Capítulo 03: En el bosque.
Katherine.
Sábado, 26 de Septiembre de 2015.
Un fuerte estruendo del exterior me despertó, así que me senté de golpe sobre mi cama. Tenía el cuerpo empapado de sudor, y la respiración acelerada. No sabía porqué, pero me sentía asustada. Aterrada. Por eso en medio de la oscuridad abracé mis piernas, con el temor de la fuerte tormenta que estaba cayendo a las afueras de casa, mirando como sus rayos vislumbraban siluetas en mi pared. Era espeluznante.
—Sólo fue una pesadilla, Katherine. —hablé para mis adentros, tratando de calmar mis nervios, pues me había girado hacia mi reloj de mesita, y me di cuenta de que era más pasado de las tres de la mañana—. Vuelve a dormir. —solté con la voz en un hilo sin pensar llamar a Colton, pues él estaba exhausto del trabajo y no quería ser molesta.
Entonces respiré hondo y volví a tenderme cómodamente sobre el colchón. Cerré mis parpados, y me abrigué con las sabanas hasta las caderas. Tratando de no pensar en nada para dormir; sin embargo, el sonido de esos fuertes relámpagos me hacían la piel de gallina. Por eso abracé con incertidumbre mi almohada con la cara de «Kim Taehyung», y comencé a contar ovejas para distraer mi mente. Hasta que poco a poco fui conciliando el sueño, pero como el frío se estaba colando por las aberturas de mi ventana tuve que subirme las sabanas, sintiendo como en ese momento algo estaba impidiendo que lograra hacerlo. Pensé que seguro mi pie lo estaba interponiendo, así que tiré con más fuerzas a ciegas, chillando de horror cuando algo me la arrancó de las manos.
Los ojos se me abrieron como platos, y enseguida me senté de nuevo sobre la cama, y pegué mi espalda contra la cabecera de la cama. Mirando con una expresión de horror como mi sabana había quedado en el suelo. El corazón me estaba latiendo a toda prisa, y no pude evitar abrazar mi almohada de «Tae», repitiéndome una y otra vez que estaba desvariando y que nada raro había pasado; sin embargo, me dí cuenta que mi ventana se encontraba abierta de par en par. Provocando que la lluvia empezara a colarse violentamente, dejando las gotas marcadas en el suelo.
Un sudor frío me cubrió la espalda, pero me levanté enseguida, sintiendo la fría madera debajo mis pies descalzos. Y cerré de golpe la ventana, dándome una vuelta al sentir una respiración en mi nuca, encontrándome con unos ojos inyectados de sangre en la oscuridad. Y que se trataba de Mary Louis, quien intentó abalanzarse sobre mí, pero yo la empujé con ambas manos, y salí corriendo hacia la puerta de mi dormitorio, gritando y llamando a mi padre para que viniera. Pero al abrir la puerta, me encontré con los fríos ojos azules de ese chico castaño; quien de pronto sonrió diabólicamente, y sus ojos se inyectaron de sangre.
Grité espantada en medio del horror. Y él se abalanzó sobre mí para enterrarme sus colmillos en la yugular.
—¡No, por favor…! —grité, levantándome de golpe de la cama con el cuerpo tembloroso.
Y entonces mi padre entró a la habitación rápidamente, sentándose a mi lado para abrazarme. No pude evitar abrazarlo por el miedo, mientras que él me acariciaba el cabello y me decía que todo había sido una pesadilla.
—Todo está bien, bebé. —me habló dulcemente, y yo solté algunas lágrimas sobre su pecho. Dándome cuenta por el reloj en mi escritorio, y por el débil sol del amanecer que se colaba por mi ventana, iluminando el dormitorio: que eran las seis de la mañana.
—Mierda, Katherine. —de pronto escuché la soñolienta voz de Jade, quien yacía en el marco de la puerta de brazos cruzados, en pijamas negras y unas enormes ojeras—. Tus jodidos gritos me han despertado tan temprano… ¡Un jodido Sábado!
—Tu hermana está teniendo pesadillas luego de ese golpe, Jade. —Colton le reclamó, volviéndose hacia ella con el ceño fruncido. Pero mi hermana rebelde sólo rodó sus ojos, y dijo indiferente:
—Sólo fue un tonto golpecito con una pelota, y Katherine está bastante grandecita como para soportarlo.
