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2- Villancico silencioso

2- Navidad

La novia de mi hija me acompañó a cerrar la taquería aquella noche. Caminaba en silencio, mirando el suelo, hasta que le conté que Sergio y Marcelo iban a estar felices con una mesera nueva. Sonrió apenas, pero después suspiró.

—Tío… las cosas entre ella y yo están mal. Yo… no tengo dónde irme.

Me detuve. Había algo en su voz, una mezcla de cansancio y vergüenza.

—¿Qué es lo que tú quieres realmente? —le pregunté.

Le temblaron los labios antes de responder. Su mirada, triste y enorme, me golpeó más fuerte de lo que debería.

—Solo necesito trabajar. Y un lugar para dormir —murmuró—. Se lo agradezco de verdad.

—Puedes contar conmigo —dije, quizá demasiado suave—. Has pasado por mucho. Y sí, mereces algo bueno.

Ella levantó la vista. Ese brillo que tenía en los ojos no era solo alivio.

—Quiero empezar lo antes posible —añadió, cruzando las piernas con un gesto tan natural como peligroso—. Gracias por el trabajo… y por la cama.

Intenté mantenerme firme.

—No me digas “tío”. Me hace sentir viejo.

Sonrió, divertida.

—¿Entonces cómo? ¿Jefecito?

Me reí, pero por dentro sentí cómo algo se me desordenaba. Su tono era suave, casi inocente, pero había una intención escondida bajo cada palabra.

—Haré todo lo que usted me pida —susurró después, como si me confiara un secreto—. Prometo no estorbar.

Y ahí, en medio de la calle vacía, entendí que esa mujer no solo estaba perdida. También estaba buscando algo. Algo que, según cómo se moviera todo, podía encontrar en mí.

Al día siguiente María trabajó impecable en ambos turnos, mientras mi hija me pedía constantes coberturas pese a ganar el doble que mis perros fieles. Un día los escuché hablar mientras picaban cebollas, y entré sorpresivamente para ver si realmente cumplían.

—A la hija del jefe no le importa el negocio —dijo Marcelo—. Su novia sí trabaja. Ella debería estar a cargo.

—Me ayudó a cuadrar los números sola —agregó—. Es lista y buena chica.

Sonreí al oírlos.

—Pero la defiende —respondió Sergio—. Le dije que la hija del jefe va a abandonar el barco. Hasta le ofrecí mi pieza libre, pero no quiere irse.

Ambos rieron.

—Dijo que igual siente curiosidad por probar con un hombre —añadió Sergio—. ¡Deberías aprovechar, hermano!

En eso ví que la novia de mi hija aparecía a mis espaldas proveniente del salon en el momento justo en que los muchachos se dieron la media vuelta.

— Déjense de fanfarronear estupideces —Les dije claro y fuerte, con el afán de que notaran que los había escuchado— ¡Se me ponen inmediatamente a trabajar en silencio!

Ellos acataron en el acto tras darse cuenta de que los había oído y la novia de mi hija me miraba repleta de morbo. Parecía demasiado increíble. La novia de mi hija sentía curiosidad por probar una v€rg@?

Desde entonces, la novia de mi hija empezó a pasearse en ropa interior frente a mí, buscándome siempre. Intenté ignorarla, pero sus gestos, su gratitud constante y su forma de provocarme dejaban claro que deseaba llevar todo mucho más lejos.

— Usted ha sido demasiado bueno conmigo —Me dijo esa noche que la invité a cenar tras cubrirme el día completo—. Le voy a agradecer siempre por hacerme sentir tan útil.

Luego me dió un beso en la mejilla, muy cerca de mi boca. Mi hija y ella estaban cada vez más distantes y verla en ropa interior por las noches hacía que me costará bastante conciliar el sueño.

Esa noche no podía dormir pensando en sus insinuaciones. Fui por agua y, al cruzar el pasillo, escuché a mi hija discutir con su novia, que había trabajado todo el día en la taquería.

— Me has estado engañando todo este tiempo entonces —Le decía mi hija— ¡No eres lesbiana de verdad entonces! ¡Admite que te gusta!

— No me pasa nada, amor —Le decía su novia, así como no muy convencida de lo que estaba diciendo—. Solo es curiosidad.

— ¿Curiosidad de probar una vergota? Podría hablar con mi padre si quieres ¡Una de sus grandes frustraciones sexosas es que jamás lo hizo con una chica virgen!

No daba crédito a lo que oía mientras en esos precisos momentos deseaba estar en cualquier otra parte. Era imposible que mi hija supiera eso y sin embargo lo sabía ¡Cómo odié a mi ex mujer por ello! Ella es la única persona que se lo pudo haber dicho.

— No sé de dónde sacas esas estupideces —Decía la novia de mi hija, así como riéndose—. Yo te amo a tí y a nadie más que a tí. Sergio y Marcelo no me interesan.

— ¡No te creo! —Dijo mi hija, dándome la impresión de que solo se hacía la enojada—. Yo vi esa conversación en tu celular ¡Les decías que igual sentías curiosidad por probar un helado!

Decidí volver a la cama pensando en que tal vez todo era parte de un mal sueño. Sin embargo seguí oyendo parte de la conversación.

— ¡Eres una m@ldit@ pu+@! —Exclamó mi hija, con voz de borracha— Mañana mismo me voy a Miami ¡Espero que no estés cuando vuelva aquí!

Oía los sollozos de la novia de mi hija. También pedía perdón, diciendo que jamás haría eso y que nunca le ha sido infiel.

— ¡Solo me usaste para obtener un trabajo y un lugar seguro para vivir!

— ¡Pero si yo te amo, mi amor!

— ¡No seas mentirosa! —Le gritaba mi hija— ¡Deberías venderle tu virginidad a mi padre en vez de estar apostando por mí! —Continuaba gritando—. De seguro que te dará algo más que un billete de avión para que vuelvas a Sudamérica.

— ¿Por qué dices esas cosas? —Preguntó su novia, tristemente.

— ¡Porque quiero que te vayas! —Exclamó ella—. Tu solo me utilizaste para arrancarte de esos mafiosos que querían desvirginarte ¡Tal vez no te ofrecieron lo suficiente y ahora vienes aquí a buscar eso!

Me tomé la cabeza al oír aquello, puesto que ya le había comprado un boleto de avión de regalo más una buena cantidad que le permitiese vivir allí por unos meses mientras lograra encontrar un trabajo allí en Sudamérica, lejos de su madre alcoholica. La chica estaba sufriendo aquí por culpa de mi hija y había que ayudarla.

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