Capítulo 3
AXEL ZANDERS
Nuestras bocas se encontraron como dos ríos que desde siglos se buscaban, inevitable y perfecto. Como dos corrientes que anhelaban su unión, turbias y claras a la vez.
Sentir sus labios rozando los míos por primera vez, fue como las primeras gotas de lluvia cayendo sobre la tierra reseca: Fresco, efímero y eterno, transformando todo a su paso.
Como si las manecillas de los relojes olvidaran girar, haciendo que el mundo entero se detuviera y solo existieran nuestras lenguas conociéndose, explorando cada rincón y luchando entre ellas por el dominio.
Besarla era como hundirse en un volcán de dulzura y fuego, donde cada roce abría grietas a emociones largamente contenidas.
Y desde ese preciso instante supe que cruzar ese límite había sido un error… un jodido error. Uno que ponía fin a mi paz mental y le decía un adiós absoluto a mi control.
«Hostias, acabo de firmar mi más maldita y divina condena», fue todo lo que pude pensar en el medio de ese naufragio de hermosas sensaciones que estaban invadiendo cada rincón de mi ser.
Porque con ese beso, no hubo dudas.
Solo alivio.
Como si por fin dejara de luchar contra algo que ya me había ganado hacía mucho tiempo, incluso desde antes que mi propia mente lo aceptara.
Como si ese beso fuera la llave que no sabía que necesitaba para abrir bóvedas de sensaciones nunca imaginadas, un jardín secreto del cual no sabía y donde cada pétalo era una caricia.
Los labios de Elif eran los más suaves que había besado en todos mis años de intimar con chicas. Eran carnosos, pero delicados. Sin mucha experiencia, pero perfectos.
Su sabor era dulce y letal, y su lengua tomaba todo de mi con la misma hambre con la que yo la estaba devorando. Como si llevara diez vidas esperando por este momento, por este segundo de perdición, por este arrebato impulsivo de nuestros corazones.
Su mano acarició todo el largo de mi espalda y subió a mi cuello, jugando y tirando de mi cabello como si siempre hubiera sabido a dónde ir.
Y yo perdí el control por completo.
Sintiendo ese instante como un puente de cristal sobre el tiempo, donde lo imposible se sentía felizmente tangible.
Cada beso era un conjuro silencioso, capaz de encender constelaciones dormidas en lo más profundo de mi pecho y volviendo mi polla como una maldita roca a punto de reventar mi cremallera.
—Pequeño ángel… debemos… detenernos —logré balbucear entre besos.
—No quiero. He esperado demasiado tiempo por esto como para detenerme ahora —sentenció, al mismo tiempo que su otra mano acarició todo el largo de mi miembro erecto por encima de la tela de mi pantalón, dándome un pequeño apretón que me hizo sisear del delicioso estremecimiento que causó en mi cuerpo.
—Joder, enana —gruñí—. Me vas hacer follarte aquí mismo y tu mereces mucho más.
—Entonces no digas una palabra más y vámonos a casa ya —ordenó, con las pupilas dilatadas y los labios hinchados—. Mamá no regresa hasta la mañana.
Sin perder ni un segundo demás ni detenerme a analizar las consecuencias que pudieran tener las siguientes acciones y decisiones, la alcé en brazos y comencé a dirigirme hacia mi coche. No como recién casados a punto de cruzar el umbral de su hogar donde iniciarían una nueva etapa de sus vidas como pareja; sino como dos personas que acababan de dictar sentencia, declarando el fin de todos los límites que nos habían contenido durante tantos años y dando inicio a un camino desconocido y totalmente incierto.
***
No fui consciente de cómo, ni del momento exacto en que llegamos a casa de Regina; mucho menos en que tan rápido o lento fue el viaje. Nada de eso importaba con la magnífica imagen que tenía delante de mí.
