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Capítulo 05: Algo extraño.

Katherine.

Viernes, 02 de Octubre del 2015.

Tres días. Habían pasado tres días desde lo ocurrido en el baño, y desde entonces no había evitado cruzar miradas constantemente con Sebastian, quien había vuelto a mirarme como si me detestara. Me sentía una estúpida espiándolo a la distancia en el instituto, tratando de indagar el porqué de su repelente comportamiento conmigo; sin embargo, me había levantado ese día con las ganas de enfrentarlo. Por primera vez, lo haría y le preguntaría qué problemas tenía conmigo.

Por eso me miré como por media hora frente al espejo de cuerpo completo de mi dormitorio, tratando de no tener una desagradable apariencia el día de hoy. No sabía por qué, o quizás sí. Pero últimamente había estado cuidando más mi imagen, si antes lo hacía, ahora era una especie de necesidad. No podía aparecer en el colegio como una vagabunda, o una chica rara del Club de Teatro.

Era una Don nadie. Pero quería ser la Don nadie más atractiva.

Me había puesto un suéter blanco cuello de tortuga, que se ajustaba a mi figura femenina, haciendo que mis pechos resaltaran. Lucía atractiva, pero enseguida decidí ponerme una chaqueta encima, con unos vaqueros negros, y mis botas para la lluvia. Porque había estado lloviendo durante toda la semana, y el clima estaba del asco.

Tenía las cortinas abiertas de mi habitación para que la luz natural entrase, mientras que yo posaba frente al espejo. Acomodaba mi cabello constantemente, hacía expresiones que podrían ser atractivas, y me abría un poco la chaqueta para que se mostrara mi suéter de lana. Pero lo volvía a cubrir con la chaqueta porque no quería que nadie se fijara en mis pechos… Desgraciadamente, eran grandes.

Me avergonzaban.

Sin embargo, me sentí realmente avergonzada cuando de pronto tuve la corazonada de tener un par de ojos sobre mi cuerpo, inspeccionándome con atención. Al principio, me sentí incómoda, luego pensé que estaba loca. Pero decidí cerrar las cortinas de mi ventana. Siendo ese momento, donde me encontré en la ventana de la casa vecina, con el familiar rostro de ese chico, Hunter. Como habían regresado al pueblo, volvieron a instalarse en su propiedad, y su jodida habitación quedaba frente a la mía, así que estuve a punto de chillar al verlo mirándome con esa expresión embobada.

Él sonrió torpemente con inocencia. Luego levantó la mano para saludarme desde la distancia, pero yo cerré enseguida las cortinas. Quizás, había sido un poco grosera. Pero él parecía haberse recién levantado, porque tenía el cabello despeinado, y le había visto con el torso desnudo frente a la ventana. Mierda.

Era jodidamente atractivo.

Y por eso me quedé con la espalda pegada contra la ventana. Pensando en lo que había visto, mientras que sentía como el corazón se me aceleraba como una jodida adolescente hormonal. Demonios. Ese idiota era realmente atractivo. Las imágenes de su cuerpo se reprodujeron en mi cabeza, haciéndome recordar sus anchos hombros, su lampiño pecho masculino que no era para nada plano. Tenía buenos pectorales. Esos abdominales que se marcaban más abajo, y unos músculos que habían en sus brazos bronceados.

—Deja de pensar en eso… —me ordené a mí misma, echándome sobre el colchón con el rostro enrojecido, abrazando mi almohada con la cara de Tae.

Estaba segura de que mis sentimientos eran hormonales, pero realmente me sentía como una estúpida con él. Quizás, Hunter me odiaba en el fondo de su ser, porque desde que nos vimos el lunes en el instituto, no había echo más que evitarlo a toda costa: perdiéndome en los pasillos con Olivia y Leila.

No quería que Hunter me siguiera como un perro protector. Además, mi padre me incomodaba cada que me decía que fuera a visitarlo, porque él quería dar una vuelta conmigo por el vecindario.

—¿Podemos hablar…? —de prono escuché una tímida voz, mientras que apartaba la almohada de Tae de mi rostro y veía como Jade entraba con la cabeza agachada, para sentarse a mi lado.

Desde lo ocurrido ella no había hecho más que disculparse una y otra vez. Me pidió entre lágrimas que no le contara nada a Colton, y yo le dije que lo haría si ella terminaba su relación con Patrick. Y eso ocurrió ayer.

