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Hanna - 1

"Como está Leo?"

Ericka me pregunta mientras entra en la habitación del hospital.

Me extiende un vaso de café termogénico de la línea de perdida de peso que manejamos.

He pasado la noche más terrible de toda mi vida.

La constante preocupación de cada ruido que las máquinas emitían no me permitía más que dormir unos pocos minutos.

Además los constantes chequeos que médicos y enfermeras le hacían a Leo aunado a los ruidos magníficados de la madrugada en esos pasillos fríos me recordaban mi terrible situación.

Como desearía que esto fuera una pesadilla para despertar en mi cama!

Quisiera despertar en la habitación de mi casa al lado de Kristoff en este momento.

"Igual que ayer."

"No ha tenido ningún progreso y gracias por el café."

Ambas damos pequeños sorbos a nuestros cafes reconfortantes y Ericka se acerca para ver de cerca a Leo.

Ahora su cara está más magullada, más amoratada, más inflamada.

Pobre Leo.

Ericka se sienta a mi lado y con su mano derecha frota mi adolorida espalda.

Mi amiga percibe mi angustiada y devastación por como encuentro al ver así a mi amado niño.

De pronto las siento resbalar por mis mejillas, calientes, saladas.

Salen de mis párpados como una cascada que me quema por dentro y por fuera.

"Sabía que no habías llorado."

"Por eso estoy aquí."

Me dice Ericka mientras intento no sollozar muy fuerte para que Leo no me oiga.

Quien lo hubiera pensado...

Hacía tantos años que había jurado no derramar ni una lágrima más por un hombre.

Y ahora estoy desbordando toda mi rabia por los ojos.

Todo debido a este niño que se debate entre la vida y la muerte.

Hace mucho años, cuando era más joven que, lloré mucho por hombres.

Por uno en especial que me rompió completamente.

Ese estúpido me devastó emocional y mentalmente.

Me hirió a tal grado que pensé en morir como única forma de escape ante mi dolor.

Ese idiota hizo trizas mi frágil y endeble autoestima.

Me humilló, me pisoteó el alma, me dijo que era un desperdicio de aire en este mundo.

Ahora puedo ver atrás y ver lo estúpida que era.

Lo crédula que era, razón por la cual ese idiota pudo hacer y deshacer conmigo como le dió la gana.

Desde el momento en que me recuperé un poco decidí que no lloraría nunca más.

Como si fuera una llave de agua, cerré mis lágrimas pues para mi demostraban mi debilidad.

Pero en este caso no aplicaba.

Lloro porque no puedo hacer nada por alguien que estimo demasiado.

Lloro por alguien que he conocido por  mas de una década.

Lloro por alguien que había estado ahí desde el inicio de mi carrera de empresaria.

Y ahora, ese alguien estaba postrado en cama, intubado, en coma.

Sin poder moverse y no tengo como ayudarlo.

"No te preocupes por nada de los centros ni de tu casa, me encargaré de todo yo."

"Martín ya esta enterado, al igual que Kristoff."

"Martín se hara cargo de tus hijos peludos, pero Kristoff me dijo que..."

Tomo un pañuelo desechable que me ofrece Ericka para sonarme la nariz y secarme las lágrimas que siguen fluyendo.

Por más que intento no puedo parar.

Es como si todas las lágrimas acumuladas en estos años de abstinencia ahora salieran de mi cuerpo.

Ericka prosigue.

"Kristoff me dijo que estaría en tu casa hoy."

"Quiere verte, pero que no vendría por nada del mundo al hospital a cuidar a Leonardo."

"Especificó que primero moriría antes que cuidar a Leo."

Levanto un poco los ojos hinchados y rojos.

Con un poco de voz quebrada por el llanto logro articular una oración.

"Por mi se puede morir ese bastardo alemán."

"Es solo un hombre molesto que coge medianamente bien, que se vaya al carajo."

Tomo mi vaso para terminarme el café y siento mi estómago tan lleno como si hubiera comido demasiado.

Ericka agacha la mirada y se retuerce las manos, esa no es una buena señal...

Conozco a mi amiga tan bien que sé que tiene algo más que decirme.

Y se que no será algo bueno, estoy completamente segura.

"Tal vez es mal momento para decirte esto pero..."

Se calla y me seco las lágrimas que aun salen.

Respiro hondo para tranquilizarme.

"Aprovechando que ya estás llorando creo que es mejor que lo sepas."

Una angustia aplastante sube por mi pecho y se estaciona ahí, por lo que corto el flujo de mis lágrimas de una vez para poder escuchar atentamente lo que Ericka dirá.

"Los papás de Marlene fallecieron también en el camino."

"No fue un accidente, fue provocado."

"Toda la familia esta muerta."

Tan pronto termino de escuchar y asimilar sus palabras me levanto de un salto de la silla.

Salgo corriendo como loca del hospital.

Ansiedad, coraje, angustia, miedo, culpa, mucha culpa, rabia...

Todo eso corre por mis venas, por mis pies que me impulsan para seguir corriendo escaleras abajo.

Necesito salir de este hospital de mierda!

Cuando llego a la calle me alejo de la vía principal para localizar un acceso vacío,  grito lo más fuerte que puedo.

"Hanna, que haces?"

"Porque saliste corriendo?"

Me grita Ericka quien está agitada por correr detrás de mi.

Ahora ella, mi amiga es lo único más cercano que tengo a una familia.

Leo también lo era y esperaba que Marlene, la nena y sus padres también lo fueran para mí.

Siempre consideré a Leo como si fuera mi hijo.

"Es que no lo ves Ericka?"

"Solo he traído muerte y sufrimiento!"

"Todo lo hice mal!"

Grito mi frustración.

"Yo debería haber muerto, yo debería estar en esa cama en coma!"

"Marlene y Tammy deberían de estar felices en su casa o visitándome como antes!"

"Lo arruiné!"

"YO soy la culpable...yo... yo..."

Digo derrumbadome en el suelo golpeándome fuertemente la cabeza.

Todo me da vueltas y sigo la oscuridad.

"Podrías recogerlos por favor?

Le pido al chico gordito que me ayudó a abrir la escalera con la que batallaba ferozmente por abrir.

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