Capítulo 4
ELIF GLENN
Todo fue tan magnético. Tan electrizante. Que no sabría decir cuál de los dos fue el que terminó de cerrar la mínima brecha que quedaba entre nuestros cuerpos, pero tampoco era algo que me importara en ese preciso instante.
Todo, en ese momento, se reducía a nosotros. A esa deliciosa boca con la que tanto había soñado y que ahora devoraba mis labios con un ansia que hacia vibrar cada rinconcito de mí.
«OH. MI. DIOS. ¿Esto realmente está sucediendo?».
En cuanto su lengua se entrelazó con la mía, mi mundo entero colapsó.
No se rompió.
Simplemente se silenció.
Y eso… eso fue lo peor. Porque no fue caótico, ni exagerado.
Fue perfecto.
Demasiado perfecto.
Como si el cuerpo supiera algo que la mente había pasado años negando. Como si fuéramos dos ríos que se fundían en un océano de emociones imposibles de contener.
Sus labios eran como un amanecer que despertaba cada rincón dormido de mi alma. Como sumergirme en un mar de fuego que consumía mi corazón. Y, cuando me levantó ligeramente contra la pared, no pensé en nada más que en él.
En sus manos.
En su respiración.
En la forma en que decía mi nombre sin necesidad de hablar.
Y cuando finalmente dejó de luchar consigo mismo, cuando sus muros de contención se vinieron abajo… por primera vez, desde hacía mucho tiempo, vi a Axel vulnerable, sin máscaras ni escudos de apariencias, sin pensar en lo que era correcto, aunque su corazón gritara que tomara el camino contrario.
En cuanto el ultimo hilo de ese control que se auto exigía, se rompió, fui la mujer más feliz que podía existir en todo el universo. Porque ese quiebre que para algunas personas podía ser algo común o un simple momento de debilidad, yo sabía que para él significaba muchísimo más, pues Axel Zanders era de los que tenía una fuerza de voluntad inquebrantable, de eso hombres que son capaces de separar sus emociones de la lógica, su sentimentalismo de la razón, su corazón de la cabeza.
Y, que estuviera aquí, perdiéndose en sus emociones, entregándose al deseo, dejándose fluir y correspondiéndome, me hacía sentir como un faro perdido que de repente vio la luz del amanecer: cálida, reconfortante y llena de dirección.
Estar en sus brazos era como volver a casa después de un largo viaje por extensos y solitarios desiertos emocionales. Como si el tiempo se hubiera detenido y el mundo girara solo alrededor de este instante de conexión que solo había vivido en mis ilusiones más deseadas y soñadas.
Nuestras lenguas danzan y cada beso se vuelve más profundo, más caliente, más posesivo. Mi cabeza sigue flotando en una nube de éxtasis, girando mientras la lujuria y la incredulidad luchan dentro de mí. Sabe a licor y menta, y esa combinación tan fresca me hace desear más y más.
«Mmmm, sabe tan exquisito que quiero comérmelo completito».
Siento un fuego quemarme desde el interior, como una llama devastadora que nunca antes había experimentado con nadie más.
Una bestia primitiva que ha despertado con un hambre carnal que amenaza con no zacearse jamás. Y que me ha arrebatado toda la capacidad de pensar con claridad o de ser consciente de nuestro alrededor.
Está tan duro, que estoy segura que debe dolerle. Y, con ganas de verlo completamente perdido y desquiciado de deseo por mí, me froto intencionalmente con toda su entrepierna.
—Elif —gruñe, y sé que necesita de toda su fuerza de voluntad para no tomarme aquí mismo y poder llegar a casa como le propuse.
—Te he deseado tanto —murmuro en su oído, mordisqueando su lóbulo al mismo tiempo en que deslizo mi mano entre nosotros y tomo su polla sobre los pantalones, haciéndolo lloriquear de placer.
Su cabello rubio está alborotado y sus ojos azules, totalmente vidriosos mientras me observa desde el borde de la cama.
En todo el camino a casa mis nervios estuvieron a flor de piel, con el temor de que pudiera arrepentirse en cualquier momento, pero ahora que estamos aquí, semidesnudos, rodeados de una atmosfera caliente y tierna, a partes iguales, sé… que ya no habrá vuelta atrás.
Veo como casi se ahoga cuando le hago saber que, a pesar de no tener ninguna experiencia en la intimidad, más allá de besos y tocamientos ligeros, quiero chupársela y poder zacear mi curiosidad con respecto a cómo sabrá su miembro en mi boca.
No puedo negar que estoy nerviosa y que, aunque aparente seguridad y fiereza, por dentro miles de incertidumbres me golpean, una tras otra.
«¿Le gustará estar con alguien inexperta como yo? ¿Seré capaz de brindarle tanto placer como sus anteriores relaciones...?».
—Está bien —me dice, sacándome de ese torbellino de pensamientos y acostándome sobre su espalda, cruzando los brazos detrás de su cabeza—. No tienes que sacar a ese pequeño diablo que vive en ti. Estoy aquí. Haz conmigo lo que desees, Elif Glenn. Soy todo tuyo.