—¡Jade Castillo! —bramó papá, levantándose de la cama y mirándola con autoridad. Mientras que yo me limpiaba las lágrimas, y me quedaba viendo otro de los dramas familiares con mi hermana menor—. Le vuelves a hablar así a tu hermana, y estarás castigada… ¡Nada de salidas con tus amigos! ¡Nada de Internet!
—¡¿Y qué me importa a mí?! ¡Si tú y Katherine hacen que mi vida sea miserable…! —estalló la pelinegra. Y se fue directo hacia su habitación, aventando la puerta de golpe. Mientras que mi padre se pasaba una mano por cara, y le perseguía el paso, golpeando su puerta para que le abriera, diciendo:
—¡Estás castigada de nuevo, Jade! ¡Y no volverás a verte con ese chico drogadicto llamado Patrick!
—¡Jodete, papá! —le respondió mi hermana, y supongo que le pasó pestillo a la puerta, porque papá se quedó un gran rato golpeando. Mientras que yo me levanté con más calma y cerré mi puerta.
Después volví a mi cama y me eché de espaldas en ella, pensando en lo que había sucedido ayer luego de que hubiera hecho un ridículo frente a todos en el gimnasio. El balón se estrelló contra mi cara terriblemente, pero lo que más me dolió, fue el golpe contra el suelo del gimnasio. Dios. Eso me dejó desorientada, tanto así… Que imaginé cosas cuando desperté en la enfermería un poco drogada por el golpe.
Porque por alguna extraña razón… Imaginé a Mary Louis cruzando las cortinas de mi camilla, y mostrándome una cara demoníaca. Ella quería asesinarme. Succionar mi jodida sangre. Estaba segura de eso. Era espeluznante. Y me dejó aun más confundida cuando ese chico de pelo castaño apareció y la obligó a dejarme en paz; sin embargo, al despertar de nuevo vi que todo estaba en orden como si nada pasara. No había nada fuera de lo normal, quizás por el estrés de ayer me imaginé cosas. Creo que le tengo miedo a esa chica... Es aterradora.
Colton estaba en la enfermería con Jade cuando desperté, ellos me preguntaron cómo estaba durante un largo rato, o al menos eso había hecho papá. Porque luego de que Jade se asegurase de que estaba bien, salió con esa mirada de pocos amigos y creo que se perdió con su grupo de Emos.
Mientras que la Enfermera me hizo varios chequeos con papá acompañándome, y me dieron un pase libre para que regresara a casa temprano. En los pasillos pude ver risillas burlescas en los rostros de mis compañeros, pero no pude evitar cruzar miradas con esos tres nuevos; quienes justo me estaban mirando cuando Colton me rodeó con su chaqueta, y me sacó como a una bebé del instituto. Mientras que los nuevos estaban recostados contra la pared, analizándome de pies a cabeza.
Un sensación extraña se apoderó de mi ser al ver a Mary Louis, pero por alguna razón me sentí más calmada al cruzar miradas con ese chico de pelo castaño. Él no estaba rígido como antes, mantenía una mirada serena. Y por extraño que sonara, parecía incluso preocupado de cómo estaba yo.
Pero me obligué a no pensar en él y descansar al llegar a casa, luego de que mi padre me picase un pastel. Ni siquiera lo comí, pues sólo subí al soplar las velas, y me acosté porque estaba cansada. Pero desde ese momento, no había dejado de levantarme a cada rato, espantada por alguna pesadilla. Esos ojos rojos… Esos colmillos.
—Como si fueran demonios… —dejé escapar de mis labios. Mirando hacia mi escritorio, que estaba en una esquina a un lado de mi librero, y el cual tenía encima mi computador y un aparato de Internet.
Por un segundo pensé en investigar un poco en Internet sobre lo que estaba pasando por mi cabeza, pero la aparición de Colton de nuevo me arrastró a la realidad. Porque papá había entrado, asomándose tímidamente por la puerta y preguntándome:
—Bebé, ¿recuerdas a ese chiquillo con el que solías jugar en el bosque, mientras que su padre y yo pescábamos?
