En la Inconsciencia de Leo - 3
Casi se me hace imposible que esté a punto de casarme y sentar cabeza con la mamá de mi hija, pero no porque la ame.
No, no amo a la mamá de mi hija.
Hago esto por amor a Hanna.
Debería haberle dicho que ni de broma me iba a obligar a casarme con Marlene.
Aunque Marlene es guapa, tres años más joven que yo y divertida, no la amo.
Solo tenemos una hija juntos, eso ed lo único que nos une.
Dos años de mi vida, que trataría de que pasaron lo más rápido posible, para divorciarme y poder casarme con Hanna.
Ella tendría cuarenta para ese entonces.
Yo treinta años.
Pero eso no importaba, aunque a ella si que le importaba demasiado esa notable diferencia de edades.
Siempre me trataba como si fuera su hermano pequeño.
Jamás me había visto como un amante o novio potencial y lo había dejado claro infinidad de veces.
Las veces que me aventuré a acorralarla para besarla o para tratar de hacerle el amor siempre se burlaba de mí.
Los besos entre los dos primero fueron inocentes, pero después subimos juntos la intensidad.
Recuerdo el día que por primera vez la besé de forma apasionada.
Ese día en verdad pensé que podría hacerla mía.
Por fin.
Nos habíamos mojado metiendo a sus perros a sus casas.
Corrimos a la casa cuando más fuerte caía la lluvia, pero en el trayecto ella se resbaló por lo mojado del pasto y se cayó.
Corrí a levantarla y la regañé por estar descalza.
"Ayudame y no me regañes."
Me dijo ella entre risa y dolor, pues se había dado un sentón muy doloroso.
Le ayudé a levantarse.
Los dos entramos empapados y escurriendo a la estancia de su casa.
Con las manos entrelazadas, subimos despacio la escalera de su casa.
La acompañé todo el trayecto a su habitación con la vista fija en sus pechos.
La blusa blanca que traía se había vuelto casi transparente con la lluvia revelando esa vista tan deliciosa de sus pechos suaves y llenos.
Tenía el pelo pegado a ambos lados de la cara y se ponía una mano en su trasero sobándoselo por el golpe que recibió.
Le paso la mano por la cintura y antes de que llegaramos a su habitación, abrí la puerta y le ayudé a entrar.
Ella creyó que estaba siendo caballeroso, como me dijo después, pero la verdad es que estaba cumpliendo mi perversa fantasía.
Le puse seguro a la puerta, aunque sabía que nadie entraría pues Hanna vive sola.
Ya llevaba un buen tiempo dándole besos robados.
El primero fue sin querer.
El segundo fue una muestra de cariño.
Los demás fueron porque yo quise.
Ahora quería hacerla mía, si podía.
Le pase el brazo por la cintura y la atraje hacia mi sin importar que estuviéramos fríos y mojados.
Sostuve su cara con una mano y incliné despacio para besarla.
Ella no se retiró ni echó la cabeza hacia atrás como otras veces.
Parecía que de verdad quería que pasara algo entre los dos.
Ya le había dicho que me sentía atraído por ella, pero Hanna jamás me dijo lo mismo.
Sus fríos labios me recibieron, ladeé un poco la cabeza y ambos cerramos los ojos ante el placer.
En su habitación donde yo había estado cientos de veces antes, ahora quería demostrarle que podía ser el mejor de sus amantes.
Su cuerpo es perfecto, firme y suave a la vez por la natación.
Aunque soy más alto que ella siempre lograba abrazarla por la cintura.
Hanna tiritaba de frío y de excitación, lo podía sentir y mis dedos buscaron quitarle la blusa.
Nos separamos un segundo y yo me quite mi playera también.
Ahora ella buscó mis labios y me apretó a su cuerpo agarrándome por el pantalón.
Le quite el sujetador que estaba empapado igual y sus pechos se pegaron contra mi pecho, que ahora estaba más firme y marcado.
Todo gracias a ella y mi esfuerzo en el gimnasio y alberca era solo para ella.
Nuestras respiraciones se agitaron increíblemente, pero yo era el más excitado.
Hanna de vez en cuando apartaba sus labios de los míos y me daba una sonrisa malvada.
Eso solo lograba encenderme más.
Subí las manos a sus pechos, los acaricié con devoción.
Eran más grandes de lo que esperaba y tenía duros los pezones.
Sentí una de sus manos tratando de desabrocharme el cinturón y el pantalón.
Dejé que lo hiciera y con una mano hice lo mismo con su pantalón.
No iba a parar hasta poder tenerla debajo de mí.
Quería demostrarle que no había brecha de edades a la hora de hacerle el amor.
Unos ligeros gemidos se le escaparon de la boca y la abracé con fuerza para besarla con intensidad.
Justo cuando creí que por fin íbamos a hacer el amor, me empujó apartándose de mi.
Me ordenó que fuera a bañarme a la habitación de invitados.
Hanna se puso su bata y caminó a si baño, dejadome con mi miembro erecto.
Me quedé sin saber que había pasado como un idiota.
Cuando terminamos de vestirnos y arreglarnos, me dijo muy seria.
"No se volverá a repetir jamás."
Su actitud me desconcertaba, porque pensaba que de verdad me deseaba, pero solo le gustaba provocarme.
Pero todo eso estaba por cambiar, ese día estaba decidido a decirle que si me casaría con alguien sería con ella.
Apresuré mis pasos y la casa de Hanna apareció frente a mi.
Por un momento dejé de sentir la excitación del recuerdo que tenía hace unos segundos en mi mente.
El recuerdo de sus pechos en mis manos y mi decepción dolorosa.
Ahora solo sentía nervios y un nudo en la garganta.
Miedo de lo que me iba a decir.
Miedo de que me forzara a hacer algo que no quería.
"Bueno, aquí voy."
Dije tomando exhalaciones con neblina.
Abrí la puerta de la casa de Hanna para enfrentar cara a cara a la mujer que amo.
***By Liliana Situ***
Valoro mucho tu opinión.
