
Sinopsis
Debí sentirme orgullosa de haber resistido, de no haber cedido a sus agobiantes e insistentes halagos, y en cambio solo sentí...arrepentimiento. Tentado por su boca entreabierta, fui yo quien tomó la iniciativa y lo besé lentamente, hasta que sentí su mano presionar la parte de atrás de mi cuello, eliminando cada pequeña distancia entre nuestros rostros. Jadeé de frustración. Inmediatamente se puso de pie, un poco confundido, un poco sorprendido hasta que me agarró de las muñecas y me levantó para luego agarrarme en sus brazos. Cerré mis piernas detrás de su espalda mientras me apretaba las nalgas con violencia hasta que dejé escapar un largo gemido que luego ahogó con su boca, silenciándome, hasta que el dulce sabor de su saliva entró en mi cerebro, nublando esa maravillosa visión...
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-Estoy mirando, te quedarás afuera para comprobar si hay algún peligro y esperar a Lincoln. En cuanto a a quién estoy buscando, lo averiguaré una vez dentro-. Miré el enorme edificio, un hotel de lujo en el centro de Londres, el hotel Mandarin Oriental Hyde Park, donde los grandes jefes de gobierno se reunían para celebrar memoriales, cenas benéficas y charlas de mercadería, y por mercadería se entendía el ingreso al país de grandes cargamentos de armas o drogas, con los bolsillos rebosantes de dinero sucio.
-¡Mierda! ¡Llevamos semanas buscando y no encontramos nada, ninguna novedad importante! ¿Estás seguro de que Gastor te dio la información correcta?- Preguntó interrogándolo y tuviste que ser un estúpido para hacerlo. ¿Por qué diablos había aceptado la tarea si siempre se estaba quejando? Además, me estaba yendo muy bien por mi cuenta.
-¡Mantén los ojos bien abiertos!- le aconsejé llegar al edificio y presentar en la entrada un gafete que Lincoln había impreso especialmente para mí, hackeando los datos de uno de los tantos socios que participaban en aquellas grandes ceremonias. -Estoy dentro.-
Les advertí caminando hacia el pasillo después de tomar una copa de champán de la bandeja que me entregó un mesero. Deambulé mostrándome lo más posible para que este tipo, Richard Flury, me viera y se me acercara como había dicho Gastor, considerándolo el único hombre que trabajaba dentro del Mi en el que podíamos confiar.
-¿Reconociste a alguien?- Preguntó la rubia mientras yo escudriñaba cuidadosamente todos sus rostros tomando asiento en el mostrador y buscando a mi hombre, hasta que un tipo vestido de negro se acercó a mi lado y pidió un Brandy. Al principio no le presté mucha atención, ya que pensé que era una de las muchas personas ricas presentes, pero luego algo me llamó la atención.
-Gran velada, ¿eh?- murmuró refiriéndose claramente a mí y acercándose a mí como si nada hubiera pasado. Extraño, ya que personas de ese calibre solo se acercaban si te conocían personalmente y Flury nunca me hablaría tan abiertamente.
Precisamente. No se trataba de él.
-Sí.- exclamé manteniendo los ojos fijos en los invitados. -¿Qué están celebrando, exactamente?-
Deslizó su mano en su bolsillo sosteniendo su bebida en el libre, y solo entonces lo miré, segura de que ya lo había visto en alguna parte. -Asignación del nuevo director de Inteligencia Central.-
Apreté los labios y asentí, sin mucha curiosidad.
-¿Y cómo está el nuevo director?-
-Um, exigente.- Respondió como si no tuviera una simpatía particular hacia ella. -¿No recuerdo haberte visto nunca por aquí?- Se burló irónicamente, entrecerrando la mirada. -¿Me recuerdas tu nombre?-
Estaba a punto de decirle que era el nuevo jefe de seguridad del hotel, pero alguien nos interrumpió; un hombre bigotudo de unos cuarenta años. No parecía un invitado, sino alguien que trabajaba para él.
