Capítulo 8
—No lo sé, algo extravagante para llamar la atención.
—No funcionaría, no tengo paciencia para escribir sobre mi vida, es tan caótica que me da pereza solo imaginarla.
Se abren las puertas y el viejo portero me mira con las maletas en las manos y tiene una expresión triste, odio esto, no quiero que sientan lástima por mí, no quiero ser el pobre del historia.
—Adiós, señor Thomas Miller.
—Lo lamento. —dice.
—No te arrepientas, no había futuro para eso. Yo no lo amaba y él tampoco, adiós.
Tan pronto como llego a mi auto suspiro con cansancio, las maletas pesan mucho. Miro el edificio por última vez y sonrío, estoy libre de todo esto. Pensé que necesitaba vivir esto para ser aceptada, tener un lugar permanente, alguien a mi lado y una sonrisa en el rostro, pero olvidé que todo esto sólo pasa en las películas y que en la vida real las apariencias engañan y destructivo.
—Gracias por ayudarme con la ropa y con Sebastian.
—Sí.
—Ahora eres libre, especialista en relaciones fallidas, aunque no hayas salido con nadie.
—A su disposición, señorita.
—Bueno, ahora tengo que llevar estas cosas a la casa de Minji y luego ir a trabajar, pienso en dónde las pondré cuando regrese.
—Buena suerte fuera de la ley.
—¿Fuera de la ley? — pregunto confundido.
—Irrumpir o irrumpir en un apartamento es ilegal, se considera un delito o un robo. —Oh tu esencia, me considero culpable.
—Estás perdonado. — Alexander finge golpear ese pequeño martillo en el aire. — Ya nos veremos. —Dice metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón y saliendo a la acera.
—Ya nos veremos. — Suspiro con cansancio, me subo a mi viejo auto y me dirijo a la casa de Minji, dejo mis maletas en la habitación donde me hospedo y salgo rápidamente a mi trabajo.
—Vivienne llega tarde. —dice Charlotte, entregándome el delantal.
—Lo siento, es una larga historia, te la contaré más tarde.
—Quiero saber cada detalle.
—Créeme, te lo contaré todo, detalle por detalle. Pero ahora necesito recuperar el día libre que pedí.
—¿Descansaste? —pregunta, sonrío antes de responder.
—Bastante, estoy renovada. — Ni siquiera te lo puedes imaginar.
—Estoy feliz, trabajas demasiado Vivienne.
—Las facturas llegan a final de mes, me veo obligado a trabajar.
—Triste realidad.
—¿Y cómo estás con el pequeño? —Charlotte ha estado saliendo con un pequeño durante algunas semanas, parece feliz, se lo merece después de haber sido engañada al igual que yo.
—Bueno, es cariñoso y atento, ayer fuimos al cine y luego caminamos por la plaza.
—Qué lindo, se siente como si hubiera entrado en un cliché de StreamPlay.
—Jaja, has estado muy lindo últimamente. ¿Qué hubo? Tengo curiosidad por saber qué pasó para hacerte tan feliz.
—Hagámoslo así, tenemos previsto encontrarnos en el bar de siempre al final de la tarde y te lo cuento todo, detalle a detalle.
—Trato.
Me pongo el delantal y respiro hondo, comienza otro día pero a diferencia de otros, me siento libre, sin el peso de imaginar a mi novio con otra persona en la cama pero ahora otro problema me rodea. No tengo dónde vivir y por ahora no tendré suficiente dinero para pagar un apartamento, por muy barato que sea. estoy jodida en tantos niveles que si tuviera que contar mis problemas con los dedos, necesitaría dos manos más o tal vez cuatro más.
Si no fuera tan trágico, sería divertido. Después de contar todo lo que me pasó, mis amigos tienen una expresión divertida e incrédula.
—Entonces, ¿qué hiciste? —pregunta Charlotte mientras se lleva la pajita de su bebida a la boca.
—Besé a un completo desconocido delante de él. — digo, jugando con mi paraguas que decora mi bebida de frutos rojos.
—No hiciste eso...—Dice Charlotte sorprendida.
—Bueno, créeme, lo hizo. — confirma Minji.
—Entonces, ¿el chico besa bien? —pregunta Charlotte con una sonrisa pícara.
—Como no había besado a otros chicos en el último año y medio, sólo el cabrón de Sebastian diría que sí. ¿A quién engaño? El chico besa como el infierno.
—¡Lo sabía! — Celebra Minji sonriendo.
—Pero quítate esa loca idea de la cabeza. — pregunto, chupando un poco de mi bebida a través de la pajita de colores.
—¿Qué idea? —pregunta Charlotte con curiosidad.
—Dejó su número escrito en un folleto del dentista, Minji ya quiere empujarme hacia el chico. — Te lo explicaré.
—¿Pero sabes si tiene citas? —pregunta Charlotte.
—Lo sé. — digo y Minji me mira sorprendido.
—¿Y ahí? ¿Y cómo lo sabes? —Charlotte parece estar interesada en el tema.
—Era una especie de oyente cuando íbamos a ese club, me dio algunos consejos que yo no le pedí. Le pregunté si había tenido una experiencia similar y me dijo que nunca había tenido una cita, fin de la historia.
—¿Es guapo? —pregunta Charlotte, golpeando el mío con su hombro.
—Sí, puedes estar seguro de que lo es. — asegura Minji.
—No lo voy a negar, sería hipocresía de mi parte... Está muy bueno y tiene un beso diferente.
—¿Qué quieres decir con diferente?
