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Capítulo 8: Resiliencia

La visión de los vampiros era precisa y perfecta; sin embargo, los Kyburg añadían un punto más a esa perfección: ellos podían verlo todo en un campo amplio, y detallar a cada individuo.

Por eso, los miembros nativos del clan Kyburg fueron muy valorados en la guerra, y salvaron a infinidad de vástagos, incluidos muchos Veneto.

♦ ♦ ♦

En medio de una noche sin luna, y desde una azotea no muy alejada del edificio donde «su señor» se encontraba, Blaise lo observaba todo con atención.

Se sentía frustrado, y no era para menos. Estos últimos días en los que solo había servido como guardián de un vampiro con el que tenía un gran conflicto en todos los flancos posibles, le hicieron entender que esta era una situación bien armada en su contra.

Su padre… no sabía que era esta clase de ser.

Recorrió los alrededores con atención, y luego miró hacia el cielo.

—Esto es una auténtica mierda —bramó, y después bufó, burlándose de sí mismo por decir una palabra que hacía nada había criticado.

Era un vampiro viejo, pero no tanto… no tanto como él al menos. Sacudió su cabeza y gruñó, para volver a centrarse.

Sus pensamientos difusos no lo alejaron de su tarea principal y, para cuando sus oídos detectaron el zumbido de la primera explosión, su cuerpo ya se encontraba a medio camino del edificio de tres plantas.

Dos segundos después, había desenvainado su espada, y ya hacía uso de su arma más poderosa: su sangre.

Durante miles de años, la sangre de los Kyburg había llevado el poder de desarmar las almas; sin embargo, dicho dominio mermó conforme el clan se extendió, por la aparición de sangre nueva y falta de pureza, hasta que él, el príncipe elegido, nació en este mundo de pesadillas.

Su madre le dijo una vez que Kosme, el antediluviano de su clan, podía de verdad vivir en él. Cuando sostuvo la espada con una sola mano, y sintió al instante las decenas de finas agujas del mango clavarse en su palma, y su sangre comenzó a ser succionada por el arma, la certeza se reafirmó en su mente.

Esta era la Espada del Rey, una reliquia que venía directamente desde el ancestro de su clan, el primer Kyburg levantado a la oscuridad por el mismísimo Caín, capaz de realzar y repartir el veneno presente en su sangre a cada ser que fuese cortado por su filo.

Vampiros hostiles comenzaron a atacarlo, pero no eran los nocturnos que se acostumbraban ver, sino lo peor de lo peor: criaturas sin ninguna clase de sentido o razón, que saltaban sobre los humanos y otras criaturas asustadas.

El manejo de la espada era sutil, pero su filo repartía terror por todas partes, y lo que circulaba, por acción de antigua magia, por toda ella, cual venas en un cuerpo, era peor que la muerte.

La sangre de los enemigos brotó a borbotones y se regó por el piso y las paredes destruidas, y bañó el precioso traje negro de Blaise, arruinándolo de forma irremediable, también ensuciando sus manos y su rostro.

Los ojos grises le brillaron en fuerte azul, mientras contemplaba a los enemigos retorcerse en posiciones antinaturales; sus oídos escucharon su dolor. La piel de las bestias comenzó a podrirse, como si fuera corroída por un ácido y, en cuestión de segundos, solo quedó polvo, y huesos que comenzaron a quemarse.

Blaise siguió su camino, sintiendo el edificio tambalearse a su alrededor y debajo de sus pies, y corrió hasta donde estaba su señor, encontrándolo protegiendo a los humanos con los que estaba sentado, y a su hermana.

Ambos se miraron, y solo eso fue suficiente para saber lo que tenía que hacer.

—Abriré un camino para todos —declaró Blaise con seguridad.

El edificio siguió tambaleándose, y los cables eléctricos partidos comenzaron a hacer corto. Al final de la estancia, el fuego se extendió y, corriendo delante de ellos, los socios de Luke salieron despavoridos, así como otros seres, gritando y chillando en busca de ayuda. Detrás, algunos se quedaron retrasados. Blaise los guio hasta la parte frontal del salón, donde los huesos de aquellos a quienes había cortado al llegar ya eran solo simples cenizas.

El pelinegro siguió avanzando; sin embargo, presa del instinto, y de una presión nacida en sus pies, Luke se estiró en su posición, y lo jaló hacia él, al tiempo que se aseguraba de que Denisse, que volteó a verlo sorprendida en un segundo, no se soltara.

Luke presionó sus pies contra el suelo, afirmándose, y extendió alrededor de los tres una especie de manto negro en su totalidad que, a ojos de Blaise, se veía como una masa abstracta que los cubrió por completo, sumiéndolos en una oscuridad en medio de la que no podía ver nada, ni siquiera con sus expertos ojos.

Y una gran explosión, que el menor pudo sentir por todo su cuerpo, se escuchó; el suelo debajo de sus pies tembló, y esa virulencia invadió sus organismos, pero no se movieron ni un solo centímetro.

Cuando el temblor cesó, Luke deshizo el manto de sombras, una manifestación de su magia nativa, y detectó con rapidez algunas presencias, en medio de un paraíso de creaturas hechas pedazos.

—Hay cuatro vampiros en la parte trasera, se acercan —dijo con firmeza, y Blaise espabiló, afirmando su arma—. No puedo identificar sus clanes… supongo que eso sería demasiado bueno, pero son vampiros de nacimiento, y uno de ellos es poderoso.

