Capitulo 2. una vida triste
Al llegar a la misma, nota que la tierra estaba removida, lo que indicaba que el sepulcro era reciente. El CEO mete las manos en sus bolsillos y ve la poca cantidad de flores que dejaron. No tenía lapida como el resto de las tumbas y eso le extraño.
Frunce la mirada y vuelve a mirar hacia todos lados, pero esa chica no estaba por ningún lado. Suspira y se pregunta porque demonios se sentía de esa manera.
—¿Contemplando tumbas ajenas? —la voz irritante de Mattias lo puso de mal humor—. Que yo sepa, la de mi padre esta allá atrás.
—Mattias, no debo recordarte con quien estás hablando —dice seriamente mientras sigue viendo aquella tumba.
—Debe de ser de alguien de muy bajos recursos, no tiene lapida. La mayoría que no las tiene es porque no tienen dinero. No deberían de aceptar a personas así en este cementerio.
—Deberías de tener más respeto por los muertos Mattias, tu padre está muerto —Aurelio lo mira de soslayo.
—Mi padre no supo cuidar de su salud, por eso ha muerto.
Su comentario fue bastante cruel, por esa razón Mattias nunca fue de su agrado era una persona arrogante que carecía de todo tipo de sentimientos. Y ese gilipollas ahora era su socio.
—Sera mejor que manejes mejor tu manera para referirte a las personas, si vas a ser mi socio compórtate como tal. En mi empresa no pretendo tolerar idioteces.
El rubio mira a Aurelio de manera retadora, sin embargo, no puede decir absolutamente nada ya que su participación en su compañía es mínima. Él era el dueño de prácticamente todo, por ende, era como estar hablando con su jefe.
—No debes decirme cómo comportarme.
—Entonces no me hagas perder la paciencia.
Aurelio vuelve la vista hacia la tumba, la mira unos minutos más y luego se da la vuelta para dirigirse a la salida.
Entre tanto va caminando su mano derecha lo sigue en silencio.
—Quiero que mandes hacer una lápida para esa tumba, que sea bonita, averigua el nombre de la persona fallecida y que tallen el nombre. Y cuando todo esté listo, que le pongan un enorme ramo de rosas.
—Por supuesto señor Ferretti.
El CEO sigue de largo hacia su coche entre tanto su mano derecha se dirige hacia las oficinas… no sabía porque lo hacía, pero algo en el fondo de su ser le decía que lo hiciera. Antes de subirse al coche mira hacia todos lados buscándola, pero no la encuentra.
Baja la mirada desistiendo de no dar con ella y sube al coche para ponerlo en marcha.
Justamente Fiorella sale de la oficina del cementerio justo cuando alguien vestido con un traje oscuro ingresa, pero ella no le presta tanta atención. La joven camina hacia la salida mirando la calle, varios coches se marchan y ella no ve por ningún lado a su hermana.
Suelta el aliento y emprende el camino a casa. Su hermana la había dejado tirada, ni siquiera la pudo esperar… pero debía pasar por la oficina preguntando por el servicio de lapidas, pero era tan costosas que le sería imposible costear una.
Su madre no tendría una lápida bonita como las de otras tumbas y eso le daba mucho dolor. Intenta no llorar y continúa el camino a casa…
[…]
En cuanto Fiorella cierra la puerta del apartamento, su hermana sale del cuarto vistiendo ropa muy llamativa, ella la mira y se asombra por verla vestida de esa manera.
—Laura, ¿Qué haces? ¿Por qué vistes de esa manera?
—Voy a salir, no puedo llevar el negro toda la vida —Fiorella mira su vestido negro y luego a su hermana.
—Mamá murió, ten un poco más de respeto por ella.
—Fiorella, ocúpate de tus asuntos, sal a buscar trabajo que los gastos mensuales y las deudas no se pagan solas.
—Eso no tiene nada que ver con lo que estamos hablando.
—Mira, ya estoy mayorcita para que controles todo lo que hago, es mi vida y hago y pienso lo que quiero.
La castaña ve a su hermana maquillarse como si asistiera a una fiesta, era evidente que no le dolía la muerte de su madre.
—¿No te duele la muerte de nuestra madre? —Laura voltea los ojos y gira el cuerpo para verla con expresión de fastidio.
—Si me importa, pero la vida sigue.
—No me lo parece.
—No me interesa lo que pienses, Fiorella —regresa a verse en el espejo para pintar sus labios—. Debo vender el coche de mamá, pagara una parte del sepulcro. No alcanzará para pagar la lápida, así que tendrá que quedarse como esta. No puedo hacer otra cosa.
—Laura, no puedes vender el coche.
La castaña vuelve a molestarse.
—Tengo un empleo en el gano una miseria y tú no tienes trabajo, mamá ya está muerta no hay excusa para que no trabajes. No tienes que ocuparte de nadie, así que venderé el coche pagare deudas y tu buscaras un trabajo para que puedas costear los gastos de la casa.
Fiorella asiente, su hermana tenía razón en eso. Ella dejo de trabajar para poder cuidar a su madre en casa entre tanto Laura era quien trabajaba. Mantenían el coche para poder llevar a su madre de emergencia a cualquier parte.
Pero ahora que no estaba era un gasto innecesario.
—¿Para dónde vas?
—No te importa.
Ella y su hermana no se la llevaban nada bien, Laura era una mujer muy mezquina, desde niña siempre lo fue.
—Como quieras…—ella va a la cocina para comer algo, en todo el día no lo había hecho y estaba hambrienta.
Saca algo del frigorífico y al oler aquel aroma siente que su estómago se revuelve llevándola a vomitar sobre el lavado de la cocina.
—Por dios Fiorella, que asco, limpias todo eso. Y no te vayas a enfermar, no quiero tener que estar cuidando de ti. Mañana comienzo a trabajar de nuevo y no puedo estar pendiente de nadie más.
La joven guarda sus cosas en el bolso.
—Si pierdo mi trabajo estaré frita al igual que tú, no me causes problemas.
—Solo es porque no he comido nada en todo el día.
—Entonces come algo… y no me esperes que no soy una niña para que lo hagas.
Laura camina hasta la salida y con la misma cierra la puerta, Fiorella se queda sola en casa viendo que su vida era bastante triste. Cuando su madre vivía no se sentía tan sola, pero ahora que no estaba era otra historia.
