Capítulo 5
Creta prefería regresar a América antes de descubrir qué iba a hacer Eleanor con ella.
La elegante casa era imponente, si bien era más pequeña que la de los Snyder, seguía siendo mucho más grande que la casa en que había crecido la pelirroja y ciertamente sus padres habían tenido ciertos ingresos que les permitían vivir cómodamente; Intentó no actuar como una tonta mientras observaba las delicadas esculturas y visiblemente costosas decoraciones, pero debió falla porque la sonrisa arrogante de la rubia se hace notar.
—Todo esto cuesta más que tu vida, ten cuidado de no ensuciarlo.
Creta intentó no rodar sus ojos; Se limitó a asentir con una sonrisa forzada.
—Bien, hagamos esto simple —suspira mientras apoya sus brazos en sus caderas—. Tu deberás obedecerme hasta que vuelva Dea Snyder o como yo le digo mi querida suegra.
“Oh, no. Está marcando territorio sobre alguien que ni siquiera conozco” casi se rio, pero seguro terminaría siendo castigada.
—Ahora, ¿dónde estará Carly?
—¿Me habló, señorita?
La pequeña castaña de ojos marrones apareció de la nada y le parecía increíble teniendo en cuenta que llevaba puesto un vestido de un rosa chillón.
—¡Carly! —exclama rubia antes de acercarse a la castaña con una sonrisa sorprendentemente adorable—, ¿por qué no quisiste ir conmigo?
—No fue una orden.
La sonrisa de la rubia se borra de inmediato y se aleja un poco. Incomoda. Desviando su mirada al suelo; Antes que Creta pueda decirle algo, la castaña la mira fijamente con un aire despectivo.
“Woah, creí que era imposible superar las miradas de Eleonor”
—Tú debes ser la nueva de los Snyder —se acerca con paso seguro hasta quedar frente a frente; Con la punta de sus dedos toma un mechón del cabello— Me habían dicho que tenías cabello rojo natural. ¡Ha! ¡Qué farsa! Esto más parece naranja.
“Oh, gracias. Lo anotaré en las opiniones que no pedí y me dan igual”
La castaña desliza su mirada por el uniforme y alza una ceja.
—¿No crees que deberás bajarle a la falda del vestido? Vienes a trabajar no a prostituirte —murmura riendo— Aunque dudo que aun mostrando tanta piel logres engatusar a alguien.
—No tengo esa intención.
—No te pregunté, querida —la calla antes de suspirar— De verdad odio a las nuevas con su actitud irreverente.
—¿Deberíamos castigarla?
—Eleonor, es obvio que eso haremos —suspira como si la rubia fuese complicada de sobrellevar— Ahora que lo dices de esa forma, ya no tengo ganas.
—Oh —murmura Eleonor—, está bien.
—De igual manera, ¿no crees que al uniforme de los Snyder les falta rosa?
—¡Sí! —exclama la rubia, brillando nuevamente—, yo también lo creo.
—Mientras trabaje aquí creo que tendrá que usar rosa ¿no?
—Mejor aún; ¡Qué use nuestro uniforme! —propone emocionada
—¡Esa es mi señorita! —exclama riendo la castaña mientras acaricia la cabeza de la rubia— Siempre tan inteligente, ¿qué le parece que mientras ocupa nuestro uniforme, mandamos a arreglar el largo del otro?
—¡Perfecto! —da un pequeño saltito— ¡Francesca! ¡Ven acá!
—¿Si mi señorita?
Creta casi da un salto cuando la voz de la mujer mayor se escucha detrás de ella. ¿Todos en ese lugar caminaban sin hacer un solo ruido?
—Dale un uniforme de nosotros a la nueva.
—Sí, mi señorita —responde sumisa antes de sonreírle calmadamente a la pelirroja—, sígame por favor.
Queriendo poner distancia entre las dos mujeres desquiciadas y su persona, sigue rápidamente a la señora a un cuarto estrecho, pero muy aseado; La ve rebuscar entre muchos uniformes, de colores igualmente alarmantes, hasta que saca una selección de vestidos rosa chillón.
“Quiero llorar” piensa imaginando como combinaría ese color con su cabello. “Seguro no es tan malo como se ve.”
Eso era una obvia mentira, había visto como se veía la castaña en ese vestido y no era nada halagador; ¿Cómo le hacía para conseguir uno celeste como el de la señora?
