En la Inconsciencia de Leo - 2
Hanna lo notó y luego me estudió con calma.
Volteó a a ver a Ericka y después comprendería esas miraditas que se lanzaban ambas a la perfección.
"Cómo te llamas?"
Me preguntó ella sentandose en un silla frente a mi.
Sin dejar de mirarme, Hanna bebió de su vaso un líquido amarillo anaranjado que olía a jugo de mango y naranja combinados.
"Leonardo y tú?"
Pregunté por pura educación, pero realmente lo que yo quería era irme.
"Me llamo Hanna."
"Quiero preguntarte si quieres trabajar para mí?"
Me cuestionó sin rodeos.
"En que consiste el trabajo?"
Pregunté intrigado.
La otra chica se sentó a su lado.
Delgada como ella, cabello negro largo, aspecto sobrio y vestida como Hanna, como si fuera un especie de uniforme informal.
Ambas se miraron un segundo y Hanna habló.
"Tu trabajo consistirá en venir todos los días a esta hora y darle la bienvenida a las chicas que entren."
"También me ayudarás a repartirles bebidas y snacks, te parece bien?"
"Te pagaré más si conversas con ellas y las atiendes bien."
"Podría hacer eso."
Pensé.
Hanna continuó hablando.
"Además quisiera usarte como inspiración para un reto que tengo en mente, te pagaría por bajar de peso."
No me molestó que hiciera ese comentario.
A decir verdad si estaba pasado bastante de peso en esa etapa de mi vida y no lo escondía.
Creo que pesaba más de cien kilos en ese momento gracias a qué tenía una vida muy sendentaria, comía mucha comida chatarra y no hacía nada de ejercicio.
Mi rutina diaria había consistido en sentarme frente a mi laptop en la oficina.
Con un maldito horario completo de nueve de la mañana a seis de la tarde.
Tomaba refresco como agua, comía pizzas y hamburguesas por la noche y haraganeaba en el sofá de la casa de mis padres los fines de semana.
Pero por un recorte de personal perdí mi trabajo, mis padres me dieron un ultimátum para que buscará otro empleo después de dos meses de no hacer nada.
Debido a eso me dirigía a esa entrevista en otra oficina.
Me atraía la idea de bajar de peso y ganar dinero pero tenía dudas.
"Es seguro esto de bajar de peso?"
Pregunté con recelo.
Ella me explicó cómo funcionaba todo el incluso hizo una apuesta conmigo
"Si no bajas de peso, yo te doy el dinero del premio de primer lugar."
Aseveró Hanna segura de si misma
La mire aún con recelo.
"Pero si bajas de peso me das la mitad del premio en compensación y trabajas para mí como inspiración para otros, te parece?"
Dijo ella y la otra chica le hizo señas, pero Hanna la tranquilizó.
Esperó mi respuesta.
"De acuerdo."
El dinero del premio era cuantioso y como fuera lo tendría en poco mas de tres meses.
Me pareció bien.
Nos estrechamos la mano cerrando el trato y fue así como comencé a ver a Hanna a diario.
Estábamos juntos los tres a todas horas, pues ni Hanna ni Ericka me dejaron ni a sol ni a sombra.
Incluso los fines de semana me los pasaba con Hanna en su casa.
Así, de esa forma tan espontánea había comenzado mi relación laboral con ella.
Relación que evolucionó rápidamente a enamoramiento.
Y después evolucionó a estar perdidamente enamorado de Hanna.
No me importa que sea una década mayor que yo.
Su forma de ser siempre es alegre y jovial, por lo que me siento muy a gusto con ella.
Reíamos de las mismas cosas, nos mandamos Whatsapp por las noches aunque habíamos estado juntos todo el día y me dormía pensando en ella.
Cada día con Hanna era único.
Teníamos una rutina de ejercicio y comidas estricto, pero siempre hacíamos cosas diferentes durante el día.
Un día podíamos ir a muchos centros de belleza que ella manejaba junto con sus socias.
Otros días íbamos a otro local para que yo hablara de como había perdido tanto peso.
Otros días nos íbamos a hablar con familias de lo que ella vendía.
Otros días nos quedabamos en su casa para que le ayudara con las redes sociales de su negocio.
Así poco a poco me fui encariñando con ella y sus perros.
Me encariñé con ella y las tardes que pasábamos viendo Vikki Rakuten, una app para ver doramas en la sala de su casa.
Aunque al principio la odié porque todas las series están en coreano, después me gustó.
Me encariñé de ella más al verla todos los días por las noches en traje de baño.
Me encariñé con ella y sus intentos fallidos de hacer que dejara de comerme el chocolate a escondidas.
Con ella y los besos que le robaba sin su consentimiento y que la tomaban completamente por sorpresa.
Con ella y las mañanas que caminaba a su casa como ahora para que fueramos juntos en su auto a trabajar.
Con ella y su forma de retarme con la mirada cuando la contradecía.
Me enamoré de su franca forma de hablar.
Por eso siempre dice que está mal que sienta algo por ella.
Que no es para nada normal.
Me ha organizado muchas citas a ciegas con algunas jóvenes de mi edad, me ha presentado a algunas amigas suyas.
Incluso me presentó a Marlene y caí en su trampa.
Pero no puedo enterrar este amor por ella.
No puedo, ya lo intenté y no resultó.
Debería de habeme enojado con ella por haberme tendido esa vil trampa con Marlene, pero la verdad es que le perdonaría todo.
No tengo orgullo cuando se trata de Hanna.
Esta neblina se vuelve más y más densa mientras camino.
No alcanzo a entender porque no me he topado con nadie más en la calle y no pasa ningún auto....
Pero eso no me importa, tengo que hablar con ella antes de seguir con esta locura suya.
Acepté porque apostamos de nuevo y sabía que ganaría.
Podía darle dos años de mi vida como amigos a Marlene y estrechar los lazos afectivos con mi hija, lo había considerado seriamente como una opción real en mi vida.
