Capítulo 3
Me bajé del autobús en la entrada del centro penitenciario, este siguió su camino y respiré hondo antes de subirme, identificarme y realizar todo el trámite para pasar al privado. Ya conocía más o menos el camino, caminé acompañado de un guardia, él abrió la puerta y entré viendo que Russo ya estaba adentro esperándome.
Él estaba recostado en la cama jugando con las costuras de su camisa, yo me quedé ahí cerca de la puerta hasta que me miró. Su mirada pasó de mi cabeza a mis pies. Sentí la piel de gallina hasta el alma y era como si estuviera completamente desnuda, a pesar de que estaba completamente vestida.
- Tus muslos son más grandes. - comentó sin ningún buenos días antes.
- Sí, lo sé. - dije sacando sus cigarrillos de mi bolsillo y tirándolos sobre la cama para que los recogiera.
- ¿Me tienes miedo, enano? - preguntó con sarcasmo, encendiendo uno de los cigarrillos con el encendedor. - Siéntate aquí. - se dio dos golpecitos en el muslo y dio una calada, lanzando el humo hacia arriba, y mientras me acercaba se quitó la camiseta que parecía estar molestando.
- Pensé que no podrías estar aquí antes que yo. - Dije porque era una de las reglas.
- Puedo hacer lo que quiera. - me guiñó un ojo.
Hice ademán de quitarme la ropa, como me pidió la última vez, pero él negó con la cabeza.
- Quiero quitármelo yo mismo. - dijo y yo mantuve mis ojos en los suyos, así como él no quitaba sus ojos de los míos.
Me subí a la cama y envolví mis piernas alrededor de su torso, sentándome en su regazo. Mantuvo sus ojos en los míos y sentí sus manos agarrar mi cabello y tirarlo hacia atrás, haciéndome automáticamente dejar escapar un gemido ahogado. Puse ambas manos sobre su pecho y él analizó mi cuello.
- Las marcas ya desaparecieron, voy a chupar más fuerte para quedarme más tiempo. - dijo y yo me reí irónicamente. - ¿De qué te ríes?
- ¿Por qué te gusta dejarme todo marcado? - Respondí a tu pregunta con otra pregunta.
- Entonces te acuerdas de mí cuando te miras al espejo. - me guiñó un ojo y agarró mi cuello, chupando fuerte, más fuerte de lo normal, cumpliendo exactamente lo que prometió, y eso fue solo el comienzo de lo que tendría después. Cerré los ojos y él pasó la palma de su mano por el espacio entre mis senos hasta que estuvieron en el borde de mi camisa. Intentó quitármelos del cuerpo y aflojó los lazos de mis pantalones deportivos.
Su mano entró en mis pantalones y encontró mi punto sensible, haciéndome derretirme en su pecho. Hizo movimientos circulares y continuó trabajando con su boca en mi cuello, mordiendo y chupando la zona.
Quitó su mano de mi coño y cambió nuestras posiciones, poniéndose encima. Pero no duró porque se levantó y me jaló para sentarme en el borde de la cama.
Sabía lo que quería cuando se bajó los pantalones y la ropa interior, mostrando su dura polla apuntando hacia arriba. Se masturbó lentamente y me miró, enredando mi cabello en su mano.
Usé ambas manos para rascar su definido abdomen hasta llegar más abajo y tocar su miembro, sin quitarle los ojos de encima.
No sé si se dio cuenta, pero nuestra conexión es jodidamente buena. Casi no podía oír su voz, pero entendí su mirada. Y esta fue la segunda vez que lo vi.
Se acercó a mí, colocando su polla muy cerca de mi boca. Mi única tarea era abrir la boca y darle la bienvenida. Mi lengua recorrió toda su longitud, él echó la cabeza hacia atrás dejando la boca abierta, y lo miré desde ese ángulo, la visión del paraíso.
Santa mierda.
- Gisela, maldita sea. - Chupé su cabeza con fuerza y él gimió suavemente.
El sonido de tu gemido ciertamente permanecería en mi cabeza hasta que otro sonido lo reemplazara, y lo encuentro muy difícil.
Continué chupando, succionando todo el líquido preseminal que había allí. Moví mi cabeza hacia adelante y hacia atrás y él tiró de mi cabello para que mi boca se abriera más. Y luego golpeó, sin piedad. Mis ojos se llenaron de lágrimas pero no dejé de sentir lo que le hizo a mi coño goteante.
Ni siquiera podía negar que quería que él me follara. Mi coño no me dejaba mentir.
Empujó más rápido y su otra mano apretó mi cuello con fuerza, haciéndome poner los ojos en blanco.
En unos momentos, dejó mi boca y me empujó sobre la cama, bajándome violentamente los pantalones, dejándome solo con mis bragas de encaje negro. Se puso de pie y miró mi cuerpo con puro deseo, se pasó la lengua por los labios e inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado con una sonrisa destructiva.
- Estás jodida, Gisela. Voy a acabar contigo hoy. - dijo y supe que no estaba bromeando. Entonces le di una sonrisa tímida mirándolo desde abajo.
- Ya estoy jodido en muchos sentidos, necesitas ser más específico. - Me atreví a hablar y él me dio una sonrisa sarcástica.
- No es necesario, lo comprobarás tú mismo. - respondió y arrancó mis bragas, tirándolas a cualquier lado.
Me jaló de los pies hasta que estuvo al final de la cama. Colocó mis pies muy cerca de mi trasero y abrió mis piernas sosteniendo ambos muslos con fuerza.
- ¿Ya estás mojada para mí, puta mía? - dijo y mi coño se contrajo.
No necesitaba responder, se arrodilló y penetró mi vagina con dos dedos. Gemí suavemente y a él pareció gustarle lo que escuchó, comenzó a empujar hasta que sentí sus largos dedos en el borde final de mi entrada.
- Henrique... - Gemí y él se rió mirándome.
- Eso es lo que te gusta, ¿verdad, hijo de puta? - cuestionó y arqueé mi espalda con un solo paso de su lengua en mi punto sensible.
Apoyó mis muslos sobre sus hombros y trató de chupar con fuerza mi lubricación, como si eso fuera lo último que vería en su vida. Envolví mis piernas alrededor de su cuello acercándolo y mordió mi clítoris.
Su mano libre apretó con fuerza mi seno derecho, tirando del pezón, dándome una buena sensación.
Y a los pocos minutos volví a correrme en su boca, porque él ya conocía mi punto débil. Aunque mi coño se contrajo alrededor de sus dedos, no dejó de empujarme y chuparme. Y entonces me invadió una sensación aún más abrumadora.
Mi vientre se contraía nuevamente, aún más fuerte, me retorcía en la cama, balanceándome contra su boca mientras él chupaba muy fuerte, haciéndome gemir fuerte y poner los ojos en blanco.
Quitó su boca de mí y empujó más profundamente y más rápido hasta que un grito salió de mi boca sin ninguna orden de mi parte, completamente sin control. Y entonces salió de mí un chorro caliente, me temblaron las piernas y apenas podía pensar.
- ¿Qué fue eso? - cuestioné y él se rió burlonamente. Odio su tono sarcástico.
- Un chorro. - No había entendido, pero ni siquiera tuve tiempo de responder.
En un movimiento rápido me colocó en medio de la cama y se subió encima de mí, la sonrisa engreída que tenía en sus labios me dijo exactamente que estaba realmente jodida.
