Capítulo 3
Lo bebo todo, tengo una sed increíble.
- Gracias - Dejo el vaso sobre el mostrador, y me preparo para volver con mis amigos.
Me invade una sensación de cansancio y mis ojos se vuelven pesados.
Que carajo.
Decido vomitarlo todo.
Quién sabe qué había en esos vasos... No creo que mi cuerpo pueda aguantar mucho tiempo con todo este alcohol en la sangre.
Me tambaleé hacia el baño, golpeé el inodoro y me desplomé en el suelo.
Estoy a punto de meter dos dedos en mi garganta, pero una gran mano tatuada se envuelve alrededor de mi cuello, bloqueándome la respiración.
- No lo intentes, niña. Ahora duermes bien y no vomitas nada. - Esa voz con acento irritante llega a mis oídos con voz ronca.
- ¡Maldito idiota! ¡Déjame! - Me Kenanto de un salto, pataleando a ciegas.
- Te lo escribí y te lo volveré a contar.
Cuenten como espadas, cuando reinan los palos.
Ahora haz lo que te digo. - Me susurra con voz ronca.
- ¡ De nada! - Me retuerzo como loco, pero es demasiado grande.
¡No! ¿Qué dices? ¡Demuestra lo que vales!
Pongo un pie detrás de su pierna y me inclino hacia adelante con el torso.
Luego le doy un golpe en la espalda y, para desequilibrarlo, le hago una zancadilla.
Su equilibrio flaquea, pero no cae.
Mierda.
- Ágil, pero eres un camarón comparado conmigo. Solo ríndete. - Dice burlonamente.
Esa palabra, esa palabra arde en mi piel.
No conozco el verbo rendirse.
Oh, ni siquiera el término derrota.
Armada con una nueva llama, Kenanto las manos y le clavo las uñas en las muñecas.
- (ты шлюха ) Eres una puta. - Frases de gruñidos en.... Ruso.
Lo reconozco porque hice un curso, pero no sé hablarlo.
Ni siquiera lo entiendo.
Pero ahora me concentro en lo que estoy haciendo porque la forma en que me sostiene entre sus manos me hace daño.
Clavo mis uñas más profundamente en su carne.
- Vete a la mierda- -
El sueño está empezando a nublar mi mente y además todo lo que bebí no ayuda, siento como si me hubieran golpeado en la nuca.
Pero maldita sea, tengo que permanecer despierto.
Oigo que se abre la puerta y gimo para llamar la atención.
- Vas... - Otra voz ronca, que no conozco.
El enorme rubio gira la cabeza y sonríe letalmente.
- Por último, Vel. - Dile hola a el.
Me miran y se burlan al mismo tiempo, dos demonios que firman mi sentencia al no dejarme ir.
El recién llegado es el barman que me sirvió agua.
- Deberías haberle puesto un somnífero más fuerte en su vaso. - Dice el rubio riéndose.
- ¡ Sois unos imbéciles enormes! - Mi lengua juega en mi boca.
- Quítame las manos de encima. - No puedo soportarlo más.
- No se rinde... ¿Más pastillas para dormir? - Observa al pelinegro preguntando para luego agitar una jeringa entre sus dedos.
- No, ahora dormirá como un angelito. Sólo tenemos que esperar. Ella es fuerte, agresiva y enojada. Un maldito animal enjaulado. - Se echaron a reír, como si nada hubiera pasado.
- ¡Te mostraré el animal real, imbécil! - Gruño entre dientes.
- Mira cómo hablas, niña. - El ruso me lKena hacia atrás, tirandome fuerte.
Estoy prácticamente inclinada, mi trasero golpeando sus caderas, uno de sus brazos sostiene mi cintura con fuerza y su otra mano rodea mi cuello.
Me retuerzo, pero su fuerte agarre se aprieta, cortando el aire.
¡¿En todo esto nadie entra a este puto baño?!
- ¡ No soy una niña! ¡Y hablo como quiero! - susurro, sin aliento.
- Ya debería haber estado dormida... -
- Te lo dije, es fuerte. - Hablan, como si yo no estuviera allí.
- Déjame, vete. - Los ojos se cierran.
- Pendejos – mis piernas traicioneras ceden.
Me Kenantan sobre el hombro del rubio, mi cabeza cuelga y una grave sensación de impotencia se apodera de mí.
- Tengo la impresión de que este souvenir americano nos hará pasar un mal rato. - Las otras notas.
- ¿No puedes oírlo, Vel? ¡Ella también es mitad española! Está bronceada y tiene un acento similar. Entonces, ¡un souvenir hispanoamericano! -
- N-no soy un objeto, hombres de energía. - Mi torso se balancea de un lado a otro.
- Duerme, pequeña. En casa pondremos a prueba tu resistencia. - Me golpea el muslo con su gran palma.
En respuesta, gruño.
+
- ¡Cuidado, éste muerde! - Dice el amigo.
- Oh, adelante, rasca. - El responde.
Con eso, mi cuerpo cae en un sueño profundo.
Pongo un pie detrás de su pierna y me inclino hacia adelante con el torso.
Luego le doy un golpe en la espalda y, para desequilibrarlo, le hago una zancadilla.
Su equilibrio flaquea, pero no cae.
Mierda.
- Ágil, pero eres un camarón comparado conmigo. Solo ríndete. - Dice burlonamente.
Esa palabra, esa palabra arde en mi piel.
No conozco el verbo rendirse.
Oh, ni siquiera el término derrota.
Armada con una nueva llama, Kenanto las manos y le clavo las uñas en las muñecas.
- (ты шлюха ) Eres una puta. - Frases de gruñidos en.... Ruso.
Lo reconozco porque hice un curso, pero no sé hablarlo.
Ni siquiera lo entiendo.
Pero ahora me concentro en lo que estoy haciendo porque la forma en que me sostiene entre sus manos me hace daño.
Clavo mis uñas más profundamente en su carne.
- Vete a la mierda- -
El sueño está empezando a nublar mi mente y además todo lo que bebí no ayuda, siento como si me hubieran golpeado en la nuca.
Pero maldita sea, tengo que permanecer despierto.
Oigo que se abre la puerta y gimo para llamar la atención.
- Vas... - Otra voz ronca, que no conozco.
El enorme rubio gira la cabeza y sonríe letalmente.
- Por último, Vel. - Dile hola a el.
Me miran y se burlan al mismo tiempo, dos demonios que firman mi sentencia al no dejarme ir.
El recién llegado es el barman que me sirvió agua.
- Deberías haberle puesto un somnífero más fuerte en su vaso. - Dice el rubio riéndose.
- ¡ Sois unos imbéciles enormes! - Mi lengua juega en mi boca.
- Quítame las manos de encima. - No puedo soportarlo más.
- No se rinde... ¿Más pastillas para dormir? - Observa al pelinegro preguntando para luego agitar una jeringa entre sus dedos.
- No, ahora dormirá como un angelito. Sólo tenemos que esperar. Ella es fuerte, agresiva y enojada. Un maldito animal enjaulado. - Se echaron a reír, como si nada hubiera pasado.
- ¡Te mostraré el animal real, imbécil! - Gruño entre dientes.
- Mira cómo hablas, niña. - El ruso me lKena hacia atrás, tirandome fuerte.
Estoy prácticamente inclinada, mi trasero golpeando sus caderas, uno de sus brazos sostiene mi cintura con fuerza y su otra mano rodea mi cuello.
