4. Lo que está escrito
Su respiración se volvió entrecortada. La responsabilidad recaía sobre ella. Todo el futuro de Adriana, y posiblemente su propia seguridad laboral, estaba en juego. Sabía que Ethan Blake era implacable, despiadado y que no toleraba equivocaciones.
Mientras sus pensamientos giraban en espiral, intentó recomponerse. Debía encontrar una solución antes de que la situación se descontrolara. Revisó cada página del contrato de nuevo, intentando encontrar un fallo, un resquicio legal, cualquier cosa que le diera una salida. Pero todo estaba impecable. La firma estaba ahí, clara y definitiva.
El miedo se convirtió en un peso físico en su pecho. Lucia sabía que no había margen de error. Si Ethan se enteraba de lo que había sucedido, no solo podría despedirla, sino que su reputación en la editorial quedaría destrozada para siempre. Y lo peor, Adriana estaba al margen, completamente ajena a la trampa que se había formado alrededor de su vida.
Lucia cerró los ojos por un momento y respiró profundo, intentando calmarse. Necesitaba pensar rápido. Necesitaba planear cómo enfrentaría a Ethan, cómo explicaría que la mujer que él creía su esposa no era la que realmente había firmado, y cómo podía proteger a Adriana sin exponerse completamente.
El teléfono sobre la mesa vibró de nuevo. Ethan había llamado. No había tiempo que perder. Con manos temblorosas, Lucia tomó el auricular, consciente de que cada palabra contaría, que cada decisión podría cambiar el curso de todo.
—Señor Blake… —empezó con voz firme, pero cargada de tensión —he revisado el contrato y… hay un detalle que debemos discutir.
Hubo un silencio al otro lado de la línea. La voz de Ethan sonaba calmada, pero fría y cortante, como una espada afilada.
—Explíquese.
—Señor… la persona que firmó no es la mujer que usted conoce en la editorial. Es otra… —dijo Lucia, con un hilo de voz, mientras sentía que el corazón se le aceleraba —Hubo un error.
Ethan permaneció en silencio durante varios segundos, dejando que sus palabras calaran en la habitación, llenando el espacio con tensión. Luego, con un tono que mezclaba incredulidad y enojo.
—¿Un error? ¿Está diciendo que alguien más firmó mi contrato? —sus palabras eran como cuchillas, y Lucia se estremeció bajo su peso —¿Cómo es posible que me diga esto ahora?
Lucia tragó saliva, tratando de mantener la compostura:
—No fue intención de nadie, señor. Fue un error administrativo… y estoy aquí para solucionarlo antes de que cause problemas.
—¿Solucionarlo? —repitió Ethan, con un matiz de furia apenas contenida —¿Sabe lo que esto implica? Esta mujer… —dijo, y el silencio fue más elocuente que cualquier grito —Podría alterar planes, contratos, todo… y usted estuvo involucrada.
El rostro de Lucia palideció. Sabía que no podía fallarle, pero también que cualquier movimiento en falso podría ser devastador. Su mente corría tratando de encontrar una salida: ¿habría alguna manera de revertir la firma? ¿Podría convencer a Ethan de retrasar cualquier acción hasta aclarar la confusión?
Mientras tanto, Adriana seguía ajena a todo lo que sucedía en el mundo de altos contratos y poderosos empresarios. Sin saberlo, la llamada, la firma equivocada y los planes despiadados de Ethan Blake habían comenzado a tejer una red de consecuencias de la que no podría escapar fácilmente.
Lucia cerró los ojos por un instante, apoyando la frente sobre el escritorio. Debía tomar una decisión. Cada segundo contaba, cada palabra podía inclinar la balanza. Su corazón latía con fuerza, y el miedo de enfrentarse a un hombre como Ethan Blake la paralizaba y la impulsaba al mismo tiempo.
—Señor… le prometo que todo estará bajo control. Solo necesito un poco de tiempo para corregir este error —dijo finalmente, con una mezcla de determinación y súplica.
Hubo un silencio. Luego, la voz de Ethan, más calmada, pero igual de intimidante:
—Lucia… no me falle. Por mi parte, lo que se haga con esta mujer será definitivo.
Lucia asintió, aunque él no podía verla. Sabía que, en ese momento, estaba atrapada entre proteger a Adriana y cumplir órdenes que podían destruirla a ella misma.
El día terminó con un peso invisible sobre sus hombros. Cada papel, cada contrato, cada decisión parecía multiplicar la gravedad de la situación. Lucia sabía que, sin importar lo que hiciera, algo cambiaría en la vida de Adriana para siempre. Y lo que parecía un simple error administrativo, pronto se convertiría en un juego de poder, tensión y riesgos que ninguno de los involucrados podía ignorar.
Mientras Lucia dejaba la oficina con el contrato en mano, escuchó el sonido de la puerta cerrándose tras Ethan. Su corazón se detuvo por un instante, la sombra de la amenaza estaba más cerca que nunca. Sabía que el mundo de Adriana y el suyo se cruzaría de formas que ninguna de las dos podía prever.
Y en algún lugar, Ethan Blake sonrió, seguro de que su plan estaba comenzando…
Lucía Giménez llevaba todo el día con un nudo en la garganta. Sabía que había cometido un error que podría costarle la carrera… e incluso la paz mental. El contrato que Adriana había firmado por equivocación no era un simple documento: pertenecía al CEO de AmericanLiffe, Ethan Blake. Y si había algo que todos en el círculo empresarial conocían, era que Ethan nunca dejaba pasar un error sin cobrar un precio.
La joven asistente repasaba mentalmente mil maneras de explicar lo ocurrido, pero ninguna parecía suficiente. Su jefe había sido claro quería ver a Adriana Torres en persona. No era una petición, sino una orden disfrazada de formalidad. Y Lucía, atrapada entre el temor de perderlo todo y la compasión por Adriana, decidió maquinar una estrategia que no levantara sospechas.
Se presentó en la oficina de la editorial con un andar sereno, fingiendo seguridad. Adriana estaba revisando unos manuscritos cuando ella tocó suavemente la puerta.—Adriana, disculpa la interrupción.
—Adelante, Lucía —respondió sin levantar la vista, con el mismo tono firme de siempre.
