Capítulo 4
Los repetidos golpes en la puerta la despiertan; Intentó abrir sus ojos, pero la pesadez de estos la hizo rendirse y acurrucarse nuevamente entre las suaves y cálidas sabanas.
—Señorita Creta —la voz que se alzaba estaba llena de reproche—, si no se apresura la Señorita Eleanor dará mal testimonio de usted.
“¿Dónde estoy? No estoy en casa porque mi madre me dice solo Creta y su voz no es masculina”
—Si, ya voy—responde aun sin saber con quién habla— ¿Qué hora es?
—Son las nueve en punto y llevo diez minutos tocando para que se despertara.
Creta abre los ojos de golpe al reconocer esa voz monótona y aburrida.
—¿Dylan?
—El mismo —contesta algo irritado— Te quieren en veinte minutos abajo, tenías treinta, pero ya no
—Uh, alguien se levanta de mal humor.
—Y alguien parece incapaz de levantarse —contesta Dylan, quien aún no se había marchado— Apresúrate.
Hasta que está segura que él se ha ido, empieza a hacerle burla. Suspirando se levanta, con pereza se estira y sobresalta cuando todas sus articulaciones truenan.
—Uh, estoy vieja.
Corriendo al baño se da la ducha más rápida de su vida, agarran una camisa y una falda hasta que nota un vestido con un delantal en la cama; Confundida se acerca. La puerta se abre de golpe. Con un grito, se intenta tapar con la diminuta toalla. Fallando.
Ginna está sonrojada y balbucea disculpas mientras se tapa los ojos e intenta cerrar la puerta, cuando otra persona entra en la habitación.
“¿No conocían la palabra privacidad?” piensa sorprendida “¿Hola? Estoy desnuda cubierta por esta diminuta tela y apreciaría que salieran para poder cambiarme”
—¡Creta! —dice Melanie caminando hacia la cama acostándose— Apresúrate.
“Lo haría si salieras de mi habitación”
—Melanie ella no sabe nada.
“Gracias, Ginna, pero preferiría que se fueran amablemente”
—Cierto, se me olvida que eres nueva —se ríe—Tienes que vestir este uniforme. No sabemos muy bien tus tallas, pero Chace nos ayudó más o menos.
Ginna se acerca a la cama agarra el uniforme, luego se lo entrega
—Cámbiate —la sonrisa tímida que le dedicó la hizo sentir expuesta— Melanie, ven conmigo
—Eh, ¿por qué?
—¿Planeabas estar con Creta mientras se cambiaba? —pregunta antes de pensárselo bien— No me respondas, solo salgamos.
Melanie se despide con la mano mientras sonríe burlona; Creta las sigue de cerca y cuando salen se apresura a echar llave. No queriendo darles oportunidad de regresar, se viste rápidamente con el uniforme.
“Me queda casi perfecto” piensa mientras da una vuelta frente al espejo “Es corto para ser uniforme de trabajo, pero las chicas también lo usan un poco arriba de las rodillas, casi a la mitad de la pierna”
—¿Quien dijo que las ayudó? —murmura en voz alta—¿Chace? ¿Quién era Chace?
Bien, no tenía importancia; Cepillando su cabello y dejándolo suelto, sale de la habitación. Rezando porque su memoria no le fallara y se estuviera dirigiendo hacia la cocina.
“¿Dónde está mi caballero cuando lo necesito?”
—Señorita Creta —saluda una voz masculina y divertida; Después silba coqueto— Te ves hermosa el día de hoy.
—¿Niall?
—¡Oh, sí, eso! —exclama sin perder su sonrisa— Mi nombre es Chace, no Niall.
—Pero tú me dijiste que te llamabas Niall.
—Si, solo fue que por tu apariencia parecías fácil de engañar —explica descaradamente mientras le guiña un ojo— Dejando eso de lado, veo que te quedo bien el uniforme. No me equivoque con la talla.
—¿Tu lo escogiste? —pregunto incrédula; Luego señala la falda—, pero te equivocaste en el largo.
Él suelta una candente carcajada y niega divertido.
—Nunca me equivoco —coquetea y antes que le pueda decir algo más agrega— Por cierto, si vas a la cocina estas muy lejos. Es para el otro lado.
—¿Que? ¡Ah! —se queda viendo a ambos lados— ¡Gracias!
—Te guiaré, ven.
