Capítulo 1
En el gran almacén un solo sonido llega a los oídos de todos: un disparo, seguido de un cuerpo que cae.
En mis manos está el arma con la que acabé con la vida de Eduard.
Daniel salta a mi lado cuando veo que los ojos de mi padre se abren como platos.
Dejo caer el arma al suelo pero no escucho el sonido debido al shock que me recorre.
- Mierda, Amie, ¿qué carajo hiciste? - casi grita mi padre mientras da unos pasos hacia el cuerpo agonizante de Eduard.
En este momento me importa un comino mi padre, lo único que hago es girarme hacia Daniel y tomar su rostro entre mis manos.
- Daniel I-tenía que hacerlo…h-estaba a punto de matarte – le explico con pánico dominante en mi voz.
Coloca sus manos sobre las mías como si quisiera alejarlas de su rostro y dentro de mí siento que mi corazón deja de latir.
Pero cuando se los lleva a los labios para dejarles un besito parece que todo en mí vuelve a la vida.
- aléjate de mi hija pendejo o te juro que te mato - veo a mi padre sacar una pistola del bolsillo interior de su chaqueta de cuero.
- Papá, ¿qué estás haciendo? - Pregunto abriendo mucho los ojos y pronto volviéndose brillantes por las demasiadas lágrimas que están reteniendo.
- lo que debería haber hecho hace un rato - dice apretando la mandíbula.
Cubro la de Daniel con mi pequeña figura, seguimos sentados y no tengo intención de hacerlo levantar.
- Sal de ahí Amie – continúa mi padre, inhalando profundamente.
- si lo lastimas al mismo tiempo me lastimas a mí también - murmuro, lamiendo mis labios para humedecerlos.
- pequeña, levántate, está entre tu padre y yo - dice el pelinegro detrás de mí.
- ¡ No! En el preciso momento en que decida tocar aunque sea un pelo de tu cabello ya no será mi padre – digo estrechando la mano de mi novio.
- ¡ usted no entiende! Soy el hombre de tu vida, tienes que estar conmigo no con él - casi grita mi padre.
- tal vez mamá siempre tuvo razón, no has cambiado en nada y no debí dejar que fueras parte de mi vida - digo sollozando.
- tu vida depende de mí - dice "mi padre" con los ojos más oscuros.
- Cuando regresé a casa con la rodilla raspada tras mi primera caída en bicicleta, ¿de quién dependía mi vida? De mi madre y fue igual durante muchos años hasta que me enamoré de Daniel, ahora mi vida depende de ellos y no de ti – digo cegado por la ira.
- Amie, sal de ahí o te juro que te mato a ti también – me grita pero todo se desliza sobre mí como aceite.
- ¡ verás! ¡Consigues arruinarlo todo! Mátame, vamos – digo y veo sus dedos moverse nerviosamente sobre el gatillo.
En el aire se puede escuchar mi respiración cansada por toda la situación que estoy viviendo. Unos segundos después escuchamos los motores de algunos coches y… sirenas de policía.
- ¿Quién carajo llamó a la policía? - pregunta presa del pánico el hombre que tenemos delante.
Daniel muestra el teléfono con una pantalla de un mensaje de emergencia a la policía.
- Maldito bastardo - maldice mi padre mientras el arma cae nerviosamente a sus pies, junto al cuerpo sin vida de Eduard.
- corre bebé - Daniel me susurra al oído y mi rostro adquiere una mirada confusa y asustada al mismo tiempo.
El pelinegro toma mi mano y comienza a correr conmigo detrás de él, mientras trato de seguirle el ritmo.
- Daniel ¿adónde vamos? La policía está allí - digo presa del pánico y los músculos empiezan a dolerme.
- lejos de aquí pero sobre todo lejos de la policía - responde y logramos salir del galpón dejando todo atrás.
El viento mueve nuestros cabellos mientras mi cuerpo se estremece con escalofríos y piel de gallina.
- cariño, la moto está enfrente del cobertizo así que tenemos que salir a pie ¿vale? - me pregunta deteniéndose detrás de un árbol para no ser visto.
- ¿ ir a donde? Pregunto , tragándome el nudo en la garganta mientras mi pecho sube y baja rápidamente.
Toma mi rostro entre sus manos y acerca sus labios a los míos.