—Realmente… Realmente lamento lo que él te hizo. —repitió de nuevo, lo había hecho tantas veces que había perdido la cuenta.

—Vamos, ya quedó atrás. —le respondí, acercándome a ella para colar un brazo por su hombro—. Pero ya sabes que no puedes volver con él… No te conviene.

—Me había enamorado. —confesó encogiéndose de hombros—. Pero seguro, él no era bueno para mí… A veces, me decía que fuéramos a su casa para tener sexo, y como le respondía que no estaba lista, se acostaba con otras chicas. Luego se excusaba diciendo que era mi culpa.

—Es un verdadero idiota. —solté sorprendida por eso, y abrazando a mi hermana cuando me dí cuenta de la tristeza en su rostro—. Tú tienes mucho potencial, Jade.

—No soy más que un problema para la familia.

—Eres una de las mejores cosas que me han pasado. —le interrumpí yo, mientras que ella se acurrucaba conmigo—. Estoy segura de que mi vida sin ti hubiera sido más aburrida, lamento comportarme como una madre estricta.

—Y yo lamento ser un desastre… —acabó diciendo, mientras que por primera vez nos disculpabas la una a la otra.

***

Las nubes estaban abarrotadas de agua, mientras que caía una fría tormenta sobre el pueblo, y el pavimento estaba un poco más congelado que otras veces. Por otro lado, las personas en el instituto estaban disfrutando de eso, correteando por los alrededores con sus amigos. Otros, se sacudían dentro de los pasillos, así que el suelo estaba un poco sucio durante ese día. De eso me percaté durante el primer segundo en el que crucé por las puertas metálicas del instituto con mi hermana. Luego las dos tomamos rumbos diferentes, mientras que yo me fui a mi casillero para guardar unas cosas. Mi hermana se perdió entre el gentío de estudiantes enchaquetados.

No me encontré con mis amigas cerca, así que pensé en buscarlas una vez acabara de guardar los libros que habían en mi mochila. Mientras que de vez en cuando miraba los rostros de cada una de las personas que caminaban entre los pasillos, con las esperanzas de encontrarme con Sebastian. Pero a la vez, con la incertidumbre de saber si tendría el valor para enfrentarlo finalmente.

Sin embargo, una vez que guardé mis cosas y cerré mi casillero, una escena que se dio en el fondo de los casilleros llamó mi atención. Porque Patrick estaba en esa esquina, besándose con una chica. Guau. Casi se la follaba frente a todos, mientras que Jade los estaba mirando del otro lado del pasillo con una expresión estupefacta, luego sus ojos se humedecieron y salió corriendo en medio del gentío.

Maldije entre dientes a ese imbécil vagabundo. Y entonces le pisé el paso a mi hermana una vez cerré la tapa de mi casillero, persiguiéndola lo más rápido que podía, chocando accidentalmente con algunas personas de la marea de estudiantes, viendo como Jade entraba al baño. Por eso acabé entrando al poco tiempo, escuchando al entrar como resonaban unos sollozos. Notando que la pelinegra se había encerrado en uno de los cubículos, y que no hacía más que llorar.

Entonces me acerqué con un semblante maternal, y con suavidad toqué dos veces la puerta de su cubículo. Mordiéndome el labio, y viendo como después ella dejaba de llorar y se quedaba en silencio al escucharme decir:

—Jade, soy yo. Ábreme.

—Sólo quiero estar sola ahora, Katherine. —murmuró con tristeza del otro lado de la puerta, mientras que yo veía a varias chicas salir del baño.

—No quiero que estés así, te he dicho que Patrick no es más que un cabrón. —le recordé en consuelo, con una mano sobre la puerta—. Eres mucho para él.

—O tal vez fui poco. —sollozó—. Joder, mira a esa chica con la que se besaba. Es mucho más atractiva que yo, con cuerpo de chica surfista. Mientras que yo no tengo forma y soy una maldita rara.

—No digas esas cosas sobre ti misma. —le hablé con suavidad—. No pienso que seas nada de eso, Jade. Eres hermosa, así que no lo dudes.