—Imagino que no le gustara y seguro preferiría algo más sobrio —menciona sonriendo la señora; Seguramente su expresión la había delatado—, pero la señorita no es mala, créame.
“¡No! ¡qué va!” sus pensamientos sarcásticos se hacían notar “Solo tiene poca buena voluntad, suelta comentarios mordaces a diestra y siniestra mientras se conduce como si fuese la reina del mundo; Aunque pensándolo bien, no es tan mala como la castaña. No es que eso la haga mejor persona.”
La señora suelta una carcajada y Creta se tapa el rostro rápidamente.
—Supongo que no me cree; Está bien, después de todo hay muchas cosas que han cambiado desde que llegó… —se calla— No importa. Ahora vístase rápido a la señorita no le gusta esperar.
Antes de que la pelirroja pueda preguntar algo más, sale cerrando la puerta detrás de ella; Suspirando se acerca a la aberración de vestido. Oh, Dios. No quería usar eso, pero aun así se terminó quitando el vestido de los Snyder para ponerse… Eso.
Desde que las medidas estaban bien y sinceramente no quería verse al espejo, salió rápidamente de la habitación; Guiándose por las voces, encontró a la castaña y la rubia hablando.
“Es raro, pareciera que Eleonor es la sirvienta” piensa observando como la castaña apenas y le dirigía atención a la rubia que parloteaba alegremente. “No, Creta. No sientas lastima. No por ella”
La castaña desvía la mirada con molestia antes de sonreír al ver a la pelirroja.
—¡Creo que el rosa no les va a todas!
—Nunca me imaginé eso —secunda Eleonor con una sonrisita—, como es nuestro color preferido creí que favorecía a todos.
—Entiende, Eleonor. Era obvio que con una cara y cuerpo como el de ella era obvio.
La castaña se ríe fuertemente mientras la rubia le sigue; Creta aprieta los puños con fuerza.
“Oh, enserio quiero abrazarles el cuello con fuerza.”
—Carly, dijiste que te irías a la ciudad, ¿verdad?
—Si, vuelvo hasta la noche, debo irme ya —suspira antes de mirarla—. Conociendo a Eleonor, mejor te digo las reglas ya: Obviamente no puedes desobedecer las ordenes de tus jefes o personas con más autoridad. Tu voluntad va después que la de tus jefes y por supuesto respetaras a tus jefes en todo momento.
Creta estuvo tentada a decirle que ella no parecía estar siguiendo esa regla, pero se calló y terminó de escuchar.
—No te enamoraras de tu jefa o jefe; Claro a menos que quieras sufrir.
—¿Sufrir?
—No tienes que pensar en eso si cumples —explica Eleonor con una sonrisa triste—. Nada bueno viene de romper esa regla, así que, saca de tu mente cualquier romance de novela antes de que sea tarde.
Esa sonrisa le hizo revolver el estómago con pesar. Se veía desamparada, aunque estuviese con la misma postura recta, imponente e inalcanzable. Había algo frágil en ella, algo que no lograba comprender y la curiosidad muchas veces es más grande que tu deseo de ser prudente.
—¿Estas enamorada de un empleado?
En serio deseaba retroceder el tiempo y no haber preguntado; El dolor, la rabia y molestia que vio pasar por los ojos dorados la hizo encogerse debido a la intensidad de las emociones.
—No me enamoro de pobres —gruñe, mirando de reojo a Carly—. ¡Nunca me rebajaría a tal insulto!
—Perdón si te ofendí.
Eleonor asiente antes de despedir con la mano a la castaña; Cuando se quedan solas la mira fijamente.
—No me ofendiste, solo no vuelvas a decir eso en esta casa o en la de los Snyder —susurra para luego empezar a subir las escaleras al segundo piso—. Sígueme.
En silencio, suben las escaleras hasta llegar a un hermoso pasillo iluminado que se divide en derecha e izquierda, en ambos lados hay unas cuantas puertas; Se da la vuelta, recuperando la mirada recia que la caracterizaba.
—La de la izquierda es mi habitación —señala del final del pasillo; Donde no hay puerta—. La de la derecha es la de mis padres, la de enfrente es la de invitados.
Creta intercambia una mirada con Eleonor, esperando que fuera una broma porque sinceramente no podía ver nada.
—Es una puerta camuflada —explica— La habitación de Carly esta abajo, pero eso no te importa ¿no?
