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Capítulo 2

—Despierta, Creta —apresura una dulce voz— Me quiero despedir antes que vengan mis padres a traerme.

Con un poco de dificultad para recordar donde estaba y quien le estaba hablando abrió los ojos para encontrar el tierno rostro de Perseo cerca de ella.

—Hola, Perseo ¿ya llegamos? —pregunta alejándose y sonriéndole— ¿Y tú cómo te despertaste?

—Mis padres y les pedí tiempo para despedirme de ti —explica levantándose del asiento; Ella hace lo mismo antes de tomarlo en sus brazos con esfuerzo y abrazarlo con fuerza.

Él se ríe alegremente cuando ella le da vueltas y le da un casto beso en la mejilla.

—Adiós, Creta.

—Adiós, Perseo —responde bajándolo cuando salen del avión donde una señora rubia, ojos azules, alta y bien vestida la mira sonriendo; Seguramente la madre de Perseo— Buenas Noches, señora.

—Buenas Noches ¿está segura no quiere ser la niñera de Perseo? Se le pagaría generosamente.

Le sorprendía la forma directa y segura con que la hermosa mujer se dirigía hacia ella; El sueldo seguro sería mejor que si trabajaba de sirvienta, pero no podía dejar plantada a la familia Snyder que le había pagado todo.

—Claro que quiero ser la niñera de Perseo, sólo que ya estoy contratada para una familia y no quiero ser irresponsable.

La hermosa rubia suspira decepcionada antes de sonreírle elegantemente.

—Una lástima, estaba dispuesta a pagar lo que desearas siempre que fuese realista. Después de todo a Perseo no le agradan muchas personas —explica con cansancio. Sorprendida Creta mira a Perseo que se encoge de hombros— Y odia especialmente a las niñeras por lo que te propusiera eso, bueno es un milagro, pero supongo no podrá ser.

—Lo lamento.

—¡Oh, no! No te preocupes, aunque sería bueno que vinieses a visitarnos algún día —sonríe— Fue un gusto y si cambias de parecer aquí está mi número. Ahora ven, Perseo, nos vamos.

Creta acaricia el papel donde simplemente aparece el número de teléfono antes de guardarlo y observar cómo los dos rubios se alejan mientras; Suspira y agarra sus maletas.

Se dio cuenta que gracias a Perseo no se sentía tan nerviosa como al principio; Sentía que todo iba a estar bien y luego de mandar un mensaje a Adam y a su madre que ya estaba en el aeropuerto de Inglaterra se encaminó mientras susurraba en su mente:

“Inglaterra mi país favorito, se bueno conmigo ¿sí? que la familia Snyder me trate bien y que todo me vaya bien en este país desconocido para mí.”

Algo que Creta no se había imaginado era lo difícil que sería caminar entre el mar de personas que había en el aeropuerto; Sintiéndose repentinamente perdida se detuvo, provocando que algunas personas la vieran mal, pero eso no importaba. Debía buscar un cartel con su nombre. Los Synder debían haber mandado a alguien a recogerla, ¿no? Después de todo estaba especificado en el contrato.

“¿Se les habrá olvidado?” se cuestiona al no encontrar su nombre; Lo que no debía ser muy difícil tomando en cuenta que su nombre era único.

Su madre deseaba llamarla “Greta”, pero alguna razón que no lograba comprender, la persona que la registró se equivocó y terminó poniéndole “Creta”; Si bien al inicio su madre se había molestado por el error, después de pensárselo bien, le gustó el nombre... Aunque no es que hubiesen podido hacer mucho.

Justo cuando empezaba a preocuparse ve llegar a un chico muy atractivo y de apariencia joven, que se coloca rápidamente a la par de las demás personas y levanta un cartel en donde ponía con una caligrafía hermosa “Creta Danvers”.

Suspira con alivio.

Retomando el aire, se acerca al chico que a pesar de que venía tarde, no se veía en absoluto desordenado.

“Si tenía tiempo para ponerse ese apretado traje negro y arreglarse el cabello, bien tenía tiempo para no venir tarde” piensa con irritación Creta mientras se dirige hacia el rubio. “Miren ese semblante serio, como si no hubiese llegado tarde y fuese responsable”

Quizás el chico sintió su resentimiento, porque rápidamente volvió la mirada celeste hacia ella. Creta esperaba que él sonriera por educación, después de todo era obvio que se dirigía hacia él. No lo hizo.

