Capítulo 3
—¡Ya vino la nueva! —anuncia Margaret con entusiasmo— Está aquí.
—Maggie, creo que deberías ir a hacer cita con el doctor.
Margaret se da la vuelta para darse cuenta de que la pelirroja no estaba ahí con ella; Suspira negando mientras pone sus manos en su cadera.
—¿A dónde se metió esta niña?
Una risa masculina se alza.
—La nueva fugitiva —se burla la misma voz de antes, pero se detiene cuando se escucha un golpe— ¡Ginna, eso duele!
La señora suspira en rendición con el chico y decide regresarse para buscar a la pelirroja con la mirada; cuando al fin la encuentra, sonríe acercándose demasiado rápido para su edad.
—¡Aquí estás! —exclama mientras la agarra nuevamente de la mano— No seas tímida, ¡todos desean conocerte!
La fuerza que aplicaba en su muñeca le daba a entender que no la dejaría escapar nuevamente; Entró a lo que era la cocina, el silencio se instala en lo que todos la miran y ella a su vez se quedaba muda por la belleza de los presentes. Increíble. Las mujeres eran de apariencia magníficamente increíble y los hombres era ridículamente atractivos.
Sin contar a Steven, a quien ya conocía, había dos hombres que no conozco. Todos son endemoniadamente atractivos.
“¿Qué les dan de comer? ¿Concentrado de sensualidad?”
Entonces estalló el caos
—¡Que linda! —exclama la rubia— ¡Tú serás mi hermanita!
“¿Yo? ¿Hermana de esa diosa?” se pregunta atontada por la chica que no debía estar en sus veintes. De largos cabellos color dorado como si fueran delicados hilos de oro, ojos color cielo y con un rostro que pareciera ser la reencarnación de la belleza y elegancia. “No es voluptuosa, pero no tiene nada que envidiar. No la quiero de hermana, le daré vergüenza”
—¡Melanie! ¡No la asustes! —advierte el moreno con una sonrisa totalmente encantadora.
El que habló fue el más alto de todos; Con una piel besada por el sol dándole un exquisito color dorado, cabellos negros y ojos agradables; Sobresalía entre todos los hombres presentes.
“Definitivamente es eso y no que es puro músculo combinado con unas facciones masculinas, pómulos marcados, mandíbula fuerte y sonrisa agradable.” Piensa sonrojándose.
—¡Calla, Maximiliano!
La hermosa rubia, que ahora sabía se llamaba Melanie, ignoró al moreno y se acercó a abrazarla. Creta no sabía qué clase de expresión debía de tener, porque otro de los chicos, el de largos cabellos rubios e increíbles ojos verdes, muy llamativos y de aspecto felino; Sus facciones esculpidas delicadamente se iluminaron con una sonrisa entre pícara y burlona antes de hablar.
—Stev, debería hacer algo con tu prima
Stevens rueda los ojos luego apoya sus codos en la mesa divertido con la escena; Arquea una ceja con perezosa malicia hacia Creta antes de mirar al otro.
—¿Por qué debería hacerlo, Chace?
—Vamos, no seas malo, sabes que Dylan no hará nada, además eres su primo —pide la pelinegra y Stevens suspira negando, ella sonríe despreocupada— ¡Melanie, deja a la señorita!
—¡Ginna! —exclama la rubia soltando a la pelirroja quien da una fuerte inhalación como si la hubiese estado ahogándose— No te pongas celosa, tú siempre serás la menor.
Cambiando de víctima se va a abrazar a la pelinegra de hermosa y exuberante figura, quien sólo sonríe y le corresponde, aunque se ve algo avergonzada.
“Adorable” piensa Creta mientras observa a la pelinegra de ojos como zafiros “Debe ser la más joven. No hay otra manera de tener tales facciones dulces e inocentes”
—¡Callados y quietos! —ordena la señora Margaret; Frederick que aparece detrás de ella hace una cara divertida— Diga su nombre cada uno, están siendo mal educados con la señorita comportándose como animales y la están confundiendo.
—Me llamo Maximiliano, pero todos me dicen Max, tengo veintisiete años y trabajo como jardinero.
“Sexy moreno de sonrisa encantadora” piensa ella mientras le sonríe de regreso.
—Me llamo Dylan, tengo veinte años y soy el profesor personal del hijo menor de los Snyder —recita con una voz que pesar de ser agradable, desborda una seriedad o incluso indiferencia—. Además, soy el secretario del señor Snyder.
Creta sonríe incomoda. No lo había notado, pero no podían culparla; El castaño no había dicho una sola palabra y era tan pálido que se confundía con la pared, aunque ahora que lo miraba con detenimiento también era endemoniadamente atractivo, claro, si te iban los chicos serios y de apariencia remilgada incluso aristócrata.
“Tiene ojos miel muy hermosos” piensa antes de sentirse incomoda por la mirada del castaño “Una lástima que me de miedo y los oculte bajo los lentes”
—Me llamo Niall, tengo veintiséis, soy un amigo de la infancia del mayor de Snyder y amigo de juegos del menor —se presenta el rubio con ojos de gato— Vivo a en la casa de al lado.