—No, señorita.
Sorpresivamente las palabras salieron con mayor facilidad que antes, pero aún se le hacía difícil. Dylan debía felicitarla por su capacidad de adaptación, aunque seguro el cubo de hielo no lo haría. Bien, mientras evitara los castigos no había problema.
—Aprendes, rápido —felicita sonriendo adorablemente y tan fugazmente que casi creyó imaginarlo— Bien, te daré una lista de lo que tendrás que hacer.
Aun procesando el halago y la sonrisa de la rubia, asiente con aire ausente; La rubia parece dudar unos segundos antes de hablar.
—Creo que debería decirte primero las reglas que olvidó Carly —murmura por lo bajo—. Primero: Obedecerás una orden siempre que esta no atente contra la vida, integridad o reputación de tu jefe, o la tuya. Segundo: Cumplirás con los horarios dados, si no se te han dado horarios puede ser que seas para toda hora.
—¿Para toda hora?
—Tercero: Puedes faltar en días libres, o que estés enferma, o algún familiar, claro debes pedir permiso a tu jefe —continúa ignorando su comentario—. Cuarto: Tratar apropiadamente a tu jefe.
Se queda en silencio.
—Creo que solo esas faltaban; No te preocupes si no las recuerdas todas por el momento, seguro te las darán impresas. —afirma tranquilamente antes soltar una exclamación— ¡Ah! Se me olvidaba.
—¿Sí?
—Bueno, no es una regla —murmura repentinamente avergonzada—. Es una recomendación que parte de una regla para los ricos. ¿Quieres saber la regla de los ricos también o solo la recomendación?
—Ambas.
—No te enamorarás de la servidumbre o alguien que no esté a tu nivel social —recita Eleanor con los ojos cerrados; Cuando vuelve a abrir, ha borrado cualquier emoción de estos— Si quieres jugar un rato con tu jefe que sea solo eso.
—Yo no…
—No te estoy acusando, solo es una recomendación —corta—. Aunque sería mejor que también evites una relación física, porque meternos con alguien que no sea acaudalado está prohibido; Ya no mencionar el una relación seria o matrimonio.
—No planeo hacerlo, pero no comprendo porqué tampoco permiten una relación física —menciona—. Creí que podían juguetear por ahí.
—¿Nunca has escuchado que la proximidad física lleva a la proximidad sentimental?
—No.
—Bien, es algo común que se confunda la pasión por amor.
—Comprendo.
Luego de un silencio un poco incomodo, Eleonor sonríe arrogantemente.
—No creas que te estoy ayudando —aclara—. Sólo no me gustaría ver a alguien que tiene poca dignidad rebajándola más.
“Y aquí estaba yo, creyendo que nos podíamos llevar bien” piensa planteándose tirar a la rubia a un rio congelado. No le deseaba nada malo, pero esperaba que sucediera. “Bien, ignoremos eso”
—Bien, ahora que sabes eso —se aclara la garganta mientras se acerca—. Tendrás que limpiar mi cuarto, y hacer mi comida, luego lavaras mi vestido negro, luego veremos que más hay en la lista que dejó… Digo, apresúrate.
Asintiendo se despide cuando ella comienza a bajar las escaleras; Se quedo arriba pensando cómo iba a encontrarla para llevarle la comida cuando la rubia se detiene.
—Estaré en el jardín.
Después de murmurar eso, continúa caminando, pero con más rapidez; Sonriendo se dirige al cuarto que la rubia le señaló. Nada la habría preparado para el desastre que estaba a punto de encontrar; El gato estaba mordisqueando la sabana mientras se revolcaba en el vestido negro, huellas de lodo llenaban el lugar, también había leche derramada en el vestido negro.
Molesta, mira a la gata quien deja de mordisquear la sabana y camina elegantemente hacia ella con la cola en alto, se roza contra su pierna y sale de la habitación; Suspirando en lugar de tirar a la felina por la puerta, comienza a recoger todo. No le llevó más que unos cuantos minutos, lo que le costó fue sacar las manchas del piso, pero estaba orgullosa de haberlo logrado.
Solo faltaba el vestido, que, a pesar de la apariencia desastrosa, fue sorpresivamente fácil de lavar; De reojo mira el reloj en su bolsillo y se sobresalta al ver la hora. Corriendo se apresura a la cocina donde encuentra a Franchesca acomodando las compras.
