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Capítulo 6

– Sabes lo duro que trabajé en ese proyecto, sé que convenciste a Edmund para que no me diera el puesto.

– ¿Has descubierto eso ahora? Yo mando y mando esa empresa

– Lo único que aún te queda, pero apuesto a que dentro de una hora la empresa terminará quebrando y fuera de tus manos… igual que Gloria – responde con una sonrisa cínica

En ese momento le di un puñetazo en la cara, y en la nariz, que ahora sangraba frenéticamente, entonces un sirviente fue a ayudarlo y lo llevó a la cocina.

Unas horas después mi cabeza no dejaba de darme vueltas, cuando miré a Evangeline ella estaba hablando con una mujer, pero en cuanto ella me miró con una mirada furtiva, le pedí al camarero más botellas de Vodka y me dirigí a En una habitación, que estaba en el piso de arriba, no podía soportar escuchar los sermones de Evangeline, porque sabía que esa pelea tendría repercusiones tanto en los medios como entre los invitados.

" – Gloria sería mucho peor que yo como madre, sus objetivos eran gastar dinero e ir a fiestas – pienso y luego tiro el vaso que tenía en la mano contra la pared, tomo una botella de Vodka y me la bebo. Frenéticamente, me siento en el suelo y bebo mi corbata junto a mi blusa.

Punto de vista. Toronjil

– Juro que no sé qué le dijo Enzo a Fabricio – dice Evangeline, suspirando frenéticamente – esto estará en la primera página y no él con Alice – continúa mirando la Tableta

– debe haber sido algo muy grande, tenía sangre manchada

– ¿Puedes dejar de hablar de eso?

– pero tú hablaste primero… – replico

– solo cállate, de hecho, como eres la criada, buscarás a Fabricio

– niñera, no empleada

- es la misma cosa. Debió haber subido a sus habitaciones. Date prisa niña – dice apresuradamente

– ok, ok – digo yendo directamente a las habitaciones de arriba.

Después de caminar mucho, finalmente encontré la puerta de la que me había hablado la chica.

La habitación estaba completamente a oscuras, lo que me hizo girar nuevamente hacia la puerta, para salir, pero luego pude escuchar el sonido de vidrios golpeando el piso, miré la habitación como un todo, era enorme, con una gran cama gris y había un baño justo enfrente, mirando la pared, pude notar su tono rojizo. Cuando terminé de examinar la enorme habitación, di algunos pasos en falso y, sin querer, noté que había derribado una pequeña taza que estaba al lado de un hermoso lavavajillas que decoraba el estante.

"- Oh... Dios mío. Eso debe ser una fortuna" – Refunfuño, agachándome para recoger los pequeños trozos de cristal de porcelana.

- Puedes dejarlo – dice una voz fuerte y autoritaria.

Y luego me quedé helado.

- ¿no escuchaste?

Cerré los ojos con fuerza como señal de "no" y me obligué a darme la vuelta.

Tan pronto como mis ojos se encontraron con los tuyos, una sensación de frío repentinamente me invadió, Fabricio estaba sentado en el suelo con una botella de bebida a su lado, no era buena señal.

Sus ojos seguían mirando los míos, pero en cuanto los desvió hacia mi vestido, tomé mi atención y lo miré, lo cual me hizo sonrojar, ya que estaba en cuclillas, haciendo que mi vestido se subiera un poco, dejé ese posición y luego me levanté.

- Sí… bueno, me pidieron que te llamara… Evangeline – digo rápidamente, mirando su mano, que tenía un poco de sangre.

- esta sangre no es mía - dice levantando la mano

- ¿Me corresponde a mí estar más tranquilo? - pregunto irónicamente

- si, no fui yo quien lo pilló

- lo hay - digo poniendo los ojos en blanco y luego caminé hacia la puerta

- No te dije que te fueras - dice siguiéndome con la mirada.

- ¿Necesito permiso para esto? - pregunto - Ya te dije que Evangeline te llama - digo sin ceremonias.

Fabricio me mira con una sonrisa en su rostro, luego se aparta de mi camino, agarra su botella de vodka y se vuelve hacia mí.

- son todos iguales

- ¿Ey? - pregunto sin entender

- Sí… solo quieren placer, dinero y cosas frívolas – dice tomando un sorbo de la bebida.

- Bueno, ya me voy – digo poniendo la mano en la cerradura.

Pero entonces Fabricio apretó nuestros cuerpos aún más, sostuvo mis muñecas a la altura de mi cabeza y me miró intensamente.

- No te dije que te fueras - me susurra al oído.

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