Durante un instante me quedé asimilando sus palabras. Hasta que de una manera vaga recordé el rostro del amigo de papá…, y de su pequeño hijo. Había pasado mucho tiempo desde que se fueron de Gravity Olson. Pero los recordaba. Recordaba a ese niño. Él había sido mi mejor amigo durante una temporada, y recuerdo jugar por el prado con él.
—¿Hablas de Gerard y de su hijo...?
—Bueno, verás que… —ronroneó, rascándose la barbilla. Y aunque, mi padre y yo no hablábamos mucho sobre cosas personales. Lo conocía perfectamente, y por eso solté sin poderlo creer:
—Han regresado, y quieres verlos…
—Sí. —asintió Colton entrando con cautela. Mientras que yo trataba de asimilar sus palabras, y el rostro de un pequeño crío rubio pasaba por mi cabeza—. Gerard se dio cuenta que no hay mejor lugar como el hogar. Por eso regresó con Hunter, así que iremos a pescar con ellos como lo hacíamos en los viejos tiempos.
—¿De verdad regresaron…? —murmuré sin notarlo, y él afirmó conmovido.
—Prepara tus cosas para ir al lago Sherman. —me pidió saliendo de mi habitación, diciendo antes de cerrar la puerta—: Yo trataré de tumbar la puerta de tu hermana para llevarla así sea por la fuerza.
En ese momento me quedé sentada sobre la cama durante un rato. Y después me levanté para rebuscar algo dentro de una caja que no había sacado desde hacia siglos. Pero quería hacerlo.
Por eso saqué una caja polvorienta, abriéndola en el proceso y observando como estaban varias de mis muñecas. Cosas de infancia que antes apreciaba, y una fotografía que lucía débil por el pasar de las años; misma que acabé tomando para mirar al pequeño de hoyuelos que estaba plasmado en la foto. Ese pequeño de cabello rubio, que estaba tomándome de la mano.
Recuerdos llegaron a mi mente, y sin darme cuenta un rubor apareció en mis mejillas. Después miré de nuevo hacia el interior de la caja, y me encontré con la carta de amor que «Hunter Fleming» me había hecho a los diez años.
***
El coche deportivo de Colton se encontraba aparcado al principio del bosque, cerca del lago Sherman, donde solíamos ir de pesca en verano; cosa que odiaba hacer ya que me provocaban náuseas, pero que soportaba, gracias a la compañía de ese pequeño niño con el que solía jugar a las luchas sobre la grama alta del bosque. No sabía porqué, pero me había sentido un poco extraña al escuchar que estaba de regreso, ya que había pasado unos buenos momentos con él.
Me pregunté qué tanto había cambiado, y algo dentro de mí quería que volviéramos a ser amigos.
Sí, sólo… Amigos.
«¿Y por qué estabas nerviosa de venir, Katherine?», escuché una voz en mi cabeza debido a que estuve una hora mirándome en el espejo, porque quería lucir bien. Habían pasado tantos años, que quería lucir bien para un jodido crío con el que no trataba desde hacia siglos.
Era estúpido.
Pero estaba nerviosa.
A diferencia de mi rebelde hermana Emo, que estaba apoyada contra un tronco, haciendo mala cara y golpeando su pie contra el suelo de manera impaciente. Lucía como si explotaría en cualquier momento, porque Colton la había castigado. Y porque había sido básicamente, obligada a venir, ya que estábamos seguros de que si la dejábamos sola se escaparía a ver su jodido Patrick.
Por eso mientras que papá estaba desempacando varias cosas del maletero sobre la pesca. Yo dejé de mirar el verde pasto del bosque, y el musgo que había en los árboles; que le daban un ambiente verdoso, y me acerqué hacia mi hermana rebelde, guardando mis manos dentro de mi chaqueta marrón ya que había mucho frío.
—Por favor, no vayas a ser grosera con los Fleming. —le pedí lo más suave que pude, y ella frunció el entrecejo, y escupió:
—¿Y tú quién te crees para decirme qué hacer?
—No lo sé… Tu hermana mayor quizás. —señalé encogiéndome de hombros, mientras que la pelinegra rodaba los ojos.
—Apestas como hermana mayor.
—Siempre he tratado de protegerte. —le interrumpí, acercando una mano hacia su delgado brazo para acariciarlo—. Mira sólo quiero hacer la paz.
—Sólo quieres que no arruine tu día con tu noviecito. —Jade respondió con arrogancia. Y me sentí avergonzada.
