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Capítulo 4

Maldición.

Eso es lo único que tengo que decir.

Estoy impotente y exhausto, siento como si alguien me hubiera pisado varias veces. Principalmente en mi coño. Estaba literalmente jodida, en todas las posiciones posibles, esta vez hubo cuatro orgasmos, y Henrique parecía tan agotado como yo, con los dos orgasmos que tuvo.

Miré el mostrador y aún quedaban dos minutos. Me levanté de la cama para ponerme la ropa y respiré hondo, sintiendo todo mi cuerpo reaccionando a mis movimientos.

Mis senos estaban adoloridos y morados, mi cintura apretada, mi cuello definitivamente estaba jodido y tendría que caminar tapada por la calle. Mi trasero también estaba marcado e incluso tenía algunos pequeños moretones por todas las bofetadas que me dio Henrique.

- Tranquilo, le pagué al guardia para que me liberara otros quince minutos. - dijo al ver que yo era como una cucaracha mareada buscando mis bragas.

- ¿Para qué? - Cuestioné y pasó su brazo por delante de su rostro, dándome una vista privilegiada de sus músculos en su brazo cubierto de tatuajes.

- Porque quería charlar contigo. Cosa rápida. - empezó a sentarse en la cama.

- ¿Qué necesitas? - Yo pregunté.

- Se agregará una cantidad extra a tu cuenta. Quiero que vayas al médico y hagas esa mierda para no tener un bebé. El de inyección. - explicó.

- ¿Inyección? ¡No voy a modificar mi cuerpo para esto! Son puras hormonas. - Le expliqué quejándome.

- Es sólo por estas diez semanas. Ocho en este caso. Quiero asegurarme de no tener bebés por ahí. - dijo rascándose la nuca.

- Yo tampoco quiero más hijos, estoy tomando la pastilla, no te preocupes. - dije terminando de ponerme la blusa para volver a buscar mis bragas.

- ¿Más niños? ¿Ya lo tienes? - cuestionó.

- Ya deberías tener mi expediente con toda mi información, no hace falta fingir. - dije riendo y él se encogió de hombros.

- Tengo un expediente. Pero no recuerdo haber leído que tienes hijos. ¿Cuantos hay? - preguntó fingiendo interés.

- Sólo uno. - Respondí simplemente, sin dar muchos detalles.

- ¿Por ella aceptaste esto aquí? - preguntó con curiosidad y yo me encogí de hombros sin responder.

- ¿Has visto mis bragas? - Pregunté desviándome del tema y él suspiró.

- Está bien, hoy vete a casa sin bragas. - dijo y cerré los ojos en su dirección.

Cuanto menos supiera sobre mi vida, más fácil sería lidiar con ella. Y cuanto menos sepa sobre su vida, más fácil será.

Viernes.

Día de baile y movimiento loco en la colina. Pero aun así me propuse hablar con Fogo sobre algo en lo que había estado pensando durante los últimos días.

Necesitaba una casa nueva y más grande. Mi deuda con él estaba pagada, ahora podía pagar algo mejor y más cómodo para mi niña.

Llevo casi dos semanas huyendo de Hanna. Por el simple hecho de que si me ve sabrá que algo anda mal, sobre todo si ve las marcas en mi cuerpo y el armario abastecido de mi casa.

Entonces la he estado evitando, solo hablábamos por mensaje de texto y le di la excusa de que estuve mucho tiempo fuera de casa buscando trabajo. Me sentí culpable, pero cuanto menos lo sepa la gente, menos vergüenza me avergonzaré.

Egoísta, lo sé. Pero eso es lo que pienso, quiero salvarme de recibir miradas de lástima o disgusto.

Entré a la boca con sus ojos puestos en mí, me dirigí hacia donde sabía que estaba el cuartito donde estaba Fogo. Llamé dos veces a la puerta y escuché su voz diciéndome que entrara.

Abrí la puerta y él me miró de pies a cabeza, mi mano todavía estaba en la manija pero rápidamente intenté cerrarla.

- ¿Qué quieres, Gisela? - preguntó y respiré hondo antes de comenzar.

- Quería otra casa. De dos dormitorios y dos baños, con patio trasero. ¿No hay ninguno en la colina? - Me miró con el ceño fruncido.

- Hay uno en la calle Cuarta. Tiene dos dormitorios, pero sólo un baño. Y con un patio. - dijo y yo asentí.

- Lo tendré.

- Querré el pago por adelantado para reservarlo para ti. - dijo y yo asentí nuevamente.

- Mientras no me des ningún golpe, te transferiré el importe. Será sólo por poco tiempo, pronto podré salir de aquí.

- Me gusta la gente que sueña. Sueñas en grande, Gisela. - dijo y no entendí.

- Si no sueño, estaré atrapado aquí como tú. - Dije sintiéndome demasiado atrevida y él me miró enojado. - Voy a preparar todo para la mudanza, mañana vendré a buscar la llave.

Me dispuse a salir pero él me llamó.

- ¿Cómo has estado allí en las visitas? ¿Fue Rusia dura? - cuestionó.

- No creo que sea asunto tuyo. Pero no, no fue difícil. - Respondí y lo miré.

Él estuvo de acuerdo y salí de allí aún más feliz. Finalmente voy a tener mi pequeño rincón para mí sola, me encanta dormir con mi princesa, pero una madre a veces necesita privacidad.

Fui directo a casa y tan pronto como abrí la puerta, encontré a Hanna en mi sala con los brazos cruzados.

- Vine a verte, hace casi dos semanas que no quieres hablarme bien. Sabía que algo estaba pasando, pero me alegro de que sea algo bueno, ¿verdad? - dijo señalando los armarios llenos y también la nevera.

- Hanna, yo... - negó con la cabeza.

- Sé que estabas trabajando duro vendiendo brigadeiro en la playa. Pero amigo mío, esto no es comprensible. No puedo formar una línea de razonamiento en mi cabeza donde de repente te hiciste rico. - Ella se rió, sacudiendo la cabeza. - ¿De dónde salió este dinero, Val?

- Hice algunos trabajitos estas dos semanas. - Escaneó mi cuerpo, deteniéndose exactamente en mi cuello, donde definitivamente había una mancha morada que intenté ocultar debajo de mi camisa de cuello alto.

- Gisela... - señaló hacia la dirección que miraba. - Joder, dime qué está pasando.

Ella se acercó y terminé dejándola ver mi condición por sí misma. Lleno de chupetones, lleno de marcas.

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