Capítulo 1
—¡Mamá! ¡Voy a estar bien! —río tontamente, sabía que madre solo estaba preocupada, pero no podía evitar pensar que estaba exagerando un poco— En serio.
—Lo sé, cariño —murmura, limpiándose las lágrimas—, es sólo que no me acostumbro a que te vayas a ir a otro continente, tan lejos de casa.
—Te llamaré, lo prometo.
—Eres muy joven para vivir tú sola.
—Tengo veinte años —recalco con una sonrisa mientras la acercó hacia mis brazos—, además no estaré sola. Hay muchos otros sirvientes que seguro serán mis amigos.
—¡Y para trabajar de sirvienta! Cuando aquí tienes muchas oportunidades de trabajo —exclama ignorando lo bueno y encontrando de donde reclamar—. Mi niña quiere alejarse.
Mi pecho se estruja ante esas palabras, sabía que no iba a ser fácil despedirse de su madre, en especial porque siempre habían sido muy unidas; Con un suspiro la abrazó con más fuerza. No sabía en qué momento su madre se había encogido y vuelto tan vulnerable al punto de encajar perfectamente bajo mi barbilla.
—Sabes que mi sueño siempre fue ir a Inglaterra —susurro con cariño— No me importa si para conseguirlo debo trabajar como una sirvienta. Si es pesado y me canso de ese país, prometo decirte y regresar.
—Pero…
—Te vengo preparando esto desde que tengo siete años.
—¡Nunca esperé que realmente te fueras a Inglaterra! —exclama limpiando sus lágrimas y cambiándolas por una sonrisa amarga— Creí que era otro sueño que cambiaría, que encontrarías la belleza de nuestro país y te quedarías con tu familia.
—Lo único bueno de aquí es que ustedes están aquí —le susurra antes de separarse—. Y siempre me has dicho que me aferre a mis sueños con dientes y uñas.
—No voy a ganar, ¿verdad? —suspira— Bien, recuerda que no debes tener miedo o vergüenza de regresar a casa de tus padres; Mientras mantengas eso en mente, ve y cumple tu sueño —me da unas palmaditas en la espalda— Si eso te hace feliz, me es suficiente.
Sabía que, si decía algo más, su madre podía cambiar de opinión, así que caminaron en silencio hacia la puerta, la cual estaba abierta, dejando ver al alto castaño que se apoyaba en el marco de esta. Esperándola. El auto estaba a un lado de la acera, con el baúl abierto.
—¿Lista?
—Dame un momento —sonrío— ¿Puedes llevar estas maletas al auto por mí?
—A sus órdenes, reina zanahoria.
Ni siquiera se molestó en mirarlo mal, hablarían de eso en el auto; En este momento necesitaba asegurarse que su madre no iba a caer en depresión en cuanto se cerrara la puerta detrás de ellos.
—¿Estarás bien?
—Sí, tu padre vendrá dentro de una semana —asiente con una sonrisa—, y tu hermana me vendrá a visitar cada fin de semana.
—En serio desearía poder irme la otra semana, no me gusta que quedes sola —gruño—. Te dejaré a Adam para que venga a darte un vistazo cada cierto tiempo; Espero que comas los tres tiempos aun si estás sola.
—No sé quién es la madre aquí —gira los ojos con una sonrisa—. Yo debería preocuparme porque comas en ese lugar.
—Te amo, mamá.
—Y yo a ti —responde con cariño besando mi frente, aceptando el cambio de tema—. Llámame cuando llegues, no importa si es de madrugada, ¿entiendes?
—Sí, mamá.
—¡Adam! —grita casi reventando mi tímpano; Adam se sobresalta casi tirando su celular antes de mirarnos a ambas, con una perfecta expresión de confusión— ¡Cuidas a mi hija! No manejes rápido no quiero tener que ir al hospital por ustedes.
—¡Planeaba cuidarla hasta el aeropuerto! —alza su voz para que lo podamos escuchar con claridad— ¡Y prometo no chocar!
—No prometió no ir rápido —murmura con sospecha, antes de volver a verme— Vete ahora, que si no te vas en este momento no te dejaré ir nunca.
Sabía que estaba fingiendo ser fuerte, pero no encontraba qué más decirle para consolarla; Había pasado cada minuto de la última semana con ella y sus amigos, en un apresurado intento por compensar el tiempo que pararían separados.
—Adiós.
Se esforzó por no mirar atrás, sus ojos empezaban a picar y estaba tentada a dejar de lado todo, después de todo, estar en este país no era tan malo si aquí estaban todos sus seres amados; En ese momento que caminaba hacia el auto, Inglaterra parecía sobrevalorado y su sueño un poco ridículo.
Se metió con rapidez al auto, cerrando la puerta y ajustando el cinturón mientras mordía su labio tembloroso. Negándose a llorar cuando su madre aun podía verla.