“No hay nada de bueno en que sea atractivo con esa personalidad terrible”

—Buenos días, señorita Danvers —saluda haciendo una reverencia—. Yo me encargaré de llevarla a la casa de los Snyder.

Creta se planteó no responderle, pero a pesar de que sus acciones le parecían groseras, sus palabras eran educadas y no valía la pena pelear porque él no le había sonreído. Tragando un resoplido decidió contestar amablemente.

—Gracias.

Se arrepintió de haber dicho algo, el atractivo desconocido solamente asintió y empezó a caminar. Sin decir nada más.

Deseaba no seguirlo.

Deseaba quedarse plantada en el piso del aeropuerto haciendo berrinche porque no le habían enviado a alguien agradable, pero no tenía el derecho; No importaba cuánto dinero se le iba a pagar, seguía siendo una sirvienta. No tenían la obligación de tratarla bien. Ella no tenía el derecho de reclamar.

Aun así, le molestaba que ese hombre caminara increíblemente rápido. Estaba haciendo todo su esfuerzo por mantenerse al ritmo de esos pasos agigantados que daba el rubio.

Le dolían los pies.

—Disculpe —enserio esperaba que su voz no se escuchara tan irritada como se sentía—, ¿puede caminar más lento?

—Lo siento, no me percaté que iba muy rápido.

Su disculpa parecía genuina al igual que su sorpresa, tal parecía que no lo estaba haciendo a propósito y quizás no era más que despistado.

—No, yo camino lento —ofrece ella. Siendo ignorada.

Bien, ser ignorada y el silencio mortal entre ambos la estaba empezando a molestar.

—¿Puedo saber su nombre?

—Claro, me llamo Stevens Collins. Un gusto conocerla, señorita Danvers.

Al fin le sonrío. Era increíble cuanto podía cambiar un rostro con un simple gesto; Manteniendo esa sonrisa, le abre la puerta del auto con educación para luego dirigirse al asiento del conductor.

“Caballero”

—Agradezco que seas amigable —dice entre dientes—, estaba nerviosa que todos me iban a tratar mal.

Sorpresivamente él se ríe.

“¿Sabe qué está siendo grosero y le da risa que diga eso?”

Decidió no reclamar por el hecho que él tenía una risa encantadora y porque siempre le había gustado oír a un hombre reír.

—Tranquila, ellos no son así —explica antes de hacer una pausa—, pero los Snyder no están y la señorita Eleanor Walsh está cuidando la mansión.

El silencio se extiende en lo que él le roba una mirada completa.

—Viendo como eres te dará problemas

—¿Disculpa? —pregunta sintiéndose ofendida— ¿Te gustaría explicarme cómo soy?

—¡Oh, no! No te lo tomes a mal —agrega rápidamente, perdiendo la compostura calma—Me refiero a que eres bonita Creta.

La forma en que iba bajando la voz mientras se avergonzaba él solo, la hizo sonrojarse; Bien, eso no se lo había esperado. Estaba preparada para devolverle el insulto y ahora no sabía que responder.

Él aclara su garganta incomodo; Intentando ocultar su leve sonrojo.

—No estoy coqueteando —aclara trabándose en algunas palabras. Nervioso—, sólo sucede que la señorita Eleanor es muy vanidosa, le gusta que la atención se centre en ella y no le gusta que nadie sea más hermosa que ella.

—¿Trata mal a quienes no le agrada? —pregunta Creta. Stevens asiente— Eso es grosero.

Luego de eso, Creta había descubierto que Stevens no era tan malo, serio y desagradable como había pensado; En realidad, era tímido, divertido y muy dulce. Tal parecía que había juzgado mal el libro por su portada y estaba agradecida por eso. El viaje se le hizo corto, pero estaba empezando a dormirse incluso si no quería porque la conversación estaba interesante y parecía que él lo había notado.

—Si te parece, hoy nos quedaremos a dormir en un hotel cercano para que puedas descansar y acostumbrarte a los horarios.

Creta sonríe agradecida; A los minutos llegan a un hotel muy bonito en el que él se apresura a pedir dos habitaciones cercanas. Por suerte, había dos habitaciones vacantes que quedan enfrente una de la otra.

—Me disculparas que no te atienda, pero estoy cansado y necesito dormir.

—Sí, que descanses, hasta mañana.

