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Capítulo 5

- No quiero que me juzgues. - dije con ganas de llorar. Ella es prácticamente mi hermana y la mirada que me miró demostró que estaba horrorizada al verme así.

- No te juzgaría, lo sabes. - dijo y me sentí cómoda hablando.

- Estoy haciendo una visita íntima. - Hanna abrió mucho los ojos y me miró de arriba abajo. - Dijiste que no juzgarías.

- No, no estoy juzgando. Sólo estoy... procesando. Dios mío, ¿visita íntima? Me imaginé todo menos eso.

- Pero estoy bien, no pesa tanto como imaginaba.

- Es con Russo, ¿no? - preguntó y yo asentí. - Rato me dijo que le buscaban una puta, para hacer estas visitas.

Rat era su novio y los dos eran cercanos, el sentimiento que tenían el uno por el otro era visible. Y él era vapor en la boca, mano derecha del Fuego.

- No encontraron una puta, pero me encontraron a mí. - Me reí sarcásticamente y ella me miró con una mirada pesada.

- ¿Estás realmente bien? Él no te obligó a hacer nada, ¿verdad? - cuestionó.

- No, no me obligó. Lo hice voluntariamente y no me arrepiento. Puse comida en la mesa, Hanna. Eso fue suficiente para que no me arrepintiera ni tuviera ningún peso en mi conciencia.

- Es violento. - Hizo una mueca mirando mi cuello nuevamente. - ¿No te duele? - Intentó tocarme pero lo evité. Me quité la camisa, dejé el sostén puesto para que ella pudiera ver mejor y su boca se abrió en una "O". Tan sorprendida como cuando llegué a casa el miércoles y me miré al espejo.

Henrique prometió y cumplió. Dejó mi regazo casi sin espacios en blanco.

- No duele, sólo son marcas que pronto se desprenden. - dije y ella intentó tocarme nuevamente y la evité nuevamente.

- ¿Cuándo fue la primera vez? - preguntó ella.

- El miércoles pasado. Recibí la propuesta el martes y el miércoles por la mañana fui. Me recibió bien, mejor de lo que imaginaba, es todo muy duro, pero me dejó satisfecho.

- Te hizo ir... Oh Dios, no puedo creer que esté preguntando sobre tu vida sexual, lo cual no me interesa, pero tengo tanta curiosidad, lo siento. - dijo y yo me reí, negando con la cabeza.

- Me hizo correrme, contando las del miércoles, fueron siete veces. - Recordé la sonrisa engreída de ese hijo de puta y fue inevitable no sonreír.

- ¿Siete? - habló en voz alta, asustada. - Joder, en dos sexos te corriste más que yo este mes entero, estoy tan celosa. - bromeó y suspiré al volver a la normalidad, sin el ambiente pesado.

- Sólo te pido que no se lo cuentes a nadie, a nadie en absoluto. Ni siquiera por Rata, sé que eres chismosa.

- No lo diré. Puedes confiar en mí. - Me abrazó y me besó en la cara.

Me di una ducha larga, me lavé el pelo y me enjaboné todo el cuerpo. Mientras me aplicaba el jabón, vi las marcas en mí. Para mi barriga, pecho y cuello. Todo un poco dolorido. Me envolví en una toalla y puse a dormir una muñeca de encaje.

Hanna llevaba a Milena a dormir a su casa, siempre hacía eso cuando me veía cansada. Y hoy era uno de esos días, estaba agotada, mi cuerpo pedía una cama y una noche completa de sueño. Mañana volvería al asfalto para seguir entregando CV, Henrique no estaba para siempre, el dinero era bueno pero necesitaba algo más seguro, solo quedaban ocho visitas más, necesitaría una garantía después de estas ocho semanas.

Usé aceite corporal y mi crema hidratante para oler bien por la noche.

Me acurruqué en la cómoda cama con el colchón nuevo que compré y cerré los ojos para dormir.

Me mudé hoy domingo con la ayuda de Rato y Hanna que estaban fuera del trabajo e insistí diciendo que no lo necesitaba pero ellos insistieron en ayudarme a empacar todo.

Finalmente tuve mi propia habitación y finalmente mi hija también tuvo su propio rincón. La habitación de Milena aún no estaba preparada, pero ya contaba con una cama, aire acondicionado y una cómoda.

Cogí mi celular que estaba sonando debajo de la almohada y miré la pantalla viendo el número desconocido, lo ignoré por la hora. Lo volví a poner debajo de la almohada y cerré los ojos para intentar dormir.

Pero segundos después volvió a sonar y traté de apagarlo una vez más. No duró mucho, ya que por tercera vez sonó y perdí la paciencia y contesté.

- ¿Quién carajo es ese? - Me lo acerqué a la oreja y escuché una risa ahogada al otro lado.

- Háblame claro, hijo de puta. ¿Crees que tienes moral? -esa voz...sin condiciones. La reconocería en cualquier lugar, la misma voz que me decía tonterías al oído.

- Henrique... - dije identificando la voz y él respiró hondo. - ¿Qué deseas?

- Es bueno saber que reconoces mi voz.

- Soy bueno con la memoria. - se rió entre dientes.

- ¿Cómo estás? - cuestionó y suspiré.

- Estoy bien. ¿Y tú? - Me atreví a preguntar.

- En la medida de lo posible. - respondió y asentí como si fuera a verme.

- ¿Qué quieres, Enrique? - Pregunté y se hizo el silencio al otro lado de la línea. Sólo un suspiro.

- Extrañé tu coño. - dijo y mi cuerpo se incendió. Mis mejillas se calentaron y automáticamente cerré los ojos avergonzado.

- Nuestra próxima reunión es recién el miércoles, tendrás que estar contento. - dije y pude verlo poniendo los ojos en blanco y resoplando.

- Pero tú también debes perdértelo. Imagínate eso, bombón. Lo coloco muy lentamente sobre ti, pero con fuerza, besando tu cuerpo como sé que te gusta. - reprimí un gemido con solo escuchar lo que me proponía, ¿qué me está haciendo? -Vamos, Gisela. Sé que me extrañas, hombre. Voy a aumentar tus visitas a dos veces por semana. ¿Bien?

- No... Trabajas duro, una vez a la semana me da tiempo suficiente para recuperarme. - Me reí y él me siguió.

- Voy duro, pero te gusta. Puedo ver en tu cara traviesa que no te gusta nada convencional. - dijo y ni siquiera me atreví a negarlo, era la más pura verdad. Me gustó.

- Las marcas siguen siendo muy fuertes. Hiciste un buen trabajo esta vez. - Escuché tu risa. - ¿No está prohibido el móvil en prisión? - cuestioné.

- Aquí las reglas las hago yo, negra. Simplemente pon dinero en manos de esta gente corrupta y tendré lo que quiero cuando lo quiero. ¿Crees que una visita íntima es una vez por semana? En realidad es una vez al mes, pero estoy pagando mucho para verte aquí todos los miércoles, deberías valorarme más. - actuó dramático y casi no lo reconocí.

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