Murmuró algo en su oído que hizo que el hombre frunciera mucho el ceño, pero cuando levantó el vaso para llevárselo a la boca, mis ojos se detuvieron en un brazalete. Llevaba un colgante que tenía exactamente la misma forma y que pertenecía a mi madre.
-Dile a Falcon que se encargue.- Respondió secamente en voz baja a pesar de que le leía los labios y esperaba ansiosa que terminara la charla con ese tipo, para poder averiguar quién era. Iba a irse, pero lo detuve extendiendo mi mano para poder presentarme. Sonrió mirando el gesto, luego me ignoró y se alejó con una mueca pintada en su rostro mientras me preguntaba quién diablos era.
-Ese es Triton Ledger...- escuché una voz profunda y baja detrás de mí -...el nuevo director de Inteligencia Central. Ahora me siento aquí y pido un trago mientras tú haces lo mismo en unos segundos, tomando asiento a un par de taburetes de mí.-
Bueno, mi hombre estaba allí.
PUNTO DE VISTA DE Rauqel
Terminé de tomar un baño caliente y después de secarme el cabello y ponerme la pijama, me dirigí a la sala para acurrucarme en el sofá en busca de algo interesante para ver en la televisión. Entonces, solo para que el tiempo fluya rápidamente y mantenga mi mente ocupada en otra cosa. Dejé encendidas solo las luces de las lámparas y apagué las principales, logrando crear el ambiente propicio para ver la película que pronto transmitirían; una clásica comedia lacrimógena de los noventa. Sólo había eso y no tenía otra opción. Di vueltas y vueltas miles de veces en ese sofá, me cubrí y luego me descubrí y comí palomitas de maíz sin fin, riéndome divertida y, a veces, terriblemente aburrida, especialmente durante los innumerables comerciales que parecían durar una eternidad. Deambulé por los distintos canales hasta que tuve que bajar el volumen, escuchando una melodía peculiar pero muy familiar proveniente de mi habitación. Salté inmediatamente reconociéndola y corrí rápidamente por las escaleras, sintiéndola cada vez más cerca de mí. No era posible, pensé, mirando a lo lejos el aparato que descansaba sobre mi cama mientras mil recuerdos invadían mi cuerpo y mi alma, poniéndome la piel de gallina. ¿Qué hacía mi caja de música allí? Seguramente me lo estaba imaginando todo, a menos que… solo había una persona en el mundo que me lo podría haber traído. Crucé la puerta de la habitación y me dirigí nostálgicamente hacia el objeto que por años había guardado como lo más raro que poseía hasta que un viento helado proveniente de la puerta corrediza del balcón me hizo temblar, y mis fosas nasales cosquillearon por una mezcla entre humo y olor a madera que habría reconocido en cualquier lugar.
Harry.
-Hola- Me sonrió, destacándose mientras suspiré en voz alta por lo terco e incorregible que era.
-¿Qué haces aquí?- Tuve que preguntar aunque por alguna extraña razón, tal vez cien, estaba tremendamente feliz de verlo a pesar de que varias veces, en esos días, me había prometido mantenerlo alejado. Pero que podria hacer? Mi corazón latía con fuerza en mi pecho cada vez que salía de repente y cuanto más intentaba alejarlo, más cerca estaba de mi trasero.
-Quería verte.- Respondió secamente, escudriñándome detenidamente de arriba a abajo como si se supusiera que la razón por la que estaba allí era por mí. Con frío, crucé los brazos sobre el pecho y lentamente me acerqué a la ventana donde me apoyé, evitando salir por completo, seguro de que me habría tomado al menos un carajo.
-¿Y por qué querías verme?-
Envolvió sus labios alrededor del cigarrillo mientras miraba el gesto, completamente cautivado, hasta que inhaló. Era animalista incluso en pequeños gestos como ese. ¿Cuál era la necesidad de inhalar tan fuerte hasta ahuecar las mejillas? Exhaló y arrojó los restos de su cigarrillo sobre su hombro mientras lo maldecía mentalmente, amenazándolo con una mirada ya que se suponía que debía recogerlo al día siguiente cuando limpiara.