—No estoy segura de eso… —musitó, y escuché como sorbía los mocos de su nariz—, y me siento ahora como una imbécil. Me he portado como una perra durante mucho tiempo contigo, y tú estás aquí viendo por mí.

—Porque eso hacen los hermanos mayores. —le respondí dulcemente—. Y yo no pienso dejarte sola, Jade.

Ella se quedó en silencio durante un segundo. Luego escuché como abría la puerta y me mostraba sus lágrimas, para acabar abrazándome, dejando que la consolara, y le acariciara el cabello. Nos quedamos de esa manera, sin decir mucho entre nosotras, sólo disfrutando de nuestra compañía. Hasta que ella dejó de llorar, y me pidió que la dejara sola porque estaría bien. Pero esta vez le creí, porque había una ligera sonrisa en sus labios. Ademas, entendí que necesitaba tiempo para pensar en todo.

Por eso la dejé lavándose la cara en los lavados, y después salí para darle su espacio. Haciéndolo de una forma tan despistada, que no me fijé de que alguien estaba pasando demasiado cerca de la puerta, provocando que chocara contra esa persona, vergonzosamente.

Entonces ahogué un chillido de sorpresa, y entre confundida y apenada por mi jodida torpeza. Levanté la mirada, así encontrándome repentinamente con esos dos orbes azules que tanto esperaba ver el día de hoy. Esos endemoniados ojos.

¿Por qué tenía que encontrarme con él de ésta manera?

Nos miramos detalladamente a la cara durante lo que pensé, fue una eternidad. Pero luego él rompió el silencio.

—Qué despistada eres. ¿No ves por dónde caminas? —gruñó sin mucha emoción en su rostro, mientras que volvía a clavarme sus ojos como si fueran dagas.

—Lo… Lo siento. —murmuré a duras penas, sonrojandome. Después agaché la mirada porque sus ojos eran demasiado para mí.

—Bueno, a la próxima asegurate de mirar al frente. —su voz tan ronca resonó por mi cabeza, intimidandome más.

El corazón lo tenía demasiado acelerado, pero por alguna razón no quería quitarme del medio. Podía sentir la necesidad de querer encarlo ahora, no podía continuar con éstos sentimientos en mi interior.

No podía seguir haciéndome silenciosas miradas con él.

—¿Qué no piensas moverte de mi camino? —preguntó con un tono fuerte.

—Yo… Estén… —balbuceé torpemente, pero algo dentro de mí se llenó de valor cuando cerré los parpados, y solté de golpe—: ¡¿Cuál es tu jodido problema conmigo…?!

Él no respondió por lo que pensé fue un largo y tortuoso segundo. Pero cuando abrí los parpados, observé como había dado un paso hacia mí, acercando su rostro hacia el mío para darme una mirada intimidante. Tenía esa misma oscuridad en sus ojos, y no parecía verme con empatía.

—Te detesto. Eso es lo que pasa. —me habló cerca de mis labios, haciéndome sentir el olor a menta de su boca.

Sin embargo, en ese momento sentí como si me hubieran dado un golpe en el estómago. Uno demasiado doloroso, porque me quedé lívida frente suyo. Pero luego los ojos se me llenaron de lágrimas sin notarlo, hasta que una solitaria lágrima cayó por mi mejilla, seguido de otras más, y pronto, me encontré llorando frente al él en silencio. ¿Por qué me pasaba ésto? ¿Por qué le demostraba que era vulnerable ante él?

Él me hace miradas extrañas. Luego me salva de un imbécil, y después sigue ignorándome como si nada, pero observándome cuando puede hacerlo, y portándose como un cretino todo el tiempo. Me trataba tan mal, y ahora sabía que me odiaba… ¡Y yo no podía sacarlo de mi estúpida cabeza!

No era justo. No era para nada justo.

Intenté hablar, pero la voz no me salió. Y como no quería que él siguiera viendo mis lágrimas, salí corriendo entre la marea de estudiantes. Corrí sin pensar entre los pasillos, mientras que los demás me miraban y murmuraban cosas sobre lo que había pasado. ¿Por qué? ¿Por qué me pasaba ésto?

Me eché a correr entre lágrimas, chocando con varias personas que estaban en medio. No me importó nada más en ese momento, pues sólo quería estar sola, entendiendo entonces, cómo se sentía Jade. Por eso corrí hacia la parte trasera del edificio, volviendo a ponerme mi capucha ya que había salido hacia el enorme campus. Donde marché sobre mis botas de agua bajo la lluvia, hasta las solitarias gradas, pasando mi delgado cuerpo por los espacios para ocultarme debajo de ellas.

