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Capítulo 04: Lo inesperado.

Katherine.

Lunes, 28 de Septiembre del 2015.

Me encontraba dentro del coche de Colton yendo rumbo al instituto. El día estaba más frío de lo normal, y tampoco había dejado de llover desde la madrugada, Mientras que la neblina se hacía presente a los alrededores del verde bosque que cubría el pueblo, y las nubes parecían cargadoras de agua. El ambiente lucía melancólico, y había estado así desde que nos encontramos con aquella escena de esos animales.

Enseguida que se oyeron los gritos de Jade, papá y Gerard también aparecieron en la escena y se quedaron en silencio. Parecían estar pensando algo para sus adentros, pero luego me dí cuenta de que Colton le hizo una discreta seña con la cabeza a Hunter. Y éste con una mirada de cachorro obediente, tomó del brazo a mi hermana, al mismo tiempo que lo hacía conmigo, y nos arrastraba hacia otro lado del bosque. Lejos del lago Sherman.

Podría jurar que estaba enloqueciendo debido a todo lo que pasaba por mi mente, pero estuve segura de que Colton y Gerard estaban hablando en voz baja sobre… El regreso de ellos. No entendí a lo que se referían, y aunque traté de ser inteligente y sacarle algo de información a Hunter. Él comenzó a evadir muchas cosas, actuando extraño sin tener que llegar a tratarme mal. Pero odiaba que empezara a tratarme como a una niña, justo como mi padre lo hacía. No me desagradaba viniendo de papá, pero que un chico que no veía de hace años lo hiciera, era raro.

Pero aun así no reproché cuando volvimos al aparcamiento de coches, y nos sentamos los tres en la acera. O, más bien dicho Hunter y yo, porque mi hermana luego de haber vomitado en la grama alta, decidió recostarse dentro del auto. Mientras que Hunter me hablaba sobre la soleada ciudad en la que había estado, y en que estuvo en un campamento militar, o algo así. Realmente no le presté demasiada atención, pues sólo quería regresar a casa pronto. Cosa que no tardó, y fue más confuso para mí, porque papá nos ordenó a Jade y a mí alejarnos lo más posible del bosque.

Estaba estrictamente prohibido.

Le quise preguntar a papá porqué, y si control animal tuvo alguna idea luego de que fueron a chequear las mordidas en los cadáveres. Pero él solo me dijo que no debía de preocuparme, después no volvimos a hablar de eso. Y desde entonces, no había dejado de pensar en lo que ha estado pasando.

Mientras que el coche iba en movimiento sobre las carreteras congeladas, las voluptuosas gotas de agua se deslizaban suavemente, al irse acumulando con las demás; conforme iban descendiendo por la ventanilla del auto. No podía dejar de verlas, pues me distraían de mis pensamientos, y no quería seguir pensando en nada más.

—¿Todo está bien, Katherine? —de pronto escuché la voz de Colton, quien se había detenido de un instante a otro.

Entonces volví a la realidad. Dándome cuenta de que estábamos aparcados frente a la descuidada instalación del instituto.

—Sí, estoy bien. —asentí con una fingida sonrisa, volviéndome hacia él como si nada hubiera pasado.

—Bueno, es que ya llegamos, y te has quedado mirando a la nada durante un minuto en el coche. —señaló. Y me dí cuenta de que mi hermana ya se había bajado. Mientras que yo me había quedado mirando la lluvia estrellarse contra mi ventana.

Me había sumergido demasiado.

Joder.

—Bebé, si algo pasa debes contármelo. Sabes que puedo ayudarte, no estás sola. —comentó paternalmente—. Ahora que Hunter está de regreso, él también podrá protegerte cuando yo no esté presente.

Me quedé muda durante ese momento, sintiéndome extraña, porque sentía que mi padre le había pedido a Hunter que hiciera de guardaespaldas. Lo que significaba, que tendría pegado al rubio en los pasillos… Oh Dios.

