capitulo 1. profundo dolor
Algunas lágrimas se deslizan por la mejilla de Fiorella al ver como su madre está siendo sepultada. La joven siente un profundo dolor en su alma que le es imposible de explicar, no esperaba que su mamá se fuera tan pronto de ese mundo.
La joven gimotea cuando algunas amistades depositan una rosa sobre su lecho de muerte, y seguido de eso palmean su hombro para darle sus condolencias. Fiorella solo consigue asentir, pero sin apartar la vista de la tumba de su madre.
Limpia sus lágrimas al mismo tiempo que traga saliva, trataba de contener el llano, pero le resultaba imposible. La castaña levanta la mirada y ve a su hermana a su lado, Laura no derramaba ni una sola lágrima, es que no expresaba ningún tipo de conmoción por la pérdida de su madre.
La castaña mayor levanta la mirada para verla de soslayo y frunce el ceño. Ambas se miran fijamente y es como si fuesen un par de desconocidas.
—¿Qué te pasa?
—Tú… ¿no te duele la muerte de mamá?
—¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?
—No te he visto llorar desde que supimos que mamá estaba enferma, y ahora que se ha ido, parece como si no te importara.
Laura mira a su hermana fijamente, luego la tumba de su madre, y vuelve a mirar a su hermana.
—Solo nos trajo problemas y deudas, ¿sabes todo lo que debemos ahora? —Fiorella se asombra por su respuesta, ensancha la mirada y siente mucho más dolor que antes.
—Laura, ¿Qué cómo puedes hablar de esa manera? Es nuestra madre la que se ha ido.
—Ya no somos unas niñas Fiorella, ambas podemos mantenernos por si solas. No dependemos de nadie, y será mejor que vayas buscándote un empleo, porque todas esas deudas que mamá nos dejó no se van a pagar solas.
Su hermana pasa a un lado de ella dejándola completamente asombrada, la joven regresa la vista hacia donde estaba su madre y siente que no puede más. Vuelve a tragar saliva al mirar todas aquellas flores sobre su tumba y derrama más lagrimas que antes.
—Mamá perdónala, ella… creo que es su manera de pasar su dolor.
Fiorella muerde sus labios al mismo tiempo que limpia sus lágrimas, mira de soslayo viendo a su hermana alejarse con el resto de las personas que no les importaba nada. Ella se quedó un poco más con su madre, sin embargo, sabe que pronto debe irse.
Se agacha para dejar una rosa para su madre y sonríe un poco, guardaba la esperanza de que todo saliera bien. Pronto encontraría un empleo y ayudaría a Laura a pagar las cuentas pendientes. Aunque todo parecía difícil, siempre había un camino bueno el cual elegir.
Pero sin su madre a su lado el dolor en su pecho era fuerte, la verdad es que se encontraba muy triste y no dejaba de sentirse desolada por su perdida.
[…]
El sol era clemente esa tarde, Aurelio Ferretti se encontraba de pie al lado de la familia de unos los socios de su compañía. El CEO mira a la esposa del difunto quien lloraba sin consuelo, sus hijos estaban a su lado, pero no parecía ser suficiente para ella.
El castaño regresa la vista a la tumba donde se encontraba su socio, era increíble que un día estas en este mundo, y al otro ya no estas. Aurelio permanecía en silencio mientras que el sacerdote declaraba unas palabras de condolencias para la familia y amigos.
Junta sus manos al mismo tiempo que levanta la mirada, los rayos del sol golpean su rostro directamente, por suerte las gafas protegían sus ojos. Sin embargo, a pesar de estar medio ciego, el CEO puede ver a alguien más a lo lejos.
Era una joven arrodillada delante de una tumba, Aurelio frunce el ceño al ver que ella lloraba sola en aquel lugar y en ese instante sintió una profunda pena por esa desconocida. Mantiene la vista en ella observando como deja una rosa sobre el sepulcro.
La ve secarse las lágrimas y luego ponerse en pie, el castaño mira hacia todos lados buscando ver si alguien la estaba esperando, pero estaba completamente sola en aquella tumba. La sigue con la mirada y percibe como le cuesta alejarse de aquel lugar.
Aurelio pestañea varias veces entre tanto no le quita la vista a la joven, ella sigue el camino a la salida del cementerio mientras que él no deja de verla.
—¡Señor Ferretti! ¡Señor Ferretti! —la voz de su mano derecha lo saca de su estupefacción, el castaño reacciona y mira por encima de su hombro al chico a su lado —. Ha terminado, debo recordarle que tiene una junta en una hora.
—Si —responde fríamente, luego levanta la vista y de la nada aquella castaña se le perdió de su cambo de visión.
La busca por todos lados con la mirada, pero no la encuentra. Vuelve a fruncir el ceño y hasta hace amago de dar algunos pasos para ver si la alcanzaba en la salida, pero de la nada la esposa de su socio se aproxima a él.
—Gracias por venir señor Ferretti, sé que tiene muchas ocupaciones —dice la mujer lamentándose, su cara estaba toda enrojecida.
—Lamento mucho su perdida, sinceramente lo siento.
—Gracias, mi hijo se quedará a cargo de los pendientes de mi esposo.
A Aurelio no le agradaba mucho aquella idea, pero su socio había autorizado para que su hijo mayor se hiciera cargo de su parte de la sociedad, aunque fue muy minoritaria, era molesto tener que verla la cara a Mattias.
No era precisamente de su agrado. No obstante, ahora era su nuevo socio.
—No se preocupe por eso ahora, debe ir a casa y descansar un poco.
—Gracias señor Ferretti.
La mujer siguió con una de sus hijas y a lo lejos vio a Mattias, sin embargo, no deseaba hablar con él en esos momentos. Aurelio gira su cuerpo para encaminarse hacia la tumba donde estaba aquella joven hace unos minutos.