—Él era sólo un buen amigo del pasado. —contraataqué intentando sonar firme, pero ella se mostró más dura al interrumpirme:
—¿O sea que tú puedes tener novio, y yo no? Puta mierda… —rió sin muchas ganas—. De seguro estás esperando que él venga dándote tus besos, porque ustedes eran jodidos novios a los diez, Katherine... ¡Mientras que tú y papá me prohíben tener mi relación a los quince! —chilló en un estallido. Entonces me empujó con ambas manos, y comenzó a caminar hacia adentro del bosque, pisando fuerte las ramitas con sus botas de pesca.
—¡Jade, vuelve aquí! ¡No es lo que piensas…! —le llamé con el rostro enrojecido, impotente de que siempre tuviera el mismo comportamiento. Pero ella no me escuchó y se alejó de nosotros.
Mientras que papá seguía con esa feliz sonrisa, pensando que las cosas saldrían bien porque sus hijas no harían una escena… ¡Pero Jade estaba dispuesta a hacer una! ¡Joder, ¿qué le pasaba ahora con los Fleming?! ¡Y yo no sentía nada por un crío de hace años! Pensé con el calor del momento, volviendo a la realidad cuando sentí que mi móvil estaba vibrando en mis pantalones, y cuando vi de quién se trataba estuve a punto de chillar de alegría, porque se trataba de mi mejor amiga, Olivia.
Mis manos temblaron un poco, pero no sabía en qué tono responder, porque no habíamos hablado desde que se fue a su casa por problemas familiares. Tampoco había pensado en cómo me disculparía luego de lo que pasó; sin embargo, no dudé en contestar, soltando apresuradamente:
—Olivia, perdoname por haber sido una completa idiota. No sabes lo mal que lo he pasado sin ti, por favor te necesito…
—Te perdono. —ella acabó respondiendo del otro lado de la linea, interrumpiéndome de golpe—. Pero no estoy de acuerdo en que me ocultes cosas, al menos sino vendrás a fiestas conmigo lo mejor que puedes hacer es no ocultarme nada.
—¡Y te contaré todo lo que quieras…! —chillé sin pensar, y me imaginé a la pelirroja haciendo mala cara porque gritó enseguida:
—¡A veces me ocultas cosas, Kath!
—¡Ya no lo haré! —grité también. Y creo que mi padre me vio como si estuviera loca, pero estaba volviendo a hablar con Olivia, así que ella me hacía enloquecer de vez en cuando.
—Bueno al diablo con todo eso ahora, ¿cómo diablos estás? Me enteré del accidente que tuviste en gimnasia.
—Fue un total desastre… Pero al menos sigo con vida, aunque dudo que mi reputación en el instituto lo esté.
—Mierda… Lamento no haber estado ahí. —se disculpó, y hubo un silencio del otro lado de la linea, antes de que ella soltara de golpe—: Pero mi abuela falleció ayer por la mañana, Kath.
Me quedé en silencio por un segundo, estaba sorprendida.
—Lo siento tanto… Sé que eran muy cercanas.
—Sí, pero ya estaba vieja. —aceptó sin mucha melancolía, pero había algo extraño en su voz.
—¿Qué sucede…? Suenas extraña. —le pregunté, dándome la vuelta y pegando mi espalda contra un tronco.
—¿Si te digo algo te burlarás de mí?
—¿Te enamoraste de un chico?
—Creo que soy psíquica. —respondió abruptamente, y yo solté una sonora carcajada que resonó en todo el bosque.
—Y yo soy la novia de Kim Taehyung. —bromeé, observando un bichito que se arrastraba sobre una hoja.
—Hablo en serio..., o eso creo. —dijo, y hubo una pausa del otro lado de la linea—. Lo sé, suena ridículo. Pero creo que yo predije cuando la profesora de Ingles se acostó con el de Física. O, predije que tendría tres novios el año pasado…. ¡O predije que seguro tu hermana saldría con Patrick!
—Son pésimas predicciones, hasta un bebé lo hubiera hecho.
—¡Oh vamos, Kath! ¡Lo predije!
Rodé los ojos, riéndome.
—Bueno, ¿y por qué piensas que eres psíquica?