—Lo siento, Colton. —murmuré finalmente, subiéndome la capucha de la chaqueta impermeable que tenía encima de mi ropa—. Es sólo que el instituto ha comenzado rudo este año. —mentí con facilidad. Y él me besó en la frente para despedirse, antes de que abriera la puerta del coche y caminara hacia la entrada debajo la lluvia.

Papá se quedó observándome entrar con una mirada extraña, pues sabía que estaba preocupado por mí. Pero yo sólo caminé sobre el congelado pavimento lleno de neblina, entre el resto de estudiantes con impermeables; quienes corrían hacia la entrada. Mientras que yo caminaba despacio con mi mochila, pues no quería resbalarme por el hielo en el suelo; sin embargo, cuando estuve subiendo los escalones bajos de la entrada, ahogué un chillido al sentir como me resbalaba por mis botas de lluvia. Y estuve a punto de caerme frente a todos. Pero alguien me sujetó de la cintura, y cuando levanté la mirada con las mejillas encendidas me encontré con el cálido rostro de Hunter.

—Confirmo. Sigues siendo la misma chiquilla torpe. —sonrió con sus característicos hoyuelos. Mientras que yo me paraba firme sobre las escaleras, y subía hacia la entrada con él a mi lado.

«Mierda. Olvidé por un segundo que él tendría que asistir al instituto.»

—Fue sólo un desliz. Nada malo me hubiera pasado, más que hacer el ridículo frente a todos. —murmuré avergonzada. Sintiendo como Hunter me sujetaba del brazo, y me llevaba de esa manera hacia las puertas metálicas, donde al entrar, acabé diciendo con un tono más alto—: Oye, y no necesito que me protejas. Entiendo que Colton te lo haya pedido, pero no quiero un guardaespaldas.

—Lo siento, yo no quería ser irrespetuoso. —respondió con las mejillas coloradas, levantando las manos y apartándose un poco de mí.

—Sólo no quiero que hagas lo que mi padre te diga. —le aclaré con incomodidad, quitándome la capucha cubierta de humedad, para luego recogerme el cabello en una coleta con la mirada en el suelo.

Preguntándome qué le habría dicho mi padre a Hunter, y de qué había hablado con Gerard cuando nos fuimos luego de ver los cuerpos drenados de esos animales. Mierda. Habían tantos misterios que me daba dolor de cabeza; sin embargo, en el momento en que volví a levantar la mirada me encontré con que esos ojos grises estaban mirándome con inocencia y torpeza. ¿O era algo más eso que veía en su mirada?

—¿Qué sucede…? —le pregunté con un cosquilleo en el pecho, mirando hacia otro lado.

—Nada… Es sólo que… Nada. —acabó diciendo, atropelladamente. Lucía realmente nervioso, a diferencia de ayer. Cosa que me pareció divertido, porque él era demasiado esbelto, e intimidante.

—Genial. Ahora conozco a alguien más extraño que yo. —bromeé, y él miró hacia el suelo, avergonzado.

Después sentí como alguien me abrazaba por detrás, y como no me lo esperaba acabé ahogando un grito, por todo lo raro que había estado pasando. Volviendo a respirar con normalidad al darme cuenta de que se trataba de Olivia; quien acababa de cruzar por las puertas metálicas. Llevaba una chaqueta impermeable negra, que se quitó enseguida para no dañar su look de «soy la chica más atractiva del colegio.»

—Dios mío, esa lluvia quiere arruinar mi planchado de anoche. —habló con su clásico tono glamuroso.

Nos saludamos rápidamente, y luego me dí cuenta de que la pelirroja escudriñó al rubio de pies a cabeza con una ceja levantada. Parecía estarlo estudiando con esa mirada coqueta de «Olivia Williams», quizás viendo si era de su tipo de chicos o sería un amigo más.