Inmensamente agradecida con el rubio, lo sigue hasta que se detiene de repente; Se da la vuelta sonriendo; No, no le gustaba ese brillo juguetón en su felina mirada. Esos ojos gritaban mala idea.
—Pensándolo bien, deberías correr.
Lo mira desconcertada hasta que él empieza a correr
“¿Por qué corre?” sin comprender, mira hacia atrás, pero no hay nada; Cuando vuelve a ver, Chace ya está dando la vuelta en la esquina, se para un segundo para decirle adiós con la mano y volver a correr “Esperen está corriendo y yo no conozco el camino. ¡Maldición!”
—¡Espera! —grita empezando a correr por el mismo lugar que él— ¡Chace, regresa!
Da la vuelta en la esquina y se desconcentra con la vista; Rosas de todos los colores que se podía imaginar. Embelesada, se acerca a unas y respira su delicioso aroma. Parecían muy bien cuidadas.
Un ruido la sobresalta, buscando la causa se inclina hasta que un maravilloso gato blanco con un collar que parecen perlas y una placa; Con lentitud se acerca al gato para leer la placa sin ser aruñada.
—¡Nieves! —gritan el nombre de la gata— ¿Dónde te has metido, cariño?
La gata parece entender que le hablan a ella y camina en dirección a quien la llamo. Curiosa, la pelirroja la sigue, acción de la que se arrepiente en cuanto ve a Eleanor, quién vestía como si fuera algodón de azúcar; Con un vestido pomposo de color rosa pálido y un sombrero del mismo color, se veía demasiado vestida.
La rubia se percata de Creta y sonríe arrogantemente mientras se quita sus gafas; La gata se recuesta plácidamente entre los brazos de esta, ronroneando.
—Te estaba buscando —reclama acercándose indignada— Tu no debes hacerme esperar a mí, sirvienta.
Creta se obligó a sonreír aun cuando sus palabras eran ofensivas; Como si quisieran probar su paciencia, la gata casi la araña cuando se acerca.
—Sígueme, le diremos a Dylan que nos lleve a mi casa —se lo piensa—, mejor yo espero en la salida y tú lo buscas.
—Pero no sé dónde está.
—¿No sabes que significa la palabra buscar? —pregunta con irritación— Como ya dije te espero en la salida y déjame decirte que no tengo mucha paciencia.
Sin más se va como si fuese la reina del mundo, acariciando a su gata.
—¿Te llevo donde Dylan para que las lleve?
La voz la sobresalta, por instinto termina dando un puñetazo hacia donde escuchó la voz; Sus nudillos se estrellan contra algo y ese algo gritó.
—¡Carajo! Eso me dolió —el moreno se agarra la nariz, con sus ojos lagrimeando—, creo que me partiste la cara.
—No, no; Probablemente solo la nariz —Creta se caya apenada cuando él la mira un poco molesto y ve sangre— Digo, lo siento. No pensé que fueras tú.
—¿Quién podría haber sido que necesitabas partirle la nariz?
—No pensé solo actué —murmura avergonzada;
Él niega sonriendo, quita la mano y ya no le sangra… Mucho.
—Vamos a un lugar donde te puedan curar.
—Vamos a la cocina ahí debe estar Dylan y Ginna para que me curen —propone empezando a caminar—. Por cierto, pegas bien.
Creta se ríe recordando la vez le dejó morado un ojo a Adam cuando la asustó por casualidad; Sacudiendo su cabeza y el pensamiento, camina junto a Max. Poniendo atención al camino para así evitar perderse nuevamente o eso esperaba. Al fin, llegamos a la cocina y en cuanto entran, se escucha una exclamación de admiración antes que estallen las carcajadas.
—¿Que te paso? Tu cara está más fea de lo normal.
—¡Melanie! —la reprende Ginna quien obviamente está aguantando la risa— Max, ¿qué te pasó?
—No asusten a Creta.
—Esa no es respuesta para la pregunta.
—Dylan, esa es la respuesta —explica dejando que Ginna le limpie la sangre— Creta me golpeó.
Las carcajadas estallan nuevamente.
—Imbéciles, con amigos como ustedes no necesito enemigos.
—¡Oh, vamos! ¡Al menos no te rompimos la nariz!
—¿Tan fuerte te pego? —pregunta Stevens riendo— ¿O eres una delicada flor que se desmorona con la mínima brisa?
—¿Por qué no dejas que ella te pegue y te respondes tú mismo?