“Si no vi ninguna casa, debe ser igual de grande que esta” reflexiona “Niño rico, ¿no te llamabas Chace?”
—¡Ya! Mucha información sobre ti bueno para nada —lo calla la rubia sonriendo— Voy yo. Me llamo Melanie, soy la prima de Stevens, ayudo a la limpieza y ayudante de cocina.
—Yo soy Ginna, tengo diecinueve y soy cocinera —le dedica la sonrisa más dulce del mundo— Ella es Margaret tiene sesenta y seis años, es la mejor cocinera y ama de llaves.
—Un gusto en conocerlos —estaba nerviosa, pero se las arregló para que no le temblara la voz y sonreírles— Soy Creta, tengo veinte años y vendré a ayudar en todo lo que se me diga.
—¿No te especializas en nada? —pregunta el castaño con lentes, Dylan.
“No te ofendas con ese tono” se calma Creta “Seguro solo tiene un palo metido en el…”
—No —responde sonriendo forzadamente— Puedo jardinería, cocinar, me gustan los niños y aprendo rápido.
—Nos dejarás sin empleo a todos —bromea Max— Claro, a Dylan no.
—No, sólo seré ayudante.
No quería que sintieran amenazados con su presencia, pero seguro no era necesario; Después de todo ella había llegado a Inglaterra como un capricho de la señora de la casa. Si la señora quería, la podían echar.
—Bien, estoy más tranquila…
Antes que Melanie pueda continuar, se escucha como la puerta se abre de golpe; Parada mientras examina a todos está una mujer de hermosos cabellos y ojos como la miel, un vestido negro le cae delicadamente hasta el suelo deteniéndose únicamente en sus angostos hombros que como las sombras de medianoche contrasta con la porcelana de su piel. Aunque su mirada se detuvo en el moreno un rato, rápidamente continuo y bloqueó su mirada en la pelirroja que se encogió ante su fuerte mirada.
“¿Quieren darme un poco de su comida? Ella parece una diosa”
—Tú debes ser la nueva sirvienta.
“Vaya tono” piensa Creta al ver que la sonrisa maliciosa de la rubia combinaba con la burla en sus ojos.
A paso firme y con deje elegante se dirige hacia Creta, la mira de arriba hacia abajo; Calibrando si era una amenaza o no.
—Señorita Eleanor —saluda Margaret sonriendo— ¿A qué se debe su visita tan temprano?
“¡¿Eleonor?!” se sobresalta “¡Oh, estoy tan muerta!”
—Carly me aviso que Stevens había vuelto, entonces por ende la nueva había llegado —explica y me agarra la cara y luego sonríe— ¿Hay algún problema con qué esté aquí?
—En absoluto, solo la esperábamos más tarde.
—No me agradas —suelta de golpe Eleonor mirando a Creta—. Mi querida suegra Dea me concedió el permiso de llevarte conmigo y enseñarte como son las cosas aquí.
“Una diosa cruel”
—Eleanor.
El tono de advertencia venía de Max.
“¡Oh, él está tan muerto!”
Contrario a lo que esperaba que fuera una explosión de enojo; Ella solo lo mira sus ojos altivos pasan desde el nerviosismo hasta convertirse en unos vacíos de emociones y profundos.
—Tú quien te crees para llamarme por mi nombre —su postura orgullosa era impecable— Tu nivel social será medio gracias al servicio de tu familia por años, pero si no vienes de una familia aristócrata, no te atrevas a llamarme por mi nombre solamente. Agrega un honorífico antes.
Max parece herido, pero sólo asiente.
“Amigo, ¿qué esperabas?” piensa Creta viendo con pena al moreno “Yo que acabo de llegar entiendo que si le hablo tengo que arrodillarme”
—Está bien, señorita, si me permite debo hacer unas cosas —se excusa haciendo una reverencia; Cuando pasa por su lado, ella se tensa— Con permiso.
Ella se sonroja antes de darle permiso y seguirlo de reojo para luego posarlos nuevamente en Creta cuando Max se ha ido.
—Eleanor.
Ella parece furiosa y lista para quemar vivo a cualquiera que se haya atrevido a llamarla por su nombre, hasta que nota que quien la ha llamado es Niall; Lo mira mal, pero no se lanza a por su garganta… Un avance.
—Señor Chace —saluda haciendo una pequeña reverencia; Elegancia desbordando en cada uno de sus movimientos— No lo había visto, ¿qué lo trae aquí tan temprano cuando el pequeño Snyder no está?
—Conocer a la nueva —menciona sonriendo tranquilamente mientras se encoge de hombros— Y déjeme decirle que le organizamos una fiesta de bienvenida a la señorita Creta.
—¿Señorita?
—Y usted entenderá —la ignora—, que sería un desperdicio que se echará a perder.
—Entiendo, pero...
—Usted es una dama encantadora, por lo cual respeta a los demás —la interrumpe, halagador— Y comprendo que entenderá el esfuerzo que pusimos y la dejará libre el día de hoy.
A pesar de su sonrisa tranquila sus ojos verdes parecen dagas.
