2- Piso 23
Repentinamente se soltó del beso.
Con una voz ronca, lo suficientemente fuerte para que lo escuche a pesar de la música me dijo:
- Serás mía
Lo miré directo a los ojos. Y sin pensarlo mucho, asentí en silencio.
Me bajó de su agarre, y me sentí vacía de repente.
Lo ví alejarse.
-¡¿Cómo te encontraré?!- Le dije casi desesperada.
Apenas giró la cabeza sobre el hombro.
-Yo te encontraré- sentenció y siguió su camino para perderse detrás de una puerta blindada.
Me apoyé como pude contra la pared. Aún respiraba agitada por lo que tuve que llevarme las dos manos al pecho y calmarme como pude.
Pensé enseguida
"¿Quién es él?. Y como pudo hacerme sentir así en un instante y solo con un beso..."
Me acomodé la ropa rápido y volví a la pista. Sofia seguía abrojada a su hombre de la noche.
Me acerque y le grité prácticamente en el oído
-¡Me voy!
-¡Hablamos mañana!- le alcancé a escuchar.
Tomé un taxi en la puerta y trate de no pensar en ese hombre apuesto y enorme que besé en el pasillo de esa disco.
Esa noche no podía dormir.
Una y otra vez venía a mi mente su agarre firme, su lengua entrando en mi boca exigiendo poseerme más y más...y la calentura en mi cama subió de nivel.
Demonios.
Hacia mucho que no me sentía así.
Tenía que encontrarlo, saber quién era. No sabía ni su maldito nombre.
Dijo que él me encontraría.
Inmediatamente las inseguridades que habían desaparecido volvieron a mi.
¿Y si solo dijo eso para quitarme de encima?
¿Si realmente él no quiere buscarme ni saber de mi?
-"Tonta" me dije en voz alta.
Me giré y cubrí con una manta fina. cerré los ojos y me obligué a dormir.
A la mañana siguiente desperté con dolor de cabeza. Tantos chupitos estaban causando estragos.
Me puse una ropa deportiva muy simple, y me calce unos tenis blancos.
Solo me hice un moño descuidado y decidí bajar de mi departamento a la cafetería de en frente en busca de un café bien cargado.
Al salir a la vereda, lo que pasó me shockeó.
Un auto negro brillante de vidrios oscuros frenó haciendo ruido en la calle, justo en frente de mi.
Quedé quieta, un poco asustada.
De la parte delantera del auto, bajó un hombre alto de traje con lentes, parecía seguridad o algo así.
-Señorita -me dijo con una voz helada- tiene que subir.
Respondí rápido
-¿Qué? No. Yo ...no ...
-Suba por las buenas.
Me sentí estúpida asintiendo sin poner resistencia.
En el fondo, mis inseguridades reflejaban que mi vida no tenía ningún valor para mí.
Podría haber gritado, pedir ayuda...pero no. Dócilmente subí a la parte trasera del auto, cuando ese hombre de seguridad me abrió la puerta.
Luego él se subió delante.
-¿Dónde me llevan?
No respondió.
Los pensamientos empezaron a agitarse.
Tomé mi teléfono, quería avisarle a Sofía al menos.
El hombre se giró en el asiento delantero
-No haga eso. Deme su teléfono.
Temblé y se lo di.
otra vez...dócil sin resistencias.
El viaje duró poco. Casi unos veinte minutos. Entramos al garage de un edificio exclusivo de gran altura.
El auto estacionó frente al ingreso del ascensor.
El seguridad bajó y me abrió la puerta.
-Baje señorita
Bajé.
El fue al ascensor y tocó la botonera.
Me paré frente a la puerta.
-¿Que debo hacer? -pregunté prácticamente desahuciada.
-Subirá hasta el último piso, el penthouse. Allí la espera el señor.
-¿El señor?
Ya sabía quién me esperaba. Lo intuía desde el inicio. Lo que me puso mal fue verme en ese aspecto tan descuidado en los espejos del ascensor.
Estaba fatal, con resaca .
Me acomodé más o menos el cabello y me paré firme en la salida.
Los pisos seguían subiendo hasta que por fin paró en el piso 23.
Las puertas se abrieron..
Lo primero que ví ante mis ojos fue a él.
El grandote de la noche anterior.
Ya no vestía de traje oscuro, sino que llevaba un conjunto beige de camisa de verano y pantalón corto.
Su pelo , perfecto.
Me miraba intensamente con los mismos ojos oscuros que me desarmaron la noche anterior.
-Te dije que te buscaría. - sentenció apenas me vió.
-Hola...-Dije tímidamente acercándome y extendiendo la mano para saludarlo- soy...
-Eva...- terminó la frase.
Miro mi mano extendida, y luego me miró al rostro. Noté que primero miró mi boca y luego los ojos.
Finalmente levantó la mano y tomó la mía. Era enorme, envolvía mi palma por completo.
-Soy Bruno. Bruno Sforza.
Su nombre sonaba fuerte, como él.
-¿Cómo supiste mi nombre? -pregunté bastante inhibida por su presencia.
Sin soltarme de la mano, se acercó bastante quedando a una distancia mínima.
-Yo lo sé todo, Eva.
Su mirada se clavó en la mía y me desarmó. Me miró luego a los labios, y luego a los ojos. Después otra vez a los labios.
-....por...¿Por qué me trajiste aquí?
Sonrió. Me pareció la sonrisa más sexy del mundo.
-Para verte y conocerte. Aunque ya he averiguado todo de ti.
Soltó mi mano y se dirigió a una barra que había numerosos tragos.
-¿Qué bebes?
-Solo agua por favor
Sonrió...otra vez.
-Claro que agua, Dolcezza...
Me dijo Dolcezza. Y quedé petrificada.
Me acercó el vaso con agua y hielo, y me lo entregó pero no lo soltó al instante. Me hacía temblar.
-Ya no te ves tan mala como anoche ...
-Yo...yo...lo siento...
Se acercó mucho, me besó en la mejilla. Y antes de alejarse lo sentí respirar mi perfume tras mi oreja.
Se alejó muy lento, midiendo mi reacción.
Y yo, estaba descolocada y curiosa por su presencia.
Ahora sabía muchas cosas sobre él.
Su fuerte nombre: Bruno Sforza.
Dónde vivía.
Sin embargo, no sabía a qué se dedicaba. Porqué me envió a buscar con seguridad...si era un maniático millonario exótico o simplemente un empresario local.
Muchas preguntas me atravesaron mientras lo ví alejarse y sentarse en un sillón carisimo de tres cuerpo.
Cuando se acomodó, levantó su mano y me hizo un gesto para que vaya.
Y mi cuerpo, traidor, obedeció sin oponerse ni un poco.