—Mi abuela antes de tener ese paro en el corazón, hizo una carta para mí, Donde me confesaba todo sobre nuestro linaje… Somos descendientes de las brujas.
—Okay, Sabrina Spellman. —respondí sin mucha importancia, pisando esta vez al bichito antes de perderlo de vista—. Bueno, te veo luego. Porque ahora estoy—
—En el bosque, cerca del lago Sherman. —Olivia me interrumpió, y yo casi abrí extremadamente los ojos.
—Eso fue creepy. —admití, con la piel de gallina.
Olivia se echó a reír, y luego me aclaró:
—No te creas, tonta. Recuerda que tengo tu ubicación en mi móvil desde que descargamos esa app para saber dónde estábamos, porque yo me escapaba de casa con chicos Universitarios.
—El año pasado estuviste demasiado loca, ¿okay?… Bueno, te dejaré. —le hablé cuando de pronto vi como se acercaba un coche deportivo, y que se estaba aparcando a un lado del nuestro—. El mejor amigo de papá está de regreso con su hijo, e iremos a pescar con ellos, así que creo que es mejor no usar móviles.
—¡Oh por Dios! ¡¿Tu pequeño novio Hunter está de regreso?! ¡Hoy es noche de sexo salvaje para Katherine Castillo!
—¡Eramos sólo unos niños! ¡No somos novios…! —chillé con el móvil pegado a la oreja, sonrojandome.
—Predigo que te casarás con Hunter Fleming, y predigo también que… —bromeó entre risas tontas, pero de repente se quedó en un sepulcral silencio abruptamente.
—¿Olivia?
Entonces sólo pude escuchar el sonido de la interferencia, como si la llamada estuviera fallando. Después se escuchó una respiración pesada que me provocó inquietud, al escuchar como de un momento a otro su voz se escuchó ida de sí misma:
—Cadáveres… Cadáveres en el bosque.
Me quedé helada contra el tronco al escuchar aquello, y estuve a punto de decirle enfadada que dejara de bromear con eso. Pero de pronto, Olivia regresó a hablar con normalidad, chillando:
—Mi nariz… ¡Mi nariz está sangrando…! —le escuché decirme al cabo de un rato, y pareció que estaba corriendo al baño. Y luego colgó.
El corazón se me aceleró extrañamente, y no pude evitar pensar en las pesadillas que había tenido, con una sensación extraña en el pecho; sin embargo, me obligué a volver a la realidad cuando sentí como tres personas se acercaban hacia mí. Provocando que levantara la cabeza al escuchar a mi padre, encontrándome con la mirada de unos ojos grises que me observaron detalladamente. Eran los mismos ojos que me miraban con cariño en nuestra niñez, y al darme cuenta de quién se trataba me quedé lívida.
Ese chico no parecía ser el niño enano con el que jugaba en el bosque. No parecía ser ese mismo escuálido niño… Porque ese chico era esbelto, con piernas largas. Tenía un cuerpo fornido como el de un jugador de futbol americano, pero sin músculos exagerados. Y su color pálido de piel se había vuelto oscuro, como bronceado, debido al exterior.
Me sentí atrapada en su mirada. Pero al darme cuenta de que no estaba haciendo nada más que mirarlo, aparté la mirada luego de un vergonzoso parpadeo. Y me volví hacia mi padre sintiéndome estúpida, porque él estaba haciéndome señas discretas para que hablara, porque me había quedado embelesada mirando al nuevo Hunter; quien tenía un atuendo pesquero como su padre.
—Hola… —hablé con un tono tímido, levantando la mano a duras penas para saludar.
—Guau. Después de tanto tiempo… ¡Dame un abrazo, linda! —exclamó Gerard, y me estrechó contra su cuerpo. Mientras que podía sentir los grises ojos de Hunter, examinándome como un objeto—. Cómo has cambiado, mírate eres hermosa. ¿Cuántos chicos han caído ante tus encantos? —bromeó, y sólo quise que la tierra me tragara en ese momento.
—Ella estaba esperando a Hunter. —continuó entre risitas mi padre. Y entonces me volví hacia otro lado con las mejillas ruborizadas.
