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Capitulo 5. un gusto conocerte

Aurelio mira fijamente por el gran ventanal de su oficina viendo como la gente transita por la calle, esa tarde llovía un poco y las gotas de agua humedecían el cristal. El CEO suspira puesto que esa mañana se sentía un poco extraño.

No dejaba de pensar en esa chica del cementerio y eso no era común en él. Frota el puente de su nariz con un poco de impaciencia, luego vuelve la vista al cristal y desde lo alto logra ver a una persona que llama su atención.

El castaño se pone en pie rápidamente para mirar atreves del cristal, ese abrigo morado le parecía bastante familiar.

—No puede ser, debe ser una coincidencia. Muchas pueden usar un abrigo de ese modelo.

Fija sus ojos bien en esa persona, aquella joven había entrado en la cafetería que quedaba frente a su edificio. Y se estaba demorando mucho en salir, eso lo hizo fruncir la mirada y pensar unos segundos.

Decidió no pensar más y salir de su oficina a toda prisa, se encontraba en un cuarto piso, la vista no podía estar fallándole. Tenía que ser la misma chica… al salir a la recepción, su secretaria se pone en pie rápidamente.

—¡Señor Ferretti!

—Saldré, regreso en un momento.

—Pero esta… —la mujer no logra terminar la frase puesto que él ya se había marchado.

Aurelio baja en el ascensor creyendo que se demoraba demasiado para descender. Cuando ve el último piso se desespera, entre tanto las puertas se abren y termina saliendo a medio abrir.

Las personas que esperaban por el elevador se asombran al ver salir al CEO a toda prisa. Pero Aurelio no le prestó atención a nadie y continúa avanzando al exterior del edificio. Abrió la puerta y de inmediato la brisa húmeda y fría lo golpea, frunce un poco el ceño al mirar exactamente la cafetería del frente.

Ajusta un poco su traje y empieza a dar algunos pasos hacia ese lugar.

—Señor Ferretti, ¿desea un paraguas? —le dice el joven portero.

—No, estoy bien…—responde mirando la puerta de la cafetería.

Atreves del cristal no logra ver nada, la lluvia amainaba solo un poco, sin embargo, seguía molestado la visibilidad… el castaño empieza a bajar las escaleras y se detiene justo cuando ve salir de la cafetería a esa chica.

¡Era ella!, la joven del cementerio.

El corazón de Aurelio se acelera un poco y no entiende porque, pestañea puesto que las gotas de la lluvia lo obligaban a cerrar los ojos. Esa chica se quedó en la entrada de la cafetería esperando que la lluvia se detuviese.

Sin embargo, él estaba mojándose como un tonto mientras que la miraba.

Pero ella miraba hacia todos lados, menos hacia donde estaba él.

Fiorella moría del frío, a pesar de estar usando un abrigo muy grueso no la protegía del inclemente clima. La joven se queda parada en la entrada de la cafetería esperando que la lluvia cesara, no era bueno que se mojara.

Mira de reojo la cafetería soltando un suspiro cortó, no había conseguido nada esa mañana y parte de la tarde, le iba a ser imposible hacerlo estaba segura de eso. Aplana los labios al recordar las crueles palabras de su hermana.

La castaña baja la mirada para mirar sus zapatos, el agua los salpicaba, hasta sentía las medias húmedas. Niega sintiendo esas jodidas ganas de llorar, estaba un poco irritada por sentirse de esa manera todo el tiempo.

De pronto frunce el ceño al mirar cerca de sus zapatillas un par de zapatos de vestir negros muy lustrados, pero salpicados con agua. Fiorella entre abre los labios y poco a poco va subiendo la mirada para ir dándose cuenta de que alguien estaba parado ante ella.

Cuando sus ojos fijan un par de ojos marrones claros se paraliza. Fiorella ve la cara mojada de aquel hombre y la forma en la que la miraba que se inquietó, luego detalla aquel único lunar en su rostro bastante diminuto, se hallaba un poco más debajo de su ojo que llamaba muchísimo la atención.

Definitivamente si era la chica del cementerio, no tenía dudas sobre eso. ¡Era ella!, al mirar la expresión de esa joven, Aurelio se agito. Sus ojos eran muy oscuros y llevaba el cabello corto, pero sujeto con una coleta.

—Hola—se atreve a saludarla aun cuando ella puede salir corriendo—. No creo que la lluvia amaine, de hecho, está empezando a llover un poco más fuerte —dice sin apartar la vista de ella.

Fiorella no estaba segura de que estuviera pasando aquella situación, ¿Qué hacia ese hombre hablándole? No lo conocía de nada, y encima… ella lo mira disimuladamente notando que vestía con ropa muy elegante.

Regresa la vista a su rostro aun sin creer que estuviera hablándole.

—Me llamo Aurelio Ferretti —el CEO le tiende la mano, Fiorella sabía que era de mala educación dejar una mano tendida. Su madre siempre se lo dijo, no obstante, aquel hombre era un extraño.

Aurelio espera a por ella y se pone nervioso porque sospecha que se extralimito… pero entonces, ella levanta la mano y se la acepta.

—Soy Fiorella.

—Un gusto en conocerte —ambos se quedan mirando un momento —. Estás empapada Fiorella —la mención de su nombre de pila la aturdió —. Mi edificio esta allá atrás, si quieres… bueno podemos subir a mi oficina y te puedo ofrecer café, así entras en calor.

Aurelio mete las manos en sus bolsillos sintiendo la tela de su pantalón mojado. Entre tanto mira a Fiorella ante él y aún sigue sin creer que al fin puede hablar con ella. Luego visualiza sus atuendos, aquel abrigo era enorme para ella.

No obstante, parecía que estaba muerta del frio, sus labios estaban un poco morados.

—¡Pero no me conoce! —responde tan dulcemente, que el corazón del CEO se descongelo.

—Eso no importa, he visto que estas mojándote y muerta del frío, por favor, acéptame una taza con café y un poco de calor de mi oficina.

Fiorella mira el edificio por encima del hombro de aquel hombre y siente un poco de nervios. Luego vuelve la vista hacia él observando en su mirada algo diferente que la hacía sentirse segura.

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