Elif yacía en su cama, con las mejillas enrojecidas y los carnosos labios entreabiertos. Su sostén había desaparecido en alguna parte del trayecto de la puerta principal a su habitación. Su vestido estaba enrollado en su cintura, dejando expuestas sus perfectas tetas para mí, Sus piernas estaban separadas solo lo suficiente para poder acceder a ese maravilloso tesoro que se escondía debajo de sus diminutas bragas de encaje blanco.
«¡Maldita sea! Ni siquiera he podido contemplarla completamente desnuda ante mí todavía, y así todo ya estoy totalmente seguro de que es lo más erótico que he presenciado en toda mi existencia».
Ese largo cabello azabache se extiende sobre la funda carmesí de la almohada, mientras su pequeño y cálido cuerpo vibra y se retuerce bajo cada uno de mis toques. Sus verdes ojos se cierran instintivamente con más fuerza de la normal cada vez que paso mi pulgar por su clítoris.
Y juro que podría hacer esto cada uno de mis días. Porque no existe nada en este mundo más sexy y exquisito que esta visión.
Su boca vuelve a caer sobre la mía recitando poemas que ninguna lengua podría pronunciar, versos hechos solamente de suspiros, temblores y un deseo tan ardiente que puede consumirnos a ambos en un solo pestañear.
—¡ESPERA! —Elif separa su boca de la mía de repente y me quedo congelado.
«¡Diablos! ¿Estaba siendo demasiado brusco?», es lo primero que me cuestiono cuando me aparta de ella, pidiendo que me detenga.
No recuerdo haber estado antes con alguien virgen y por eso temo haberme dejado llevar por este deseo primitivo y salvaje que ella hace que brote de cada uno de mis poros, y haber sido un jodido bruto.
—¿Te lastimé, ángel? —pregunto de inmediato.
—No, vikingo —responde, acariciando mi rostro como si pudiera leer que por dentro moría de nervios y debía tranquilizarme con su tacto—. Todo lo que me has hecho hasta el momento se siente increíble.
—Entonces, ¿qué pasa, enana? —cuestiono, sin entender aun la interrupción.
—T-todo está más que bien —susurra. Y el color de sus mejillas aumenta un tono más—. Y-yo solo... yo quiero saborearte... ahí.
—¿Quieres chuparme la polla, pequeño ángel? —cuestiono.
Ella asiente, lamiéndose los labios y logrando que mi miembro se retuerza, intentando atravesar todo lo que le impide estar en contacto directo con esta hermosa y sexy mujer.
—Sí, vikingo. Quiero hacerlo —responde, y su respuesta demuestra que se siente con más confianza ahora que dejó salir ese deseo que daba vueltas por su mente.
Aprieto mis dientes contra mi labio para detener el impulsivo primitivo que me golpea como un rayo.
«¡Dios! Aún no me ha tocado como se debe y ya me tiene a punto de correrme como un maldito puberto e inexperto».
—No tienes que hacerlo probarte algo a ti misma o porque crees que es tu deber conmigo —le aclaro, porque se lo mucho que se exige y los temores que guarda, aunque no los exponga. Y para mí, el que este pequeño instante sea realidad, es más que suficiente—. El solo saber que me correspondes ya me hace feliz.
—Lo sé, Axel. —Me sonríe y hay un destello travieso en esos ojos verdes—. Pero también soy consciente de todo el tiempo que he esperado por esto, y como no tengo certeza de cuanto nos dure, de si estoy soñando o si realmente está pasando, pienso aprovechar cada segundo y tener todas mis primeras veces con este vikingo sabroso que tengo delante de mí y al cual marqué como mío desde hace años.
Esta chica ha sido mi kryptonita desde hace más tiempo del que estoy dispuesto a admitir. Y, saber que esperó para emprender esta aventura solo conmigo, hace que mi lado posesivo despierte con la misma furia de un animal salvaje.
Es jodidamente romántico, casi poético, teniendo en cuenta la historia que nos une. No solo soy la persona que quiere y en la que confía lo suficiente como para haberlo elegido y brindarle el privilegio de un momento tan significativo y especial, sino que, también seré la primera polla en la boca afilada y sarcástica de mi hermoso ángel.
