Capítulo 2 La visita
El coche se detiene frente al local de comida rápida y Alphonse frunce
el ceño. No ha dicho nada en todo el camino y lo noto completamente molesto.
Sé que no le agrada mi idea, pero
ya lo hemos hablado los últimos dos días y si él no quiere conocerlo entonces
no me molestaré, pero no arruinaré mi amistad con Samuel por celos sin sentido.
La condición es que se conozcan y que Alphonse decida que hará. Yo no me
apartaré de Samuel y tampoco dejaré de verlo. Es mi amigo, eso Alphonse lo sabe
y debe entenderlo.
—No puedo creer que esté haciendo esto. —Murmura colocando la palma de
su mano sobre sus ojos. Niega con la cabeza, suelta un suspiro y luego se baja
de mi coche. Lo sigo y tomo su mano hasta que entramos al lugar. Es medio día,
almorzaremos con Samuel y Alphonse se comportará como todo un amable caballero
y esposo perfecto que debe de ser o estará en graves problemas.
—Solo intenta ser amable. —Le advierto en un susurro, mientras que
cruzamos el gran y amplio espacio repleto de gente mayor y niños.
—No te prometo nada. —Espeta tomando mi mano de manera posesiva. Como si
alguien fuera a arrebatarme de él en cualquier momento.
Busco a Samuel con la mirada y lo localizo en el mismo lugar en el que
nos sentamos la primera vez que comimos en este lugar. Sonrío y dirijo a Alphonse
hacia allá.
En mi interior mis piernas tiemblan y tengo mucho miedo de lo que pueda
llegar a suceder, pero tengo confianza en que Alphonse se comportará como un
caballero y mantendrá la calma.
Me coloco delante de Samuel y él se pone de pie. Alphonse aprieta mi
mano y no deja que lo abrace. Me zafo de su agarre y lo hago de todas maneras.
—Hola. —Le digo amablemente. Él sonríe, me
abraza con ternura y acaricia mi espalda levemente.
—Hola, nena. ¿Cómo estuvo tu borrachera? —Pregunta
sonriente.
—¿Acaba de decirte “nena”? —Cuestiona Alphonse acercándose a mi oreja.
Por el tono de su voz sé que está molesto, puedo sentir su cuerpo tenso detrás
del mío.
Me muevo incomoda y recuerdo que Alphonse también está ahí. Tomo su
mano, beso su mejilla y lo acerco a Samuel. Que todo salga bien, que todo salga
bien, eso es lo único que deseo.
—Samuel quiero presentarte a mi esposo. —Murmuro de manera temerosa.
Intento comunicarle que Alphonse no volverá a golpearlo o algo así con la
mirada y recibo una sonrisa de comprensión por su parte.
Mi esposo se coloca delante de mí de manera sobre protectora y estira su
mano en dirección a Samuel.
—Alphonse Schäfer. —Musita con frialdad—. Su esposo, el único al que
ama, su príncipe azul, el amor de su vida y todo eso.
Samuel sonríe
incomodo.
—Lo supuse. —Responde—. Soy Samuel González. —Observo el apretón de
manos de ambos. Es firme y cargado de seguridad. Se miran fijamente como si
fuesen a matarse en cualquier momento—, me rompiste la nariz hace dos días.
—Sí. —Musita cortante. Hasta a mi me daría miedo su frialdad—. Lo
recuerdo. Fue un placer hacerlo. —Rápidamente me coloco delante de Alphonse y
sonrío hacia Samuel incomoda y avergonzada. Esto no está funcionando y empiezo
a perder el control de algo que no saldrá del todo bien.
Me muevo
rápidamente, sonrío y me posiciono delante de Alphonse.
—Alphonse, cariño. —Murmuro
para que se detenga.
—Descuida mi preciosa
Leyna. —Sisea basando mi mejilla a propósito—. Tu amigo y yo solo estamos
bromeando. —Dice con sorna.
Samuel sonríe y se
sienta en el cubículo. Yo lo hago también y Alphonse se sienta a mi lado y me
rodea con su brazo derecho. Me siento incomoda, más de lo que
creí.
—¿Quieres que
ordenemos las hamburguesas? —Pregunta Samuel colocando su cámara
fotográfica a un
lado.
—Eh... —No sé qué decir. No tengo hambre, pero quiero divertirme—. Claro
Samuel, te acompañaré. —Espeto colocándome de pie al igual que el. Alphonse me
retiene rápidamente y sonríe fingidamente hacia mi dirección.
—Mi preciosa Leyna,
espéranos aquí, amor. Yo acompañaré a tu amigo.
Me paralizo y observo de reojo a Samuel que parece tan asustado como yo.