No lo había pensado dos veces antes de ocultarme ahí, ya que era el lugar más solitario que conocía. Sabía que si seguía en este lugar perdería la primera hora de clase, pero sólo quise sentarme sobre el césped húmedo, y abrazar mis piernas para llorar en silencio con la cabeza metida entre ellas. Pensando una y otra vez en el rostro de Sebastian. No podía sacarlo de mi cabeza, aunque más tratara de hacerlo. Me atraía demasiado, no sabía porqué, y dolía saber que él me odiara.

«Olvídalo. No pasará nada entre ustedes…», escuché una voz en lo más recóndito de mi cabeza que me repetía que debía pensar con claridad. No podía seguir creyendo que alguien como él se fijaría en mí, o que tendríamos una bonita historia de amor. Él parecía ser el líder de algún equipo deportivo, mientras que yo lucía como una rechazada social que se ocultaba debajo de las gradas para llorar. Mierda.

Lloré desconsoladamente con la cara metida entre mis rodillas, hasta que me sentí más calmada y que pude respirar con normalidad. Sintiendo como la fría brisa del congelado día me pegaba directamente en el cuerpo, pero me quedé echa una bolita, haciéndome una con el silencio de la lluvia; sin embargo, el repentino sonido de un silbato me obligó a volver a la realidad.

Entonces aparté la cara de entre las piernas, y miré hacia el frente con cautela. Encontrándome en un primer plano con esos intensos ojos azules, quienes estaban caminando debajo de la lluvia con un casco, mientras que se mezclaba con sus compañeros de lacrosse; quienes aparentemente tendrían entrenamiento el día de hoy. Cosa que me tomó por sorpresa en mi soledad al ver a ese montón de chicos atléticos con sus trajes. Observando, estando escondida entre las gradas a Sebastian, que pronto miró hacia el entrenador.

Me pregunté cuándo él se había unido al equipo, ya que la mayoría del tiempo estábamos en el mismo lugar, y pensaba que esa clase de deporte no parecía ser su fuerte, pues él era el más bajo de todos los muchachos. Lucía un poco gracioso dentro de ese traje rojo, pero podían verse los músculos de sus brazos y piernas; sin embargo, me quedé mirando con la esperanza de que hiciera el ridículo.

—¡Muy bien, chicos, reúnanse! —habló el entrenador estrictamente, para luego usar el silbato y controlar de esa manera al grupo de muchachos, quienes lo rodearon debajo la lluvia.

Y aunque por lo general no era cruel con nadie. Deseaba dentro de mí que él hiciera el ridículo y los demás lo aplastaran.

—¡Muy bien caballeros, hoy entrenaremos duro ya que la otra semana tenemos un partido importante con otra escuela, y perder no es opción! ¡Así que todos empiecen a mover el culo! —gritó en medio de la tormenta, mientras que miraba como todos sus jugadores comenzaron a hacer sus flexiones diarias, al mismo tiempo que se estiraban—. Nuevo, venga para acá. —llamó al castaño, y éste se acercó para hablar con él.

Hablaron de yo no se qué, ya que no podía escuchar debido al sonido de la lluvia. Pero luego entendí porque de pronto, noté que comenzaron a ponerse en posición, ya que iban a iniciar con la practica.

—Muy bien. Cuando suene el silbato quiero ver qué tienes para pertenecer al equipo, ¡si tienes verdaderas habilidades, Phantomhive! —señaló entre gritos el entrenador. Y después de que el resto de los chicos tomaran sus posiciones, sonó el silbato.

El entrenamiento había comenzado, y ambos equipos fueron a chocar contra el equipo contrario. Los muchachos se estrellaban contra sus rivales como todo un futbol americano. Hasta que un chico del equipo contrario a Sebastian, tomó la pelota con su palo de lacrosse y rápidamente evadió a sus depredadores. Logrando insertar la pelota dentro de la malla del equipo contrario. El grupo que había hecho el primer punto celebraba, mientras que el otro sólo hacía una estrategia para su próxima jugada.