—¿Estás lista para cumplir tu sueño? —pregunta el rubio arrancando— Porque para mí parece que estás llorando porque serás una sirvienta.
—Eres un imbécil —lo golpea—. Obvio que lloro porque no los podré ver más.
—¿Has oído de Skype?
Decidiendo ignorar a su increíblemente estúpido amigo, suspiró y bajó la ventana para despedirse con la mano mientras Adam encendía el auto y lo ponía en marcha.
—Estoy nerviosa —sinceramente no planeaba admitirlo a nadie, pero si no se lo decía a su mejor amigo ¿a quién más lo haría? —Nunca he trabajado para alguien con dinero y menos de sirvienta, sabes que apenas he terminado mis estudios y todo el dinero que he ahorrado se ha ido en este sueño, si esto no funciona no sé con qué cara regresaré a conseguir dinero para ir a la universidad.
—Todo va a estar bien Creta —la anima tomando su mano— No te lo crees ¿verdad?
—No, pero aprecio el intento.
—¡Qué remedio contigo! —ríe con ella.
—¡Deberías de ser bueno conmigo hoy me voy a otro continente y sólo te podré llamar o mensajear en mis tiempos libres!
—¿Me dices que no soy bueno contigo? ¡Pedí un día libre en mi trabajo para irte a dejar al aeropuerto, zanahoria! —Adam se ríe ante la mirada molesta que le dedica por el grosero apodo por su cabello— ¿Pequeña manzana?
—Eres malo, Míster Banana.
—Nunca olvidarás cuando me disfrace de banana, ¿verdad?
—Tal vez el día que dejes de inventar motes para mi hermoso cabello rojo.
—Eso es naranja —murmura por lo bajo, ganándose un golpe— ¡Oye! ¡Prometí llevarte sana y salva al aeropuerto!
—¿Eso que tiene que ver con que te haya golpeado?
—Podría decidir acelerar hacia el vacío como venganza.
—Como si te atrevieras a poner tu trasero en peligro.
Tenía semanas de no hablar con él, el trabajo de Adam y sus estudios los habían mantenido separados por un tiempo, pero siempre le asombraba lo fácil y divertido que era conversar sin miedo a ser juzgada, supongo que por eso eran mejores amigos; El tiempo parecía volar cuando se reían de una y mil tonterías.
Adoraba a Adam con toda su vida.
Sus madres siempre creyeron que ambos se enamorarían, se casaríamos y tendrían hijos, pero ninguno albergaba esa clase de sentimientos; Se querían, pero no había romance entre ellos. Era como el hermano mayor que ella siempre deseo.
“Aunque sinceramente es una lástima” piensa viendo el atractivo perfil de su amigo mientras se reía “Carismático, amable, divertido, terriblemente guapo y mi alma gemela. Sería tan fácil estar en una relación con él.” En todo caso, sabía que la persona que saliera con el castaño sería la más afortunada del mundo.
—Llegamos, Creta —anuncia antes de bajarse, dar la vuelta y abrir la puerta— Tome mi mano, bella damisela de fuego. Hemos llegado a su destino donde le espera un inmenso corcel que la llevara a su castillo abandonado
Tirando una carcajada tomo su mano dejando que me ayude a bajar.
—Gracias, Adam.
Él le sonríe mientras saca las maletas, guiñándole uno de sus encantadores ojos grises, toma las maletas y se niega a entregárselas; Llevándolas él todo el camino a la sala del aeropuerto donde había muchas personas llorando, otras tomándose fotos y otros besándose como si no hubiese mañana.
—Hay muchas personas.
Eso fue un muy incómodo e innecesario comentario, pero Adam no se molestó por eso.
—Sí, ¿a qué hora sale tu vuelo?
—Déjame ver —murmura sacando el boleto, patrocinado por la familia a la que iría a servir— A las nueve y media, eso es dentro de unos minutos; Parece que venimos a tiempo.
—Vaya, sólo unos minutos —sonríe con pesar—. Por poco y pierdes el vuelo.
—Despedirme de mi madre fue más difícil de lo que esperaba —susurra—. Además, había un poco de tráfico.
El silencio se instala, lo cual era muy extraño en su parlanchín amigo; Extrañada vuelvo a verlo para encontrando la amarga expresión de él quien se negaba a llorar, normalmente se habría reído, pero hoy su pecho se estremeció con tristeza.
—¿Estás temblando? —pregunta mientras lo abraza— ¿Vas a llorar?
—¿Dime cómo no? —exclama abrazándola más fuerte— ¡Estoy perdiendo a mi hermanita!
—No me estás perdiendo.
—¡No, sólo te vas al otro continente! —su voz no era más que amargo sarcasmo— ¡Nada lejos!
