Capitulo 3. siempre sola
Mira con lamento y a la vez felicidad la tumba de su madre, Fiorella sonríe un poco al ver aquella hermosa lapida que hicieron para su mamá, sin embargo, nunca supo quién lo había hecho.
Cuando pregunto en la oficina nadie le dio razón alguna, y pensó que tendría que pagar algo, pero resulta que todo estaba cancelado. Frunce el ceño al recordar cuando unos días después de su entierro fue a visitar a su madre encontrándose con la sorpresa de que tenía una lápida muy hermosa y un enorme ramo de rosas rojas.
Era extraño, pero nadie apareció para decir nada el día de su funeral y de la nada alguien hizo algo por su madre. Hasta donde sabia, no supo que su madre tuviera algún amigo. Su padre había fallecido cuando ella era muy pequeña por ende no lo recordaba.
Fiorella suspira al mismo tiempo que una brisa fría golpea su rostro, ajusta un poco la chaqueta que lleva puesta para luego inclinarse para dejar unas flores a su madre.
—Te extraño mucho, mamá…
Desde que murió Laura no se tomaba la molestia de acompañarla al cementerio, siempre iba a visitarla ella sola. Le daba pesar que su hermana mayor se comportara de esa manera, era como si no le importase nada más que ella misma. Fiorella sonríe un poco al mirar el nombre de su madre gravado en aquella lapida.
—Ya debo irme, madre.
Solo estaba de paso, habían pasado 4 meses desde que su madre se marchó y ella no lograba encontrar un trabajo fijo. La mayoría que encontraba solo permanecía unas pocas semanas y con lo que recibía no podía hacer mucho.
Laura era muy dura con ella últimamente, y constantemente la presionaba con que buscara un empleo porque se iba a quedar en la calle. Fiorella baja la mirada y luego se da la vuelta para salir del cementerio.
Su preocupación iba en aumento a medida que los meses corrían, y Laura ya había sido muy clara con ella. Al menos tenía la casa de su madre, pensó con lamento.
Regresó a la ciudad agotada y algo desanimada, la verdad es que solo deseaba estar en casa, pero tenía responsabilidades que cumplir… Fiorella camina por la calle buscando algún empleo, pero en sus pensamientos sabía que eso iba a ser imposible.
Esa mañana no había desayunado absolutamente nada, de unos meses para acá su hermana le dijo que separarían los suministros. Y los de ellas se habían agotado el día anterior, Laura era muy celosa y siempre mantenía todo en orden con respecto a sus cosas.
Si tomaba algo, era posible que se diera cuenta y ella no deseaba más problemas con su hermana. De por sí que el ambiente en casa era muy pesado como para agravarlo con una discusión con Laura.
Fiorella se detiene ante un cafetín muy lujoso viendo como detrás del mostrador había muchos postes y bocadillos que le hizo rugir su estómago. Cierra los ojos y trata de ignorar los increíbles aromas.
—Necesito irme de aquí —musita bajo.
El frío no era misericordioso con ella, Fiorella intenta avanzar creyendo que quizás lo mejor era volver a casa. Se las arreglaría como pudiera.
[…]
Aurelio toma un sorbo de café completamente absorto en el documento que estaba leyendo, pero de un momento a otro el CEO levanta únicamente la mirada y entre el vapor que expedía de la taza y el cristal de la entrada de la cafetería fue que vio un rostro que le pareció bastante familiar.
Frunce el ceño mientras que baja la taza con café para poder mirar aquella castaña detenidamente, afina los ojos e intenta descifrar sus facciones. Concentrado en ella, repara que la joven estaba mirando algo específicamente.
Él busca con la vista lo que ella veía, pero no ve nada más que el mostrador de la cafetería. Luego busco a alguna persona en especial, pero nadie la estaba mirando. Ella estaba absorta en lo que mirada.
Aurelio volvió a sentir aquella sensación extraña por mirar a un extraño, era la misma impresión que vivió en el cementerio. No podía ser ¡Era esa chica!… sus ojos se abren un poco más puesto que habían transcurrido 4 meses desde la última vez que la vio.
Pero entonces, algo ocurre que lo hace baja la mirada. Una persona paso muy cerca de él consiguiendo que derramara un poco de café sobre su traje, Aurelio soltó los papeles y dejo la taza en la mesa al mismo tiempo que se pone en pie para evitar que el café lo quemase.
—Dios mío, como lo siento. Siento mucho lo que paso, déjeme ayudarlo —una mujer mayor empieza a limpiar su saco y es cuando se da cuenta que ya estaba hecho un desastre.
—No, no se preocupe —dice, para luego recordar a la castaña. Levanta la vista de inmediato y no la ve detrás del cristal —. Demonios, otra vez no.
Camina apresuradamente hacia la salida para intentar buscarla, razones no las tenía, sin embargo, salió detrás de ella.
—Señor Ferretti, ¿A dónde va? —el sujeto que lo acompañaba se pone en pie al verlo salir apresurado del cafetín.
El castaño se asoma en el exterior mirando hacia ambos lados, pero no dio con ella. Vuelve a fruncir el ceño puesto que no entiende cómo es que ella desaparecía tan rápido. Estaba llegando a pensar si ella era producto de su imaginación o algo así.
—Señor Ferretti, el cliente lo está esperando —su mano derecha aparece detrás de él.
—Sí, ya vuelvo.
Mira fijamente la calle viendo a muchos peatones caminar, pero no a ella. Luego baja mirada y niega, e ingresa de nuevo al cafetín para terminar sus negocios.
[…]
Fiorella sube las largas escaleras que la llevan a su casa, la joven se detiene a mitad de camino puesto que ya estaba muy agotada y más el frio que estaba haciendo su respiración se volvía agitada.
En cuanto llego a su piso, camina hasta la puerta e intenta abrirla, pero los seguros estaban puestos. Fiorella frunce la mirada y empieza a tocar la puerta, al cabo de unos segundos su hermana se asoma por la hendidura de la entrada.
—¿Qué demonios haces aquí, Fiorella? —la castaña nota como su hermana la mira con desprecio.
—¿Qué es lo que te pasa? Esta es mi casa, aquí vivo, ¿lo recuerdas?
—Deberías de estar buscando trabajo.
—Laura abre la puerta, ¿Por qué le has puesto seguro?
—Vuelve más tarde.
