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Capítulo 2

No obtuve respuesta. Esperé unos segundos. Nada.

Sabía que no debía entrar sin permiso, pero aquello era una emergencia. Respiré hondo y abrí la puerta.

La habitación estaba vacía. Había un armario, una cama y un sofá. Era más o menos del mismo tamaño que la anterior, aunque tenía menos muebles.

Recorrí cada rincón con la mirada y revisé todos los lugares donde una niña podía haber dejado un ramo. Nada. El desánimo empezó a apoderarse de mí.

Miré junto a las ventanas, al lado de la cama y detrás de la puerta. Ni rastro de las flores.

Entonces avancé hacia una terraza que daba al jardín exterior del edificio y escuché unas voces.

—¿Así que todo termina aquí? —preguntó un hombre con evidente enfado.

Abrí mucho los ojos al ver a la novia, todavía vestida de blanco, hablando con un hombre en la penumbra del jardín. El lugar estaba casi a oscuras y solo la tenue luz de la terraza permitía distinguirlos con claridad.

Vivienne Hale era una mujer hermosa, pero en ese momento su expresión estaba muy lejos de reflejar felicidad.

—¿Es eso lo que de verdad quieres? —insistió el hombre entre dientes.

Era alto. Cuando dio un paso hacia ella, la luz iluminó su atractivo rostro.

Pero no era Adrian.

Claro que no. Adrian debía de estar en el salón de recepción, esperando la ceremonia.

—Julian, por favor —dijo Vivienne con voz temblorosa—. Fue un error.

Lo miró con expresión suplicante, como si le pidiera en silencio que dejara el asunto.

Julian apretó la mandíbula.

—No puedes hacer esto —dijo, y me sorprendió escuchar tanta vulnerabilidad en su voz—. No puedes hacernos esto.

Cerró los puños a ambos lados del cuerpo, tratando de contener la ira.

—¿De verdad crees que puedes volver con él y fingir que aquí no ha pasado nada?

Vivienne negó con la cabeza, derrotada.

—Lo siento —murmuró—. Lamento lo que ocurrió entre nosotros, pero esto tiene que terminar.

Tragó saliva y respiró hondo antes de mirarlo de nuevo.

—Lo amo —añadió, con la culpa impregnándole la voz—. Amo a Adrian.

Julian soltó una risa amarga. El dolor de su expresión era imposible de ocultar.

—No. Eso no es verdad —siseó—. Si lo amaras, no lo habrías engañado con su mejor amigo. ¿Ahora vas a decirme que lo que pasó entre nosotros no fue real? ¿Que vas a fingir que Edimburgo nunca ocurrió?

Vivienne empezó a llorar en silencio y sentí que algo se me rompía por dentro. No por ella, sino por el hombre que la esperaba en el altar.

El mundo pareció detenerse a mi alrededor.

¿Qué estaba pasando?

¿Había oído bien? ¿Vivienne había engañado a Adrian?

—Julian... —Las lágrimas le corrían ya por las mejillas—. Estaba estresada y sola. No sabía qué hacer. Estaba confundida. Cometí un error, igual que tú. Lo que hicimos fue horrible.

Julian la miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo. Parecía a punto de romper algo.

—Vamos, Vivienne. Sabes perfectamente que no ocurrió una sola vez —replicó. La frustración de su voz tenía un filo peligroso—. Yo fui a buscarte y tú viniste a mí. No pensabas en lo horrible que era cuando estabas entre mis brazos. Cuando estabas en mi puta cama.

El estómago se me revolvió.

Quería marcharme de allí en ese mismo instante, pero tenía las piernas clavadas al suelo. El impacto de lo que acababa de descubrir me había dejado paralizada.

Sal de aquí, Celeste. Ahora.

No deberías estar escuchando una conversación tan privada.

Vete. Corre.

—¿Y dices que amas a Adrian? —Julian soltó otra risa despectiva—. Qué estupidez.

Las lágrimas de Vivienne empapaban su rostro y caían sobre el vestido.

—Por favor, no hagas esto, Julian. Por favor —sollozó.

Ni siquiera sabía por cuál de los dos hombres lloraba, pero sus siguientes palabras disiparon cualquier duda.

—Amo a Adrian y cometí un error. Estaba pasando por un mal momento y no pude soportar que no estuviera a mi lado. Mi corazón siempre le ha pertenecido a él. Es el hombre con el que quiero pasar el resto de mi vida. Es con quien quiero casarme. Por favor... tú... —Se le quebró la voz—. Tienes que olvidar lo que pasó entre nosotros.

—No puedes hablar en serio. —El dolor hacía temblar la voz de Julian y resultaba difícil escucharlo—. Elegí estudiar en Edimburgo porque siempre me interesaste. Conseguí lo que Adrian no pudo. ¿Y ahora me dices que solo me utilizaste? ¿Que corriste a mis brazos porque necesitabas consuelo y después volviste con tu novio?

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