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Capítulo 3

- Daniel, qué estás haciendo... vamos, estás borracho... - mi voz se vuelve cada vez más clara mientras sus manos desnudan mi cuerpo.

- cállate - me levanta de mis caderas y me tira bruscamente sobre la cama para luego sentarse a horcajadas sobre mi pelvis.

Sus labios comienzan a morder la piel de mi cuello dejando la marca de sus mordiscos.

Intento alejarme de su cuerpo con lágrimas en los ojos.

Este no es mi Daniel.

- si solo quieres echar un puto polvo, vete al infierno - digo con las pocas fuerzas que me quedan pero con todo el odio que puedo reunir.

- ¿Por qué tengo que pagar putas si te tengo a ti? - sonríe y ahora ya no puedo contener ni una lágrima.

Mi mano, instintivamente, choca con su mejilla izquierda y el chasquido se escucha alto y claro.

Sus ojos se encuentran con los míos, que luego se mueven hacia la sonrisa en sus labios.

Y pensé que lo había lastimado...

- ¡ vete a la mierda, pendejo! - Lo insulto intentando darle un rodillazo donde no brilla el sol pero se mueve en el tiempo.

- aquí la que se va a joder eres tú nena - susurra en mis labios mordiéndolos lentamente.

- Mañana no recordarás nada de lo que estás haciendo y te arrepentirás – digo endureciendo la mandíbula.

- ahora mismo lo único que quiero recordar mañana es cómo te follo en esta puta cama - dice comenzando a besar mi cuello.

- Daniel, no te lo diré más, detente, no eres tú mismo... no estás pensando con la cabeza - Intento agarrar sus manos que en cambio descansan en el cierre de mi sujetador.

- no puedes saber como pienso con mi cabeza y entonces si realmente quieres saber, siempre quise follarte como lo voy a hacer ahora - me dice a mi oreja chupando el lóbulo de la misma .

Mi sostén sale volando al igual que mi esperanza de detenerlo. No es la primera vez que esto sucede, siempre he logrado calmarlo pero ahora nadie podrá disuadirlo de su voluntad.

Cierro los ojos para no ver todo esto. Las lágrimas corren por mi rostro mientras Daniel usa mi cuerpo como quiere.

Cuando todo termina, Daniel se levanta para tirar el condón y yo me acurruco en el borde opuesto de la cama.

Envuelvo mis brazos alrededor de mis piernas, mi labio inferior tiembla y mi corazón no reacciona, se siente muerto.

No me atrevo a mirarlo, simplemente recojo mi ropa con el cuerpo doliendo muchísimo.

Me visto y me meto bajo las sábanas. Si fuera por mi me iría pero no sé a donde ir ya que ni siquiera conozco la ciudad en la que estamos.

Siento que el sueño se apodera de mi cuerpo mientras la cama se hunde ligeramente mientras el cuerpo de Daniel descansa sobre ella.

Sus labios se posan en mi cabello dejando un beso y trato de evitar el contacto.

- no me toques - inhalo y escucho un suspiro de él y luego la puerta se cierra de golpe.

Se ha ido otra vez.

Mis zapatillas Converse alejan los pequeños guijarros que se interponen en mi camino por el primer parque que encuentro.

Hace bastante frío pero dentro de mí las temperaturas están justo bajo cero.

No sé dónde terminó Daniel, pero ahora mismo no me importa.

Después de un par de horas mi estómago empieza a gruñir y no tengo teléfono móvil ni dinero, así que estoy jodido.

Es la tarde cuando termino en una pequeña calle de la ciudad y llego a una discoteca afuera.

En la puerta hay un anuncio:

Se busca camarera con habilidades para bailar ;)

El sitio no me convence mucho pero necesito dinero así que tengo que buscar trabajo.

Intento abrir la puerta y veo que está abierta así que entro sin demasiados problemas para encontrar un lugar, parece una discoteca, a oscuras.

Sólo se puede escuchar el sonido de mis pasos y es bastante inquietante.

- ¿Necesitas algo cariño? - una voz profunda y ronca casi me hace saltar de miedo.

Poco después se encienden las luces y un hombre alto y bastante robusto se ilumina al salir por una puerta.

- Vi... el anuncio afuera - Trago y trato de respirar con regularidad ya que mi corazón late rápido.

- buena pequeña, vamos, no te voy a comer - dice y no creo que sea buena idea entrar.

No doy un paso por lo que suspira pero no se acerca.

- Cariño, ¿ya has sido mesera en alguna discoteca? - pregunta sentándose en un escalón que conduce a un cubo.

- no... nunca he trabajado - murmuro y él asiente.

- Verás, para trabajar aquí hay que tener huevos aunque seas chica - dice dejándome confusa.

- ¿ En qué sentido? - Pregunto.