No, Alphonse, por favor, compórtate como alguien normal. Solo espero que lo
haga, necesito estar tranquila.
—Descuida, nena tu esposo y yo iremos por la comida. —Murmura—. ¿Quieres
que escoja tu hamburguesa, nena?
—Es mi esposa, yo escogeré su hamburguesa. —Interfiere Alphonse con mal
humor. Me rio en mi interior y me muevo incomoda. Estoy viendo un partido de
tenis y a Alphonse se le retuerce la mandíbula al oír que Samuel me llame “nena”.
Los observo caminar hacia el mostrador y hacer la fila. Tengo la vista
perfecta de ambos. Son dos polos opuestos.
Están uno al lado del otro de espaldas a mí y parecen incómodos. Alphonse
luce sus típicos pantalones negros y su camisa blanca que marca los músculos de
su espalda y sus bíceps que hacen que me vuelva...
Oh, Leyna
contrólate, ahora no. Tal vez cuando lleguemos a casa...
En cambio Samuel es más bajo que
Alphonse con sus pantalones de jean, su camisa a cuadros y su pelo alborotado
hacen que se vea completamente diferente.
Samuel le murmura algo a Alphonse, pero estoy muy lejos y no logro oír
nada. Me desespero ¿de qué están hablando? avanzan en la fila hasta llegar al
mostrados, Samuel escoge su comida y Alphonse ordena algo que no sé que es y lo
hace con sutileza y elegancia.
El chico que los atiende se mueve velozmente en busca de su orden. Samuel
se ofrece a pagar todo, pero Alphonse protesta y le entrega de su billetera
dinero al chico.
Finjo juguetear con el celular
cuando veo que se acercan con las bandejas. Cada quien se ubica en su lugar y
se ven incómodos. Debo salvar este momento, debo hacer que funcione. No quiero
que Alphonse se moleste y no dejaré de ver a Samuel por mero capricho de mi
esposo.
—¿Que ordenaron? —Pregunto
para romper el tenso ambiente.
—Ordené lo de
siempre, nena y tu esposo pidió una hamburguesa simple para ti y algo más para
él.
—Que bien.
—Sí, genial. –Espeta Alphonse—. Pero te agradecería que llamaras a mi
esposa por su nombre, que es Leyna y no “nena”
como sueles hacerlo, porque tendré que romperte la nariz de nuevo.
—¡Alphonse! —Exclamo
rápidamente—. Contrólate, por favor.
—Descuida, compañero.
—Sisea con despreocupación. Alphonse aprieta los dientes de nuevo y yo me rio
en mi interior. De verdad no me esperaba estos celos desenfrenados, pero no
quiero que se pase de la raya o me molestaré—. Tu esposa y yo solo somos
amigos, no es necesario que tengas esos celos excesivos.
—Porque no te…
Coloco mi mano sobre la rodilla de mi esposo y le clavo mis uñas
levemente. Ya estoy molesta, se suponía que todo saldría bien, me lo prometió
varias veces, le supliqué que se comportara como el caballero que es, que
confiara en mí, pero no lo hace.
—Basta.
Me siento mal, no solo por mí, sino también por Samuel. Él no ha hecho
nada malo, nunca intentó nada y las cosas entre ambos están muy claras.
Confío en él, confío en mi, pero Alphonse,
la persona que más quiero en la vida. Si, ya lo admití, no confía en mí. Yo
confío en él, aunque a veces tenga esos ataques de celos, pero sé que jamás
hará nada que pueda perjudicarnos, yo tampoco lo haré. Samuel es solo un amigo,
mi primer amigo real y él no lo entiende.
—Si me disculpan, me
voy a retirar por unos minutos. —Digo en un murmuro apenas audible.
Tengo ganas de llorar. Esto es terrible.
—No me encuentro bien.
Me pongo de pie y la mirada de ambos se clava en mi rostro. Esto es
completamente estúpido pero necesito estar sola por unos minutos. Debo decidir
si tengo que seguir con esto o acabar todo aquí. No voy a soportarlo.
Alphonse intenta retenerme cuando toma mi mano con delicadeza, pero la
aparto rápidamente, tomo mi bolso y salgo del local.
Comenzó a llover, genial, perfecto, lo que faltaba pera verme aun más
patética. Cruzo el estacionamiento al aire libre, sin importarme por las gotas
de agua que mojan mi cabello y mí abrigo. Entro a mi coche y me quedo ahí por
unos minutos.
Pensar, necesito pensar, son muchas cosas que debo analizar. Primero Alphonse,
mi esposo, luego Samuel, mi único amigo de verdad… son dos cosas completamente
diferentes, pero ambas me importan.
