Librería
Español
Capítulos
Ajuste

Capítulo 6

Clara pasó la noche repitiéndose que había exagerado.

Gael no había hecho nada.

Una frase incómoda no convertía a un hombre en una amenaza. Se conocían desde niños. Sus familias habían compartido celebraciones, funerales, fiestas y discusiones. Gael había sido el muchacho que cargaba las bolsas de su madre, saludaba a los ancianos y ayudaba cuando alguien tenía problemas.

Quizá «lo que considero mío» había sido una torpe forma de hablar.

Eso quiso creer.

A la mañana siguiente, Diego la encontró alimentando a Trueno.

—¿Dormiste?

—Perfectamente.

—Mientes fatal.

Clara acarició la crin del caballo.

—Solo estoy pensando.

Diego se apoyó en la valla.

—Si no quieres continuar con esto, lo detengo hoy.

Ella lo miró.

—¿Así de fácil?

—Para ti, sí.

Clara sonrió con tristeza.

—Para ti nunca es así de fácil.

—No estamos hablando de mí.

—Ese es exactamente el problema.

Diego frunció el ceño.

—Clara.

—Siempre esperas. Siempre dejas tus cosas para después. Papá dijo que estás rechazando propuestas por mí.

—Papá habla demasiado.

—¿Es mentira?

Diego guardó silencio.

Clara sintió una mezcla de ternura y frustración.

—Quiero que tengas una vida.

—La tengo.

—No, tienes responsabilidades.

Antes de que pudiera responder, Camila llegó con una bolsa de pan caliente.

—¿Interrumpo una discusión familiar?

—Sí —dijo Diego.

—Perfecto. Son mis favoritas.

Clara tomó la bolsa.

—Gracias.

Camila sonrió, pero cuando levantó la mirada hacia Diego, algo cambió en su expresión.

Clara lo vio.

También vio cómo Diego apartaba los ojos demasiado rápido.

Interesante.

—Voy adentro —dijo Clara de repente.

—¿Por qué? —preguntaron ambos.

—Porque acabo de descubrir que quizá mi matrimonio no es el único que necesita ayuda.

Camila se puso roja.

Diego la señaló.

—Ni se te ocurra.

Clara entró riendo.

La ligereza duró poco.

Al mediodía, Gael volvió acompañado por sus padres.

Esta vez no había flores.

Había intención.

Ramiro los recibió en el salón. Juana sirvió café. Abuela Mercedes se instaló en un sillón como si estuviera preparada para interrogar a un sospechoso.

Clara se sentó junto a Diego.

Gael lo notó.

—Puedes sentarte aquí —dijo, señalando el espacio a su lado.

—Estoy bien.

La madre de Gael sonrió.

—Todavía es tímida.

Abuela Mercedes bufó.

—Clara no ha sido tímida un día de su vida.

Un silencio incómodo recorrió el salón.

Gael se rió.

—Eso es lo que me gusta de ella.

La conversación avanzó entre fechas posibles, expectativas familiares y comentarios sobre lo bien que se conocían desde pequeños.

Clara escuchaba.

Cuanto más hablaban, menos parecía que estuvieran hablando de ella.

En un momento, la madre de Gael mencionó que después de casarse Clara tendría que reducir las clases de baile.

Clara levantó la cabeza.

—¿Reducirlas?

—Solo al principio —intervino Gael enseguida—. Tendremos muchas obligaciones.

—El baile no es una distracción para mí.

—Lo sé.

—Entonces no veo por qué debería dejarlo.

Gael sonrió, pero su mandíbula se tensó.

—Ya hablaremos de eso cuando llegue el momento.

Diego dejó la taza sobre el plato.

—No. Pueden hablarlo ahora.

Ramiro le lanzó una mirada.

Gael sostuvo la de Diego.

—No tengo intención de impedirle hacer nada.

La respuesta fue correcta.

Demasiado correcta.

Clara lo notó.

Al terminar la visita, los Rosales se marcharon con la promesa de volver cuando Clara hubiera tomado una decisión.

Gael fue el último en salir.

En la puerta, se detuvo junto a ella.

—Tu hermano no confía en mí.

—Mi hermano no confía en nadie.

—¿Y tú?

Clara respondió con sinceridad.

—Todavía no lo sé.

Gael tomó su mano.

No fue un gesto violento.

Solo duró un segundo más de lo necesario.

—Entonces déjame convencerte.

Clara retiró la mano.

Él sonrió y se marchó.

Esa noche, recibió un mensaje.

No tenía guardado el número, pero sabía quién era.

Cuando seas mi esposa, nadie volverá a hacerte dudar de nosotros.

Clara leyó la frase dos veces.

No había nada abiertamente amenazante.

Aun así, no pudo evitar mirar hacia la ventana.

Y preguntarse por qué la idea de convertirse en esposa de Gael acababa de parecerle menos una promesa…

y más una puerta cerrándose.
Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.