Capítulo 7
—Anoche llevabas bragas de encaje rojo. — Recuerda mi vergüenza, maldita sea.
—¿Y sabes si estoy usando uno de ese color en este momento?
—Lo sé. —dice con confianza.
—¿Cómo? ¡Oh genial Alexander!
—Te volviste hacia mí y pude ver. —¿Estabas mirando mi trasero? — pregunto golpeándole el brazo con una de mis camisetas.
—¿Vivienne? — La voz que tanto escuché durante meses aparece detrás de mí, no, no quería verlo aquí y ahora, que maldito destino, siempre poniendo una piedra en mi camino.
Como siempre, el destino actúa en mi contra. Creo que he llegado a una conclusión... Estoy completamente jodido en la vida. Nada de lo que planeo sale bien.
—¿Podemos hablar?
—Creo que no tienes nada más de qué hablar. —dice Alexander, mirando a Sebastian, quien tiene una expresión de enojo. Yo diría que me asustaría más la cara de Alexander que la de Sebastian.
—¿Y quién te llamó en la conversación? Y para empezar, ¿quién te dejó entrar aquí?
—Pagué este lugar y pagué el próximo mes, tengo derecho a traer a quien quiera.
—¿Podemos hablar... en la sala?
—Si hay algo, dímelo delante de él también, quiero compartir el espectáculo de teatro con él y de casualidad, ¿habrá palomitas?
—En serio Vivienne, ¿podemos hablar?
—No, no podemos. Necesito empacar mis cosas e ir a trabajar. ¡¿Disculpe?!
Sebastian resopla enojado, pero la cara que Alexander le pone es suficiente para asustar a cualquiera. Alexander es claramente más grande que el debilucho de Sebastian, ni siquiera se atrevería a pelear con Alexander, ya que se avergonzaría e incluso recibiría un puñetazo en el ojo, lo cual no sería una mala idea.
—Por favor, llámame cuando puedas.
—Por supuesto, te llamaré y luego te enviaré mierda en cuatro idiomas diferentes.
Sebastian mira a Alexander, que tiene la misma expresión de enojo y se va enojado, cerrando de golpe la puerta del dormitorio.
—Valió la pena, pero pude arreglármelas solo. — digo tirando la ropa de todos modos en la maleta. No quiero pasar ni un segundo más bajo el mismo techo que ese tipo.
—Lo siento, solo quería ayudar. —Lo siento, este tipo me irrita.
—Entiendo, ¿quieres ayuda?
—Claro, ¿logré meter esa ropa en la maleta morada?
—Sí, lo haré lo más rápido que pueda, tampoco quiero quedarme aquí o terminaré chocando contra este tipo.
—Guarda tu enojo, él no lo vale.
—Deseo nunca ser tu enemigo. — Declara, colocando algunas piezas ya dobladas en la maleta.
—Ni siquiera somos amigos, pero no te preocupes, a mis enemigos los odio con todas mis fuerzas, lo cual no es tu caso.
—Estoy feliz.
Empaqué todo lo más rápido que pude, cuando caminé hacia la puerta y vi a Sebastian sentado en el sofá y cuando me vio, saltó del sofá.
—Vivienne, sé que me equivoqué. — Alexander se ríe pero se controla y yo quiero hacer lo mismo. — Pero déjame arreglar las cosas.
—Lo que hiciste no se puede arreglar. A decir verdad, nunca te amé, me hice creer para encajar, si tienes a alguien, no te etiquetan como puta. No te arrepientas de algo que no fue real. Mi más sincero: Que te jodan, Sebastian.
Camino hacia la cocina, recogiendo mis vinos importados que él bebía con otros pero me estaba matando con el trabajo. Camino hacia la maleta y veo que tengo su vino favorito en mis manos.
—Te gusta este vino, ¿verdad? — Asiente. — Tómalo. — Cuando extiende la mano para agarrarla, tiro la botella contra la pared. — Luego bebe del suelo. Vamos Alexander, me estoy cansando de quedarme aquí.
Tomo mis vinos y los meto en la maleta, cuando tengo todo me despido de Sebastian con la sonrisa más cínica que puedo y cierro la puerta.
—Vaya, por unos segundos pensé que iba a tener que llamar a la ambulancia.
—¿Para mí?
—No, para él. Creyó que le arrojaría la botella a la cara. — Revela apoyado en la gran maleta que lleva.
—¿Cómo se convirtió mi vida en este desastre? Descubrí una traición, besé a un extraño, lo conocí en una discoteca. Me sostuvo el pelo cuando vomité y descargó mi enojo con la bebida. Me ayudó a entrar a mi antigua casa, debo estar volviéndome loco.
—No olvidé que te ayudé a empacar tus cosas.
—Y vio mis bragas.
—Incluso el que estás usando.
—Está bien, ¿puedes dejar de recordar que viste mis bragas?
—Dos veces por cierto.
—Lo que sea. Mi vida se ha vuelto un caos y en medio de todo tengo que vivir con mi mejor amigo hasta que encuentre un lugar dentro de mi presupuesto para vivir.
—Podría escribir un libro. — Lo miro enojado. — ¿Qué? Sería un éxito.
—Claro, ¿qué nombre tendría?