—¿Y qué no me presentas a éste chico nuevo, Kath…? —me preguntó, jugueteando con uno de sus mechones rojizos de manera coqueta. Después le extendió la mano al rubio—. Yo soy Olivia Williams… Y soy psíquica. —susurró ese final de frase, dándole un apretón de manos corto al contrario.

El rubio pareció consternado, y yo acabé diciendo para cortar el momento:

—Olivia, él es Hunter. —aclaré con una sonrisita incómoda. Y la pelirroja se echó para atrás enseguida al darse cuenta de que se trataba del crío de mi infancia.

—¡Mierda, no sabía que él era tu novio! —chilló indiscretamente, haciéndome miradas extrañas. Mientras que Hunter seguía mirando hacia el suelo, con una inocencia en su rostro colorado.

—Ya te he dicho que no es mi novio. —reproché. Y después entrelacé mi brazo al suyo, diciendo a regañadientes—: Ahora vamos a la cafetería. Mi cuerpo necesita cafeína.

—Concuerdo, amiga mía. —la pelirroja asintió, y de esa manera comenzamos a caminar por el pasillo repleto de estudiantes. Percatándome entonces, que Hunter estaba siguiéndome el paso como un niño desorientado, así que me volví hacia él diciendo:

—¿Qué estás haciendo?

—Nada… Estar contigo. —él apenas respondió, rascándose la nuca—. No conozco a nadie…, y no me gustaría estar solo el primer día.

—Creo que es mejor que explores por tu cuenta, porque yo me quedaré sentada en la cafetería. —le propuse con una fingida sonrisa, pues me incomodaba que estuviera siguiéndome en todo el instituto.

—Pero tu padre me ordenó que tenía que cui… —balbuceó tropezando con sus palabras, dándose cuenta de lo que había hecho, así que miró hacia otro lado, y dijo—: Entiendo, no quiero ser una molestia.

Después se alejó entre la multitud con su mochila, mientras que yo le veía irse como un cachorro perdido, y Olivia me hablaba cerca de la oreja:

—Amiga, pobre chico. Fuiste una perra…. Y él es tan sexy. —suspiró esa última frase, mirando directo hacia su trasero—. Tiene un trasero redondo, le doy diez de diez. —comentó, y yo la fulminé con la mirada.

—Él podrá sobrevivir mejor que yo. —me excusé encogiéndome de hombros—. Es guapo, musculoso. Podrá conseguir un grupo de amigos.

—¿Y ustedes no son amigos? —cuestionó Olivia, pero yo agaché la cabeza y seguí caminando con ella hacia la cafetería.

De camino no hablamos sobre mucho, o más bien yo no hablé. Porque Olivia se quedó platicandome sobre unas pinturas de uñas que había comprado en el centro comercial, y entre otras cosas para el cuidado de la cara. Mientras, que yo me preguntaba porqué ella estaba actuando como si nada hubiera pasado, por eso le pregunté en un hilo de voz, consternada por el asunto:

—¿Viste las noticias del pueblo…?

—Sí, qué horror. ¿Por qué la madre de «Jeremy Rogers» piensa que puede postularse para la alcaldía? —habló rápidamente sin entender a lo que me referí. Caminando sobre sus tacones hacia nuestra mesa de siempre, y saludando a la mayoría del instituto a cada paso que daba haciendo resonar sus tacones—. Esa perra está loca.

—No, Olivia. —le interrumpí con un extraño sentimiento, sentándome en la mesa frente a la pelirroja—. Hablo de los cadáveres de esos animales.

La pelirroja me miró con atención, abriendo la boca con sorpresa. Pero luego no le dio mucho importancia, pues soltó simplemente:

—Sí. Qué trágico. —después sacó un esmalte de uñas de su mochila, y comenzó a aplicárselo como si nada frente a mí, diciendo—: Oh, my God… ¡Mira lo fabulosa que lucen mis uñas! No sabes lo mucho que he tratado de cuidarlas, ya que cuando están muy largas se rompen fácilmente y... —continuó hablando para sí misma, hasta que yo solté de golpe:

—Tú lo predijiste, Olivia.