A pesar de la molestia en su voz, Max se estaba riendo mientras lo terminaban de curar; Creta por su parte no encontraba donde esconderse de lo apenada que se sentía.
—¡Yo quiero ver eso! —exclama Melanie emocionada— ¡Primito deja que Creta te pegué!
—No, prefiero... prevenir.
—Aburrido.
Ginna notó la mirada preocupada de Creta y le sonríe amablemente.
—No le pegaste muy duro, solo provocaste que se desangrara y le doliera mucho —la tranquiliza antes de susurrarle— Buen golpe... no molestaría que golpeases a Stevens o Chace.
“Ahora entiendo por qué es tan buena amiga de Melanie”
—Creta no debías decirle algo a Dy...
—¡Dylan! —el susodicho hace mueca— La gruñona Eleanor nos espera en la entrada.
—¡Y lo dices ahora! —exclama parándose rápidamente— Vamos. Debe estar muy furiosa ¡camina rápido!
Antes de que ella pueda salir junto con Dylan, alguien la agarra del brazo.
—Buena suerte —menciona Melanie con expresión seria— Créeme la necesitarás.
Bien, eso no era alentador, pero igualmente alcanzó a Dylan, quién por cierto caminaba como si lo fuesen persiguiendo por lo que, llegaron a la entrada; Eleonor estaba ahí, antes se veía calmada, pero en cuanto los notó, frunce el señor y se acerca. Impaciente.
—¡Sirvienta!
—Perdón me perdí.
—A mí no me interesa si te pierdes o te rompes una pierna, solo no me hagas perder el tiempo —gruñe antes de mirar al castaño— Dylan.
—¿Sí, mi señorita?
—Tu conducirás.
Camina al auto y Dylan le abre la puerta, pero cuando él le iba a abrir también a la pelirroja le gruñe. Dylan se detiene a verla.
—¿Qué haces? Tu asiento es por allá.
—Yo iba abrir la...
—Dije que tu asiento esta por allá —insiste— ¿o es que estas sordo?
Dylan se queda quieto antes de darle una mirada de disculpa a Creta y se sube; Sintiéndose mal por el castaño se sube al auto. Lo mira por el espejo para sonreírle tranquilizadoramente. Sorpresivamente él se la regresó antes de encender el auto e iniciar a conducir. Cuando llegan al portón mediano Frederick la saluda.
Creta le regresa el saludo alegremente cuando salen del portón.
—Vaya, te llevas bien con los sirvientes y guardias —se burla—. Bueno, supongo que los pobres se entienden.
“Oh, no, no. Te voy a callar esa malcriada boca”
Cuando iba hablar, molesta por los comentarios de Eleonor, se detiene por la mirada de Dylan; Parecía que le advertía, le ordenaba que se quedara callada
“¡¿Como quedarme callada si me está insultando?!”
—Vaya, parece que no tendré que enseñarte a controlar tu lengua —ríe viéndola sobre su hombro— Es una lástima, ya tenía planeados tus castigos.
“Bien, le debo las gracias a Dylan” de no ser por su mirada, quien sabía lo que Eleonor le hubiese puesto de castigo.
—Llegamos, señoritas —anuncia antes de bajarse y ayudarle a Eleonor; De escondidas, le abre la puerta mientras le sonríe— ¿Aviso a los Walsh que ya llegó?
—No gracias, solo yo estaré en casa —explica con tono amable— Ahora puedes retirarte y vuelve hasta más tarde.
Creta le dedica una mirada suplicante a Dylan, maldición no se quería quedar sola con la diosa cruel.
—Si no es molestia, creo que preferiría esperar.
La rubia ríe sarcástica y niega acercándose a Dylan.
—Estás rebelde hoy. mi querido Dylan —le acaricia el mentón; Él no mueve un solo músculo— ¿No te encariñaste de alguien pobre no? Tú vienes de una respetable familia, aunque no acaudalada.
Él se mantiene en silencio, cosa que la molesta; Le clava las uñas en la barbilla.
—Mas vale que no —lo suelta— No quisiera que sufrieras. Recuerda que los ricos mandan, por lo tanto, te conviene llevarte con nosotros.
Eleonor se da la vuelta y la pelirroja se apresura a seguirle el paso; Tuvo cuidado de no caminar a su lado, no quería retarla porque paciente, piadosa y amigable no parecían adjetivos que pudiera utilizar para describirla.
—Harás bien en recordarlo Dylan.