“¡El gatito sacó las garras!” piensa divertida por la situación “¡Chace, ataca!”
—Comprendo, vendré mañana —si bien su voz es serena, sus ojos también parecen peligrosos y su sonrisa promete devolvérselo en cualquier momento— Disfrute su día, sirvienta Creta.
Sale con un porte elegante. Regio; En cuanto desaparece se escucha un grito eufórico. Melanie estaba abrazando a ¿Niall o Chace? mientras saltaba y besaba sus mejillas.
—Ya, tranquila —murmura riendo a su vez— Me vas a gastar.
Eso hace que ella se detenga y se separe rápidamente, pero sigue sonriendo radiante. Enérgica.
—Me alegra que al fin sirvió de algo que fueras alguien de la alta sociedad —dice mientras levanta el dedo meñique con burla— Tal vez, no eres tan bueno para nada.
El solo resopla, pero sonríe antes de mirar a Creta con una expresión amable.
—Bien, señorita Creta venga a la parte trasera de la casa para su fiesta de bienvenida. —propone y hace una reverencia ofreciéndome su brazo— ¿Le permite a este lord escoltarla?
Creta se ríe ante la galantería del rubio.
—Creo que sería mejor que la lleve Steven —sugiere Dylan—, ella ya lo conoce un poco más que a nosotros
Todos asienten de acuerdo. La pelirroja les sonríe agradecida mientras la llevan a la parte trasera de la casa, un jardín hermoso que los recibe con su exquisito aroma floral y colores vibrantes; Un pastel rosa pálido acompañado con fresas está ubicado en una mesa de madera y escrito en éste “Bienvenida Compañera”. Todo el espacio en el que estaban se encontraba lleno de arbustos con rosas rojas las cuales eran las causantes del exquisito aroma floral, entre estas hay dos caminos.
“Un día voy a merodear, cuando esté segura de no perderme en la casa.”
La fiesta fue increíble; Todos fueron muy amables, pero se llevaba especialmente bien con Ginna y Melanie, quienes son muy agradables a pesar de ser tan distintas. Todavía le preocupaba Eleanor, pero no valía la pena desperdiciar su fiesta de bienvenida mortificándose.
—Señorita Creta.
La pelirroja se la vuelta, dejando de hablar con las chicas para ver a Dylan, quien a su vez la mira cruzado de brazos con apariencia intimidante a pesar de su figura delgada y delicada.
—¿Sí?
—La guiare a su habitación.
—Vamos, Dylan —menciona riendo Melanie mientras se acerca al castaño— Déjala disfrutar un poco más.
—Mañana vendrá a buscarla Eleonor —anuncia— Debe estar descansada para soportar lo que se viene.
—Aguafiestas.
Dylan ignora el comentario de la rubia y empieza a caminar sin decir más; Melanie le golpea suavemente el hombro.
—¿Qué haces? —pregunta confusa— Tienes que seguirlo.
Creta se les queda viendo desubicada.
—¡Apresúrate o te dejará!
La pelirroja sale corriendo en la dirección que desapareció el castaño, para cuando lo alcanzó, él estaba bajando unos escalones; Sin darse la vuelta o volverla a ver, le habló.
—Te tardaste.
—No sabía que tenía que seguirte —murmura recuperando su aliento— Te fuiste sin decir más.
—Era obvio —murmura abriendo una puerta que los lleva a un pasillo sencillo a comparación con la casa— Yo no malgasto mis palabras.
“Sí, tiene un palo clavado en el…”
Decidiendo ignorar al castaño observa el pasillo que, si bien era pequeño, se encontraba limpio, ordenado y metódicamente decorado con unos jarrones de apariencia cara que sostenían las rosas.
—Aquí es donde todos convivimos, cada puerta tiene el nombre del que duerme en esa habitación; La suya será la nueve, la mía es la uno para cualquier cosa que necesite, ahora debería descansar —su tono es tan monótono y formal hasta parece mayordomo— Que descanse.
—Gracias, igualmente.
No soportando la incomodidad del silencio entre ambos; Se mete a la habitación, cerrando la puerta con llave, la saca para luego guardarla en un bolsillo. Enciende la luz. Era pequeño, pero acogedor.
Una cama mediana con sábanas blancas y almohadas del mismo color, un escritorio con unos lapiceros y algunas hojas, un espejo de cuerpo completo, una lámpara, una puerta que suponía dirigía al baño; Una ventana grande le llama la atención, con cuidado se acerca.
—¡Oh, Dios! —exclama alegre— ¡Desde aquí se ve el jardín! O más bien bosque.
Suspira con cansancio; Mirando hacia abajo observa a Eleanor que va caminando enojada y hasta indignada. Cierra la cortina de golpe, más le valía no ser vista.
“Bien, ¿qué puedo hacer?” se dice mientras observa la cama “No hay nada más que hacer que dormir”
Si bien la cama era cómoda, no tenía ganas de dormir; Había dormido demasiado. Tomando su celular, le llamó a Adam y le contó su día, hablaron de todo y de nada hasta que Creta se quedó dormida con una sonrisa en su rostro.
