Librería
Español

Mi Mafioso Posesivo

25.0K · En curso
Victoria
23
Capítulos
20
Leídos
9.0
Calificaciones

Sinopsis

Eva es una mujer insatisfecha sexualmente. Lleva una vida corriente y aburrida, hasta que una noche conoce a Bruno Sforza, un mafioso posesivo, celoso y controlador que la llevará hasta el límite.

RománticoUna noche de pasiónSEXOMafiaChico MaloDominantePosesivoArroganteProhibidoCeloso

1- Él

El calor de su cuerpo dominante me hacía estremecer. Mis piernas temblaban por las embestidas que me daba sin parar.

-Toma...¿Esto querías de mi, maldita puta?- gruñía a mi oído mientras me tenía de espaldas a punto de partirme en dos.

Y si. Eso quería de él. Solo eso.

Aunque no significaba nada más que un mal polvo.

Ni siquiera sé porque pensé que sería diferente con este imbécil. Todos iguales. Ninguno podía satisfacerme.

No estoy hablando del tamaño de su pene. Algunos eran realmente grandes. Hablo de su uso. No sabían usarlo. No sabían darme placer.

Cuando sentí que se hinchó dentro de mi, me salí y lo dejé jadeando de pie. Rápidamente me puse la ropa interior.

-¿Eva? ¿Qué pasó?

-Ya es hora de irme

-¿Así, sin más?

-¿Sin más que, Jonathan?

Lo ví desconcertado. Me importaba un carajo.

Siempre me iba desilusionada de cualquier encuentro sexual.

Vacía.

Esa sensación de no haber encontrado nada.

Cuando salí a la calle marqué el número de Sofía.

-¡Evaaa! ¿Dónde carajos estabas?

-Perdiendo mi maldito tiempo

-Amiga, ya hemos hablado de esto. Eres una maldita ninfómana.

-Ya ya. Vamos por un trago. Lo necesito.

Y quedamos en vernos en una disco a pocas cuadras de donde yo estaba.

Cuando llegué las luces me cegaron.

Estaba dispuesta a apagar los malos recuerdos de esa noche con tequila.

Me senté en la barra y el apuesto barman ya me guiñó un ojo.

En otro momento le hubiera hecho seña y me lo hubiera follado en el baño a escondidas. Pero estaba tan maldita mente desilusionada con el encuentro con Jonathan, que solo le sonreí de costado. Un iceberg tenía más calidez que mi respuesta a su coqueteo.

Parece que el joven entendió muy bien que yo no quería nada, porque me sirvió el tequila y se fue a atender al otro lado de la barra.

Mirando el chupito, pensé que quizás Sofía tenía razón. Estaba tan obsesionada en conseguir placer sexual, que ya parecía una ninfómana descontrolada. Pero, es que por más que follara todas las noches y los días, estaba vacía.

Cuando ya estaba empezando a ahogarme en mis pensamientos, Sofía llegó.

-Cambia esa cara, Eva. Demonios ¿Todo esto por un hombre?

-No es un hombre. Son todos los malditos hombres. Los que conocí y conoceré. Ninguno sirve para un carajo.

-Jajaj, pretendes mucho a mi parecer....

-¿ A qué te refieres?

-Es decir, verás son solo hombres....mira: quizás el problema no sean ellos...

-Me ayudas mucho, ¡gracias por tu consejo motivador!

-¡Espera! No quise decir eso...

-Ya ya...tomemos otros tequilas. - le respondí para calmarla .

Y entre risas estimuladas por el alcohol, nos fuimos a la pista a bailar.

En algunos momentos sentí las manos de algunos hombres en mi cintura, incluso algunos apoyaban todo su bulto en mi trasero. Nada. Cero calentura. Terminaba enojandome, aunque en el fondo deseaba sentir deseo.

"Estoy muerta sexualmente" me dije.

-Ya. Voy al baño- le dije a Sofía que estaba besandose con un rubio enorme como si necesitara devorarlo con furia. Creo que ni me escuchó.

Caminé como pude hasta una puerta que parecía un baño. Ciertamente era lo que cualquier ser humano pensaría que es un baño , si hubiera bebido 12 chupitos por lo menos.

Me apoyaba contra las paredes para sostenerme, y creo que sonreí a varios tipos que me miraban acercarme a cierto lugar que parecía raro que una chica como yo fuera.

No pasó ni un minuto que sin darme cuenta me choqué de frente con un torso. Y lo digo así, porque literalmente mi cabeza le llegaba al pectoral.

-¡Eyyyy fíjate dónde vas grandote!

El grandote me tomo las muñecas con ambas manos. Eran unas manos enormes. Pienso que son una sola de esas manos, abarcarían las dos mías.

Confundida miré hacia arriba, muy hacia arriba. Y ví una mirada oscura, que me evaluaba seriamente.

-Queque!...déjame pasar grandote !!

Su voz salió gruesa, como una melodía que jamás en mi perra vida escuché .

-Deberia andar con más cuidado...

Rayos. Su voz me erizó la piel.

Me quedé perpleja a su agarre firme.

Traté de soltarme sin éxito. El alcohol me nublaba los pensamientos, Pero no tanto como para notar lo bien apuesto que era este alto hombre. Lo ví sonreír de costado cuando luché nuevamente por safarme de su agarre.

-...¿A dónde ibas?...

Y yo, y mi bocota...que suelta palabras antes de pasarlas por la cabeza. Sumada a la deshinibición del alcohol, respondí.

-A tu cama, guapo.

Y me abalancé hacia arriba buscando colgarme de él, cuando soltó mis manos y en un maldito momento me tomó del cabello con una mano, agarrandolo como una soga y tirando mi cabeza para atrás, y con su otra mano me agarró de la cintura.

Me quedé helada a su toque, firme y seguro. Algo me movió por dentro, y eso era demasiado a como me venía sintiendo.

-... Qué...¿qué haces...?- murmuré con la voz casi ahogada.

-¿Qué estás buscando niña tonta?

Por primera vez en mi vida quedé sin palabras.

Ni yo misma sabía que estaba buscando.

Su mano me sostuvo firme. Me animé a mirarlo a los ojos. Eran negros como un pozo oscuro. Las cejas se cerraban en una expresión que mezclaba enojo y curiosidad. Me dejé llevar.

En puntas de pie, alcancé sus labios.

Y él no me frenó.

Me devolvió el beso, metió su lengua dentro de mi.

Era tan fuerte, que el agarre me hacía sentir como una pluma. Tuve que colgarme de su cuello para mantenerme a su altura. ¿Cuánto mediria? ¿1,90? ¿más?

El beso era profundo. Su boca me tomaba por completo los labios y sentía como gruñía desesperado por meterse dentro de mi.

Solté un gemido bajo.

Demonios, no gemía hace años. Nadie podía hacerme gemir y menos con un beso.

Me tiraba más aún del pelo. Se había apoyado con todo su cuerpo firme sobre mi, apretándome contra la pared.

Con urgencia subí mis piernas a su cintura, y su dureza bajo el pantalón me hizo estremecer.

Estaba caliente, al límite con solo esto.