Observó a Stevens por un momento hasta que entendió que él estaba esperando que ella entrase a la habitación; Riendo torpemente y sonrojándose, se despide nuevamente por lo bajo antes de adentrarse en la habitación apresuradamente. Con la alegría circulando por sus venas se tira a la cama, mirando el techo color crema. Inquieta.

“¿Qué me tendrá preparado el mañana?”

Con ese pensamiento rondando su cabeza se durmió sin darse cuenta; El cansancio del cual no se había percatado, la venció en cuestión de segundos. Para cuando se despertó temprano la siguiente mañana se sentía eufórica. Aun no podía creer que estaba en Inglaterra.

Con una expresión soñadora se duchó, se vistió con lo primero que encontró en su maleta que por suerte era su conjunto favorito; Una camisa blanca y una falda roja con unos botines negros. Se dejó suelto el cabello para que se terminara de secar, solamente lo desenredó con crema para evitar que sus salvajes rizos se convirtieran en una especie de nido.

Esperó a que Stevens saliera de su habitación para que ambos bajaran a desayunar algo ligero antes de partir. Sinceramente le agradaba Stevens, la hacía sentir cómoda a un nivel en el que olvida que lo había conocido hacia un día.

Quería saber más de él.

Así que, cuando se subieron al auto sonrío viendo fijamente a Stevens.

—Si te me quedas viendo de esa forma me pondrás nervioso y chocaremos —advierte riendo sonrojado. Ella no hace caso— ¡Creta!

La pelirroja se ríe, apartando el cabello que, impulsado por el viento la golpeaba en la cara.

—Disculpa, solo estaba pensando en que deberíamos jugar algo para no aburrirnos —explica— ¿Qué te parece hacernos preguntas?

—No soy bueno en artes o matemáticas.

—¡No esa clase de preguntas!

Él la mira con fingido asombro, con una mirada picara.

—¡Esa clase tampoco! —exclama avergonzada— ¡Me refiero a cosas como nuestro nombre completo, país de nacimiento o color favorito!

Stevens se ríe ante la reacción de la pelirroja, disfrutando como las mejillas de Creta se coloreaban de un tono incluso más fuerte que su cabello.

—Bien, dime qué quieres saber.

—Tu nombre completo no estaría mal para empezar.

—Uh, bueno —murmura incomodo— No me gusta mi segundo nombre.

—¡Oh! —exclama intrigada— Ahora deseo saberlo con más razón.

Observando la sonrisa adorable de la pelirroja, él supo que no tenía más opción que hablar.

—Rigobert.

—Oh, mis disculpas —dice Creta sonriendo maliciosamente— No pude escuchar lo que dijiste.

—Rigobert.

—No escuché.

—¡Stevens Rigobert Collins!

Creta se ríe ante la expresión frustrada del rubio.

—¡Vamos, no está tan mal!

—¿Y el tuyo?

—No tengo.

—¿No tienes? —cuestiona confundido antes de mirarla mal— Eso no es justo.

—Nunca dije que yo tuviese —se encoge de hombros— ¿Tu color preferido?

—Azul, ¿el tuyo?

—Naranja.

—¿Color que odias?

—Morado definitivamente —responde fingiendo un escalofrío— Déjame adivinar el tuyo, ¿rojo?

—Ja Ja muy gracioso —se burla mientras toma un mechón de cabello entre sus dedos—, es el celeste.

—No lo dirás por mis ojos, ¿verdad?

—Quién sabe —responde sonriendo— ¿Animal preferido?

—Gatos

—Ugh, prefiero los perros.

—Mis disculpas, pero en mi familia amamos a los gatos.

—¿Tu familia es de aquí?

—Sí, la visito todos los días libres que me dan.

—¡Oh, tenemos un hombre de familia aquí! —bromea— ¿tienes hermanos?

—Una hermana pequeña de siete años y un hermano mayor de veintiocho años —responde antes de detener el auto—Llegamos.

Sinceramente no había estado prestando atención al camino y verse repentinamente ante un gigantesco portal decorado con rosas blancas, se sintió abrumada. En especial cuando las puertas se abrieron solas.

—Cierra la boca o te entraran moscas.

—¡Stevens! —exclama enojada antes de volver a abrir la boca— Oye, ¿no te equivocaste de lugar? Esto parece un bosque ¡hay hasta animales!

