Capitulo 4. su hermana era un lastre
Y con aquellas palabras cierra la puerta de un portazo dejando a Fiorella en el corredor, la castaña pestañea varias veces percibiendo que algo no estaba bien. Así que vuelve a tocar la puerta con fuerza consiguiendo que su hermana abriera una vez más con los seguros puestos.
—¿Qué es lo que estas intentando hacer? ¿Por qué no me dejas entrar?
—Ve a buscar un trabajo y no vuelvas hasta que no tengas uno.
—Hace mucho frío y estoy muy cansada.
—Ese es tu jodido problema, no el mío. Así que no me vengas a llorar porque tu sola te has metido en ese paquete. Haz algo útil y ve a buscar un trabajo, este mes toca pagar las facturas que mamá nos dejó.
La puerta fue cerrada con violencia consiguiendo que Fiorella derramara lágrimas de dolor, su hermana era muy cruel con ella. Siempre lo fue con ella y con su madre, cada día les hacía ver que no las quería y eso hizo sufrir mucho a su mamá.
—¿Fiorella? —la joven voltea a ver a una anciana muy amable que siempre la saluda, inmediatamente ella limpia sus mejillas y sonríe un poco.
—¿Cómo esta señora Liz?
—¿Te gustaría tomar un poco de chocolate caliente conmigo? Hace mucho frío y creo que necesitas un poco de calor.
Su invitación amusgo el corazón de la castaña, hacia tanto que nadie le ofrecía nada de manera sincera. Las ganas de volver a llorar eran inevitables.
—Vamos, deja de llorar y entra en la casa. Este corredor está congelado.
Fiorella asiente y camina como una niña detrás de una abuela… al ingresar en la residencia de la señora la castaña se da cuenta que la casa que de la señora Liz era muy acogedora y bastante hogareña.
—Siéntate, el chocolate ya está listo.
—Muchas gracias, no debería de tomar tanta molestia conmigo.
—Tu madre fue muy buena conmigo cuando mi esposo murió, me apoyo mucho, ¿Por qué yo no haría lo mismo por una de sus hijas?
La joven muestra una expresión de compasión hacia la señora quien aparentaba ser como una abuela tierna. Fiorella la ve sentarse en un sofá pareciendo bastante cansada.
—Laura no se merece tenerte como hermana. Se está portando muy mal contigo, y pronto recibirá su castigo.
—Ella…—Fiorella mira la taza con chocolate y su estómago cruje de nuevo —. Quizás es su manera de pasar el duelo de mamá.
—Eres muy buena para seguir defendiéndola a pesar de que te ha dejado en la calle.
Ella mantiene la vista en su taza, cuando ve que la señora le acerca un plato con unos panecillos. Fiorella pestañea y levanta la mirada.
—Debes comer niña, lo necesitas —ella traga saliva y le acepta el plato, luego al bajar la vista sus ojos se nublan y siente que estaba llegando al límite —. Con llorar no consigues nada, pero entiendo porque lo haces. Fiorella, debes ser muy fuerte de ahora en adelante.
Solo logra asentir ante sus palabras, ella tenía muy claro que debía serlo con o sin su hermana.
—Ahora come algo, el chocolate no debe tomarte frío —ella levanta la mirada para ver a la señora mirarla con expresión maternal.
[…]
Al abrir los ojos al día siguiente, Fiorella escucha a su hermana merodear en el corredor de la casa. La tarde anterior se quedó muchas horas en la residencia de la señora Liz esperando a que su hermana decidiera abrir la puerta.
Sin embargo, le seguía pareciendo absurdo que no la dejase entrar en ese momento. Así que esa mañana pretendía confrontarla. Se pone en pie y sale de su cuarto notando que su hermana iba perfectamente arreglada para ir al trabajo.
—Al fin despiertas, no encontraras empleo si no sales a la calle a buscarlo.
—¿Con quién estabas metida ayer aquí en la casa Laura? —la castaña mayor deja de maquillarse para mirar a su hermana atreves del espejo.
—Eso a ti que te importa…
—No puede ser que hayas metido a alguien en esta casa, te has vuelto loca Laura. Esta es la casa de mamá.
—¡Esta es mi casa!
Su hermana se da la vuelta para enfrentarla mirándola de una manera que no le gustaba.
—Yo he mantenido este apartamento por años, mamá solo traía problemas los cuales yo tuve que solucionar porque tú eras una mocosa que no podía trabajar.
—Esta casa es de ambas.
—Bájate de esa nube niña, no me interesa los problemas que tengas. Ya te dije que te has metido tu sola en ellos. Si no consigues empleo hoy, te vas a tener que ir de aquí. Tuve que mantenerte por años, y a mamá también con esa enfermedad de mierda que me quito muchos años de trabajo. No pretendas que haga lo mismo contigo y con…
Fiorella se tensa ante las palabras de su hermana…
—No me interesa Fiorella, no pienso cargar más lastre —Laura toma sus cosas, mira a su hermana de abajo hacia arriba y luego sale de la casa —. Resuelve tu problema tú sola, Fiorella. Ya eres una mujer.
Ella se queda paralizada y a la vez le dolía tanto lo que su hermana había dicho. Sus ojos no podían reprimir todas las lágrimas que estaba ahogándola. Es que ni paz tenía en su propia casa, bueno, al parecer ahora no era su casa.
Fiorella se daba cuenta de que no tenía absolutamente nada.
[…]
Laura cierra la puerta de la casa quedándose de pie en pleno corredor, suspira y siente tanta ira por dentro. Estaba harta de tener que llevar lastres todo el tiempo, ella solo quería vivir su vida.
—Algún lamentaras haberla tratado de esa manera —la voz de la vecina llamo su atención llevándola a mirarla de soslayo.
—No se meta en lo que no le importa señora.
La joven camina apresuradamente dejando a Liz atrás… entre tanto la mujer niega y mira la puerta de la casa de Fiorella.
