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Capítulo 2

Siento sus dedos en mi pierna y luego comienza a acariciar la parte interna del muslo.

- J-Daniel – cruzo los brazos detrás de su cuello atrayéndolo hacia mí.

Sus labios dejan pequeños besos en mi mandíbula y chupetones en la piel de mi cuello y clavículas.

Unos minutos después nuestros cuerpos están en ropa interior y nuestras manos no hacen más que tocar la piel del otro.

En este momento a ninguno de los dos nos importa lo que pasó o lo que nos espera.

Hasta la última ropa se cae como las hojas de los árboles. Daniel saca un condón del bolsillo de sus jeans, que quedó en el suelo, y se lo pone.

No podemos acostarnos así que me levanta haciéndome rodear su pelvis con mis piernas y entrarme.

Apoyo mi cabeza en su hombro mientras sus manos están ocupadas moviendo mi pelvis para brindarnos placer a ambos.

- Daniel ah...mh - Gimo en su oído, clavando mis uñas en su espalda.

- Mierda de bebé, se siente tan bien dentro de ti - gruñe en mi oído y luego muerde la piel de mi cuello succionándola con fuerza.

Pasan unos minutos y siento que estoy llegando al clímax mientras mis piernas empiezan a temblar, mi cerebro a desconectarse y mi corazón a latir más rápido.

-Ya voy-ah Daniel- Vengo con un gemido más fuerte que los demás y a ninguno de los dos nos preocupa que alguien pueda escucharnos.

- oh nena, estás tan hermosa - después de unos empujones él también se corre pero aún así permanecemos en esta posición unos segundos más.

Me sostiene cerca de su pecho y luego sale de mí levantándome un poco.

Nos vestimos y decidimos trepar a un árbol, notando que sus ramas forman una especie de red en la que es posible apoyarse.

Mi espalda choca con el pecho de Daniel mientras sus brazos rodean mi cintura.

- ¿ Jaime? - Lo llamo mirando fijamente el cielo que ahora está completamente oscuro y decorado con pequeños puntos o estrellas blancas.

-dime princesa-​

- Mañana por la mañana ¿adónde iremos? - Pregunto acomodando mejor su chaqueta de cuero sobre nuestros cuerpos.

- cariño, creo que deberíamos buscar una ciudad, luego iremos a un hotel y... comenzaremos una nueva vida, solos - dice, dejando un dulce beso en mi cabello.

- ahora duerme pequeña, fue un día terrible para ti - continúa.

- tampoco fue un paseo por el parque para ti, todavía no puedo creer que haya- -

- shh, no lo digas bebe, nadie tiene que saberlo, si no lo hubieras matado yo lo hubiera hecho – dice y suspiro inhalando el aroma de su piel.

- Te amo Daniel, sin ti nunca hubiera salido de todo esto, seguramente ahora estaría con mi padre no sé dónde – digo estremeciéndome ante el solo pensamiento de estar a solas con ese hombre.

- No quiero ni pensar en ese amor imbécil, claro que nos hemos encontrado con dos mierdas en lo que a padres se refiere – dice y yo sonrío con la cabeza en el hueco de su cuello.

- de todos modos yo también te amo nena - me susurra al oído. Y después de su te amo, mis ojos poco a poco empiezan a cerrarse hasta encontrarme completamente sumergido en la oscuridad.

- oye pequeña, vamos despierta - una voz me llega a lo lejos pero aun así logra despertarme.

- qué…Daniel – murmuro aún adormilada y él me sonríe dulcemente.

-Tenemos que ir pequeña- me dice y trato de levantarme sin darme cuenta que estoy apoyada en el tronco de un árbol.

- joder, cuidado nena - dice Daniel tomándome en sus brazos antes de que caiga.

-¿Qué hora es Daniel? - pregunto, anclando mis brazos alrededor de su cuello.

- No lo sé pero definitivamente es hora de empezar a caminar para llegar a cualquier ciudad o pueblo - dice y yo asiento lentamente mientras las imágenes de la noche anterior se repiten en mi mente.

- agárrate de mí – me insta y lo hago enterrando mi cabeza en su cuello.

Cuando Daniel pone los pies en el suelo, salgo de sus brazos y me masajeo las sienes con los dedos.

- ¿ Qué te pasa pequeña? - el moreno toma mi barbilla entre sus manos y levanta mi rostro.

- Tengo miedo, no tenemos nada, ya extraño mi antigua vida y solo han pasado unas horas – digo con voz ligera y quebrada.

- Lo sé cariño pero te prometo que nunca dejaré que te pierdas nada - deja un pequeño beso en mis labios.

- gracias mi amor - lo abrazo fuerte y él me abraza contra él.

- pero ya vámonos - murmuro cruzando mis dedos con los suyos.