Creta escucho la risa ronca y masculina de él.

—Vamos, Creta. Contrataron a una extranjera por un capricho de la señora de la casa y le pagaron el viaje —explica divertido con ironía—. No sé qué esperabas de ellos.

—Bien, si lo pones así... Creo que no me puse a pensar muy bien en su casa.

Se queda callada cuando llegan a otro portal más pequeño, pero igual de majestuoso; Guardando la entrada hay dos hombres musculosos, de gran altura, con unas escopetas y de traje; Se parecían mucho a los espías de las películas que a veces veía en sus ratos libres.

—No te sorprendas por todo, se te quedará abierta la boca de por vida —se burla Stevens mientras se acerca lo suficiente un hombre mayor que apareció de la nada— Hola, Frederick ¿me dejas pasar?

El hombre asiente, debe tener unos cuarenta años, tiene algunos cabellos blancos, es delgado y alto, tiene una sonrisa amigable; Parecía un hombre agradable e indefenso, de no ser porque llevaba una pistola “escondida” en la parte trasera de sus pantalones holgados.

—Claro —responde antes de percatarse de su presencia y sonreírle—, ¿es usted la señorita Danvers? ¿La extranjera?

—Sí, un gusto.

—¡Vaya, si parece muñeca de porcelana de tan bonita! —exclama haciéndola sonrojar con la sinceridad en su voz—. Es una lástima que viniese cuando la señorita Walsh está cuidando la residencia.

—No la asustes más, Frederick —le advierte Stevens sonriendo—. ¿Por qué no vas dentro de algunos minutos cuando le den la bienvenida a Creta?

El hombre parecía horrorizado ante las palabras del joven.

—¡Rigobert! —exclama molesto. Stevens, se encoge sobresaltado— ¡¿A dónde están tus modales?! ¿Por qué le llamas a la señorita por el nombre?

—Yo…

Stevens no sabía que contestar, se veía apenado; Creta sonríe, si bien nunca le había dado permiso para llamarla informalmente, en América no acostumbraban a tratar así a alguien a menos que fuese alguien mayor.

Decidida a salvar a su nuevo amigo de una situación incómoda se dirige con respeto al señor.

—Está bien, yo le pedí que me llamará por el nombre, odio las formalidades —explica. El hombre parece poco convencido, pero de igual manera sonríe asintiendo— Y le pediría de favor que también me llame Creta, no señorita ni por mi apellido.

—Bien, pero me tendrás que llamar Frederick —añade amable— Bien, pasen y disfruta tu nueva vida aquí, Creta.

Sin más, Stevens vuelve a conducir hasta que llegamos; Él la ayuda a bajarse del auto y cuando iba a avanzar, se queda inmóvil con su boca seguro topando al suelo.

“¡Esto ni siquiera merece llamarse Mansión! ¡Es inmensa!”

Creta estaba anonadada; Pintada de un color blanco hueso con algunos detalles dorados, unos pilares grandes y unas gradas que te dirigen a unas puertas de madera medianas con un acabado elegante además de un timbre que descansa bajo un farol hermoso. Stevens no parecía sentir la misma devoción que Creta, pues sin darle otra mirada a la arquitectura, se apresura a tocar el timbre.

Las maravillosas puertas se abren dejando ver a una mujer pequeña, regordeta, piel clara ojos azules un poco apagados, pero sin perder la calidez y cabello como cenizas; Era seguro que en su juventud debía haber sido de una belleza arrebatadora.

—Margaret —saluda y abraza a la dulce mujer, ella muestra una sonrisa mientras le corresponde— ¿Tienes el almuerzo? Me muero de hambre.

—Claro, cariño, pasa y dile a Melanie que te sirva —responde dulcemente antes de fijar su mirada en la pelirroja— Usted debe ser la nueva.

—Sí, mi nombre es Creta Danvers y es un gusto conocerla.

Se sentía terriblemente consciente de su acento americano, después de todo no se comparaba al rico acento británico que tenía la mujer mayor.

—¡Pero qué joven estás! —exclama abrazándola— ¡Te estábamos esperando! ¡Ven avisaré a todas que ya viniste!

Con emoción la toma de la mano para arrastrarla con ella hacía dentro, abre una puerta de madera y el bullicio que se escucha, se caya cuando Margaret entra, Desde que la señora la había soltado, aprovechó para quedarse por la puerta. Nerviosa.

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