamos, adelante!- me instó poniéndose de pie y acercándose a mí con una mirada llena de hermosos recuerdos que se convertía en un velo de lágrimas, y eso los hacía aún más hermosos y brillantes de lo que eran. Se inclinó hacia adelante queriendo tomar la escena y no pude evitar sentirme feliz ya que estaba tratando en todos los sentidos de entretenerme, consiguiendo un gran éxito.

-Para siempre....joven....Harry, basta...- Me reí a carcajadas al escucharlo hacer ruidos inhumanos con la boca pegada al micrófono -...Quiero ser, para siempre...¡Harry! ¡Tuuuuuung!-

Sonrió feliz mientras hablaba sintiendo sus labios presionando suavemente la comisura de mi boca y ya no contra el micrófono.

-¿De verdad....quieres...vivir para siempre?- Dejé de cantar sintiendo una fuerte atracción a mi izquierda, una mirada magnética que buscaba desesperadamente la mía, hasta que en el momento exacto en que giré mi rostro levemente nos encontramos nosotros mismos boca a boca, pegados juntos.

Mierda...

Me jaló de las caderas ganando seguridad mientras yo no dudaba en corresponder los movimientos de sus labios y su lengua que con fuerza se abría paso en mi interior. Puso una de sus manos en mi nuca para eliminar cada milímetro que quedaba entre nuestras caras y ese contacto me electrificó, enviándome totalmente en picada, sobre todo cuando la intensidad del beso aumentó, convirtiéndose casi en una necesidad para los dos. .

-Mi corazón se acelera cada vez que te veo.- Jadeó y deslizó su mano por mi cabello, apretándolo entre sus dedos, casi como si quisiera liberar todo el deseo reprimido allí mientras la música seguía como de fondo. -Cada vez que estoy cerca de ti.....- Me agarró del cuello y me apartó unos centímetros de sus labios para que pudiera admirar con placer lo satisfecho que estaba con sus malas y pecaminosas intenciones, o la ganas tenía de cubrirlo de besos, -....cada vez que te toco.- Finalmente, sacó su lengua y lentamente y con avidez pero seductoramente lamió mis labios, luego los chupó y los aprisionó entre los suyos con tanta excitación . Jadeé, mirándolo directamente a los ojos cuando juguetonamente me mordió la boca esperando mi movimiento, incluso si mi silenciosa aprobación fue suficiente para elevarlo aún más el nivel de ese apetito sexual descontrolado; Estaba embriagado por lo que sea que era capaz de provocar en mí o por el poder que era capaz de ejercer incluso después de tanto tiempo. Apretó violentamente mi trasero hacia él, hasta que sentí a través de sus pantalones de chándal que su eje ya erecto presionaba con fuerza contra mi vientre mientras movía sus caderas hacia adelante a propósito y muy lentamente para recordarme cuán enorme era su polla y, sobre todo, cuán vulnerable. yo estaba en ello.

Estaba innegablemente enamorada de él y era demasiado débil para poder disimular lo que él podía desatar en mí. Tuve que cerrar los ojos segura de que me desmayaría al poco tiempo, sobre todo cuando hizo espacio entre nuestros cuerpos con la mano, hasta llegar al elástico del pantalón de mi pijama. Contuve la respiración y miré hacia abajo sintiendo sus dedos calientes y anillos helados haciéndome cosquillas en la piel y rozando mis bragas pero esta vez dudé y él se dio cuenta, así que se la quitó sin insistir y presionó sus labios en mi frente.

-Tienes que irte.- Logré reunir algo de fuerza para pronunciar esa frase mientras recuperaba el aliento con dificultad, dada la atmósfera creada.

-Estoy loco por ti, Peps.- murmuró frustrado. -No puedo dejar de pensar en ti.-

-Tienes que irte, Harry.- reiteré dejando hablar a mi cabeza, también porque mi corazón se había vuelto loco y suplicaba impacientemente que se quedara. Buscó desesperadamente mis ojos incluso cuando lo esquivé de todas las formas posibles hasta que tuvo que sujetar mi cara con sus manos.

-Te amo... ¡mírame! ¡Mírame un segundo, por favor Peps, mírame!- repitió en voz baja mordisqueando suavemente mis labios hasta que lo hice, incluso robándole una sonrisa. -Eres mi tormento, mi obsesión y estoy tan locamente enamorado de ti que me estoy volviendo loco. ¡Te lo juro, maldita sea! Te amo, Peps.-

Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.