Ambos queríamos llorar, desde pequeños nunca nos habíamos separado por mucho tiempo. Sabía que ambos estaban exagerando, Adam tenía conocidos en Inglaterra gracias a las redes sociales y unos meses que hizo allá en un programa de intercambio. Ese había sido el periodo más largo sin ver a su amigo y ambos sobrevivieron a eso. No es como si se iban a morir el uno sin el otro, pero había odiado cada momento.
—Puedes tomar un taxi y visitarme.
—¿Un taxi que pase por el mar? Me sorprende no haber pensado en eso —pregunta con sarcasmo antes de darme otro abrazo—. Te voy a extrañar, Creta.
—Y yo a ti, Adam.
Antes que pudiese hacer algo, sintió mis lágrimas resbalar por miss mejillas.
—¡Oh, no! No llores, sabes que soy sentimental y me harás llorar —regaña dulcemente quitándome las lágrimas con su pulgar—. En cuanto pueda iré a visitarte, también podemos hablar por celular, además…
“Personas que abordarán el vuelo noventa y cinco, con destino hacía Inglaterra, por favor abordar el avión, en unos minutos estaremos despegando.” Los parlantes interrumpen a Adam, dictando su última oportunidad de arrepentirse.
Lloro más sin poderlo evitar; Quería ir, pero nunca había tenido que dejar su familia.
—¿Ya se acabó el tiempo?
—Supongo.
—Bien, debes irte.
La sonrisa segura del castaño y el cariño en su mirada cristalina le dio la respuesta que necesitaba; La estaban apoyando, tampoco deseaban que se fuera, pero respetaban su decisión y le deseaban lo mejor. Limpiando las lágrimas, me da un beso en la mejilla y un último abrazo.
—Adiós, Adam, te quiero.
—Adiós, Creta, yo te quiero más —responde tomándola de la mano, dirigiéndose hasta donde él ya no tenía permitido entrar—; Deberás llamarme o mandar un mensaje siempre que puedas.
Asiento para no decir nada más y no demostrar que su voz estaba temblando, por no terminar arrepintiéndose; Inspirando con la esperanza que el aire me llenara de coraje, comienzo a caminar dirigiéndose a la puerta donde le piden el boleto antes de dejarme ingresar al camino que me llevaría al avión con destino a Inglaterra.
Deseando desconectarme de todo con rapidez buscó con la vista el asiento correspondiente, cuando al fin lo encuentro, me acomodo y saco los audífonos para reproducir música clásica. Un inútil intento de calmar sus ansias, en especial porque al parecer nadie se había molestado advertirle que la turbulencia se sentía como si en cualquier momento el avión se estrellaría.
Esperaba poder dormir tranquilamente por lo que esperaba fuese la mayoría del vuelo; Claro que con la mala suerte que se cargaba, no todo salía como lo planeaba. Un ruido me despertó de golpe. Sobresaltad. Su cerebro creyó que estaban cayendo inminentemente a su muerte en el mar, como el Titanic, pero aéreo. Era obvio que no era eso lo que estaba sucediendo así que se molestó un poco al notar que no había pasado mucho desde que despegaron.
Iba a matar al idiota que estaba haciendo ruido a mi lado a pesar de verme apaciblemente dormida; Eso pensó, solo que el idiota era en realidad un niño como de ocho años jugando con un soldado. Probablemente había estado a su lado todo el tiempo, pero al ser pequeño y estando más preocupada porque el avión se cayese, no lo había notado.
Era adorable.
—Hola —saluda con la voz más dulce que pude hacer acabando de despertar; El pequeña mira a los lados desconcertado— Te hablo a ti ¿cómo te llamas?
De verdad intento que le mirada desconcertada del infante no la ofendiera, aunque realmente la estuviera viendo como si fuese una extraña especie, después de todo, ella era una extraña para él.
—¿Quizás no hablas inglés?
El niño niega con rapidez.
—Sí entiendo; Me llamo Perseo.
—Vaya, es un lindo nombre, yo me llamo Creta —le ofrezco la mano y él la toma, precavido— Ese es un lindo soldado ¿Tiene nombre?
—¡Sí! Se llama Joan.
El humor del niño se había mejorado fácilmente con una simple pregunta.
—Es un buen nombre —guarda silencio pensando en cómo continuar la conversación— ¿Por qué le pusiste Joan?
—Escuché ese nombre en América, me gustó y como en América me compraron el soldado quería que tuviese nombre americano.
No planeaba destruirle la ilusión al niño diciéndole que en América tendían a poner nombres de otros países; Eso sería cruel y a mí me gustaba la sonrisa inocente del niño. Estaba segura que tener a un niño llorando por todo el resto del vuelo no sería precisamente placentero.
—Entonces no eres de aquí —afirma lo obvio. El niño tenía un pesado acento inglés— ¿De qué país eres?