—¿Excuse me, Kath? —ella apartó la vista de sus uñas, y me miró maternalmente—. No te entiendo, cariño, no hables entre dientes.

—Tú me dijiste por llamada el Sábado… que habían cadáveres en el bosque. — murmuré con el rostro desconcertado—. Quizás estoy volviéndome loca, pero estoy segura de que dijiste eso… Y luego aparecieron los cuerpos de esos pobres animales tal como predijiste y yo… —hablé apresuradamente, como si fuera una desquiciada.

—Cariño. —Olivia me interrumpió, tomando mi mano sobre la mesa y mirándome como si nada estuviera mal en el mundo—. No creo ser psíquica realmente, es algo tonto. —se encogió de hombros—. Sólo quería bromear un rato con eso.

—Pero pareció que tú predijiste… —continué hablando, pero ella se rodó sobre el asiento de nuestra mesa para pasar su brazo por mi cuello, diciéndome con naturalidad:

—Mi abuela decía que las mujeres Williams somos brujas, pero ella estaba un poco loca. Tenía problemas alcohólicos, y creo que a veces se drogaba. —confesó, con la mirada en la mesa—. Realmente la extraño, pero siento que estaba equivocada, y creo que por eso mis padres me prohibían hablar con ella. —me dijo frotándome el brazo para que me calmara, cosa que poco a poco fue funcionando. Hasta que de pronto la pelirroja soltó, con la mirada hacia al frente—: Oh, my God… El chico nuevo está mirándote.

Entonces el corazón me dio un vuelco al recordar esos tres rostros del viernes, pero me relamí el labio inferior, y por la curiosidad que me invadió en el pecho acabé levantando la mirada hacia la mesa frente a nosotros. Encontrándome de golpe con esos dos orbes azules, que me miraban sin discreción alguna como la vez anterior. Sin embargo, él apartó la mirada al segundo, y me dí cuenta de que había una ligera sonrisa en sus labios rosados que no entendí.

«¿A qué estás jugando?», pensé mirando de nuevo hacia mi mesa, sonrojandome.

—Estoy segura de que se muere por tus huesitos. —ronroneó Olivia, y yo le pegué en el brazo.

Luego ella comenzó a reírse de nuevo, y se levantó de la mesa para ir en busca de nuestros lates sin espuma. Mientras que yo jugueteaba inconscientemente con las mangas de mi chaqueta por los nervios, y trataba de armarme de valor para volver a mirar hacia esos nuevos.

Decidí permitirme una única miradita hacia la mesa de los nuevos. Si me encontraba de nuevo con su mirada acabaría avergonzada, pero decidí encararlo porque él no podía observarme en silencio, sin decirme nada.

Mantuve el rostro inclinado hacia mi mesa, pero de manera discreta lo fui levantando hacia la que estaba enfrente.

Estaban riéndose. Ethan y Mary Louis parecían hablar de algo divertido, mientras que el chico de pelo castaño mantenía una sonrisita. De pronto, Ethan sacudió sus cabellos oscuros empapados del agua de lluvia, como un cachorro. Mojando a la chica de ojos verdes a su lado, que a la distancia se veía agradable, dulce y delicada.

Pero estaba segura que no era nada de eso.

Estudié al extraño castaño con la mirada. Tenía un color de piel demasiado pálido, como el de un muerto. Habían un poco de ojeras debajo de sus ojos, y por alguna razón pensé que estaba cansado en su interior, pero que su cuerpo no lo demostraba, pues parecía que podría tener una pelea en la cafetería en este preciso momento, y que la ganaría.

Él estaba picando con sus dedos un pedazo de pan que estaba comiendo en su bandeja de comida. Y que había tomado en la cafetería, para llevárselo a la boca lentamente. No parecía masticar la comida, pero supongo que sí lo hacía. ¿Verdad?