-Porque estaba cansado de pensar en ti.- Respondió agarrando mi muñeca para empujarme suavemente hacia él. Inmediatamente se quitó la chaqueta que colocó sobre mis hombros para que no sintiera frío y lentamente me hizo dar una mini vuelta sobre mí y luego me tomó en sus brazos, improvisando una balada incómoda sobre las notas de -tú-. son mi sol-.... .en el fondo.
-¿Piensas en mí?- Pregunté en voz baja, mirando hacia arriba y siguiendo torpemente sus lentos pasos, especialmente cuando él disminuía totalmente la distancia entre nuestros cuerpos, pegándose a mí.
-Rara vez sucede que no.- Apoyó suavemente su barbilla en mi cabeza, sosteniéndome cerca y sin soltarme por ninguna razón en el mundo mientras presionaba mi rostro contra su pecho encontrando allí mi paraíso terrenal y dejándome ser. abrumado por esa extraordinaria sensación de... hogar.
Puede que haya parecido arrogante, grosero, pendenciero, celoso y, a veces, tóxico, pero para mí, simplemente era mi precioso refugio y todo lo que necesitaba para estar en paz. Posó sus calientes labios sobre mi cabeza la cual también comenzó a acariciar como si fuera su despiadada necesidad mientras yo me dejaba mimar por su inimaginable dulzura, incapaz de oponerse a mí de ninguna manera. -No podía soportar más no verte....- susurró dejando otro largo beso en mi cabello -...así que me dije a mí mismo -¿qué estás esperando? ¡Ve con ella! Ve y habla abrazarla toda la noche, estrecharla contra el pecho como lo hago ahora, o simplemente acompañarla en sus silencios mientras mira las estrellas- - y así lo hice. A veces, te extraño demasiado y me pierdo. Pero entonces, sé que me encuentro solo con tu presencia y aquí estoy.- Sopló un beso en mi frente, sobre mis párpados cerrados y luego en la punta de mi nariz mientras yo no abría los ojos, temeroso de que Lo arruinaría todo. Sentí su aliento mezclarse con el mío antes de hacerme cosquillas juguetonamente en los labios cuando se separaron.
-Sin bofetadas esta vez.-
Me tambaleé, mortificado por ese horrible episodio.
-Vamos, entra.- Regresé sin decir una palabra, casi avergonzado por haberme dejado llevar hasta ese punto. No estaba avergonzado de Harry, pero era toda la situación detrás de nosotros lo que complicaba las cosas. -¿Quieres que te prepare un té o un chocolate caliente?- Pregunté bajando las escaleras y escuchando sus pesados pasos detrás.
-Un café... ¡gracias, esclavo!-
-¡Vete a la mierda!- respondí levantando mi dedo medio aunque inmediatamente me puse manos a la obra mientras deambulaba por la sala hasta detenerse frente a una mini mesa de billar que Jay y yo habíamos recuperado entre los diversos trastos del garaje . Tragué saliva cuando me miró, tal vez recordando esa famosa época en la que tuvimos sexo desenfrenado en su club, justo encima de una mesa así.
-Ah, que recuerdos.- Se limitó a pronunciar apenas reprimiendo una sonrisa y acariciando lentamente la superficie aterciopelada con sus dedos mientras yo me aclaraba la garganta y me hundía en la más absoluta vergüenza dejando caer también la caja con las cápsulas de espresso, sintiendo mi cerebro en llamas. . De repente, lo escuché silbar, como solía hacer para devolverle la llamada a Pepper. -Jayden... ¿dónde estás, hombre?-
Lo miré furiosamente, no me divirtió en absoluto que llamara perro a mi amigo -¡Basta, no eres gracioso!-