Miré hacia ese castaño dándome cuenta de que estaba un poco aislado del resto de su equipo, al parecer no se adaptaba a todo eso. Mientras que su equipo hacía una estrategia para poder jugar mejor, él sólo miraba hacia el cielo cubierto de nubarrones oscuros, al mismo tiempo que las gotas de lluvia caían sobre su pálida piel de porcelana. Parecía estar perdido en sus pensamientos, y me provocó curiosidad saber en qué.

—Vaya que el nuevo es una mierda jugando, y yo que pensaba que daría mejor impresión… ¡Pero sólo es una nena! —se burló entre risas un chico del grupo contrario, dándome cuenta que quería causar una pelea.

—Si, qué nena, más mierda imposible. Creo que hasta mi abuela jugaría mejor que ese enano. —otro chico agregó del mismo grupo, mientras que el resto se reían y burlaban con disimulo.

—Basta, chicos. No sigan burlándose de la gran nena que es el Sr. Phantomhive. —continuó en entrenador con una sonrisa burlesca, y yo me pregunté qué clase de bromas eran esas, viendo como ese castaño no se defendía.

Por alguna razón quise que los encarase severamente como antes, y los pusiera a todos en su lugar, una parte de mí quería eso. Él era una real mierda conmigo, y sabía que me odiaba. Pero no podía odiarlo, ni ser mala con él. Por eso quise que ellos dejaran de burlarse de Sebastian, quien miraba hacia el césped con una mirada perdida. Pero pronto, las bromas pararon porque era momento de la siguiente ronda. Volvieron a posicionarse en sus lugares, y cuando el partido estaba a punto de comenzar el mismo chico que se comenzó a burlar de Sebastian me miró por un segundo, detenidamente.

—Miren a esa niña bajo las gradas. —de pronto me señaló sin pudor, y algunos de sus compañeros me miraron—. La semana pasada se desmayó por un simple pelotazo en la cara… ¡¿Pueden creerlo?! —se burló como si yo no estuviera presente, y todos comenzaron a reírse de mí ahora.

Me quedé muda bajo las gradas. Luego me sentí demasiado incómoda y que sólo quería irme. Estaba avergonzada. Por eso me puse de pie, en un intento de largarme, tratando de que no vieran la humedad en mis ojos, porque me sentía humillada. Sin embargo, el entrenador hizo sonar el silbato al levantarme, y el partido comenzó en un instante, así que tuve que quedarme hasta que dejaran de moverse en el campus. Observando como todos chocaban contra todos de manera violenta. Era un juego rudo, al mismo tiempo que intentaban conseguir la pelota.

Y sabía que no lo había mencionado, pero el lacrosse era un juego rápido entre dos equipos de diez jugadores. Cada uno usaba un palo con una red en la parte superior para pasar y recibir una pelota de goma, con el objetivo de meter goles embocando la pelota en la red del equipo contrario. Esa era la versión más moderna de lacrosse, y la que se usaba en el instituto. Tenían trajes rojos con sus números correspondientes en la parte de atrás de su camiseta, y sus cascos eran del mismo color. Se jugaba con tres delanteros, tres medio campistas, tres defensores y un portero.

—¡Atrápala, Jayson! —gritó «Mike» (el chico que se había burlado de mí, y del castaño), seguido de pasarle la pelota a «Jayson», uno de sus compañeros de grupo.

—¡La tengo! —anunció al instante al tomar la pelota con su red entre los aires, seguido de echarse a correr rápidamente hacia la portería contraria para hacer otro punto.

Jayson evadía a todos los del equipo contrario rápidamente. Yo estaba impresionada. Evadió a los tres delanteros, a los tres medio campistas, y por último a los tres defensores, dejando así la portería vulnerable. Sin embargo, comencé a desear con fuerzas que Jayson no hiciera otro punto, mirando como estaba cada vez más cerca, corriendo bajo la tormenta. No quería que ganaran el entrenamiento, porque él y sus amigos no eran más que unos imbéciles que tenían el ego hasta las nubes. Pero entonces me dí cuenta que Sebastian estaba protegiendo la portería, colocándose en medio de Jayson y ella.

Me quedé atenta en ese momento, intrigada al ver como estaban a punto de enfrentarse, escuchando como Sebastian le decía:

—No harás ese punto. —su voz había salido con firmeza, mientras que se ponía en posición de ataque esperando a Jayson.