—Permiso
—Entra —murmura sin prestarle mucha atención—. Te diré que le cocinaras a Eleanor.
—Gracias
—Has pescado, pero lo partes a la mitad y le sacaras las espinas, una ensalada sin tomate y un jugo de manzana estará bien.
No podía creer que alguien pudiese comer tan saludable, pero sin cuestionar nada preparó todo con rapidez; Tan pronto como terminó, pidió indicaciones para el jardín, donde encontró a la rubia acariciando la cabeza de la gata, con la mirada perdida.
Creta se aclara la garganta; Eleonor sale de sus pensamientos y la mira con ojos distantes.
—Ponlo en la mesa y ve a comer con Francesca.
Esperaba otra clase de orden, pero no dijo nada más, la rubia regresó su mirada a las rosas del jardín.
No queriendo tentar al diablo, se aleja sin hacer ruido; Iba camino a la cocina cuando la puerta de la sala principal se abre la puerta de golpe y como un tornado entra un niño que se le hacía muy conocido.
—¡Creta!
El grito no hizo nada para prevenirla del infante que se lanzó como una bala hacia ella; A penas y pudo agarrarlo para evitar que se cayeran ambos.
—¿Perseo? —pregunta confundida regresando el abrazo— ¿Qué haces aquí?
—¡Serás mi niñera!
“Bien, eso no aclaraba nada”
—¿Que?
—Creta —llama la madre de Perseo acercándose con una sonrisa amigable— Mi nombre es Dea Snyder, esposa de Dominik Snyder, madre de Sebastián Snyder y Perseo Snyder.
“Snyder, Snyder, Snyder y más Snyder” piensa mareada además de desubicada.
—¡Y yo pedí que fueras mi niñera!
No comprendía ni la mitad de lo que estaba sucediendo, pero la energía de Perseo era contagiosa y se encontró sonriendo al poco tiempo.
—¡Creta! ¿por qué estás haciendo tanto ruido? —Eleonor entra molesta, pero se calla al ver a la señora Snyder— Oh.
—Eleanor
—¡Dea! —exclama reponiéndose rápidamente antes de acercarse feliz— ¡Volviste! Dime, ¿lograste que Sebastián volviese contigo?
Dea suspira negando y la Eleonor deja de buscar. Una expresión decepcionada llenando su hermoso rostro.
—No, pero gracias por cuidar a Creta —murmura Dea acariciando de forma maternal los cabellos de Eleonor— Perseo quería pasar ayer a un acuario y nos quedamos en un hotel.
—Me alegro de que la pasaras bien, Perseo —comenta Eleonor sonriendo; Él se aferra más a la pelirroja— ¿No me saludaras?
—Tengo prohibido jugar con la comida.
Y si bien su tono parece indignado, su expresión fría no cambia; Dea sorprendida evita a tiempo una risa.
“Veo que no soy la única que cree que parece comida”
—¡Perseo! —regaña Dea— Discúlpate con la señorita Eleanor en este instante.
—Pero si no he mentido; Ella parece algodón de azúcar —hace un puchero— Además no me agrada.
—Perseo, he ordenado que te disculpes.
Tal parecía que la palabra “ordenar” no tenía algún significado para él porque aún se negaba a disculparse con la rubia.
—Perseo, discúlpate con ella —le susurra Creta con una sonrisa—. Recuerda que a veces la verdad duele.
Él sonríe pícaramente antes de acercarse a Eleonor, la mala noticia es que no la soltó; Entonces quedó frente a la imponente rubia.
—Perdón por decirte la verdad —hace una reverencia antes de salir corriendo, tirando de la pelirroja con él— Adiós, señorita algodón de azúcar.
—¡Esto es ropa de diseñador muchacho insolente! —exclama; Creta mira hacia atrás, vislumbrando la sombra de una sonrisa en la expresión molesta de la rubia.
No es que le importará; Estaba disfrutando correr con Perseo mientras se mezclaban las risas de ambos.
—Mi madre vendrá después, vamos.
La lleva al auto y como todo un caballero, le abre la puerta; Creta sonríe antes de entrar y permitir que el pequeño se acomodara en su regazo. Con delicadeza le acaricia el cabello.
—Creta
—¿Sí?
—Me alegro de que seas mi niñera.
Una sonrisa amplia se forma en su rostro antes de abrazar con fuerza al niño.
—Yo también, Perseo.