—¡Lo tengo, Katherine! ¡Lo tengo! —de pronto escuché que alguien chilló a mis espaldas, y ahogué un grito. Estremeciéndome sobre mi lugar, apartando la mirada de esa mesa y dándome cuenta de que se trataba de Leila.

—Mierda, un día vas a matarme. —le hablé con la mano en el pecho.

—Da igual, escucha. —habló con un tono apresurado, y ciertamente acosador—. Conseguí toda la información necesaria de tu chico. —explicó haciendo énfasis al final, mientras que yo me removía con incomodidad sobre la mesa—. Se llama «Sebastian Phantomhive». Vive en la casa de la cabaña de su tío, cerca del lago Sherman, con sus dos hermanastros: Ethan y Mary Louis. Es acuario. Y el azul es su color favorito.

Me quedé muda sobre la mesa.

—¿Averiguaste todo eso en estos tres días? —apenas logré decir, sorprendida.

—No, bobita, lo supe desde el día en que llegó, mucho antes del mediodía. —respondió como si nada, orgullosa de ser una acosadora de chicos—. Por cierto, ¿te sientes mejor luego de la caída del viernes…? —me preguntó, esperando una pronta respuesta, pero yo estaba perdida en mis pensamientos.

«Sebastian…»

«Sebastian Phantomhive» hablé para mis pensamientos, saboreando el nombre del chico que tanto me llamaba la atención. Por eso levanté la mirada hacia su mesa, dispuesta a echarle un rápido y único ojo.

Pero él y sus hermanastros, ya no estaban.

***

Las clases transcurrieron con normalidad durante ese día. Pero no podía dejar de mirar hacia el asiento de ese chico extraño llamado Sebastian, quien siempre trataba de sentarse lo más lejos posible de mí en cada aula. Con sus hermanastros. Desde la cafetería él no volvió a fijarse en mí, y me pregunté por qué, ya que por alguna razón creí que teníamos una especie de juego de miradas. Me sentí estúpida al creerlo, y por eso me concentré en las clases para no bajar mi promedio.

Por otro lado podía ver el lamento en el rostro de Hunter, a quien siempre veía a la hora del receso en los pasillos. Porque no había tocado en mi aula, sino en una diferente; aunque, al menos había hecho amigos. No estaba solo cuando le vi por última vez, pues tenía a dos chicas siguiéndole. Y por extraño que sonara, me sentí un poco… Extraña.

¿Pero qué estaba pensando? Gran idiotez. Nosotros no seguíamos siendo novios, ni mucho menos unos críos.

«Katherine, idiota.»

Mientras que estábamos viendo la última clase, que era Trigonometría. Pedí un permiso para ir al baño, pues quería despejar un poco mi mente después de todos esos ejercicios que se me dificultaron. Por eso me sentí más relajada cuando salí hacia los solitarios pasillos, apenas cruzando la mirada con la figura masculina de Sebastian en los asiento delanteros. Me obligaba a no mirarlo, pero mis ojos me traicionaban, y me sentía una estúpida cuando me daba cuenta de que él ya no me veía.

Dejé de pensar en cursilerías como una cría. Y caminé hacia el baño de mujeres, que estaba junto al de los hombres, siendo ese momento, en el que me dí cuenta de que un chico con aspecto gótico y de vagabundo, llamado Patrick Bostick. Estaba entrando al baño de los hombres tomando a una chica baja de la mano, y los ojos se me abrieron de par en par al ver que era mi hermana la chica de negro que le seguía fielmente.

«¡No, mierda! ¡No de nuevo!», pensé en medio del momento, frunciendo el ceño y caminando directo hacia el baño de hombres. No me importó que los pasillos estuvieran en un silencio absoluto por las clases, y no hubiera nadie cerca con autoridad de profesor. Yo misma tomé al toro por los cuernos, y me adentré al baño de hombres. Entrando de golpe, y observando como Patrick estaba dejando sobre los lavados un puñado de lo que parecía ser marihuana en una bolsita. Mientras que Jade se reía a su lado, y lo abrazaba por el cuello, cosa que dejó de hacer cuando me vio entrar con el rostro fruncido en una mueca.