—¡Te haré pagar, maldito enano…! —replicó el contrario al escucharlo, corriendo de prisa hacia el castaño.

Y entonces todo pasó tan rápido que apenas logré asimilar cuando sus cuerpos choraron uno con el otro. Lo único que vi antes de que todo pasara en un parpadeo, fueron unos intensos ojos rojos que expresaban una rabia espeluznante. Dejándome paralizada sobre mi lugar, al darme cuenta durante ese segundo, que esos ojos eran los de Sebastian. Un escalofrío me recorrió el cuerpo al verle cambiar sus ojos.

Después miré estupefacta como el castaño mandaba a volar entre los aires a Jayson, con una fuerza sorprendente en sus brazos. Lo empujó con violencia contra el suelo. Quedé atónita. Jayson cayó al instante, y comenzó a gritar de dolor porque tal parecía que Sebastian le había dislocado el brazo.

Nada de eso pareció importarle a Sebastian porque él continuó luciéndose, y con todo lo que tenía corrió por el largo campus, cruzando agilmente por el equipo contrario, evadiendo a todos para terminar haciendo el primer punto para su equipo; quienes empezaron a celebrar el punto. Estaba boquiabierta.

Su grupo comenzó a celebrarlo, mientras que el de Jayson fue a socorrer a su compañero lastimado. Entonces, volví a fijarme detenidamente en los ojos del castaño, dándome cuenta que estaban normales como antes.

No había nada raro en ellos.

—Joder, nuevo. Te luciste. —le dio un cumplido uno de su grupo, golpeando amistosamente su hombro.

—Sí. Eres lo máximo, nuevo. Jugaste fenomenal. —los demás lo alagaban, y el castaño les dedicaba pequeñas sonrisas.

—¡Cállense! ¡Vengan acá, Jayson se dislocó el brazo! —replicó el entrador con el ceño fruncido, llamando así al grupo que celebraba su punto. Entonces los demás se acercaron al malherido, rondeandolo bajo la lluvia.

No sabía qué pensar, ya que no podía entender cómo él le había dislocado el hombro a Jayson. Y cuando todos se reunieron alrededor, el entrenador (que estaba ayudando a levantar a Jayson), comenzó a preguntar enfadado sobre «¿quién lo hizo?»

—¿Quién demonios fue? —volvió a repetir el entrenador como por cuarta vez, y todos como siempre se quedaron callados.

Guau. El castaño se había movido tan rápido, que ni el entrenador lo vio hacerlo.

—Fue el jodido nuevo, entrenador. —respondió Jayson finalmente, mientras que de pie sostenía su brazo dislocado frente a todos, mirando con rencor al ojiazul.

—Lo siento, entrenador, se me fue la mano. —Sebastian se disculpó con seriedad, mientras que todos lo miraban.

«Demonios. El entrenador ahora le gritará… Estoy segura.», pensé al ver su entrecejo fruncido.

—¡Genial, muchacho! ¡Así se juega, Phantomhive! ¡Ese es el espíritu de un verdadero hombre en lacrosse! Sigue así, y te convertirás en el nuevo líder del equipo. —de pronto habló el entrenador con una gran sonrisa, dándole palmadas en el hombro.

—Phantomhive… ¡Phantomhive! ¡Phantomhive! —los muchachos comenzaron a animar en una sola voz. Mientras que el malherido fruncía terriblemente el ceño en medio de sus celos, gruñendo:

—¡¿Qué les pasa?! ¡Yo soy el líder del equipo, y estoy herido!

Pero nadie le dio mucha importancia, pues estaban animando a Sebastian; sin embargo, yo no dejaba de pensar en lo que había visto hace rato. Estaba segura de que sus ojos se habían vuelto… Rojos. Y pronto noté que nadie más se había percatado de eso, porque todo estaba con normalidad.

No podía apartar la mirada de su figura entre sus compañeros, hasta que de pronto él me miró cuando pensé que debería irme ahora que podía. Pero su mirada me dejó paralizada sobre el césped húmedo, y nos volvimos a mirar como antes; sin embargo, esta vez era diferente a como lo hacía antes. Él me estaba mirando con suavidad.

Pero yo no dejaba de pensar en esos ojos rojos.

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