- cariño no puedes irte a casa ahora, ¿te das cuenta de lo que pasó en estos últimos diez minutos? - dice acariciando mi mejilla.
- Yo…yo no quería matar a tu padre, Daniel, siento que estoy a punto de desmayarme, es demasiado para mí – digo mordiéndome el labio, casi haciéndolo sangrar.
- oye pequeña, cálmate y respira, si vuelves a casa la policía vendrá a buscarte y meterán a tu madre en prisión ya que eres menor de edad - me explica el pelinegro.
- No quiero que arresten a mi madre, ella necesita mantenerse al margen de toda esta mierda - digo sacudiendo la cabeza.
- Tú y yo tenemos que irnos para que no le pase nada – dice.
- Daniel podrías salir fácilmente de esta situación, ¿por qué te metes en problemas conmigo? -
- ahora tú eres primero bebe, nunca podría dejarte sola -
- Daniel te amo y no quiero que te metas en problemas por mi culpa -
- Prefiero estar en problemas hasta el cuello contigo a mi lado que salir limpio pero solo – dice y uno nuestros labios en un beso.
Sus manos se anclan en mis caderas mientras su lengua encuentra la mía, comenzando una pequeña lucha.
Las voces de los policías, a pocos metros de nosotros, llaman nuestra atención y en consecuencia nuestro beso se interrumpe bruscamente.
- Vamos pequeña, tenemos que escapar de aquí - susurra Daniel entrelazando sus dedos con los míos.
Mientras corremos noto la mirada del chico posándose sobre mí numerosas veces para asegurarse de que estoy bien.
- ¿ A donde vamos a ir? - pregunto y siento su mano apretar la mía con más fuerza.
- No lo sé cariño, no lo sé - dice continuando corriendo por un camino lleno de árboles.
Estas palabras me llevan a darme cuenta que a partir de hoy mi vida nunca volverá a ser la misma. Intento preguntarme si algún día volveré a ver a mi madre, si algún día volveré a casa y viviré una vida normal.
Mi vida empezó a cambiar cuando decidí incluir a mi padre, cuando acepté el "trato" con Eduard pero se puso patas arriba en tan sólo una puta hora.
Los minutos siguen transcurriendo tranquilos, al igual que nuestros pies, que dejan pequeñas sombras sobre la vegetación del bosque que atravesamos.
Siento que el mundo quiere ver cuánto tiempo puedo durar.
- cariño, paremos aquí a pasar la noche - sugiere Daniel y yo asiento, tirándome inmediatamente de rodillas al suelo.
- Daniel ¿puedo al menos llamar a mi madre? - Le pregunto con los ojos llorosos y suspira.
- está bien, pero ¿qué le vas a decir? - me pregunta y yo sacudo la cabeza abatida.
- Mierda, mi teléfono debe haberse caído en la calle - maldigo, golpeándome en la pierna derecha.
- ¿Puedes darme el tuyo? - le pregunto a mi novio quien no pierde el tiempo en contestarme.
- Lo dejé en el cobertizo medio destruido para que no pudieran localizarnos o algo así - dice y entrecierro los ojos con unas increíbles ganas de gritar.
- ¡¡ Maldita sea, hace frío!! - Casi grito. Daniel se arrodilla a mi lado y me toma por los hombros girándome hacia él.
- Tienes que mantener la calma, si empiezas con un comportamiento así realmente terminaremos en serios problemas - me regaña haciendo que nuestras miradas se encuentren.
- Daniel, no sé si podré mantener la calma, en este momento solo quiero quedarme en mi casa, cenando con mi madre – le digo y él me sonríe débilmente.
- ven aquí pequeña - me abraza contra su pecho y pongo mi cabeza en el hueco de su cuello dejándole un par de besos.
- Conozco una manera de hacerte calmarte y calentarte al mismo tiempo - dice apenas nuestro abrazo se disuelve.
- ¡ Cómo puedes siquiera pensar en sexo en tales situaciones! - exclamo alejándome ligeramente de él.
Me levanto y al rato Daniel también lo hace y se acerca a mí provocando que dé pasos hacia atrás hasta golpear mi espalda contra el tronco de uno de los tantos árboles.
- sabes mejor que yo que cuando te follo puedo hacer que te relajes - me susurra al oído mordiendo el lóbulo.