—¿Ahora te drogas y no entras a clases? —le hablé con un tono fuerte, cruzándome de brazos y mirándola con ojos pequeños.

—No vengas a joder, Katherine. —Jade rodó los ojos, mientras que Patrick guardaba rápidamente la marihuana de nuevo en su chaqueta—. Mierda. Sólo has de la vista gorda y sigue con tu aburrida vida.

—¿Pero qué carajos estás diciendo, Jade…? —respondí sorprendida. Y por la rabia del momento me acerqué a ella y la tomé del brazo—. Te sacaré de aquí por la fuerza ya que eso deseas. —agregué, y comencé a tirar de ella hacia la salida, mientras que mi hermana chillaba en su rabieta y se estremecía.

—¡No soy una cría! ¡Déjame en paz, maldita sea! ¡No te metas en mi puta vida como lo hace papá…! —soltó Jade por la cólera, estremeciéndose con violencia para zafarse de mí. Pero yo era más fuerte que ella, así que logré arrastrarla hasta la salida. Pero cuando estuve a punto de salir con ella, sentí como alguien me la arrebata fuertemente y me dejaba desconcertada.

Esa fuerza había sido mucho mayor que la mía, y al volverme hacia mis espaldas me aseguré de que había sido Patrick. Él me había arrebatado a mi hermana, y la había ocultado detrás de su esbelto cuerpo de vagabundo, mirándome con frialdad, y una ligera sonrisita en sus labios resecos. Tenía una expresión intimidante, debido a que lucía bastante drogado en estos momentos.

—¿Deseas llevártela? Bueno, hazlo ahora. —interfirió él en tono ronco, mientras que sus cabellos de trenzas le caían en la cara—. Vamos, te estoy esperando, Katherine. —ronroneó moviendo sus manos, como incitándome a empujarlo.

—Eres un imbécil, Patrick. —acabé diciendo con firmeza, y sin dudarlo dos veces lo rodeé para tomar a mi hermana, quien se había quedado muda.

Entonces fui sorprendida por un violento empujón de parte de Patrick, que me estrelló con las palmas abiertas contra la puerta de uno de los cubículos. Ahogué un chillido, y mi espalda amortiguó el impacto contra la puerta. Me había quedado paralizada. Él me había tocado. Él me había puesto un dedo encima.

Y yo me quedé helada contra la puerta, al ver como había oscuridad en sus ojos.

—Patrick… —Jade tartamudeó, al darse cuenta de que su novio me había lastimado con ese empujón.

—Fue sólo una advertencia... —él se encogió de hombros, y se comenzó acercar a mí maliciosamente—. Pero pienso que eso no será suficiente para que ésta perra deje de molestarnos.

—Pa… Patrick. —mi hermana volvió a soltar, sujetándolo del brazo, interrumpiendo así su caminar hacia mí—. Patrick, no, por favor. Detente. —le pidió con una expresión temerosa, mientras que yo seguía inmóvil contra la puerta.

No sabía cómo reaccionar. Estaba perpleja, o asustada. Porque de pronto Patrick gruñó fríamente:

—Ésto es lo que se merece por creerse tu puta madre. —entonces se deshizo bruscamente del agarre de mi hermana, y se acercó en un parpadeo hacia mí para sujetarme violentamente de mi coleta y estamparme contra la puerta. Pudo manipular mi cuerpo a su antojo, acorralándome como un depredador. Solté un chillido con el rostro desencajado, y estuve a punto de llorar al tenerlo tan cerca de mí.

Me sentía pequeña, e indefensa.

