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Capítulo 3 Tío Adler

Me muevo sobre su erección y veo una

luz verde en sus ojos. Lo quiere tanto como yo, más que yo inclusive. Me toma

los glúteos con ambas manos, los aprieta y luego me baja las bragas.

Rápidamente y muy excitada le bajo los pantalones y los calzoncillos. Él libera

su miembro y lo acaricio con los dedos, lentamente, lo oigo jadear y maldecir,

al fin tengo el efecto que deseo en

él.

—Leyna… —Murmura—.¿Qué te sucede?

—Pregunta debido a mi extraño e irracional comportamiento.

 

 Nunca creí que imploraría por sexo, pero

sinceramente estoy desesperada. Necesito atención, necesito que me toque, que

me bese, necesito calmar el fuego que me consume lentamente.

Sonrío cínicamente. Él sabe que

sucede.

—Quiero que me folles duro, muy duro, rápido... —Repito desesperada.

Quiero que lo haga.

Tocan a la puerta y él se aparta

rápidamente. Maldigo a medio mundo en mis pensamientos.  Alphonse se pone de pie y acomoda su miembro

dentro de sus pantalones, se coloca la camisa apresuradamente y luego camina

hacia la salida de nuestra amplia habitación.

—¿Señor Schäfer? —Pregunta una de mis estúpidas mucamas. La odio.

—¿Qué ocurre, Andy? –Pregunta abrochándose los botones.

—El almuerzo está listo y su invitado

lo espera. —Grita al otro lado de la dura madera blanca. La detesto.

 ¡Estúpida!

—Gracias, Andy. Bajaremos enseguida. —Responde

a la mendiga mucama como si tuviera que darle explicaciones. Eso me molesta.

—Terminemos lo que empezamos. —Digo

parada frente a él con la respiración agitada. Él parece pensarlo, pero su

respuesta es rápida.

—Nunca empezamos nada, Leyna. —Murmura

secamente. 

—No puedes hacerme algo así. 

—Esto es solo un acuerdo. No lo

olvides. —Me dice con dureza—. Vístete acorde a la ocasión. 

Me lanza una mirada extraña y luego

sale de la habitación como si nada hubiese sucedido.

—¡Imbécil! —Grito golpeando una almohada.

 Lo odio, es un maldito idiota.

No me preocupo en escoger un vestido.

Simplemente tomo el primero a mi alcance. Me miro y sonrió por el resultado.

Frustrada, excitada y sobre todo muy, pero muy molesta, bajo las escaleras de

mármol.

Mi vestido completamente nuevo y

costoso hará que Alphonse se moleste y se excite al mismo tempo. Tengo la

espalda al descubierto y todo mi cuerpo se ve perfectamente marcado por el

vestido negro con apliques de encaje. Alcé mi cabello en un moño y me puse los

tacones más altos y caros de mi armario. 

No estoy segura del porque, pero

quiero impresionar. Su tío me importa un comino, pero quiero que al menos mi

esposo me vea, se moleste y me folle como tengo deseos de que lo haga. Sé que

es pedir demasiado. Inconscientemente sé que no será del todo como lo deseo,

pero al menos podré sentir algo dentro de mí luego de tres semanas.

Oigo voces a lo lejos, en la sala de

estar. Cruzo todo el amplio salón recibidor y cuando abro las puertas un hombre

extraño y mi marido se voltean a verme.

—Al fin llegas, mi cielo. —Musita mi

esposo, tomándome de la mano. Veo como observa mi vestido y frunce el ceño sin

que su tío lo note. Me toma de la mano y me acerca a él. Beso sus labios, como

todas las típicas veces en las que debemos actuar y luego sonrío.

—Lamento

la demora. —Me disculpo intentando parecer amable—. No sabía que vestido debía

elegir.

—¡La espera ha valido la pena! —Exclama

una voz que desconozco. Elevo la mirada y veo al tío de Alphonse. Tal y como lo

dije. Viejo, gordo y su rostro un poco inexpresivo.  Sonrío y me acerco más al hombre sentados en

mi precioso sillón de valor incalculable.

—Cielo, él es mi tío Adler, tío ella

es mi preciosa y amada esposa, Leyna. —Dice intentando sonar orgullo. Le tiendo

la mano al tipo y se la estrecho con firmeza. No es un placer, pero soy muy

buena mentirosa.

—Soy Leyna. —Musito con un delicado

hilo de voz—. Es todo un placer.

—El placer es mío, querida. —Me

sonríe y luego se sienta una vez más en el sillón—. Al fin tengo el gusto de

conocerte, todos me han hablado mucho de ti.

—Espero que sean buenos comentarios. —Espeto

con una falsa sonrisa. Me siento yo también y a mi lado Alphonse, quién sostiene

mi mano con firmeza sobre su muslo derecho. 

—Claro que sí, todos hablan

maravillas de ti, estimada Leyna. 

—Me alegro. —Respondo

rápidamente. 

Es un alivio oír eso. Quiere decir

que mi plan funciona a la perfección, significa que todo este acuerdo marcha

bien. Todo indica que tendré más dinero si sigo siendo la esposa perfecta.

Cuando olvido el porqué de todo esto, recuerdo que hay millones esperando por

mí y eso me

relaja.

—Me llena de ilusión saber que haces

feliz a mi querido sobrino.

Miro a Alphonse de reojo y luego

dirijo mi mirada a su tío. Mi esposo está molesto y eso lo hace todo más

divertido.

—Y su sobrino me hace muy feliz a mí.

—Expreso acariciando levemente la mano de mi esposo—.  ¿verdad, cariño?

Él se acerca a mi rostro y falsamente

sonríe mientras me besa con “dulzura”.

—Lo haré siempre, cariño. —Concluye

finalmente. Veo a su tío que derrama miel por los ojos ante el estupendo

teatrito y me decido por cambiar el tema de conversación.

 Prefiero hablar sobre negocios, empresas y lo

que me importa; dinero. En mi interior siento rabia. Quiero acabar con todo

esto de una buena vez por todas.

Las mucamas ingresan a la habitación

e interrumpen la conversación sobre los últimos ingresos de la empresa. Fulmino

a la tal Andy con la mirada y lo hago durante varios segundos para que ella lo

note. Yo no le caigo bien y ella a mi tampoco. Juro que en la próxima la

despido por incompetente. 

—El almuerzo ya se encuentra en el

salón comedor. —Comenta la otra chica, cuyo nombre aún desconozco por

completo... 

Me pongo de pie y como toda buena

anfitriona hago que el tío de mi “querido” esposo pase hacia la otra habitación

primero. Intento avanzar, pero Alphonse me detiene.

—¿No tenías un vestido algo más

apropiado para esta ocasión? —Me cuestiona observando con desprecio mi hermoso

y caro vestido.

—Jamás te importó como me visto, ¿Por

qué lo haces ahora? —Pregunto para callar sus estúpidos cuestionamientos sin

sentido. 

—Has excedido el límite, Leyna. Sabes

que hay mucho en juego.

—En la habitación también había mucho

en juego y te acobardaste. —Respondo y luego sigo mi camino dejándolo

sorprendido y con la palabra en la boca.

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