Estaba tan avergonzada que no sabía qué hacer en ese instante, así que sólo me aparté incómodamente de mi padre y Gerard. Dándome cuenta de que había una ligera sonrisa en los labios carnosos de Hunter, quien me estaba mirando de la misma forma que antes, provocando que me diera la vuelta hacia el interior del bosque, sugiriéndole a mi padre para ocultar el rubor en mi rostro:
—Iré a buscar a Jade... —señalé. Y caminé rápidamente hacia el prado abierto de árboles, sintiéndome intimidada por ese chico esbelto.
Colton asintió encantado, quedándose en la entrada del bosque charlando con su viejo amigo, al mismo tiempo que volvían hacia los coches para tomar las cosas de pesca. Mientras que yo guardaba mis manos dentro de mi chaqueta. Y caminaba a paso apresurado entre el laberinto de árboles, gritando fuertemente:
—¡Jade, ven aquí!
Mi voz hizo eco entre los árboles, sin respuesta alguna. Pero no dejé de moverme entre los pinos, mirando hacia mi alrededor para tratar de encontrar alguna pista de la pelinegra; quien había desaparecido. Por eso pensé que seguro estaba en el muelle del lago Sherman, así que marché sobre mis botas en esa dirección; sin embargo, como estuve adentrándome al bosque tan descuidadamente. Mirando hacia el frente sin parar de caminar. No me di cuenta de que había llegado hasta una pendiente inclinada, y entonces me resbalé ahogando un grito al caer al vacío. O, al menos eso pensé que pasaría, porque de pronto sentí como un brazo se envolvía alrededor de mi cintura, y como alguien me estrechaba contra él instantáneamente. Ese brusco movimiento casi me sacó todo el aire. Pero apenas pude reaccionar cuando ese chico me sujetó fuerte, y me estrechó contra el tronco que estaba más cercano, presionándose contra mí para no dejarme caer.
Y todo a una velocidad sorprendente.
Estaba inmovilizada contra el tronco. Tratando de controlar mi respiración agitada, que no mejoró cuando levanté la mirada y me encontré con esos enigmáticos ojos grises que me inspeccionaban más de cerca con curiosidad. Dándome cuenta en ese momento, que Hunter estaba acorralándome contra el árbol. Tenía cada brazo a un costado de mi cabeza, aprisionandome de esa forma.
Me sentí indefensa.
—No puedo creer… Que después de tantos años, sigas siendo la misma torpe de siempre. —ronroneó el rubio, cerca de mis labios.
—Todavía… Todavía puedo patearte el trasero. —le recordé en medio del momento, desviando la mirada de sus ojos.
—No lo creo. Te has vuelto débil, así que agradece que tu padre me haya enviado a protegerte. —bromeó, haciendo que unos hoyuelos se marcaran en sus mejillas bronceadas.
Por mi lado, no respondí nada en ese instante porque estaba inmóvil contra el árbol, sintiendo como nuestras respiraciones se mezclaban, y no dejábamos de mirarnos el uno al otro. Mientras que nuestras miradas se encontraban detalladamente después de tanto tiempo. Después de todas esas veces en las que correteábamos en el bosque, y en las que fuimos de pesca con nuestros padres.
Después de que él me diera mi primer beso a los diez.
—¿Por qué te fuiste del pueblo, Hunter…? Tu padre nunca se lo dijo al mío… —dejé escapar de mis labios, colocando mis manos sobre su pecho.
Él se me quedó mirando fijamente de una manera que me recordó a cuando eramos pequeños, pareciéndome extraño puesto que vi tristeza en su mirada; sin embargo, de pronto escuchamos unos gritos, provocando que nos separásemos de golpe, y que yo saliera corriendo hacia esa dirección al reconocer que se trataba de Jade.
Hunter me siguió el paso de manera lenta, pero yo no dejé de correr de prisa entre los árboles hacia la dirección de mi hermana. Donde me encontré con ella al cruzar por unos árboles, y bajar una pequeña pendiente rodeada de arbustos. La pelinegra estaba de espaldas frente al inicio del lago, paralizada de horror frente a una escalofriante escena que me dejó desconcertada al verla. Porque en las orillas de lago habían montones de cadáveres de animales. Entre ellos ardillas, alces y leones de montaña.
Pero lo que me dejó muda fue cuando vi las marcas de dos colmillos alrededor de todos esos cuerpos. Y entonces, recordé la predicción de Olivia: «Cadáveres en el bosque...»