Denisse se afirmó al brazo de su hermano, y miró alrededor: el piso había quedado hecho trizas, y solo unas pocas columnas, y la providencia, sostenían el techo sobre sus cabezas, y el resto de la estructura; las mesas se encontraban hechas añicos, así como muchos humanos y algunos elfos que no pudieron protegerse de la explosión.

Las chispas del cableado comenzaron a abundar, peligrosas, y, del fuego de la parte de atrás, emergieron cuatro cuerpos sólidos bañados en negrura. Ella volteó, solo para darse cuenta de que estaban atrapados en este hueco a punto de derrumbarse.

El olor de la carne quemada era terrible para un olfato tan desarrollado como el suyo, y aún podía escuchar los lamentos, provenientes de los seres que estaban afuera.

Luke detalló los rasgos de los cuatro recién aparecidos con rapidez: todos eran vampiros desconocidos para su amplia memoria. Se mojó los labios, y masculló curioso:

—Son vampiros sin un clan… hacía mucho que nos los veía.

Los vampiros sin clan eran criaturas de la noche exiliadas de sus casas o clanes en los tiempos de la guerra, porque cometieron crímenes demasiado atroces, hasta para un vampiro. Según el rubio conocía, estos se organizaban en grupos en la actualidad, y actuaban como mercenarios: tomando trabajos, no por la paga o la sangre, sino por el placer que luchas les transmitía.

Si los vampiros ya eran, según las creencias populares, existencias perdidas… estos estaban un nivel por encima en la escala de la podredumbre espiritual.

No obstante, la presencia de estos sujetos, de esta forma, solo quería decir que este ataque había sido planificado para suceder tal cual como transcurría hasta ahora.

Y no era por ser egocéntrico, pero, para Luke, era muy claro que él era el objetivo. De otra forma, no hubiesen mandado al tipo alto y fornido que venía caminando en medio de los demás, cual tanque de guerra: altivo y todopoderoso.

Y ese mismo fortachón lo estudió con una mirada al instante. Luke pudo ver el brillo del ansia en sus ojos, por completo negros hasta los vítreos.

—Algo no está bien… —murmuró, y aguzó el mirar en él.

—¿Qué? —preguntó Blaise, tomando la espada frente a él con ambas manos.

—No lo sé… pero ten cuidado —respondió el rubio y, en menos de un segundo, dos de los vampiros se lanzaron hacia ellos.

El primero era delgado, y portaba un cuchillo; las hojas chocaron, y Blaise se dio cuenta de que era bastante fuerte, a pesar de su languidez. El segundo se fue por detrás del pelinegro y trató de darle un golpe, pero él metió la hoja y lo esquivó por los pelos, retrocediendo varios centímetros.

Las dos criaturas fueron en su contra de nuevo, y Blaise los sorteó, impulsando su espada hasta que corto al segundo vampiro, más fornido y bajo, en un brazo. Sin embargo, los esperados gritos de dolor, propios de cualquier ser herido por la Espada del Rey, no se sucedieron.

«¿Cómo es posible?», caviló, pero se dio cuenta de que la carne en el brazo, alrededor de la herida, comenzó a pudrirse, y eso era aún más raro.

El vampiro más delgado lo atacó por la espalda, y el pestañeo que le costó tratar de esquivarlo, fue suficiente para que los otros dos vástagos avanzaran hacia los Edevane.

El más viejo, de apariencia cincuentona y cabello entrecano, arremetió contra Luke y lo lanzó hacia atrás con su impulso, haciéndolo pegar contra la recién formada pared de escombros, y caer de rodillas al suelo.

—¡Luke! —gritó Denisse, pero el otro vampiro, de apariencia más joven, se fue contra ella, y no tuvo tiempo para pensar.

El tipo le lanzó un puñetazo a la cara, que pegó contra sus antebrazos; el cuerpo se le fue hacia atrás, y su postura cayó, pero no por el ataque, sino porque uno de los tacones se le rompió.

—¡Maldita sea con estos zapatos, no sirven para nada! —chillo ardida en cólera, y se los arrancó de un tirón, para lanzarlos lejos.

Luke se levantó del suelo, pero el vampiro fornido embistió al instante; el rubio hizo uso de aquel manto abstracto para cubrirse de este nuevo ataque, y lo volvió espeso, como una barrera, para empujar al vástago lejos de su posición

Blaise le cortó un brazo al vampiro más bajo, dio una vuelta y le cortó la cabeza con un movimiento limpio, dejándolo por fin fuera de combate; el otro arremetió en su contra, esa cara taciturna que mantenía sacaba de quicio al pelinegro. El tipo se le vino encima como una seda, lo que lo sorprendió, y lanzó una cuchillada a la cara que Blaise esquivó apenas, pero que le dejó un corte en el rostro que, enseguida, ardió.

«¿Por qué arde», se preguntó den inmediato. No obstante, sus pensamientos fueron jalados a la realidad al darse cuenta de lo que pasaba lejos. Luke salió volando y paso casi a su lado, y el vampiro más fornido lo siguió hasta el otro extremo del salón.

Se escuchó un grito.

Sus sentidos lo hicieron verlo todo, a pesar de que estaba concentrado en su adversario, y se asustó por lo que encontró.

♦ ♦ ♦

—Resiliencia: Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador, o un estado o situación adversos.

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Gracias por leer.

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