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En la Inconsciencia de Leo - 1

***LEONARDO***

Abrí los ojos y lo primero que contemplé fue el suelo húmedo.

Me incorporé poco a poco, pues sentía mi cuerpo como si pesará demasiado.

No tengo idea de cómo había acabado en el suelo.

Tal vez me tropecé con alguna piedra o algo más en la calle debido a la neblina que no me deja ver nada.

Busqué en mi pantalón mi celular para encender la linterna, pero no pude encontrarlo en ninguno de mis bolsillos, por lo que supongo que se me habrá caído también.

Me agacho en el suelo y a tientas trato de encontrarlo.

En verdad que jamás había visto neblina tan blanca y densa como esta.

"Maldición."

Digo para mí mismo cuando por fin encuentro mi celular, pero tiene la pantalla estrellada.

Y para rematar mi mala suerte no quiere encender.

"Hanna me va a regañar..."

Es lo único que pienso cuando me siento completamente desanimado en el suelo mirando al objeto estropeado.

Este es el quinto celular que rompo solo en el transcurso de este año.

No es que sea muy descuidado, pero si soy muy olvidadizo.

Me he sentado sobre ellos.

Los he tirado sin querer al suelo.

E incluso había pisado un celular cuando olvidé que lo había dejado en el piso para que cargara la batería del mismo.

Hanna, quien en verdad cree que cumple su papel de "hermana mayor" se la pasa regañándome por mis descuidos.

Ambos tenemos dinero para poder costear más celulares nuevos y de los últimos modelos además.

Pero Hanna esta en contra de los gastos innecesarios.

Por lo que otro celular roto, el quinto de este año entra en su categoría de gastos superfluos.

Y tontos.

Pero ya me preocuparía por la regaños más tarde, ahora tengo que apresurarme a llegar a su casa esta mañana.

Tengo que decirle que no quiero casarme con Marlene.

Hanna tiene que saber que tampoco sere un padre desobligado con mi pequeña hija.

Tengo que decirle que seré un buen padre por ella y que vería a la nena todo el tiempo que Marlene me la dejara.

Incluso asumiría mi responsabilidad si Marlene me otorgaba la custodia total de la nena.

Y Hanna es perfecta para ser una madre para mi niña.

Mi situación no es tan diferente a una de divorcio, donde los padres se separan pero quedan en los mejores términos posibles por los hijos.

Solo que en mi caso, yo me divorciaba primero.

Sin haberme casado.

Por eso avanzo por la calle con prisa, tratando de apartar está densa neblina blanca con las manos.

Mientras más lo pienso, más me parece una buena idea este arreglo.

Yo ya tengo una hija y Hanna la ama también.

Se que ella no quiere tener hijos por un trauma de su adolescencia del que nunca me ha hablado y se que es tabú para ella en cuanto a la maternidad se refiere.

Por eso creo que no es descabellada está idea.

Además Marlene trabaja para ella, yo tengo mi propia empresa, somos adultos y autosuficientes los tres.

Tammy tendría más amor y cuidados.

Yo sería feliz de compartir mi vida con Hanna abiertamente y no solo desearlo con toda el alma.

Cada vez que alguien me preguntaba cómo es que termine enamorándome de Hanna siempre digo que fue por la cercanía diaria.

No puedo decir que me enamoré de ella solo con verla la primera vez porque mentiría.

De hecho cuando la conocí por primera vez, ni siquiera me fijé en ella realmente.

Yo tenía veinticuatro años cuando la conocí.

Ella ya tenía treinta y cuatro cumplidos.

Aunque siendo muy francos, Hanna no aparentaba para nada su edad.

Ella estaba tratando de pegar algunos carteles en las paredes fuera de un local que tenía puertas de cristal.

Tenía una escalera pequeña en las manos y luchaba por ponerla derecha.

Yo iba caminando por esa misma calle sin ganas hacia una engorrosa entrevista de trabajo.

Desde lejos me resultó divertido ver a esa chica de cabello café claro, pantalón de mezclilla azul fuerte ceñido, sudadera gris y lentes negros forcejear hasta quedar roja por el esfuerzo con la pequeña escalera.

Sin decirle ninguna palabra, extendí la mano para poder tomar la escalera y accionar la pequeña palanquita que tiene por debajo para dejarla completamente recta.

Me miró aliviada y me dió un lindo "gracias" con los carteles bajo el brazo.

Hanna subió la escalera con algo de miedo y trató de pegar uno, pero los demás carteles se le cayeron al suelo.

"Podrías por favor levantarlos?"

Me pidió y lo hice, los dejé en la mesita que tenía afuera con más cosas.

Estaba a punto de irme cuando ella me detuvo.

"Oye chico, no te vayas."

"Podrías, por favor ayudarme a pegar estos carteles?"

"Te pagaré por tu tiempo, de acuerdo?"

Su propuesta fue música para mis oídos.

Ella me pagaría por pegar sus carteles y esa idea me agradó.

Hanna entró en su local, pero salía de vez en cuando para ver cómo iba yo con la tarea asignada.

Cuando terminé mi tarea asignada, doblé la escalerita y se la entregué en las manos.

Iba a pedir mi pago cuando ví unas chicas entraron al local junto con unas señoras.

Una chica se acercó para saludar a Hanna con un beso en la mejilla.

"Entra y cuando acabe te pagaré de acuerdo?"

Me dijo y no me quedo más remedio que entrar.

La verdad es que no me entusiasmaba la entrevista de trabajo, aunque necesitaba dinero con urgencia.

Hanna dirigió una especie de junta informativa acerca de productos nutricionales, productos de belleza y otras cosas que en el momento la verdad no me interesaron.

Pero ella hacía amena la presentación.

Contaba alguno que otro chiste y nos hacía reír a todos.

Yo me dediqué a ver si alguna chica estaba buena, pero para mí desgracia no.

Cuando su junta terminó y algunas mujeres se reunieron en torno a ella, me levanté para irme.

"No te vayas, chico aún no te he pagado."

Comento a mis espaldas.

Las mujeres salían observándome detenidamente, por ser el único hombre en aquella reunión.

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