No sé cuánto tiempo pasa pero debieron pasar un par de horas.

- súbete un poco a mis hombros, pequeña - dice el pelinegro pero yo sacudo la cabeza, estrechando su mano con más fuerza.

Y al rato se me iluminan los ojos viendo casas a lo lejos.

- Daniel mira, hay unas casas - Apunto con mi dedo índice hacia el horizonte.

Y así, después de aproximadamente una hora nos encontramos al pie de un hotel, desde fuera no tiene buena pinta pero, sinceramente, este es el menor de nuestros problemas.

- fue encontrado el cuerpo de Eduard Callen, líder de una de las bandas mafiosas más famosas de la zona, supuestamente recibió un disparo en el pecho de un solo disparo que resultó fatal - La voz del periodista llena la habitación del hotel de Daniel y de mí.

Casi me ahogo con mi propia saliva cuando escucho 'líder de una de las pandillas' porque Daniel, a diferencia de mí, no conoce el verdadero trabajo de su padre.

Siento sus ojos sobre mí y hago todo lo que puedo para evitar que se encuentren con los míos.

- ¿Sabías lo que estaba haciendo? - me pregunta con voz suave, casi un susurro.

- Yo…no, qué iba a saber yo – murmuro mirando mis manos moverse nerviosamente sobre mis jeans.

Daniel toma mi barbilla provocando el contacto entre nuestros ojos.

-¿Sabías que mi padre era un puto mafioso? - pregunta entre dientes y la decepción en sus ojos es palpable.

- ¿Sí está bien? Lo descubrí cuando- - Me detengo cuando me doy cuenta de que estoy a punto de decir 'cuando me secuestró y casi me violó'.

- cuando...? - me anima a seguir y ahora tengo unas ganas locas de cortarme la lengua.

- nada... importante - digo mirando hacia otro lado.

- ¿nada importante? ¿Sabías que mi padre era parte de toda esa gente de mierda y nunca me lo dijiste? - pregunta sacudiendo la cabeza de manera sorprendida y decepcionada.

- Daniel, yo… no podría decírtelo – susurro, tragándome el nudo que se ha formado en mi garganta.

Veo a Daniel levantarse de la cama y como por instinto mi cuerpo también se desprende del suave colchón.

- Daniel – Lo llamo suavemente en cuanto lo veo tomar la chaqueta colocada sobre la silla.

- Déjame en paz – murmura molesto cuando intento agarrar su antebrazo.

- ¿Por qué haces esto ahora? - pregunto con los ojos comenzando a llenarse de lágrimas.

- Amie, confié en ti lo suficiente ciegamente como para poner mi vida en riesgo pero ahora no sé si creerte incluso cuando dices que me amas – dice y una lágrima solitaria se desliza por mi piel.

- no digas eso... por favor no te vayas - le digo casi suplicante pero él me ignora y sale de la habitación dando un portazo.

Me llevo las manos a las sienes, demasiados dolores a la vez y no sé si soy capaz de soportarlos todos o al menos no dejarme derribar.

Me senté con los ojos abiertos detrás de estas cuatro paredes, esperando que me llamaras.

Me estoy volviendo loco, despierto toda la noche, toda la noche y todo el día.

No quiero vivir para siempre, porque sé que viviré en vano.

Sólo quiero seguir llamándote por tu nombre hasta que llegues a casa.

-No quiero vivir para siempre de Zayn Malik y Taylor Swift- suena en la radio y las palabras parecen resumir mi situación actual.

Son las cuatro de la mañana y Daniel aún no ha regresado, lleva casi siete horas fuera.

Mi cuerpo está acurrucado en posición fetal en la cama mientras espero que regrese.

Pasan otros veinte minutos cuando escucho la puerta abrirse, mi cuerpo parece despertarse por completo y me levanto.

Por suerte es Daniel. Enciende la luz y de inmediato noto sus ojos, tendiendo al gris, con bordes rojos.

Sus nudillos están ligeramente raspados mientras su ropa está arrugada.

No hablo porque sino empezaría a gritarle los peores insultos.

- No te acerques a mí perra – dice con los dientes apretados casi a modo de advertencia.

Sus palabras me duelen, pero recibo el golpe cerrando los ojos con fuerza.

- Daniel intenta ponerte en mi lugar, tu padre- - no me deja terminar mientras se acerca a mí, tomando mis muñecas y apretándolas.

- me estás lastimando - gimo con una mueca de dolor en mi rostro pero él parece ni siquiera darse cuenta.

- ¿Me amas? - me pregunta al oído y una serie de escalofríos se apoderan de mi piel.

- Sí – susurro con el corazón acelerado.

- Entonces vete a la mierda - dice con voz ronca, llevando sus manos a los bordes de mi camisa para quitármela.

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