—Inglaterra, fuimos a América para visitar a mi hermano que nunca nos visita —su voz va bajando de tono conforme más habla, como si eso lo pusiera triste— ¡Pero me prometió visitarme cuando se lo pida!
La cantidad de emociones que podían surcar ese adorable rostro de porcelana la asombraba, pero le preocupaba la pena en su voz aun cuando sonreía; Perseo debía ser uno de los niños más hermosos que había visto en su vida con un cabello levemente largo y de un rubio brillante acompañado de unos impresionantes ojos verdes.
¿De casualidad su padre se vería igual que él? ¿Estará soltero y buscando una madrastra?
No puedo evitar reírme ante el ridículo pensamiento, decido regresar a la conversación. ¿Qué dijo?
—¡Vaya, que buen hermano tienes! —exclamo recordando que mencionó a su hermano.
Me siento orgullosa de mí misma al notar como sus ojos brillaron de alegría ante ese comentario y me observa con devoción.
—¡¿De verdad lo crees?! —la emoción desbordando en su voz casi la hizo sentir culpable— Las personas cuando se lo cuento cree que mi hermano es malo por no visitarnos.
Ella también lo creía, pero se notaba que Perseo adoraba a su hermano.
—Pero tú sabes cómo es y es lo que importa, ¿no?
Él asiente feliz antes de quedarse serio y acercar su mano a la barbilla como si estuviese pensando algo seriamente.
—¿Sabés? tal vez te hubiese levantado para no pasar aburrido todo el tiempo que pasaste dormida.
Una baja carcajada se me escapa ante la idea y su muy probable molesta reacción, ese pequeño era muy afortunado de no haberlo hecho porque no había cosa que detestara más que me despertaran por cosas sin sentido; Aunque, Perseo era adorable y con una actitud bastante interesante, quizás no me hubiera molestado tanto.
—Vaya, es un honor que quieras levantarme para jugar.
—¿Tú tienes algún juguete?
—Tengo un peluche, lo traigo en mi maleta.
—¿En serio? ¿Lo puedo ver? —pregunta con entusiasmo— Así se puede hacer amigo de Joan.
—No podemos ahorita —respondo después de pensarlo un poco, pero buscarlo entre mi maleta no parecía buena idea— Mis maletas están en otro lugar.
—¿No están en las de arriba?
—Está en la otra maleta.
—¿No se asfixiará?
Le sorprendía que el niño supiese palabras tan complicadas y pensó en que responder que tuviese lógica para un niño.
—Él se marea en los vuelos, así que prefiere ir dormido en mi maleta —explico y al ver la mirada de decepción del pequeño me apresuró a agregar—, pero toma mi número y pídeles a tus padres que me llamen y así yo puedo ir a enseñarte mi peluche.
Rápidamente saco la libreta de mi bolso de mano y anoto mi número, que esperaba no tener que cambiar. Perseo se apresuró a guardarlo alegremente, emocionado con la idea de que sus juguetes se hiciesen buenos amigos.
—¡Y si mejor trabajas para mi familia! Así te podría ver y me enseñarías tu peluche —delibera con entusiasmo— ¡Oh, mejor aún se mi niñera!
Si bien encontraba adorable y tentadora la idea, se sentía mal por tener que declinar la oferta del niño; En especial porque no estaba segura que los padres del niño estuviesen de acuerdo con contratar una extraña que acababan de conocer en el avión, ni siquiera sabía cómo iban a reaccionar que su hijo llevara el número de una desconocida.
Solo esperaba no irse presa por intentar ser amable con un niño.
—Lo siento, Perseo, pero yo ya tengo trabajo en una casa de Inglaterra —nuevamente, me apresuró a agregar algo en cuanto vio su sonrisa decaer—, aunque prometo que si me llamas en mis días libres te visitaré, ¿bien?
El silencio se instala antes que él asienta seriamente y sin ánimos.
—¿Sucede algo?
—De verdad me visitarás y no serás como mi hermano, ¿verdad?
Mi pecho se estruja ante la tristeza en la expresión del pequeño; Oh, de verdad que su hermano debía ser un imbécil para no visitar a un niño tan adorable como este. Sonrío antes de acariciarle los rubios cabellos con cariño.
—Voy a visitarte lo prometo.
Si bien Perseo no parecía muy convencido, no mencionó nada más y se dedicó a disfrutar el tiempo que pasaron jugando, que fue en realidad la mayor parte del vuelo; Adoraba a Perseo, si bien era muy enérgico y no paró de jugar hasta que se durmió.
Estaba segura que por la actitud y forma de hablar, Perseo debía ser el hijo de una familia adinerada, así que, realmente espero que sus padres no se molesten conmigo por jugar con él; Cuidar al pequeño rubio tomaba mucha energía y él no la había dejado dormir mucho, así que antes de pensarlo mucho, cerró sus ojos un momento.
