Capítulo 5
– vamos, ya llegó tu camioneta – le digo besando su frente y colocándola en la camioneta.
Fui a mi habitación y empaqué mi ropa para la cena, luego ordené la habitación de Alice y también clasifiqué su ropa, y luego bajé a almorzar.
Cogí un plato y me serví pasta y ensalada.
– ¡Fred! ¿necesita ayuda? – pregunto al verlo llegar a la cocina.
– no hace falta, preciosa, voy a empacar cosas – dice descuidadamente, mirándome
- ¿hermoso? nos conocimos ayer – digo con una sonrisa en los labios
– Sólo digo hechos – responde también con una sonrisa.
Después de unas horas fui a recoger a Alice a su escuela. Cuando llegamos a casa, la bañé, la vestí con ropa sencilla y la dejé comer algo con Clarisse.
Cuando era la hora, llamé a Alice y la preparé, le puse un vestido azul y una tiara de perlas, y ella fue a ver unos dibujos animados.
Y luego fui a llamar a Clarisse para ver si estaba bien para cenar.
– niña, no te vas a arreglar – dice apresuradamente
– Ya estoy arreglada – digo mirándome, mi vestido era corto de color amarillo, no tenía tacones así que llevaba sandalias y nada en el cabello.
– hmm… el vestido para esta cena no es feo… Es muy sencillo, esos zuecos…
– este es mi mejor outfit, y solo soy la criada – digo descuidadamente
– El señor Ospino no cree eso, todos sus empleados tienen que estar bien vestidos. Bueno, déjalo, ya es tarde, toma, ponte este collar, tal vez mejore – dice, entregándome un pequeño colgante de oro, era delicado.
– Es hermoso – digo
– Es una de las joyas de la familia – dice
– Fabricio debe confiar mucho en ti, se enojará – pregunto
– Te lo explicaré más tarde – responde
Al verme en el espejo realmente parecía que iba a la playa en un hermoso día soleado, pero eso no me importó.
Recogí mi bolso y luego fui a la habitación de Alice, que todavía estaba perfecta.
- ¿vamos? - Pregunto
- ¡¡Sí!! – responde alegremente.
– El señor Ospino está en el auto, te pidió que fueras en el otro auto y él irá con Alice
– ...ja, ok entonces – digo rodando los ojos por dentro
Bueno, el auto era hermoso en todos los sentidos, en su garaje había en su mayoría rojos y negros y de las marcas más lujosas posibles, era extraño que algunos tuvieran tanto y otros nada. El conductor seguía a un coche negro que probablemente era el de Fabricio.
Mirando por la ventana, sólo podía ver casas que eran inimaginables, eran tan grandes y las que no lo eran tenían una fachada de literalmente millones.
Llegamos a un gran salón, su fachada era blanca y gris, a pesar de que estaba oscuro, las luces que iluminaban el lugar nos ayudaron a ver los detalles, había algunas personas que eran todas muy formales, al verse mejor pude ver a varios fotógrafos llamando. Fabricio y cerca de su auto, así que salí del auto y fui a su encuentro.
~Arturo~
La cena fue más aburrida de lo que había previsto, Felipe estaba hablando de algunas inversiones que eventualmente haría, y yo solo asentí a todo, sin decir una palabra porque no podía confiar mucho en él. Negocios son negocios
Pero lo que me irritaba era Merlin, por lo que pude ver ella era incómoda y no parecía poder contener sus palabras, ciertamente no era mi tipo de mujer, no era inteligente ni educada, no de la manera somos.
Pero ella era hermosa, su cabello delineaba bellamente su rostro angelical, su piel era pálida pero había color en sus mejillas, sus manos eran pequeñas y delicadas, y sus labios…
"- mirándola vi una mirada de inocencia, pero no me dejé llevar porque podría ser solo la mirada - pensé"
Me levanto de la mesa donde estaban hablando Evangeline y Felipe, Merlin había salido a ver a Alice.
– Vuelvo en un rato – digo, levantándome de la mesa sin siquiera dejarlos hablar, necesitaba algo de beber.
Al llegar a la barra en medio de la sala, pido un vaso de whisky y me siento en el mostrador.
– bebiendo a esta hora – dice Enzo, un conocido de la empresa
– bueno, no voy a beber con tu dinero, ¿verdad? – digo brindando con mi vaso
– Si esto continúa así, Alice irá al consejo de niños, del cual los padres no se ocupan directamente – dice cínicamente
- ¡COMO! – Hablo en voz alta yendo hacia él.
– así es, nadie merecería un padre como tú – dice
– estás muy enojado porque no conseguiste el puesto de gerente, supéralo – le digo con una sonrisa