—¡Patrick, no! ¡Detente, no le hagas daño! —chilló Jade entre ojos lagrimosos, y espantada por la manera en la que Patrick me sujetaba del cabello, se abalanzó sobre él para quitármelo de encima. Pero él era mucho más fuerte que las dos, así que la derribó al suelo con una sola mano.

Después se volvió hacia mí con esa mirada maliciosa, inspeccionándome con sus ojos enrojecidos de una manera que me provocó escalofríos. Estaba más que drogado, y su respiración no olía muy bien. Quería romper a llorar, y apartarlo fuera de mí, pero estaba paralizada por el miedo, escuchando como mi hermana le pedía llorando que me dejara tranquila. Pero él tiró de mi coleta, provocandome un gemido, y después le vi levantar su mano para abofetearme; sin embargo, antes de que pudiera tocarme alguien lo tomó del brazo, evitando el golpe.

Me quedé sin palabras. Apenas había logrado procesar lo que estaba pasando, y cuando me volví hacia la figura masculina que le estaba sosteniendo la muñeca a Patrick. El corazón se me detuvo de golpe, y me sobresalté un poco al darme cuenta de que se trataba de Sebastian Phantomhive.

—Aléjate ahora mismo de ella. —habló con un tono de voz tan frío que me provocó escalofríos, con esa mirada muerta en sus ojos azules.

—¿Y quién demonios te crees, nuevo de mierda? —Patrick respondió con molestia, apartando su mano de mi coleta para alejarse, y encarar de esa manera al castaño; quien de pronto se puso frente a mí, protegiéndome con su cuerpo.

Sebastian no era demasiado alto como otros chicos, pero en éstos momentos lucía como el hombre más intimidante del mundo, y yo me sentí protegida detrás suyo. Mirando la escena sin palabras, al igual que mi hermana; quien se había levantado y pegado contra la pared de cuadros, lejos de la escena.

—No quiero que le vuelvas a poner ni un sólo dedo encima a Katherine. —le advirtió Sebastian con severidad. Entonces me dí cuenta de que una de sus manos estaba crispada en un solido puño, y que su voz era espeluznante.

«Había dicho por primera vez mi nombre», pensé con sorpresa dándome cuenta de que no lo había olvidado.

—Mira no tengo problemas contigo, nuevecito. —contraatacó Patrick con una mirada defensiva—. Pero si te metes conmigo acabarás peor que esa…. —intentó decirme «perra», pero el castaño le interrumpió con un tono aterrador:

—Llámala de esa manera, y te aseguro…. que serás hombre muerto. —murmuró, y no estaba viendo su rostro, pero me imaginé que era aterrador. Porque de pronto, esa osadía en la expresión de Patrick cambió drásticamente a una temerosa y perturbada. Pareció quedarse embelesado en los ojos de Sebastian, fue como si hubiera visto algo espantoso ellos. Porque después agachó la cabeza sin más, y salió rápidamente del baño. Mientras que yo me quedé consternada contra la puerta del cubículo, y Jade tenía el rostro desencajado.

»Es mejor que no vuelvas a salir con ese sujeto. No te conviene. —él le habló por primera vez a mi hermana en un tono ronco, y ésta casi tembló sobre su sitio—. Mejor ve a clases. —sugirió con un tono serio. Y eso fue suficiente para que Jade agachara la cabeza y saliera del baño, dejándonos completamente a solas—. Y tú… —susurró, apenas volviéndose hacia mí y apuñalandome con unos fríos ojos—. Trata de no involucrarte en más problemas.

Quise responderle en ese instante que no lo necesitaba, y que quién demonios se creía para hablarme de esa manera. Pero su mirada era tan severa que me dejó helada. Estaba casi que temblando, y sentía que mi corazón latía como nunca antes. Me intimidaba.

Pero me gustaba.

—Y no pienses que por ésto somos amigos. —finalizó. Después salió del baño sin decir más, y me dejó ahí de pie completamente desconcertada. Tratando de recuperar el control de mi cuerpo.

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