Se dirige al mostrador de bebidas alcohólicas y se sirve un licor verde.

- ¿Quieres algo? - Pregúnteme.

- un vaso de agua - respondo y él sonríe y luego me lo sirve.

- Algunas noches te salen chicos con ganas de follar y hay que saber defenderse y no sólo con palabras - dice.

- ¿ pero quien eres tú? - pregunto ignorando su afirmación anterior.

- cariño, soy el jefe de este lugar y antes de que te pongas de pie llorando por haber sido violada me gustaría advertirte - dice y trago mientras él termina el líquido dentro del vaso de un solo sorbo.

Necesito absolutamente un trabajo y es difícil encontrar uno estos días, así que tengo que aceptarlo.

- está bien… estaría dispuesto a trabajar aquí – suspiro y él me sonríe con satisfacción.

- Puedes empezar a trabajar para mí esta tarde - dice y yo asiento.

- ahora te llamaré Alex, es un chico que trabaja aquí desde hace un par de años y te explicará lo que tienes que hacer ¿vale? - me pregunta y yo asiento.

- Alex - llama bastante fuerte y al rato sale un chico rubio del mismo pasillo de antes.

- dime Frank – el rubio voltea hacia el hombre a mi lado aunque su mirada recorre varias veces mi figura.

Me intimida.

- Lo más probable es que sea una de tus compañeras así que explícale todo y recuerda que tienes que hacerlo con palabras y nada más - dice Frank en tono de broma señalándolo con un dedo.

- Está bien jefe, bajo tus órdenes – responde Alex divertido. Frank me saluda con un gesto de la mano y luego sale de la habitación... ¿pero qué? Está bien.

- Encantado de conocerte, muñequita, soy Alex – dice, acercándose a mí en unos segundos.

- baby doll me suena a puta, sin embargo soy Amie - respondo con una sonrisa falsa.

- simpático personaje de perra - dice mordiéndose el labio.

- está bien, pareces un viejo pervertido así que explícame qué tengo que hacer, de lo contrario te juro que mi mano chocará casualmente con tu cara - digo sin pelos en la lengua.

- Creo que será muy divertido trabajar contigo – dice con picardía y pongo los ojos en blanco.

- Te mostraré el lugar donde te pondrás tu uniforme de trabajo – dice, girándose y comenzando a caminar.

Lo sigo sin hablar hasta llegar a un pasillo que cruzamos. Noto muchas puertas pero no hago preguntas, ya sé para qué sirven.

Acabamos llegando a una habitación bastante grande, llena de ropa de "buena chica", unas cuantas botellas de alcohol, etc.

- ¿Y debería usar estas cosas para trabajar? - pregunto señalando esos trozos de tela que llaman uniforme, para luego alzar las cejas como '¿estás bromeando?'

- Esta cosa tendrá que reposar en tu cuerpecito cada vez que vengas a trabajar - afirma y casi me dan ganas de quemarlo todo.

- y tal vez entonces pueda pensar en quitártelo de las manos - dice con su sonrisa astuta y traviesa.

- eres odiosa – murmuro cruzándome de brazos sobre el pecho.

- y eres hermosa - dice y mi corazón da un vuelco. Sólo Daniel me dice 'hermosa' o mejor dicho me lo dijo ya que no sé si me lo volverá a decir.

- oye muñequita ¿dije algo mal? - me pregunta con el ceño fruncido.

- no, no… culpa mía – Sacudo rápidamente la cabeza y él no parece convencido pero no hace más preguntas.

- ahora pruébate algunas 'cositas' mientras te explico los días y horarios – dice empezando a recoger un par de outfits.

- No me desnudaré delante de ti – murmuro molesta y él se ríe.

- lamentablemente hay camerinos así que no puedo ver tu culito ya que va de derecha a izquierda - dice encogiéndose de hombros.

Sus palabras me transportan a la noche de mi primera fiesta cuando Daniel y yo comenzamos a burlarnos continuamente.

- mh que pena ya no puedo ver tu culito moviéndose de izquierda a derecha – me susurra al oído.

- Sólo eres un pervertido feo - le respondo mirándolo fijamente.

No puedo perderme en estos estúpidos pensamientos.

- dame esa ropa si se puede llamar así - digo casi disgustada por la elección de los uniformes y él se ríe de mi cara.

Entro al vestidor ubicado en la esquina de la habitación y coloco la "ropa" que Alex me consiguió en la mesa pequeña, no lucen prometedoras.

Voy a usar el primero y quiero romperlo.

- ¿ Mediste el primero bebé? - me pregunta desde fuera del camerino.

- no me llames pequeña y de todos modos si pero no saldré, es demasiado guarra - digo ya con la intención de desabrocharme el sujetador.

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