Soy todo tuyo, esas últimas palabras resuenan en mi cabeza, dándome toda la seguridad que no sabía que necesitaba, hasta que las escuché salir de su pecaminosa y deliciosa boca.
Riendo suavemente, comienzo a encaminarme hacia donde este maravilloso y musculoso vikingo está posicionado como todo un rey, entregado a la voluntad de su legitima reina.
Todavía no supero el shock de todos los atributos de su espectacular cuerpo. Siempre supe que era fuerte, definido. Y había visto su torso desnudo, al igual que parte de sus tatuajes, pero… verlo ahora, completamente desnudo, rendido a mis deseos y con esa gigantesca y gruesa polla frente a mí, brillando por su pre seminal y todos esos piercings, me daba cuenta de porque cada ligue suyo terminaba siempre deseando más de él.
Porque cada una de sus ex, pasaban trabajo para aceptar y superar la ruptura. Y es que, el muy maldito no solo es una excelente persona y un maravilloso ser humano, sino que, está tan bien dotado y esculpido, que es para tenerlo como centro de mesa, como algo divino y único, o como el alimento necesario de cada día.
«Hoy no dormiré, pero no pienso desaprovechar ni un segundo de este espléndido dios del pecado y la tentación».
Pasando las palmas de mis manos por sus duras y musculosas piernas, comienzo a explorar su cuerpo al mismo tiempo en que voy acercándome más a él. Acaricio cada centímetro de su piel, pero siempre bordeando su miembro, sin llegar a tocarlo.
Disfruto como se retuerce de ansiedad y desespero porque alguna parte de mi haga contacto directo con esa bestial carne caliente y erecta.
«Diablos… no creo poder ser capaz de tomar esa bestialidad en mi interior».
Axel extendió sus fuertes brazos, interrumpiendo mi pensamiento y pellizcándome ambos pezones, logrando que mi sexo se contrajera, a la misma vez que pasaba su mano por mi garganta para acariciar mi labio inferior con las yemas de sus dedos.
—Siempre has tenido unos labios apetitosos y una boquita sarcástica y atrevida. —expresó, con un tono de voz tan ronco, que me erizó de pies a cabeza.
Introdujo su pulgar entre mis labios, sin perder el contacto visual. Y, sin pensarlo, lo rodeé con la lengua, chupando y saboreando su piel.
—No puedo esperar a silenciarte con mi polla —confesó, con un ronroneo bajo y seductor.
«Oh. Dios. Este hombre debería llevar un cartel de peligro para la cordura femenina».
De repente, me agarró del cabello, tirando de mi cabeza hacia él. Su boca se estrelló contra la mía. Mis manos buscaron apoyo sobre su pecho, sintiendo cada uno de sus músculos esculpidos mientras se apoderaba por completo de mi boca.
—Ya que estás tan segura de querer probarme —dijo, mordiéndome, para luego lamer, el labio inferior—. Dime… ¿Cómo quiere que te folle esta boquita desafiante? ¿Suave o duro?
«Maldito sea. Me tenía a punto de caramelo y todavía no habíamos comenzado verdaderamente».
Respondí de la única manera que mi forma de ser me permitía, porque a pesar de que esta sería mi primera vez en muchos aspectos, lo quería todo de él.
—Rudo, vikingo. No quiero que te contengas de ninguna manera.
Su miembro se movió entre nuestros cuerpos, como si fuera capaz de entender y quisiera expresar lo feliz que estaba con esas palabras.
—¿Estás segura, enana? Con las ganas que te tengo… una vez que empiece, no sé si seré capaz de contenerme o poder parar.
Debía de estar nerviosa, quizás ser un poco cautelosa. O tal vez, intentar llevar las cosas de manera suave, pero tenerlo así, todo mío y sintiendo el calor de su carne entre mis labios, me habían convertido una pantera hambrienta. Una depravada de todo lo que desconocía, y que igualmente deseaba experimentar hoy, porque sabía que, con él, todo me encantaría.
A lo mejor sus palabras deberían haberme hecho pensar las cosas dos veces, pero en cambio, un rayo de excitación golpeo directamente entre mis piernas.
—Estoy segura, Axel. Quiero todo de ti —determiné.
Rozó sus labios por el borde de mi mandíbula, hasta llegar a mi oído izquierdo.
—No olvides que así tú lo pediste, pequeño ángel.
Los músculos de mi abdomen se apretaron con una anticipación enfermiza y preocupante para alguien que nunca se había dejado llevar por la lujuria.
Volví a apoyar las manos en la parte superior de sus muslos y, sin dejar de ver esos hermosos ojos azul cielo, volví a introducirlo en mi boca.
Desde cualquier ángulo que lo observaras desnudo, su polla era enorme, aterradoramente enorme y no podía dejar de cuestionarme como lograría tomarlo completamente dentro de mí. Era tan larga y gruesa... y llena de venas, perlas y piercings. El arma perfecta para destruir vaginas o hacerlas adictas.
—Respira hondo —ordenó.
«Mierda».
Aspirando profundo por la nariz, pasé la lengua alrededor de la cabeza mientras él se seguía introduciendo en mi cavidad bocal. Un centímetro. Luego otro. Y después varios centímetros más.
Algunas arqueadas se presentaron, pero no me retiré.
